Internacionalista

Internacionalista chileno, Orlando René Contreras Muñoz (Gabriel) era del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile. Se incorporó desde Managua en 1987 en el ERP combatiendo en el volcán de San Salvador. Cayó el 24 de diciembre de 1990 en El Salitre, Nejapa, cuando una unidad celebraba Navidad con la población y el ejército los sorprendió, junto con él cayó la médica vasca Marta González Gómez (Begoña).

UN DÍA COMO HOY 24 de diciembre de 1990, cayeron dos entrañables Internacionalistas en El Salvador: Begoña y Gabriel.

Orlando Contreras - Capitán Gabriel - Coné. Chile Orlando René Contreras Muñoz‚ Coné, es de la Región del Maule.
Fue el tercero de 11 hermanos, nació el 3 de agosto de 1952. Vivió en Aguas Frías, al poniente de la ciudad de Talca. Un poblado con gran riqueza en recursos naturales, pero con mucha pobreza producto de la marginación y explotación.
En Aguas Frías, con una población poco más de 140 familias, apenas y contaban con una escuela que cubría hasta el grado 8. Así, se forjaba uno de los principales pilares de la explotación del campesinado, como en muchos lugares de Chile y el resto de los países latinoamericanos, era el pan de cada día.

La crudeza de esta vida en las Haciendas de los terratenientes, las vivió en carne propia la familia y los relatos de un tio que había sido expulsado de las salitreras del Norte de Chile que cuando les visitaba de vez en vez les contaba la dureza de la explotación del Norte de Chile. Las visitas del tío y sus relatos, permitieron que los jóvenes mayores de la familia, crearan imágenes de ese entorno y la utopía forjase en ellos la necesidad de ir más allá hacia la equidad y la justicia.
René, en su niñez, destacó por la defensa natural de los más débiles; aquellos que en los juegos de niños eran marginados o violentados él salía en su ayuda. Desde ese entonces, su misión de defensa y protección hacia las personas frágiles, sentó sus bases las cuales fueron firmes y consecuentes hasta el último de sus días.
Con apenas 15 años, y durante la Reforma Agraria impulsada por el gobierno de Allende en 1967, este joven campesino consciente de la realidad de su pueblo, se comprometió y participó en el movimiento campesino de su zona de donde aprendió la convivencia colectiva, respeto y tolerancia. El colectivo donde René participó fue el Centro de Reforma Agraria que llevaba el nombre de Luciano Cruz Aguayo (fundador del MIR). En 1970, cuando la inestabilidad abatía la nación y la confrontación campesina terrateniente era muy fuerte, René y su hermano fueron capturados. Luego de 6 meses quedaron en libertad. Sin embargo, a raíz del suceso por lo que fue encarcelado, no era posible continuar con la familia; siendo que en más de una ocasión la policía fue a buscarle a su casa, donde nunca más volvieron a saber más de él hasta 1993. Se radicó en Talca y vivió en el campamento José Miguel Carrera. Coné era de pocas palabras pero si de acción. A pesar de su poca escolaridad comenzó a estudiar la teoría política de la revolución socialista. Se incorpora a las tareas militares del Comité local Talca. Posterior al golpe militar se repliega a Santiago, participando en las Colonias. Dado las precarias condiciones de su clandestinidad en la capital, cuando el MIR es acorralado, en Mayo del 75 se asila en la Embajada del Ecuador, donde pasa 6 meses sin compañía alguna. Sale a Francia bajo la protección del Alto Comisionado de las Naciones Unidas; luego se traslada a Canadá, y se radica en Edmonton, Alberta.
Allí trabajó en una fábrica de embutidos. Dadas sus raíces y contextura revolucionaria, de inmediato se incorpora al GAM (grupo de Apoyo al MIR) y a todas las actividades del exilio chileno de apoyo a las luchas del pueblo Chileno, Nicaragüense, y a todas las luchas de liberación del Mundo. Estando en ese lugar, le invitaron a un concierto de Silvio Rodríguez, donde escuchó por primera vez "Sueño con serpientes", siendo su canción favorita hasta el final. Sin embargo en 1978 se traslada a Vancouver, Canadá, donde se incorpora a las tareas del retorno.

