Internacionalista

Mi Hermano: lo conocí Poco, Pero lo Quise Mucho

Mis padres son de Punta Arenas, es decir descendientes de familias de Chiloé, pero nacidos en Punta Arenas. El nombre de mi papá es Alfonso Mancilla Mancilla, fallecido y mi mamá, Luz Caro Vásquez, fallecida. De los hermanos, yo, Roberto, soy el mayor, con 69 años (al 2014). Carlos tiene un año menos que yo. Después venía Sergio, que tenía 6 años menos. Sergio nació en 1951 y yo en 1945. Luego viene mi hermana Maité, la única mujer entre los hermanos. Ella nació en el año 1958. Tenía una diferencia con Sergio de 7 años. Luego viene Alfonso. Él es el menor. Con una diferencia de 12 a 15 años, más o menos. Mi hermano Sergio Enrique nació el 16 de julio de 1951.

Me he dado cuenta que por la diferencia de edad que teníamos con Sergio, todas las cosas eran bastante largas. O sea, no había una afinidad como cuando uno tiene un hermano de edad cercana, como mi otro hermano (Carlos) con el que tenemos un año de diferencia. Entonces (con Carlos), todos los juegos, los colegios, los hicimos juntos, toda la vida. Pero cuando nació Sergio, lo sentíamos nada más que como una “guagua” en la casa no más. No tuvimos un acercamiento como hermano muy grande. Eso lo viene uno a reconocer ahora con el tiempo. Por eso que yo de él, de chico, tengo muy pocos recuerdos. Que nos acompañaba a todas partes porque era el más chico, obvio. Por ahí tengo una foto incluso donde estamos en un equipo de fútbol que hicimos en Punta Arenas en la Pandilla de Mi Barrio. Fue un campeonato que se hizo en Punta Arenas de puros niños hasta tal vez los 10 años. Esa era una liguilla cuyo principal promotor era Don Alfonso “Cocho” Cárcamo. Y el relator de los partidos era Vladimiro Mimica.

La casa donde nació Sergio estaba en Avenida Independencia. Pero la casa fundamental que fue de nosotros en Punta Arenas, fue la casa de mis abuelos, que estaba en Boliviana con Avenida España, en toda la esquina. Mi abuelo tenía una casa grande y al lado había otra casa que la habitaba un tío. Cuando falleció ese tío se la pasaron a mi papá y nosotros vivimos allí. La casa de Independencia donde nació Sergio, mi papá solamente arrendaba.

Porque mi papá era militar, del Ejército, nosotros estuvimos como 10 años viajando entre Punta Arenas y Santiago. Creo que fueron cinco veces. Imagínense lo que significaba en esos años viajar desde Punta Arenas a Santiago. No es igual como lo es ahora. El viaje que hacían los militares, que se lo pagaba el Ejército por supuesto, era en barco. Nos embarcábamos en Punta Arenas y llegábamos a Valparaíso. Ese viaje se demoraba alrededor de 21 días. Ese trayecto lo hicimos nosotros dos veces. Una tercera, viajamos a Puerto Montt, y de allí en tren a Santiago.

Mi padre, al final de su carrera llegó a ser suboficial mayor del Ejército. Era de clase, no de la oficialidad. Su carrera pasa por la escuela de suboficiales hasta llegar a mayor, que es lo máximo. Eso hizo mi papá, al igual que mi abuelo quien también se retiró como suboficial mayor, del Regimiento Pudeto. Mi papá estuvo en la 5ta. División y en el Pudeto. La División mandaba a todos los regimientos y unidades militares de Punta Arenas. Sus oficinas estaban en la calle Bories.

Y la razón por la cual se venía a Santiago era para venir a buscar mejores posibilidades para su carrera militar. Pero, llegábamos aquí a Santiago y la verdad es que los sueldos eran tan bajos que la parte económica lo hacía repensar esa posibilidad de extender su carrera. En ese tiempo y aun se usa mucho eso de “vamos pa'l norte, porque hay más posibilidades de trabajo y de todo”. Eso no era ajeno a los militares, los que tenían más posibilidades de traslado en todo caso, porque les pagan los traslados. Si alguien quería venirse lo podía hacer. Y como se veía tan estrecho económicamente aquí en Santiago se devolvía a Punta Arenas donde ganaba el ingreso adicional de “zona”. A mí me parece que la zona, era algo así como el 80% más del sueldo.

