La Guerrilla

Nació en enero de 1958 en la ciudad de Santa Ana; hijo de los señores Alberto Velado y Carmelina González. Creció por algunas circunstancias en la ciudad de Chalchuapa bajo el cuidado de una de sus tías, hermana de su padre. Fue allí donde cursó sus estudios hasta el Bachillerato. En 1981 inició sus estudios para el profesorado en Educación Física en San Salvador. Ya para entonces se había reencontrado con sus padres y sus hermanas, quienes residían en la ciudad de Usulután, en el oriente del país.  

El compañero Canito era militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y con mucha frecuencia viajaba hasta Usulután para pasar tiempo con su familia, de quien estuvo alejado por casi toda su infancia.

Según el testimonio de su hermana, el sábado 31 de octubre de 1981 llegó su hermano junto con un amigo y posiblemente compañero de estudios. Mientras el compañero Canito se acomodaba en una hamaca después de haberse dado una ducha, el supuesto amigo no se separó de la puerta de entrada, algo que le pareció a ella muy sospechoso. Al cabo de unos diez minutos aparecieron varios vehículos particulares con una significativa cantidad de militares portando fusiles M-16 que ingresaron sorpresivamente a la casa dirigiéndose directamente hacia su hermano. En ese momento no se encontraban sus padres, pero si ella y sus hermanas.

Ella intentó evitar que se llevaran a su hermano pero fue golpeada brutalmente a patadas por los soldados. Sus dos hermanas habían corrido a esconderse en uno de los cuartos de la casa, pero fueron encontradas, sacándolas e intentando violar a una de ellas de nombre Ana María, algo que no lograron por la férrea oposición de ella en defensa de su hermana, y porque uno de ellos-al parecer de los mandos- les dijo que “No es a eso que hemos venido y tenemos que irnos ya”.

Fueron cerca de treinta minutos de angustia. Se llevaron al compañero Canito en dirección a San Salvador. Ella corrió detrás del carro color rojo pero todo fue inútil. Un vecino se atrevió a llevarla en su carro, le siguieron la pista al vehículo pero luego se les perdió de vista.

Fue a buscar a sus padres para ponerles al tanto y por supuesto que fue una dura noticia para ambos. Su madre soltó en llanto aunque su padre mantuvo la calma. De inmediato acudieron a la Sexta Brigada de Infantería, también al cuartel del Batallón Atonal pero no les dieron ninguna información. Ese mismo día se llevaron a dos trabajadores de la Funeraria Ibarra y a alguien de apellido Corleto, quien según ella, al parecer era el dueño del Colegio Centenario. Ni ellos ni su hermano aparecieron y tampoco supieron si habían muerto. Su madre aún alberga la esperanza de que su hijo esté vivo.

En 1982, durante el desarrollo de los enfrentamientos entre unidades de la guerrilla y tropas del Ejército gubernamental, en el marco de la campaña militar de marzo de ese año, la familia tuvo que lamentar otra tragedia, cuando al caer una bomba sobre la casa, Jorgito –de siete años de edad - perdió la vida.

Quien nos relata esta historia, común para miles de nuestras familias en El Salvador, reside actualmente en los Estados Unidos, junto a ella, su madre; quien como ya dijimos antes, aún conserva la esperanza de que su hijo esté con vida.

Agradezco a la hermana del compañero Canito, Raquel González, por la información proporcionada para el registro histórico del aporte del compañero a través de este escrito. Vaya para ella y su familia mi solidaridad y la certeza de que algún día se hará justicia por su hermano y por los miles de salvadoreños capturados, torturados, desaparecidos y asesinados por intentar cambiar las estructuras políticas, económicas y sociales de este nuestro pequeño y tan sufrido país.

Jueves, 1 de noviembre 2018.

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