Políticos y activistas sociales

Caso de ejecución sumaria de Manuel de Jesús Franco Ramírez

Nombre de la víctima
MANUEL DE JESÚS FRANCO RAMÍREZ y otros cinco compañeros dirigentes del Frente Democrático Revolucionario. El señor Franco Ramírez, licenciado en Relaciones Internacionales, al momento de su ejecución era el encargado de Relaciones Internacionales del Frente Democrático Revolucionario (FDR).

Nombre de la testigo
ROSA ERLINDA REVELO MAGAÑA, viuda de la víctima, salvadoreña, de 53 años de edad al momento del testimonio, del domicilio de Santa Tecla, Departamento de La Libertad, quien actualmente se desempeña como maestra.

El 27 de noviembre de 1980 –entre las nueve y treinta, y las once de la mañana– el señor Franco Ramírez, de treinta y cinco años de edad, se encontraba reunido en las instalaciones del Colegio Externado San José, en la ciudad de San Salvador, con los señores Enrique Álvarez Córdova, Juan Chacón, Enrique Escobar Barrera, Humberto Mendoza y Doroteo Hernández, todos miembros del FDR. En esos momentos ingresaron a las instalaciones, un número indeterminado de sujetos fuertemente armados y uniformados pertenecientes a la Policía de Hacienda, junto con otros vestidos de civil. A las víctimas les ataron sus manos, colocándoselas tras la espalda y les vendaron los ojos. Horas después sus cadáveres fueron encontrados en Asino, jurisdicción de Ilopango, departamento de San Salvador, con señales de estrangulamiento con alambre y arrancadas las uñas de los pies, cuatro lesiones de bala en el tórax. La denuncia se archivó, sin investigación, el 8 de octubre de 1982. Varios testigos identificaron las armas y los vehículos utilizados como las de fuerzas policiales y militares. En la ceremonia del entierro en la Catedral de San Salvador hizo explosión una bomba junto a los féretros causando la destrucción de los mismos.

La señora Revelo Magaña quedó viuda con cuatro hijos de diez, nueve y cinco años, y con otro de cinco meses de edad. No percibe pensión de viudez alguna por la muerte de su esposo; ha tenido que cambiar de domicilio en diecinueve ocasiones desde ocurridos los hechos, necesitó asistencia psiquiátrica en 1982 y un hijo de ambos se integró a la guerrilla a sus diez años para “vengar” la muerte de su padre. Sufrió un derrame cerebral que le dejó secuelas en su visión.

También fue violada y secuestrada una de sus hermanas. En su actual trabajo recibe repetidas llamadas anónimas, amenazándole que sus días están contados. Obtuvo veredicto condenatorio para el coronel Nicolás Carranza en un jurado de Memphis, Estados Unidos de América (EUA), que aún no ha sido ejecutada.

Manuel de Jesús Franco Ramírez

Testimonio de Erlinda Revelo de Franco “Agradezco su asistencia. Quiero decirles que por primera vez me siento con libertad, la constitución de este TJR es el sol de mi media noche que ha durado desde que conocí a mi esposo, Manuel Franco, miembro del partido comunista, dirigente estudiantil y encargado de las relaciones diplomáticas del FDR cuando lo mataron en 1980. Participe casi directamente y a la par de mi esposo, de las amenazas de muerte de los escuadrones de la muerte. Voy a gritarle al mundo que les agradeceré toda mi vida el apoyo que me están dando, los oídos que me están prestando. Para que nos escuchen. Aquí no pude hacer nada. No creo en la justicia de mi país. Llevo 29 años esperando que la Fiscalía me escuche. Tuve la suerte en 2003 desde Estados Unidos que dijeron que investigarían el crimen de mi esposo. Dije: mejor la comunidad internacional y no nuestras autoridades. Quiero decir que “las piedras hablaran”, espero el fallo a favor de nosotros, de la justicia.