En esos traslados, yo no me acuerdo muy bien donde estudiaba Sergio. Con Carlos si recuerdo que en Punta Arenas íbamos al Colegio Salesiano San José. Recuerdo que llegué allí a quinta preparatoria y pasé a primero de humanidades. En ese tiempo uno podía saltarse un curso si tenía buenas notas. Yo me saqué el segundo lugar en quinto y me saltaron a primero. Pero imagínate el “despelote” que se producían con esos viajes para allá y para acá, que justamente cuando yo podía haber ganado un año el liceo allá, llegamos aquí a Santiago, y aquí no pude entrar a primero, sino que tuve que hacer el sexto. Y lo tuve que hacer en un colegio público. En Santiago los colegios salesianos eran más caros.

Nosotros llegamos a Santiago a vivir a Recoleta, a la calle donde está ahora la Clínica Dávila (calle Recoleta 464, Región Metropolitana). Ahí vivimos en la pensión de una señora de Punta Arenas que arrendaba piezas y ahí llegamos y estuvimos mucho tiempo. Hablo de uno de los viajes solamente. Sería muy largo relatar cada uno. Sergio entonces entró a primero. En ese tiempo para la gente de más bajos recursos no existía el kinder, los colegios pre-escolares.

Ya más tarde, Sergio estuvo aquí en un comercial que dependía de la Universidad Técnica de Santiago. No se cómo se llama ese comercial ahora. Ahí él empezó a estudiar para contador. Ahí había una efervescencia que era paralela a lo que ocurría en la Universidad Técnica de Santiago. Ésta fue uno de los pilares, junto a la Universidad de Chile de aquel tiempo, de todas las grandes revoluciones que empezaron a haber en Chile. Entonces, por ahí empezó él a tener esta educación formativa política que podría tener relación después con los pensamientos que él tenía.

Yo me casé a los 21 años y me fui de la casa de forma inmediata. Sergio entonces debe de haber estado en segundo medio, entonces no teníamos una relación muy fluida en cuanto a este tipo de cosas. Sergio siguió con esto de ir y volver a Punta Arenas, y al fin el regresó a Punta Arenas a estudiar a la universidad sin que estén mis papás allá.

Cuando él se fue a Punta Arenas, eso fue muy sui generis porque en general nadie se iba a estudiar a provincia. Era al revés, todos se venían a estudiar a Santiago. Pero él tenía una raíz, una afinidad con Punta Arenas, y como era nacido allá, se fue de aquí y tal vez por el puntaje que tuvo para la universidad, o por relaciones o contactos que tenía, partió a Punta Arenas y se fue solo. Independientemente que nosotros teníamos familiares en Punta Arenas.

Cuando Sergio se fue allá todavía estaban vivos cinco hermanos de mi mamá. Cada uno con su casa. Pero, Sergio no se fue a la casa de ninguno de ellos. O sea, estuvo algunos días pero nunca estuvo viviendo permanentemente allí. Ahora como lo sabemos, él se quedaba en el famoso pensionado que hizo la universidad que era para la gente de afuera de Punta Arenas. Me imagino que esa era su meta al llegar allá, llegar al pensionado y se desmarcó de todo lo que era la familia. Por estos días sólo queda allá una hermana de mi mamá, María Teresa Caro, la única tía que queda de nuestra familia allá en Punta Arenas. Pero, obviamente quedan todos los hijos de ella, los de los otros tíos. Hay harta gente de familiares todavía allá.

Yo con Sergio debo de haber hablado políticamente unas dos veces. Fue una vez que vino con Alicia a Santiago, porque Alicia tenía un curso donde trabajaba y Sergio aprovechó a venir a Santiago, no recuerdo a que, tal vez como vacaciones de unos días. Y ahí estuvimos en mi casa, e incluso el ni siquiera se quedó a dormir en mi casa. Recuerdo que nos comimos un asado, almorzamos, y vino dos veces en esa ocasión, cuando ya estábamos formados más como adultos. Entonces yo tendría unos 27 años y Sergio ya estaba en la universidad, ya había cursado el primer semestre y obviamente todo esto antes del 73. Tiene que haber sido algo así como el 71 cuando él vino. Él vivió el 71, 72 y 73 en Punta Arenas.

