La Guerrilla

A El Negro Hugo lo bautizaron con el nombre de Rosario. No recuerdo sus apellidos. Es más, creo que jamás los supe. Sus amigos lo llamaban por “Chayo.” Y “El Pechudo” era su hermano menor. De ningún modo supe cómo se llamaba El Pechudo, aunque de acuerdo a la versión de Andrés, ex-jefe de El Batallón de tropas élites SS-20, es posible que El Pechudo fuera bautizado como Isabel, y por eso lo llamaban Chabelo. Ambos eran originarios del cantón El Copinol ubicado en los límites del departamento de La Paz y San Vicente.   Allí crecieron y desarrollaron sus vidas junto a sus padres durante los años de 1960 y 1970. Dos campesinos en sus mejores años. En efecto. Dos campesinos que abrazaron y murieron por la causa revolucionaria. Yo los sigo recordando por las veredas y caminos del volcán Chinchontepeque, por los cafetales de Palo Grande, por las quebradas, cañadas y ríos de Los Platanares, Los Zacatillos y Los Marranitos, o en sus hamacas bajo los techos de sus ranchos de palma donde vivieron y crecieron allá por el cantón El Copinol cuyo nombre en códigos guerrilleros y claves milicianas era “Chambre.” En enero del año 2012 estuve allí, en el cantón El Copinol, buscando a uno de los pocos sobrevivientes de aquella beligerante “Sección Número Uno”: “Tierra.” Y cuando lo vi se me hizo guijarros el corazón recordando aquellos tiempos, y a todos los compañeros caídos. El Tierra es una reliquia de una época desdeñada y que no muchos queremos recordar porque la amnesia se ha apoderado de muchos de nosotros.

El Negro Hugo dirigió la beligerante “Sección Número Uno” en mi ausencia un día del primer semestre de 1980 cuando Las Fuerzas Armadas gubernamentales lanzaron una de las primeras y extensas invasiones de aniquilamiento a nuestras posiciones en el volcán Chinchontepeque. Yo estaba fuera de la zona por razones de trabajo, léase reuniones en otras zonas del mismo Frente Para-central. Digo extensa y enorme por la cantidad de tropas que utilizaron y la cantidad de días que duró. Los primeros días no se entabló combate frontal ya que no había mucha capacidad para ello. Se jugó al gato y al ratón protegiendo a la población civil. Pero el día en que las tropas castrenses se retiraban del volcán, y venían bajando desde El Mono en camiones de marca alemana Magirus por la calle empedrada que circunda el volcán desde “La Hacienda Cañas” hasta pasar  por La Finca Barrios y sigue dando vuelta por las faldas del mencionado volcán, por iniciativa de la tropa y mandos de La Sección, se decidió montarles una emboscada para que no se retiraran “sin quitarse el frío”.

La calle empedrada que circunda las faldas del volcán, va subiendo desde “La Hacienda Las Cañas” pasando por La Hacienda Suiza, el caserío El Perical, La Finca El 4 de Mayo, y allí se divide en dos ramificaciones principales, una sigue para las fincas Iberia y Peñas hasta llegar al caserío El Coyolito y de allí para la parte cafetalera ubicada en el departamento de La Paz, mientras que la otra cruza el caserío El Pedregal, El Mono, La Finca Barrios y sigue dando vuelta por montes y colinas del mencionado volcán, y comunica con otras redes de callejuelas menos importantes a todas las fincas, caseríos y poblados del mencionado volcán hasta salir allá por Guadalupe, Verapaz, San Cayetano Ixtepeque y la ciudad de San Vicente. Es toda una ramificación de comunicaciones que fue diseñada para el acopio del café, de la fruta en tiempos de cosecha, y de madera, y que cubre todas las estribaciones del volcán Chinchontepeque. Cada uno de los caseríos o finca cafetalera se comunica por este sistema, ya sea en vehículo, a caballo, a pie, y en algunos casos en carreta tirada por una yunta de bueyes.