El 27 de noviembre de 1980 como a eso de la una de la tarde, estaba en mi casa, acababan de llegar los niños; iba a darles el almuerzo; una amiga me dijo: “Linda, ya oíste la noticia de que han capturado a Manuel”. En la KL dijeron que acababan de capturar a los dirigentes del FDR; yo ya sabía de esa reunión. Manuel me dijo que a las nueve de la mañana debía estar en el Externado San José, brindando una conferencia de prensa para informar de la gira por África. Los del FDR no manejaban armas, no estaban en guerra, era un movimiento revolucionario. Había que combatir con ideas, a través de ideas, por medio de las ideas. No fue así. Le dije a mi amiga que cuidara a mis hijos y salí a la Universidad Nacional, a la Facultad de Derecho. Las instalaciones estaban como si les hubiera pasado algún tornado. No encontré a nadie.

Entre las ocho y nueve de la noche, la YSKL anunció que habían encontrado los cadáveres de los dirigentes del FDR en Asino, un lugar opuesto a un balneario que se llama Apulo, en San Salvador. Como estaba sola con mis niños, de diez, nueve, cinco años y uno de cuatro meses de edad, no pude salir. Esperé. Anunciaron que los cadáveres se podían ir a reconocer a la funeraria San Antonio. Vi los cadáveres y los reconocí. A escoger torturas; a mi esposo le habían arrancado las uñas de sus pies, tenia -como los demás- alambre de púas en el cuello, lo habían estrangulado.

Estaban hinchados los seis. A Enrique Barrera le habían hecho un corte cóncavo con alguna cuchara metálica con filo en su parte general; su esposa le roció talco y le puso papel de diario; estaba la madre de Doroteo. Ahí me quedé toda la noche, mi mamá y mi hermana menor, me acompañaron. A las once de la noche, estábamos solo familiares de los seis asesinados y llegaron alrededor de treinta ó cuarenta hombres vestidos de civil a pararse en las puertas, las ventanas y dentro de la funeraria San Antonio.

Llevamos los cadáveres a catedral de San salvador; se hizo una misa; pasaron una noche de vela; a la media noche del veintiocho ó veintinueve de noviembre, pusieron una bomba en catedral de la cual todos los ataúdes se astillaron. Se les arruinó la ropa y todo otra vez; fue horrible. La efervescencia asesina del gobierno de turno, del ejército, de los escuadrones de la muerte, se dio una provocación por lo que se decidió enterrarlos inmediatamente ahí en catedral. Así sucedió dadas las amenazas y los disparos.

Regrese a mi casa, con mis hijos… (Erlinda llora)… tuve miedo por mis hijos… llegaba nuevamente la mano blanca. Un hombre metía la mano derecha en pintura blanca y la pegaba en la puerta donde vivía con mis niños. Me obligó a irme. Me fui a casa de mamá y papá, con los niños, con todo. Mi hermanita me acompañaba en todo, ella era estudiante todavía. Al tiempo mi hermana salió del colegio quedaba cerca de donde nos habían sacado; con su compañera de estudios, la secuestraron y la violaron. Con el tiempo, mi hijo mayor a los diez años se integró a la guerrilla para “vengar” la muerte de su papá. En una emboscada lo capturaron y lo llevaron a la Guardia Nacional, fue rescatado por la Cruz Roja Internacional y lo sacaron del país. Se lo llevaron a Estados Unidos. Una tía de mi esposo cayó con demencia, atravesándose la calle del litoral, la mató una rastra.

Yo tenía la obligación de buscar trabajo para el sostenimiento de mis niños. Nadie me ayudaba. “No necesitamos a nadie. No hay trabajo”, me decían. Busqué a los compañeros de lucha de mi esposo, a los que él protegió porque él se constituyó en un personaje público, y daba la cara, en representación de las organizaciones políticas, del Partido Comunista. Por lo tanto, con su presencia pública protegía a los demás. Después de muerto, los demás, para mí, se escondieron. Ellos que me dijeron, señora saque su pasaporte que ya los vamos a sacar del país; hasta este minuto, jamás me han asilado. Desde entonces, he vivido en diecinueve lugares, casi una vez por año; con mis hijos, por el temor. Así se han dado las cosas.