Nosotros en la práctica vivíamos como gitanos, yendo de un lugar a otro. Arrendábamos donde podíamos. Recuerdo que cuando vivíamos aquí en Recoleta, todas las cosas que teníamos venían por cajones en otro barco, después que nosotros llegábamos. Entonces había que esperar unos dos meses para poder sacarlos de la aduana. Después venía un camión –recuerdo- a dejar los muebles. Estas cosas ahora me volvieron al recuerdo, y en todo esto nosotros vivíamos precariamente entonces no habían muchos momentos tan importantes. Muy inestable.

Mi padre era un hombre muy autoritario. Tú tienes que ver esto en el contexto de lo que se vivía en esos años, con el machismo que se vivía en el matrimonio, y con un militar además. Entonces, era como un régimen militar en la casa. Y eso hacía que las cosas tampoco fueran muy fluidas. Había, como he dicho, un descontrol a veces en las cosas. Mi papá fue hijo único, solamente egoísta con él. A nosotros nunca nos faltó nada en extremos, pero él era muy egoísta. Vivía mucho más para él que para los hijos en realidad, sin dejarlos de lado. Nunca se fue de la casa, por ejemplo. Siempre trató de mantener el matrimonio y duró muchos años, pero mi papá con mi mamá se llevaban muy mal. Entonces, era una constante pelea con los sentimientos en realidad. Era un machismo exacerbado, lo que decía él se tenía que hacer.

Yo salí joven de la casa, mi hermano después también se va de la casa. Sergio se fue de la casa antes que mi hermano Carlos se vaya de la casa. Sergio se fue a Punta Arenas a estudiar. Mi papá nunca quiso que Sergio se fuera a Punta Arenas a estudiar porque no tenía plata para mandarlo. Yo de esas cosas no me acuerdo bien, pero yo estaría casi seguro de decir que nunca le envió más que algún saludo, o si le envió algún dinero en un momento dado tiene que haber sido muy poco. Sergio se las tuvo que arreglar solo. El trabajo que tenía yo tampoco me daba como para ayudarlo, y así yo tampoco le ayude a Sergio en algo, económicamente me refiero.

Mi mamá por su parte era bastante sumisa al marido. Ella era un militar más entre los militares. Toda la vida fue así. Ella era la esposa de un militar y cuando no estaba mi papá ella hacía de militar en la casa. Era bastante cómico, por decirlo de alguna manera. Y como mi papá era dado también a no estar en la casa, y trataba de evadir y salir, mi mamá tomaba las riendas y ella hacía todo. Era muy ahorrativa, hacia todo para que a nosotros no nos faltaran las cosas. Ella fue el pilar fundamental para que no se separaran, a pesar de que no lo pasaba muy bien. Y también en esos tiempos no es como hoy día, que uno a veces se separa cuando quiere. Mi mamá era muy dura también, no era muy sentimental con eso de tener a los hijos al lado. Pero, a pesar de su dureza, fue bastante valiente también de haber soportado por tantos años el régimen que imponía en la casa mi papá. En ese sentido, yo la admiré por ese lado.

Como las diferencias de edades eran tan marcadas, no existía tampoco un favorito. Lo único que Sergio siempre fue como la “guagua”, y prácticamente lo era. Y los otros hermanos que vienen nacen muchos años después. Los otros hermanos nacieron cuando ya estaban instalados en Santiago. La última vez que se vino mi papá a Santiago, fue como la definitiva. Y eso tiene que haber sido como el año 70. Cuando se dio el golpe él ya estaba en un regimiento aquí en Santiago el 73. Él estaba en servicio activo y estaba en el Batallón de Intendencia. En ese tiempo ya era suboficial mayor.

Un tío en Punta Arenas le avisó a mi papá cuando encarcelaron a Sergio. Y mi papá nos comunicó a nosotros que Sergio estaba preso y estaba en el regimiento de los aviadores allá en Punta Arenas. En los primeros meses esta situación no se veía como tan grave. Era tan paradojal la situación en mi familia que la voy a contar. Mi mamá puso la bandera el 11 de Septiembre (1973). Donde vivía, ella mismo puso la bandera. En ese momento los únicos hermanos que vivían con ella eran los hermanos más chicos (Maité y Alfonso). Mi hermana fue una de las que le dijo, “mamá, cómo se le ocurre poner la bandera, y Sergio está en Punta Arenas y capaz que lo metan preso porque es dirigente en la universidad”. Nosotros sabíamos que él era dirigente.