Aquella mañana ya cerca del almuerzo se dispusieron y colocaron 9 minas vietnamitas entre La Finca El 4 de Mayo y el caserío El Perical cubiertas por ramas de tempate y maleza ligera. Los que conocen la zona saben de qué no había mucho donde protegerse ya que a un lado de la calle se va hacia unos barrancos y pequeñas plantaciones de cafetales, y al otro lado la planicie donde los campesinos solían cultivar los maizales. Unos 49 hombres y mujeres pertenecientes a la beligerante “Sección Número Uno” se apostaron de espalda hacia la planicie mirando hacia La Paz Opico y La India. Pasaron los primeros vehículos transportando tropas. En medio de la hilera de camiones venían unos 3 Jeeps. Siempre hemos creído que allí se transportaban los oficiales de las tropas enemigas. Y más atrás venían otros vehículos con el resto de la hueste gubernamental. Tan pronto los Jeeps salieron de la curva de La Finca El 4 de Mayo y tomaron la calle recta que atraviesa el caserío El Perical, los compañeros detonaron las 9 minas: hubo una serie de estruendos que sacudió a los Jeeps, estremeció al pajar y al coraje de los compañeros. Acto seguido se dispararon varias ráfagas cortas, también disparos de escopetas, pistolas y revólveres, y rápidamente los guerrilleros echaron a correr. Cuentan los compañeros que de los Jeeps no hubo fuego de respuesta ya que todos habían dado vuelta en el aire, entre humo y gritos. Pero de los vehículos de la vanguardia y retaguardia, tan pronto la sorpresa se disipó con el humo y los estruendos, comenzaron las ráfagas prolongadas de G-3 y dirigidas hacia la ligera vegetación, y hacia todo lo que se movía o era de color verde.

“…Y más arriba la vida jugando en los verdes maizales entre La India y El Perical y La Finca El Cuatro de Mayo. Y el magueyal tendido a lo largo de la explanada reflejando como espejo los rayos de sol. Allí donde El Pechudo se guareció herido del muslo izquierdo después de la emboscada en El Perical y a los tres días lo encontramos con gusanos en la herida infectada. Y casitas de lodo y paja por doquier. Oliendo a riguas [Alimento preparado del maíz tierno conocido como elote] y a maíz cocido. Oliendo a humo de leña verde. Y callejuelas polvorientas oliendo a agua fresca. Y bandadas de tordos arrancando el maíz recién nacido. Y los amates de El Perical y la Hacienda Suiza tan esbeltos y erguidos allí donde se dormía una siestecita bajo sus sombras y uno rejuvenecía mientras la tarde envolvía el paisaje rural. Y al amparo de esos mismos amates se reventaron más de diez minas a lo largo de la cuesta y se peleó a la hora del almuerzo hasta agotar la munición y luego hubo que correr y no vimos donde se metió El Pechudo. Allí mismo donde los campesinos aseguraban que el Diablo llegaba a bailar a medianoche y asustaba a los parranderos empedernidos” [Tomado del relato “Porfirio: Ojos de Gato”]

En los fieros combates que se libraron durante la retirada de aquel mediodía, Jesús “Chusín” Bonilla, el hermano menor de Salvador Bonilla “El Chele Oso” resultó herido de una pierna cuando corrían por la explanada del terreno. Un compañero lo arrastró desde la línea de fuego, y lo cargaba en la espalda cuando ambos fueron alcanzados por una ráfaga, al parecer disparada por una ametralladora M-60 o un rifle automático G-3 mientras trataban de subir por la colina para de allí ganar terreno hacia los cafetales de La Finca El 4 de Mayo. El hermano menor del Chele Oso murió al instante por las balas de la ráfaga ya que él recibió la mayor fuerza del impacto. El otro compañero consiguió sobrevivir con muchas dificultades aquel mediodía logrando retirarse con el pellejo lleno de rasguños pero dejando el cuerpo sin vida del compañero a media colina. El Pechudo también resultó herido de una pierna cuando se retiraban de la emboscada en medio del apogeo de los disparos y los soldados enemigos les daban persecución pisándoles los talones. Aun así logró huir por los montes refugiándose en una cañada natural entre el caserío La India y El Perical momentos antes de ser rodeado, y tuvo que esconderse entre vegetación ligera y ramas secas, y a orillas del magueyal para que no lo descubrieran. Tres días después lo encontramos con gusanos en la herida infectada y temblando por los efectos de la terrible fiebre pero nuestros enfermeros lograron sanarlo. Y entonces nos relató que cuando los soldados enemigos estaban por darle alcance y rematarlo se lanzó a la cañada y se escondió entre la vegetación y que los soldados, buscándolo, cuasi lo patearon y que uno de ellos le orinó el rostro cuando hizo sus necesidades fisiológicas mientras él se amarraba a la tierra echándose hojas secas en el cuerpo para que no lo descubrieran. Y así sobrevivió aquel aciago día cuando la beligerante Sección Numero Uno le causó varias bajas a las tropas enemigas.