Antes pasa por Cuba, pues en Nicaragua se preparaban las condiciones para la Revolución Sandinista. Por azares del destino no logró llegar a este destino fértil de revolución; y, en 1981 ingresa clandestinamente a Chile, donde comienza a realizar actividades político-militares tanto en Concepción, como en Santiago. Finalmente es convocado a reorganizar el partido en Valparaíso. De 1981 a 1989, Coné no vive más que con sus mascotas: los perros. Como pasatiempo y‚ camuflaje, dedicaba parte de su tiempo al cuido y entrenamiento de caninos. En una ocasión ganó el primer lugar. Su fotografía fue publicada en el periódico de mayor circulación; lo que le obligó a cambiar de casa nuevamente.

Desde muy joven vibraba con las luchas de liberación de los pobres del campo y la ciudad del mundo entero, es de aquí que una vez que el partido entra en su grave crisis, y viendo que tenía mucho que aportar a la lucha que se libraba en El Salvador decide marchar a esas tierras del Norte. Esta vez su entrada fue a través de Nicaragua.

11 de noviembre de 1989.

Pocos días antes de la Ofensiva Al Tope, René ingresa al país. Su seudónimo Gabriel. La noche del 11 de noviembre, su escuadra guerrillera mantuvo a línea al cuartel de la policía de la Zacamil, en plena zona urbana de San Salvador.

El 12 de noviembre, en horas de la madrugada se trasladan a los edificios de la Zacamil, donde ya estaban atrincheradas las fuerzas del Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, miembro del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional FMLN.

Gabriel, consecuente con sus principios revolucionarios, cuando le preguntaban ¿A qué fuerza pertenecía? Él respondía: yo vengo por el FMLN!

La estancia en la Zacamil, fue de 5 días y noches. Aquí él destacó como francotirador, su arma: un Dragonov y una pistola 45, aunque él añoraba una‚ vereta. Sabía como dar indicaciones a los compas y quienes siempre le seguían aunque no fuese él el que estaba al mando de la escuadra. Los jefes militares, le tenían respeto y en varias ocasiones le buscaban para conversar diversos temas.

La salida de la Zacamil, llevó a las faldas del Volcán de San Salvador, donde la comida y el agua era muy escasa. A la semana, se incursionó en la Escalón, siendo la casa de la familia Simán un lugar de trinchera. Aquí, Gabriel como buen chileno, conocedor de los viñedos y sus frutos, sintió pesar de botar el vino de la reserva que tenía esta familia. Pero era necesario, pues para la defensa se hicieron varias molotov que incluso detuvo un camión de soldados. En silencio llegaron a la Escalón en la madrugada y en silencio salieron ya entrada la noche.

Una semana después, la trinchera fue en Lomas Verdes, esta vez la casa de José Luis Criollo. Gabriel desde su infancia, juventud y adulto, le gustaron los perros, en esta casa habían 2 perros pastor alemán, muy bien alimentados y hermosos. Sin embargo en el alboroto, uno de los perros no logró ser controlado por lo que se tuvo que rebajar. Gabriel pidió al dueño que guardara el otro para evitar repetir la situación.

La última salida del 89, fue a la 75 Avenida, la escuadra de combatientes que iba delante de Gabriel, se enfrentó a una escuadra del Batallón Atlacatl; esa noche se hicieron 5 bajas al enemigo. Luego el regreso a la protección de los cafetales en el Volcán. En los primeros días de diciembre, el camino se emprendió a Guazapa, cerro heroico y de mucha historia para el pueblo salvadoreño. En Guazapa, la vida combatiente, se tornó más relajada hasta mediados de enero de 1990, la última década del siglo XX.