Luego me agarré de valor y fui al juzgado a interponer una denuncia para que investigaran quien asesinó a Manuel Franco. Abrí el caso; cada vez que iba al juzgado, a las cuatro horas me llamaban amenazándome. Decían: “señora de Franco, tus días están contados”. Me hicieron una guerra psicológica horrible. ¿De dónde salían esas llamadas? A partir de esos hechos, se fue gestando en mi cuerpo problemas que desembocaron en un derrame cerebral. La secuela me dejó semi inválida, falló el lado izquierdo; a raíz de mi ceguera, de la secuela, no puedo ver recto y no puedo conducir. Nunca recibí atención médica. No hubo una atención específica. Me he convencido de que en este país, los líderes, los políticos

honestos, murieron en 1980. Ahora, a éstos los desconozco y los desprecio. Así como me abandonaron desde el primer instante, así han abandonado a mucha gente que cayó en estas luchas. Gracias a Dios, a mi la Universidad Nacional me brindó todo; logré graduarme de maestra. Hoy soy maestra rural. Aún me siento insegura todos los días de mi vida.

Quiero agradecer públicamente a la única persona que confió en mí y me protegió, fue el decano de la Facultad de Ciencias Económicas, el licenciado Carlos Humberto Henríquez; me dio trabajo en la Facultad.

En Memphis, Tenessi, se llevó a cabo un juicio donde se encontró culpable al Coronel Carranza como responsable del asesinato de mi esposo. Es importante que el mundo conozca la culpabilidad de este hombre, pero mi esposo está muerto. Nada supera esto. Nada borra eso. Es algo con lo que me voy a ir a la tumba. Cuando les digo a ustedes que son el sol de mi media noche, es porque yo estoy viendo la justicia y siento que ustedes me han dado la fortaleza para sentirme como me siento; me siento desahogada, me siento feliz, me siento tranquila. Les pido que esto salga al mundo, que sepan que por fin he declarado lo que he guardando en mi corazón, el crimen de mi esposo. Puedo decirle a Manuel y a sus compañeros: misión cumplida Manuel, aun vive. Confío en Dios, que llegue algún día la justicia de mi país. Que esta justicia no sea para los descalzos, para los pobres, que sea para los asesinos de este pobre pueblo.

Resumen del caso según el Informe de la Comisión de la Verdad

El 27 de noviembre de 1980 fueron secuestrados, torturados y luego de un breve cautiverio, ejecutados en San Salvador, Enrique Álvarez Córdoba <ingeniero, ex Ministro de Agricultura y Ganadería y presidente del Frente Democrático Revolucionario (FDR). Su cadáver presentaba doce impactos de bala. El Diario de Hoy, 29 de noviembre de 1980>, Juan Chacón <de 28 años de edad, secretario general del Bloque Popular Revolucionario (BPR). Su cuerpo presentaba tres impactos de bala, uno en la oreja, otra en la frente y otro en el tórax, y señales de estrangulamiento, f. 7, expediente judicial No. 600, Juzgado Cuarto de lo Penal de San Salvador>, Enrique Escobar Barrera <35 años de edad, miembro del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), su cuerpo presentaba dos impactos de bala en la sien y señales de estrangulamiento, f. 5, expediente judicial citado>, Manuel de Jesús Franco Ramírez <35 años de edad, licenciado en relaciones internacionales y miembro del Partido Unión Democrática Nacionalista (UDN), su cuerpo presentaba cuatro lesiones de bala en el tórax y señales de estrangulamiento, f. 6, expediente judicial, citado>, Humberto Mendoza <30 años de edad, miembro del Movimiento de Liberación Popular (MLP). Su cuerpo presentaba dos lesiones de bala, una en la sien y otra en el tórax y señales de estrangulamiento, f. 4, expediente judicial citado> y Doroteo Hernández <periodista y dirigente sindical de la Unión de Pobladores de Tugurios (UPT). En la época no se le identifica como dirigente del FDR, no obstante el documento enviado a la Comisión de la Verdad por el Instituto de Derechos Humanos de la UCA y el Socorro Jurídico Cristiano lo señala como dirigente de la organización>, dirigentes políticos del Frente Democrático Revolucionario (FDR) <el Frente Democrático Revolucionario (FDR) fue constituido el 18 de abril de 1980, resultado del acuerdo político entre el Frente Democrático (FD) y la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM). Quedó formalmente integrado el 18 de abril de 1980 por diferentes organizaciones políticas, populares y de masas. Varios de sus líderes habían ocupado destacadas posiciones de gobierno en la Primera Junta Revolucionaria que derrocó al general Romero el 15 de octubre de 1979. En esa fecha, la dirección del FDR estaba conformada por las cinco víctimas, Leoncio Pichinte y el Juan José Martel>, representantes de un importante sector de la sociedad salvadoreña.