A principios de 1981 El Pechudo y otro compañero acompañaban al comandante Juanón hacia la carretera litoral donde este tomaría el bus hacia San Salvador. Saliendo del monte por un desvío cerca de Santa Cruz Porrillo y cuando esperaban el bus apareció un vehículo militar transportando soldados enemigos, los cuales al descubrirlos y sin mediar palabra alguna, comenzaron a dispararles. El primer compañero, mientras corría, recibió un impacto de granada de G-3 que explotó por sus pies y lo hizo volar por los aires y lo dejó colgado entre unas ramas de un árbol totalmente desecho por dentro y al desnudo, ya que la ropa fue destruida por las ondas expansivas. El comandante Juanón fue herido de una pierna y cayó en el acto. El Pechudo también fue herido de una pierna, pero aun así y en medio del tiroteo logró arrastrar a Juanón poniéndose ambos en resguardo: cuentan los compañeros que aquella mañana, cerca de la hora del almuerzo, vieron llegar a El Pechudo allá por La Paz Opico cargando a Juanón, mientras este arrastraba los pies, y ambos sangrando por las heridas de bala. Y es que El Pechudo apenas medía unos 1.55 metros de estatura, mientras que Juanón pasaba el 1.90 metros de estatura. Ese era El Pechudo, un joven campesino convertido en guerrillero que caería en combate años más tarde, junto con Sergio, Jesús Ventura, alías “Chupón.”

“…Y el tren paraba por las mañanas y las tardes aunque no hubiera viajeros que recoger. Y más allá el desvío conocido como La Flecha cerca de El Puente Negro. Allí mismo donde El Negro Hugo con una sección de cincuenta hombres, en junio de 1981, libró un fiero combate y cuando se aprestaban a la requisa fue herido en el peroné por un soldado malherido oculto bajo uno de los Magirus destruidos. Y El Negro Hugo se doblegó y se desangró de a poquito durante horas porque no se pudo suturar la arteria destruida por la falta de materiales y equipos médicos adecuados. Y en el sopor vespertino vimos como la vida se le salía por la herida de bala de 5.56 mm y se le terminaba con la última gota de sangre que brotó de ella. Y Carmen su novia, esposa y enfermera guerrillera, allí impotente, luchando por retenerlo. Y las lágrimas contenidas a punto de reventar en las mejillas porque allí no se lloraba” [Tomado del relato “Porfirio: Ojos de Gato”]

El Negro Hugo fue herido mortalmente en combate la primera semana de junio de 1981 durante las tenaces escaramuzas libradas cuando se ejecutaba una de las peores invasiones enemigas lanzadas sobre las posiciones guerrilleras del volcán Chinchontepeque. El operativo enemigo dio comienzo el día 4 de junio de dicho año. Y unos dos, o tres días después, los compañeros emboscaron a una patrulla enemiga a la altura de El Puente Negro sobre la terrible carretera Zacatecoluca a San Vicente y con la ciudad de Tecoluca en el medio. Las escuadras guerrilleras lograron destruir un camión con tropas enemigas con la detonación e impacto de una mina vietnamita, y también lograron requisar unos cuantos rifles pero tuvieron que retirarse cargando al jefe de Sección herido. En el hospital de campaña allá por el caserío “Los Achiotes” El Negro Hugo se doblegó y se desangró de a poquito durante horas porque no se pudo suturar la arteria destruida por la falta de materiales y equipos médicos adecuados. Y en el sopor vespertino vimos como la vida se le salía por la herida de bala de 5.56 mm y se le terminaba con la última gota de sangre que brotó de ella. Y Carmen su novia, esposa y enfermera guerrillera, allí impotente, luchando por retenerlo: los restos mortales de El Negro Hugo están sepultados, y descansan allá por el caserío “Los Achiotes” más allá de San Francisco La Laguneta, en el municipio de Tecoluca, en el departamento de San Vicente.

Managua, Nicaragua | Lunes 16 de septiembre 2013.

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