La Guerrilla

Los pueblos que conocen su historia y aprenden de sus experiencias son los que tienen posibilidad de superarse.

Por ello es importante que tengamos presente aquellos acontecimientos que han determinado, nuestro presente. Si bien nos encontramos viviendo aún bajo un sistema que dista de practicar políticas que beneficien al país entero, en términos del respeto a los derechos humanos, de reformas al sistema judicial y de las estructuras políticas, los Acuerdos de Paz de 1992 marcaron una nueva etapa en el devenir de nuestra sociedad.

Esto no hubiese sido posible sin la lucha heroica que libraron importantes sectores de la población durante las décadas de los 70's y 80's.

Ciertamente, las desigualdades económicas se mantienen y se profundizan a causa del modelo neoliberal impuesto por los Estados Unidos con la complicidad de gobiernos entreguistas, pero la rebeldía cuscatleca ha ido abriendo brecha a lo largo de nuestra historia, a tal punto de haber ganado los espacios para el desarrollo de la actividad política dentro del marco legal y presentarse como alternativa de poder, tanto en el ámbito local como nacional. Santa Elena también ha dado un aporte grande a esa rebeldía social que se resiste a cualquier dominación del ser humano sobre el mismo, Max René hace parte de la decisión de arriesgarlo todo por lograr el nacimiento de una nueva sociedad.

La década de 1970 representa un periodo decisivo para la historia de El Salvador. La dictadura militar (encarnada entonces en el Partido de Conciliación Nacional) debía enfrentar a un movimiento popular cada vez más combativo y organizado, que además crecía a un ritmo acelerado. Las políticas económicas hechas a la medida de los latifundistas (ahora convertidos en banqueros), los comprobados fraudes electorales y la represión sistemática y brutal en contra de aquellos sectores o individuos que demandaban justicia y democracia, fueron elementos que llevaron al desgaste y desprestigio del régimen militar.

Ante la imposibilidad de cambiar el timón del Estado por la vía electoral, a principios de aquella década, surgen las primeras organizaciones armadas de la izquierda revolucionaria, las cuales se caracterizan por la realización de acciones sorpresivas y de impacto político. Sus componentes provenían de diversos sectores sociales: estudiantes universitarios (marxistas y cristianos radicalizados), obreros y maestros.

Allá por 1977, un desprendimiento del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP) paso a integrarse con el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC), el cual se había fundado un par de años antes, a partir de distintos países de la región. Max René era parte de las FRAP, a la sazón de sus 19 anos, y así llego a las estructuras del PRTC.

En el desempeño de su labor como maestro, Max René fue consolidando su conciencia social, al ir comprobando el abandono del régimen al sector campesino y a los niños en edad escolar. Ayudado por las lecturas analíticas sobre el funcionamiento del capitalismo, se fue creando una firme y profunda convicción de la necesidad de un cambio estructural en El Salvador, que solamente una revolución como un proceso regional, donde la mayor parte de los países de Centroamérica estuvieran involucrados.

Por otra parte, su interés político iba aun más allá, buscaba conocimientos sobre las luchas que estaban desarrollando otros pueblos por su autodeterminación y el destierro del neocolonialismo, en Asia, África y, en particular el pueblo Palestino. Recuerdo que había obtenido un amplio folleto sobre la situación en Medio Oriente y estaba escrito en inglés y buscaba a alguien de confianza para que lo tradujera. El aporte dado por Max en esa fase, así como el de otros compañeros que no llegaron a ver la unificación de las fuerzas de izquierda, fue determinante para la conformación posterior (octubre de 1980) del Frente Farabundo Martí.

En mayo de 1980, año de la mayor represión (paradójicamente bajo la Junta encabezada por el democristiano Napoleón Duarte), mientras se conducía con otros tres compañeros a bordo de un vehículo, en las cercanías del Hospital Bloom, en San Salvador, fue detenido por las fuerzas gubernamentales. Los cuatro ocupantes del vehículo fueron trasladados a las tristemente famosas cárceles clandestinas y nunca más se supo de ellos. Posteriormente, hubo informaciones, no confirmadas, de personas que dijeron haber visto a Max René en los calabozos para reos políticos de la Guardia Nacional.
Hay que recordar que en aquellos meses los "escuadrones de la muerte" estaban en su apogeo y más que nunca se violaba el derecho a la integridad física y psicológica de la persona humana. El estado de derecho no era más que una grotesca caricatura.

Hacia menos de dos meses había sido asesinado Mons. Romero, mientras oficiaba misa, a manos de estas bandas asesinas que esparcieron luto por todo el país.

De nada sirvieron las peticiones al sistema judicial para que se reconociera la detención de los cuatro jóvenes. Su familia, Santa Elena y el movimiento revolucionario perdieron así un hijo noble, capaz de arriesgar lo más preciado por alcanzar el sueño de una vida digna para las mayorías marginadas de nuestra población, pero hemos ganado un héroe que vive en nuestra memoria y en las luchas presentes que persiguen aun una sociedad justa, solidaria y verdaderamente democrática.

Max René Colato nació el 8 de febrero de 1975, de familia humilde, siendo hijo de la señora Blanca Colato, del barrio Los Remedios. Realizo sus estudios básicos en el ahora Centro Escolar "Roberto Edmundo Canessa" y su bachillerato en el Instituido Nacional; así como su ciclo de formación docente en la Escuela Normal de San Andrés, desempeñándose posteriormente como docente en Arcatao, del departamento de Chalatenango.

Max René, jamás te olvidaremos!!! 

Revista Cultural. Santa Elena, 2005.

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Jueves, 17 de octubre de 2013 - MarcialTeniaRazon.org - El Salvador

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