La Guerrilla

Escarbando en la memoria del camino recorrido: Fidel, historias del abuelo.

Recordando a Hilda “Comandante Gloribel”: catequista, esposa, madre y luchadora social (1951 - 1991). Hija de José Dolores y de María Cipriana, nació un 3 de Abril de 1951, originaria del Cantón Taburete Claros de Jiquilisco. Las ideas de la Teología de la liberación abrazadas por el catolicismo progresista irrumpen en la vida nacional y la crisis sociopolítica salvadoreña.

Recordar a mi hermana, es recordar nuestra infancia, a la familia, a la orientación recibida de nuestros padres, a la vida difícil de nuestro tiempo, a las injusticias vistas en la época como el caso de la hermana de Maura pariendo un hijo en un maizal que fue asesinada y luego acusada de robar maíz para salvar al asesino; la perdida de Chemita (nuestro hermano menor) y sus efectos; al trabajo cristiano desplegado por los catequistas formados a la luz de la teología de la liberación; su gran actividad organizativa con los jóvenes en las comunidades rurales de la jurisdicción de Jiquilisco, en donde sin quererlo y al ver su práctica, tuve un ejemplo de valores cristianos para interpretar la realidad que vivíamos.

También es recordar el gran evento de la fiesta de su matrimonio, su joven familia, su prosperidad truncada por la época de guerra civil así como también la sublimación de su dolor y su consecuencia demostrada en su trabajo como cuadro organizador en la zona Ángela Montano, en el oriente de El Salvador durante la guerra civil.

En una narración anterior, en la cual son descritos un par de hechos trágicos de la historia familiar y que fueron parte de las vivencias tenidas en la infancia, fue mencionado el nombre de María Hilda Romero, mi hermana mayor. Su participación en la comunidad ya fuera alfabetizando o catequizando, así como también celebrando la palabra con el enfoque de la corriente social de la iglesia, teología de la liberación, que sopló América Latina, basados en el concilio Vaticano II y a la luz del CELAM1 de Medellín-Colombia. Su práctica e incidencia en el cantón y alrededores dejó huellas, como también dejó huellas en mi formación y práctica posterior.

Hay cosas que se graban en la memoria y cuando estaba cursando los años de mi primaria escolar en la Federal de Jiquilisco, quedó registrada en mi mente la expresión facial que tenía mi hermana, en sus 12 años, con sus ojos llorosos y una paila cuartillera en su cabeza cargando el maíz para molerlo en el molino del pueblo. Aunque ella estaba en una escuela diferente, recuerdo haber viajado juntos por espacio de unos 4 años al pueblo. Se resistió a continuar estudiando después de su primaria, dedicándose a ayudar a nuestra madre en los quehaceres de la casa e irse integrando paulatinamente en actividades de la comunidad, incluyendo la celebración de la palabra después de haberse formado como catequista en el Centro de Promoción de Jóvenes Campesinos de Los Naranjos2.

La muerte trágica del menor de la familia, Chemita, quien sólo contaba con 7 años, hizo un efecto diferenciado en cada miembro de la familia, porque diferenciada era la apreciación del momento por tener diferentes edades y puntos de referencia: la expresión simple y un tanto evasiva a la interacción de mi padre se acentuó; los llantos y quejas de mi madre se hicieron frecuentes hasta padecer de una depresión crónica enfermiza la cual tuvo un efecto detrimente en el resto de los miembros del grupo familiar.

Nosotros los hijos no comentábamos sobre la tragedia familiar, pero era evidente que teníamos un dolor común: nuestro hermanito desapareció violentamente de nuestro lado. Esa pérdida hizo que nuestros progenitores estuvieran más alerta de nuestra presencia y más vigilantes de nuestros movimientos y actividades. Había una cancha de fútbol a tres cuadras de nuestra casa, a la cual asistíamos ocasionalmente, era oportunidad de encontrarse con la mayoría de jóvenes del cantón que se congregaban a practicar el popular deporte del fútbol. Nuestras visitas a la cancha de fútbol fueron restringidas.