La captura se realizó en horas de la mañana en el colegio Externado de San José por parte de un número importante de hombres fuertemente armados.

El clima de violencia e inseguridad que imperaba en esa época en el país, hubiera significado que este hecho era uno más en la larga lista de atropellos que se vivían en ese momento, a no ser por las características de las víctimas, el lugar, la hora, el tipo de operativo en la captura y la conmoción social que causó.

La Comisión de la Verdad concluye que fue una acción llevada a cabo por uno o varios cuerpos de seguridad pública y que la Policía de Hacienda realizó el operativo de seguridad exterior que facilitó y cubrió a los autores. El Estado no ha cumplido por acción y, al no investigar debidamente los hechos, por comisión, en sus obligaciones según el derecho internacional de los derechos humanos de proteger y garantizar a las personas en el goce de sus más elementales derechos individuales.

Descripción de los hechos según el Informe de la Comisión de la Verdad

Las seis víctimas fueron secuestradas en el colegio Externado de San José, institución de la Compañía de Jesús, ubicado en plena capital de San Salvador, entre las 9:30 a.m. y las 11:00 a.m. del día 27 de noviembre de 1980.

En las inmediaciones del colegio se encuentran otros centros educativos, varios hospitales y hacia el norte, la ex sede de la embajada de Estados Unidos que estaba bajo fuerte custodia.

En la planta baja del edificio central operaban la rectoría, la administración y el "Socorro Jurídico del Arzobispado", que funcionaba desde 1975 y coincidía con una apertura del colegio al trabajo hacia los sectores más necesitados.

La actividad de Socorro Jurídico se había visto incrementada apreciablemente porque además del caudal normal de gente que venía a solicitar ayuda, otras entidades que cumplían tareas similares, habían cerrado sus puertas por el clima de terror que imperaba <la Universidad Nacional de El Salvador fue militarizada junto con el Centro Universitario de Occidente y del Centro Universitario de Oriente el 26 de junio de 1980, Revista ECA, marzo de 1981, 389, p. 240. Otras organizaciones de derechos humanos también fueron perseguidas>. Pese a la cantidad de gente que entraba y salía del colegio, sus instalaciones no tenían un sistema de seguridad. Solamente se contaba con algunos porteros sin armas, en la entrada central del complejo educativo. Esa mañana solo había un portero en la entrada principal.

¿Qué es lo que ocurría en El Salvador de finales de 1980?

Trece meses después del golpe de estado del 15 de octubre de 1979 mediante el cual, un movimiento denominado “la juventud militar”, con apoyo del Rector de la UCA y de muchos profesores que pasaron a formar parte del gabinete de gobierno, planteó una Proclama11 a la nación, el respeto irrestricto a los derechos humanos, cambios estructurales, una nueva forma de ejercer el gobierno. Este proceso fue abortado de diversas formas. Un año después, en noviembre de 1980 son detenidos, desaparecidos y horas después asesinados, los dirigentes del Frente Democrático Revolucionario, FDR.