En 1990, las fuerzas del ERP donde Gabriel participaba, fueron las únicas que se mantuvieron en el corazón de San Salvador, sin que el ejército lograra desquebrajar su estructura; realizaron diferentes acciones y es así como en noviembre de ese año, se realiza la llamada "maniobra militar" paralizándose las carreteras de la zona Norte de San Salvador. Esta acción militar contribuyó enormemente a que la Mesa de Negociación reiniciara las conversaciones para llegar a los Acuerdos de Paz, firmados el 16 de enero de 1992.

El 24 de diciembre de 1990, cayó Gabriel a los 38 años de edad, junto a la médica internacionalista vasca Marta González (Begoña), cuando junto con otros compas bajaron a celebrar la Navidad a lado de la población civil al lugar conocido como Caserío Adelaida, en el Cantón El Salitre, municipio de Nejapa y fueron atacados por el ejército que no respetó la tregua decretada por el FMLN.

Nuestro Orlando, René, Coné… Gabriel se caracterizaba por su humildad, compañerismo, y consecuencia. Coné calaba hondo en las personas de todas las edades.

J. Ravest, Blanca, Misael Ivan Contreras.

Durante mi breve vida de combatiente (si contamos que la guerra duró 20 años) sólo sentí miedo dos veces. La primera, cuando bajábamos del Cerro de Guazapa a realizar una misión. Durante la marcha pensaba en el futuro de mi hija Mixtli, sentía que si me mataban nadie podía garantizar que ella no pasaría miserias y esos detalles escabrosos de nuestras vidas cotidianas. Y tuve miedo de morir dejándola abandonada, indefensa. Junto a mí avanzaba un compañero muy querido a quien le decíamos El Tigre, quien terminó acompañándose con otra compañera de la carrera de Periodismo, la Paty. En un momento en que la marcha se detuvo le pedí de favor que si yo no volvía que cuidara de la negra, ya que él era amigo de la familia. Danilo me miró extrañado y me dijo una frase contundente y cortante: "no seás loco, dejá de pensar tonterías, vos no te vas a morir”. El efecto fue inmediato. La sacudida del compa me hizo ver que simplemente estaba pensando demasiado. Y mal.

La segunda ocasión fue más dramática o quizás la muerte se presentaba de manera más formal.

Estábamos en la Colonia Zacamil, mediados de noviembre de 1989. La noche anterior nos habíamos escapado de nuestra columna con un compa al que solo recuerdo que le ensartamos de apodo Queso Duro, porque no le gustaba el queso duro y cuando nos repartían lo intercambiaba por cualquier otra cosa de comer.

Queso Duro andaba un Dragonov, era francotitador. Nosotros habíamos escuchado el rumor de que había un internacionalista chileno que era buena onda y que estaba comandando un grupo en la Súper Manzana, en la misma Zacamil. Averiguamos su ubicación y ya entrada la noche nos movimos hacia su posición.
Al llegar le dijimos que nos habían mandado en una misión bla bla bla y que si podíamos recostarnos un rato por ahí, que estábamos agotados. Y la verdad es que nuestro interés era el de aprovechar la buena gente, tan escasa en la guerra, del chileno para dormir, pues ya llevábamos varias jornadas sin pegar un ojo.

Él, con una tremenda disposición nos dijo que nos quedáramos por ahí. Y eso hicimos. Nos ubicamos en un lugar medianamente cómodo al final del pasillo del tercer piso. En el camino, un apartamento con la puerta completamente abierta mostraba sobre una cama, el hermoso cuerpo dormido de la compa Rosita. Una epifanía. Contemplé su belleza un instante y me largué a dormir.

El descanso no duraría mucho. Un momento después llegó Gabriel a despertarnos, con la noticia de que habían colocado dos tanquetas frente a nuestro edificio. Nos pidió que nos colocáramos en las ventanas para que cuando los tanques se movieran, los atacáramos, Queso Duro con su Dragonov y yo con mi lanzagranadas M79. Nos apostamos en las ventanas, la oscuridad era total y el silencio espeso.