Por otro lado, yo siempre fui de izquierda, y yo había sido dirigente sindical donde trabajaba desde el 1970 al 1972. Y cuando fue el golpe uno no sabía que iba a ocurrir lo que pasó después, de todos los empadronamientos que se hicieron, y lo que se fue ejecutando después. Pero, si había ya un quiebre grande en la familia. Mi papá era militar, mi hermano en Punta Arenas era dirigente de izquierda, y yo era dirigente sindical. Teníamos una diversidad enorme políticamente en la familia, con antagonismos marcados totales.

Yo vivía de la casa de mi papá como a ocho cuadras de distancia. Y cuando fue el golpe mi papá estaba acuartelado y no podía salir de su regimiento. Pero mi papá se consiguió como que le tocó hacer una misión en Santiago para llevarle algo a alguien y vino en un jeep militar aquí a mi casa con casco, metralleta y me subió a la camioneta para que fuéramos a la casa a ver a mi mamá. Eso provocó un tremendo impacto entre los vecinos que me vieron arriba de la camioneta con un militar con metralleta y en situación de guerra. El rumor que se corrió aquí entre los vecinos que yo los conocía ya de años fue que me habían llevado preso. Mi papá me volvió a dejar más tarde. Después algunos me preguntaban qué había pasado, otros no se atrevían, y hasta la fecha muchos piensan que yo era un informante que andaba buscando en la camioneta a gente para indicar sus posiciones políticas.

Entonces fue un impacto muy grande para nuestra familia. Luego Sergio estuvo preso y llegó a parar a la Isla Dawson. Luego llegó aquí a Santiago y aquí lo pudimos ver. Yo estuve todo el tiempo que él estuvo acá con él, iba a verlo todas las veces que se podía y le llevábamos comidas y cosas cuando estuvo en Tres Álamos.

La única gestión que hizo mi papá, y yo lo supe porque él la contó, no es que yo lo haya visto, yo le creí porque él la contó, es que él fue a hablar con sus superiores directos, no muy arriba tampoco, para ver si podía hacer algo por Sergio. Y le dieron un consejo, recuerdo que siempre lo decía, le dijeron “mire suboficial, no pregunte más por estas cosas y deje que las cosas tengan su cauce normal y haga cuenta que el hijo que tenía, ya no lo tiene.” Eso fue lo que le dijeron. Con eso, ya mi papá después no hizo nada más.

Y mi papá y mi mamá nunca lo fueron a visitar a la cárcel. Mi mamá fue cuando ya sabía que se iba fuera de Chile, ahí me acuerdo que llevamos a mi mamá, y ahí se fue a despedir de él. Mis hermanos más chicos no fueron nunca. Me parece que a mi hermana en alguna oportunidad yo la llevé, no estoy tan seguro. A mi hermano chico no. Además mi hermano menor, a pesar que estaba chico en ese tiempo, y hasta hoy, tenía unas ideas que eran más pro-Pinochet que del lado nuestro. A pesar de que él recién estaba pensando las cosas, en al año 1973 estaba conforme con lo que había pasado. Carlos si iba con nosotros a verlo. Sergio debe de haber estado entre tres y seis meses en Tres Álamos. Nosotros pasábamos las humillaciones más grandes cuando lo íbamos a ver. Los militares nos insultaban, no había ninguna consideración, era como si estuvieran esperando que uno hiciera algo para meterte preso. Así era de terrible el simple hecho de ir a verlo. Y tú veías a los que estaban detenidos con una aflicción, con estrés y depresión, que era lo peor.

Desde la prisión se los llevaban en un bus al aeropuerto y de ahí para afuera. A ellos les comunicaban con poco tiempo las salidas, ponle tú: le dijeron el próximo lunes o martes “usted se va a Panamá”. Él tenía algunos conocidos ahí porque habían unos sobrinos de Punta Arenas, un sobrino de mi abuelo, parientes lejanos que eran de Punta Arenas que estaban ahí. A uno le tocó irse a Suecia, otro a Dinamarca, el hecho es que a cada uno le habían designado donde ir. Recordemos que ellos salieron gracias a los organismos internacionales, como Amnistía Internacional. Tal vez si hubiesen estado en otros campos de concentración ni siquiera hubieran salido.

Pero, yo siempre he considerado que esto fue un poco porque Sergio venía de la Isla Dawson, donde hubieron connotados políticos en prisión, que no eran de Punta Arenas sino de otros lados. Así en ese tiempo los ojos de los organismos internacionales estaban muy pendientes de gente que venía de allá, de la gente que estuvo ahí.