¿Quiénes eran los miembros del FDR?

El FDR, del cual era miembro Manuel Franco, pretendía ser una opción política para la solución negociada del conflicto. Formaban parte del FDR, los señores:

  • Enrique Álvarez Córdoba, quien había sido ministro de agricultura de El Salvador un año antes de estos hechos
  • Juan Chacón, Secretario general del Bloque Popular Revolucionario, BPR
  • Enrique Escobar Barrera, del Movimiento Nacional Revolucionario, MNR que años después se constituyó como un partido político
  • Humberto Mendoza, del Movimiento Ligas Populares, MLP
  • Doroteo Hernández, de la Unión de Pobladores del Tugurios y
  • Manuel de Jesús Franco, quien representaba a la Unión Democrática Nacionalista, UDN, institucionalidad legal del Partido Comunista de El Salvador, estos últimos en la clandestinidad, por décadas

Manuel Franco era licenciado en Relaciones Internacionales; cumplía misiones diplomáticas en nombre del FDR. Muchos sectores le reconocían capacidad para presentar soluciones negociadas al conflicto y para entablar diálogos con todos los sectores de la vida nacional de El Salvador. Sus representantes ejercían liderazgo en sus organizaciones. Estas a su vez, se manifestaban de manera tumultuosas en las calles de San Salvador. El liderazgo político, era tal, que algunos insisten que ahí se albergaban los miembros de un futuro gabinete, el de un régimen democrático. Con ellos, se podría haber hecho gobierno, si no hubiese habido guerra, si no los hubieran asesinado.

El FDR tuvo la capacidad de entablar comunicación con algunos sectores reformadores del ejército de aquella época, conocidos como “Juventud militar”. Manuel de Jesús Franco tenía 35 años al momento de ser asesinado, representaba internacionalmente al FDR. Al momento de estos hechos, tenía diez días de haber regresado a El Salvador, luego de una gira por Bolivia, México, Costa Rica. Ingresó al país por el Aeropuerto Internacional de manera legal, por lo que fue posible, suponemos, que las autoridades pudieron ubicarlo.

El 27 de noviembre de 1980, el FDR convocó a una conferencia de prensa, como ya lo había hecho en otras ocasiones, en las instalaciones del Colegio Externado San José a cargo de la Compañía de Jesús. Ahí, entre las 9:30 y 11:00 de la mañana, fueron detenidos, desaparecidos y asesinados, por individuos que ingresaros violentamente al lugar, en un camión color verde olivo seguido por un pick-up. Eran presuntamente, miembros de los cuerpos de seguridad, iban armados de fusiles G-3, de fabricación alemana que las Fuerzas Armadas de El Salvador adquirieron para enfrentar la guerra con Honduras del 14 de julio de 1969, fusiles calibre 7.62 milímetros con cargadores de 20 cartuchos, que fue el arma reglamentaria de la OTAN durante los años del conflictos. Los cuerpos de seguridad y el ejército salvadoreño, fueron los únicos en la región centroamericana, en el pasado y el presente, que poseían fusiles G- 3 de fabricación alemana; no existe ninguna excepción en esta región.

Estas personas se comunican por radios portátiles; un testigo citado por la Comisión de la Verdad, menciona cómo uno de ellos dio la señal de ingreso al Colegio, cuando Manuel Franco y sus cinco compañeros fueron sometidos. Otro dirigente del FDR, que llegó tarde a la conferencia de prensa, se salvó al esconderse en los servicios sanitarios, ubicados contiguo a la oficina de la captura. Fueron sometidos, sacados al corredor, amarrados, lanzados al suelo boca abajo, posteriormente llevados en vehículos en los cuales ingresaron las fuerzas militares y los individuos de civil fuertemente armados.