Abajo, los soldados contaban chistes y fumaban. Y arrancó la primera tanqueta. Afinamos la puntería y disparamos. Cinco granadazos en el blanco, con todo y que nunca me distinguí por tener buena puntería, igual a cinco granadazos inútiles. No les hizo ni cosquillas. Los tanques siguieron avanzando.
Cuando me disponía a cambiar de posición, empezó el infierno. Morterazos que arrancaban las paredes en tonos rojo y naranja. Me tendí al suelo, el rafagueo no cesaba y cada ciertos segundos los morteros rompían con todo. Pude observar como el apartamento donde Rosita dormía quedaba envuelto en fuego y polvo.

Ya medidos los intervalos de los morteros todos corríamos hacia el primer piso. Leyla gritaba que desalojáramos el lugar. En las escaleras un M16 tirado, lo recogí y bajé. Todos nos reunimos pegados a la escalera del edificio.
Gabriel contaba a su gente. ¿Dónde está Rosita? Le conté lo que ví. Gabriel se enardeció y dijo que iba a ir a buscarla allá arriba. Yo le dije que era inútil, que no iba a encontrar más que otra mortereada, pero que Rosita seguramente ya no podría seguir con nosotros. Sus ojos brillaron, emocionados. Era duro verlo, pues los compas eran duros con la muerte y casi nunca lloraban.

Finalmente, nos ubicamos en el edificio de a la par, que estaba un poco mejor resguardado que el que acabábamos de dejar en ruinas. En ese edificio estaban otros compas. Juntamos a los heridos y eran muchos, realmente muy pocos quedamos ilesos y hasta los que quedamos en pie estábamos esquirlados o heridos, pero no de gravedad. Contamos a los que estaban todavía en disposición de combatir.

Gabriel, Queso Duro, Leyla, un compa de Morazán y yo. Metimos a todos los heridos, como 15 compas, a un apartamento. Gabriel se fue al fondo del pasillo, a nuestra izquierda. Morazán se ubicó al frente del otro edificio, a nuestra derecha. Queso duro se quedó en medio de ambos edificios, justo en las escaleras que los conectaban. Leyla y yo nos quedamos atendiendo a los compas alternándonos en la puerta del apartamento.

Mis recuerdos son confusos respecto a la hora, pero debió haber sido después de mediodía cuando regresaron por nosotros. La cosa se puso fea, re fea. Nos cayeron con fuerzas de infantería, tanquetas y aviación. Nos surtieron fuego de a galán. Los compas heridos se veían muy afligidos.
Cuando una avioneta nos fumigó de metralla a alguien se le escapó una ráfaga que dejó picada la pared.
El nerviosismo era general. Por segunda vez pensé en la muerte. Pensé que todo estaba consumado. De esa no saldríamos vivos. Aterrorizado, quité a Leyla de la puerta, le dije que había francotiradores y que era peligroso seguir ahi. Ella me decía que había que apoyar a Gabriel, que se había quedado solo guardando su posición. No la escuché. Le ordené entrar. Una bala de un franco pegó sobe nuestras cabezas. El miedo se hizo más denso.
Queso Duro apareció de entre los heridos pidiéndome instrucciones. Yo le dije que no saliera. Me dijo que Gabriel estaba solo. Le dije que nadie iba a salir. Afuera tronaban todos los calibres. En mi demencia no atinaba más que a tratar de escondernos a todos en ese cuarto. Solo faltaba Gabriel. Salí al pasillo para gritarle que se refugiara con nosotros. Y entonces lo vi, moviéndose de un lado a otro, conteniendo el solo todo el paquete de muerte que el enemigo nos lanzaba.
Vi a mis compas heridos. Todos éramos salvadoreños. Y ahí estaba un chileno, solo, luchando contra decenas de efectivos. Un chileno. Librando nuestra batalla. Solo.
Entonces el miedo se convirtió en vergüenza. Le grité a Morazán y él seguía en su posición, pero pasivo. Le dije a Queso Duro que íbamos a apoyar a Gabriel y me fui para el otro costado. Tomé mi Ak, mi M79 y les presté tres M16 a los compas heridos, más todas las granadas y cargas de dinamita. Ese día disparé de todo. Los compas nos rellenaban los cargadores y nos los tiraban a lo largo del pasillo. El enemigo no logró avanzar. Todo por la valentía de Gabriel, el chileno”.