Cuando lo podíamos visitar, la verdad de las cosas es que no conversábamos muy profundamente porque solamente tratábamos de hacerle la visita amena en cuanto a cosas más triviales, de buscarles el lado mejor de las cosas. Por ejemplo, me acuerdo en este minuto, que yo siempre le decía, porque no tratas mejor de irte a Europa en vez de irte a un país como Panamá, que me parecía que era como ir a Estados Unidos exiliado.

Entonces para la última visita antes que salga, preparamos a mi mamá para que fuera, porque ella quería ir, incluso en contra de los deseos de mi papá. Porque ella no iba porque mi papá le decía que no podía ir. Porque los sentimientos de madre pasan por sobre otras cosas. Entonces, ella no iba por eso. La última vez que fuimos mi mamá le hizo un queque, cosas para comer, y en ese minuto, imagínate como fue la despedida. Fue una situación bastante dramática. Pero, yo tengo que decir una cosa, que nosotros no sabíamos que lo que iba a suceder sería tan terrible. Como él era joven y se iba a otro país, era como ir a buscar nuevos horizontes. Por eso la situación no era con la perspectiva que uno la ve ahora. Yo me imagino que la gente incluso cuando los detuvieron, y estuvo presa la gente decía, “Ya. Los van a tener presos 6 meses, 8 meses, 9 meses. Les irán a hacer un juicio, y como no han hecho nada después los van a soltar.” Ese era el pensamiento generalizado de todas las familias que tenían gente detenida.

Así a la última visita fue también mi señora, que siempre me acompañaba en estas visitas. Ella acá en la casa hacia las cosas que llevábamos, cocinaba lo que podía, lo más práctico en realidad. Fue mi mamá, y parece que ahí fue mi hermana. Creo que ella estuvo también en ese momento. No dejaban entrar a los niños, así que yo me acuerde creo que nunca llevamos a mis hijos. Tal vez dejaban entrar a los hijos de las personas detenidas. Mi hermano Carlos también estuvo. Él iba siempre. De hecho, mi hermano Carlos fue el que recibió después que Sergio se fue a Panamá... Disculpa que elabore, mi hermano (Sergio) inmediatamente después que se fue a Panamá no mandaba nada por temor a represalias para nosotros porque él sabía que revisaban la correspondencia. Entonces paso un tiempo en que no supimos muchas cosas de Sergio, salvo una que otra vez que de repente un conocido de él llamaba o traía una carta por mano, y esa carta se la pasaban a mi hermano Carlos. Él tuvo más ese contacto de las cartas. Pero, lamentablemente esas cartas ya no existen. Yo hablé con mi hermano y él no tiene esas cartas.

Sobre la muerte de Sergio en El Salvador no lo supimos inmediatamente. Sólo lo supimos después de varios años, por comunicación y confirmación de Magda. Mi madre nunca superó este tema.

Nunca se ha hecho nada como familia al respecto, ni individualmente, ya que nunca supimos realmente ni siquiera el sitio exacto de su muerte, hasta estos últimos años por estas participaciones de gente que ahora, seguramente, se siente más libre de opinar y entregar información.

Fuente: "La historia de Sergio Mancilla Caro, un guerrillero internacionalista austral", memoria colectiva compilada por Sergio Reyes.

Nadie conocía las huellas profundas que dejaban las invasiones enemigas en la mente de los guerrilleros. No todos habían tenido la "buena suerte" de Nico, Manuelón, Lucio y Raulón. Otros tuvieron la desgracia de morir en algún matorral inédito de la montaña chalateca, como sucedió con Horacio, el internacionalista chileno, de quien lo único que quedó fue el G-3 y la navaja suiza Victorinox. Unos guerrilleros de la Montañita encontraron meses más tarde en medio de los charrales los restos del combatiente chileno. Ramiro pudo identificar a su compatriota, a quien daban por perdido desde la invasión de octubre, por la cortapluma suiza. Probablemente resultó herido en una escaramuza o al intentar romper el cerco. Horacio se había arrastrado como pudo hasta quedar oculto bajo los arbustos. Murió lentamente escondido en la maleza salvaje de la Montaña, soñando tal vez con los blancos Andes que lo vieron nacer. Otros, como Roque, el hijo del gran poeta revolucionario Roque Dalton, fueron dados por desaparecidos, sin saberse a ciencia cierta, si habían caído en combate o habían sido capturados por el enemigo. (Extracto del libro "Cerca del Amanecer" de Roberto Herrera)

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