Al costado izquierdo de la fachada del colegio, se ubican las instalaciones de la entonces llamada “Policlínica Salvadoreña”, un prestigioso hospital de la época, en el que un día antes de los hechos, dio a luz, la esposa de un diplomático estadounidense, razón por la cual había miembros de su seguridad en el parqueo del hospital. En ese mismo sector se encontraba, en aquella época, la embajada de los Estados Unidos en El Salvador, clínicas médicas particulares con lo que se acota que era una zona fuertemente custodiada. Razón por la cual, el operativo no pudo pasar desapercibido.

Horas después, sujetos desconocidos lanzaron en la vía pública, los primeros cadáveres de las víctimas, entre ellos el de Manuel Franco, en lugar conocido como Asino, jurisdicción de Ilopango, cerca de los aeropuertos de la Fuerza Aérea salvadoreña y del entonces Aeropuerto Internacional de El Salvador.

En el reconocimiento del cadáver, no se estableció mediante un peritaje forense, las causas reales y precisas de la muerte; sólo se señaló que había sido muerto por heridas de armas de fuego. Las heridas o los impactos de armas de fuego aparecen como fenómenos espontáneos, separado de la mano responsable, de cualquier victimario, como si los disparos llegaran solos a las personas.

Inmediatamente después que empiezan a aparecer los cadáveres, el Diario El Mundo en su edición vespertina del 28 de noviembre de 1980, publica un comunicado de la llamada Brigada Maximiliano Hernández Martínez, conocida como “La mano blanca”, un escuadrón de la muerte que amenazó en reiteradas ocasiones a los miembros del FDR. Textualmente dice: “A la ciudadanía en general, hacemos saber que este día, una escuadra de la Brigada Anticomunista General Maximiliano Hernández Martínez, nos responsabilizamos del ajusticiamiento de los comunistas del Frente Democrático Revolucionario, FDR: Enrique Álvarez Córdoba, Juan Chacón, Enrique Barrera, Manual Franco y Humberto Mendoza por ser los responsables materiales e intelectuales de miles de asesinatos de gente inocente que no quiere ser comunista. También advierten a los sacerdotes afines a las bandas terroristas marxista, que correrán igual suerte si insisten con sus prédicas que envenenan la mente de la juventud salvadoreña. Nuestra brigada, continuará el ajusticiamiento de los traidores de nuestra patria. Unidos siempre por la libertad, la familia y Dios. Brigada Anticomunista General Maximiliano Hernández Martínez. San Salvador, 27 de noviembre de 1980.”

La impunidad con la que este escuadrón de la muerte operó, es evidente. Cumplieron su promesa. Este grupo fue relacionado, según la Comisión de la Verdad, con la Policía de Hacienda de El Salvador, la policía militar encarga del secuestro y asesinato de los miembros del FDR. El cadáver de Manuel Franco fue encontrado con evidentes señales de torturas, con señales de asfixia debido a que tenía un alambre en el cuello, le fueron arrancadas las uñas de los pies, le fueron disparadas armas de fuego, suponemos que muy cerca de su cuerpo por las imágenes con las que contamos de él y de sus compañeros.

¿Cuál era el derecho aplicable en ese momento?

Los hechos relacionados se adecúan al delito de asesinato contemplado en el Código Penal de 1973 vigente en aquella época; constituye una ejecución sumaria de acuerdo a los parámetros de la ONU, una ejecución extralegal, ejecuciones que no satisfacen la salvaguardias y garantías legales mínimas reconocidas, que son objeto de condena por todos los sistemas jurídicos nacionales y por los principios generales del derecho. La forma impune de secuestro y asesinato, indica un entorno de seguridad, protección y garantías para los perpetradores del operativo. Las ejecuciones sumarias, fueron parte de la guerra de terror llevada a cabo por las fuerzas de seguridad de este país. La ejecución sumaria de Manuel Franco nos privó de un liderazgo político necesario para El Salvador en el momento de los hechos; además, inhibió otros esfuerzos organizativos, pacíficos, propositivos e indispensables que deseaban evitar la guerra.


 Fuente: Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, 25 de marzo de 2009 | El Salvador: Verdad, justicia y reparación. La deuda histórica con las víctimas y la sociedad. l Descargar archivo.

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