Otoniel Guevara:

Conocimos a, Gabriel‚ en la Isla, en la Escuela de Instrucción política “German Cortés” a comienzos del primer trimestre del año 1979. Era conocido como “Chino” y su nombre político en ese lugar era: Iván González.
Participa posterior en instrucción de Artillería en Cañones sin retroceso y Morteros. Y una especialización de Operativo Urbano que termina a comienzos de 1980. Ingresa clandestino a Chile, a mediados de 1980. Participando en un primer momento, en la zona de Concepción. Producto de la caída de la dirección regional a fines del 80 o comienzo del 81, el Chino solicita ser trasladado a la Quinta Región, donde conocía a varios compañeros con los cuales se había formado en instrucción y que ya habían ingresado. En la zona de Valparaiso asume el nombre de “Gabriel”. Trabajó y formo parte de la Dirección Militar de esa zona, participando como jefe de grupos de combate y de milicias, realizando innumerables acciones de propaganda armada y de obtención de recursos financieros. Considerado por todos, como un exepcional chofer operativo.
De las conversaciones que tuvimos con él, durante todos esos años, conversaciones que no eran abiertas, sino siempre cubiertas por el manto de la seguridad y compartimentación, supimos que había sido un temprano militante del MIR, que formó parte de Fuerza Central, antes del 73 y posterior al golpe, siempre en tareas cerradas o clandestinas. Salió a Canadá, en fecha que no puedo precisar, pero sí, habría permanecido poco tiempo, incorporándose al Plan 78 o Operación Retorno que impulsó el MIR, por esa fecha.
También supimos, que era de origen campesino y de la zonas aledañas a Talca. Conocía muy bien la zona, cosa que comprobamos cuando combatientes de la Quinta Región se trasladaban a menudo a la Séptima Región a realizar acciones. Gracias a sus vínculos se pudieron levantar redes que permitían, base operacional‚ a las unidades móviles que viajaban a esa zona.
Le gustaba mucho tocar guitarra y andaba siempre con ella. No cantaba, solo tocaba melodías campesinas que había aprendido de su padre.

Gabriel fue conocido por milicianos y combatientes, ya que en muchas ocasiones andaba con una perra doberman, la cual también tenía un nombre politico “Sofia”, con la cual en innumerables ocasiones se hizo reconocimientos (Valparaíso mismo, y las ciudades vecinas al puerto, poseen a sus alrededores una geografía, con características suburbana que permitía esto). Gabriel le había enseñado a la perra, a no ladrar y en estas condiciones se movían, y “Sofía” solo emitía gruñidos de alerta cuando escuchaba algo a lo lejos.

Gabriel era de pocas palabras y cuando hablaba, usaba las precisas y generalmente contundentes. Se soltaba y se ponía más locuaz entre los de más confianza y contaba exquisitas anécdotas.
Trabajó en la Quinta Región desde mediados del 81 hasta fines del 88. Para esta última fecha el MIR ya se había dividido. Es en este momento, que Gabriel solicita ser enviado a El Salvador.

!Compañera Marta y Gabriel, Hasta la Victoria Siempre!

(Testimonio de Gabriel Flores Rivera “Beto”) Datos cortesía del libro “Dos pueblos a los que amar, un mundo por el que luchar”.

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