Isabel, Josefa Dolores, Luis Alonso, María Hilda, Fidel Ángel y José María (Chemita); todos, fuimos crecidos con los valores familiares, con una fe cristiana inculcada sin muchas palabras sino con los ejemplos que eran mostrados por José Dolores y María Cipriana, nuestros padres. Asistíamos dominicalmente a misa de la parroquia del pueblo. El trabajo agrícola que hacia mi padre y la iglesia fueron nuestra primera socialización que luego se agrega la escuela. Recuerdo a mi viejo, ya que nunca lo vi joven, que tuvo una vida austera y simple, portando desde siempre un lazo o cuerda amarrada a su cintura como señal de ser devoto a San Francisco de Asís. Después de las faenas cotidianas de la semana, solíamos viajar a los manglares de la Bahía de Jiquilisco con el propósito de sacar algunos punches, cangrejos y curiles para agregar alguna proteína a la despensa familiar. La cuerda Franciscana fue descubierta por la curiosidad infantil, en una ocasión, mientras nos bañábamos en la poza de un río que cruzaba los manglares para sacarnos o limpiarnos el lodo. Como miembro de los caballeros de Cristo Rey, él era uno de los organizadores de las procesiones religiosas en las fiestas patronales del pueblo, y cargaba el Santo Entierro en la semana santa.

Para nosotros el evento de gran trascendencia eran las fiestas patronales de Jiquilisco de finales del mes de Agosto, por todo lo que implicaba: algún estreno, subirse a algún juego mecánico, sin faltar las festividades religiosas y las coheterías de las alboradas acompañadas con la banda regimental.

La gran alegría que nos producían el ver y escuchar la gritería de los usuarios del carrusel (la rueda voladora) y la chicago; el parque central no daba abasto para la cantidad de visitantes de los cantones aledaños; la misa dominical en la iglesia con la compra del periódico era la rutina memorable del fin de semana.

No registra mi memoria que nosotros hubiésemos estado en alguna casa vecina jugando como lo hacen comúnmente los pequeños en los vecindarios. “Hay permiso que jueguen aquí pero no en casa ajena”, era la autoridad de la voz de la madre protectora, pero sí, nos visitaban niños vecinos y armábamos cualquier tipo de juegos: jugábamos con canicas, semillas de marañón, ladrón librado, sin faltar la pelota de trapo para patear en porterías improvisadas.

Nos hicimos de nuestro propio grupo de amigos de acuerdo al lugar que frecuentábamos; de esa forma, Hilda se hizo de su grupo de amigas en la iglesia y empezó a frecuentarla más por las actividades en que participaba. Ya antes habíamos hecho el compromiso moral de enseñar a leer y escribir a un grupo de niños y niñas del caserío.

Recuerdo bien que hasta una pizarra habíamos comprado para explicar las lecciones en las clases que se daban al solo empezar a obscurecer, y así no interferir con las tareas agrícolas en que participaba el grupo, incluyéndonos. Hilda fue quien organizó ese grupo para alfabetizarlo, integrado por niños campesinos quienes no tenían la oportunidad de ir a la escuela.

La formación cristiana empezada en el hogar, continuó con el trabajo de catequesis de la parroquia, que en toda su jurisdicción era conducida por el padre Juan Macho, uno de los tres sacerdotes que abrieron años después el Centro de Promoción Campesino de Los Naranjos, a pocas cuadras de donde vivíamos.

María Hilda, rápido cumplió los requisitos para hacer su sacramento de primera comunión; mi madre chequeaba haciéndola repetir durante las noches aquellas largas y aburridas oraciones que se recitaban de memoria sin entenderlas muchas veces.

Esa era la costumbre y de esa forma también ella ya estando la mayoría del grupo alfabetizado, hacía los coros repitiendo las oraciones para ser memorizadas. Por mi parte, aunque ella insistía que me integrara para aprender el catecismo, nunca quise participar respondiéndole en forma categórica: “Yo tengo mi propia doctrina con el padre gordo y pelón de la iglesia” (su nombre era Zacarías). En efecto, tenía mi propia catequesis en la Escuela Federal en donde llegaba uno de los sacerdotes pasionistas3 a darnos doctrina dos horas por semana.

Para nosotros era divertido porque entre todos rodeábamos al sacerdote y le tocábamos la cabeza sin pelo. El respondía riéndose y fingiendo defenderse levantándose rápido y elevando su pie haciendo amagos de patearnos; no paraba de carcajearse; en el sexto grado de la escuela recibí la catequesis para prepararme y tener la primera comunión.

Impartiendo alfabetización y catequesis, motivada por enseñar lo que sabía a los niños del caserío, Hilda tuvo la práctica de liderar grupos, mantenerlos motivados en torno a propósitos de interés de sus miembros. Querían aprender a leer y hacer la doctrina para cumplir sus sacramentos. En esa forma se fue involucrando más y más en las actividades de jóvenes en la iglesia con su correspondencia en el cantón, hasta llegar a ser del grupo que inauguraron el Centro de Promoción de Jóvenes Campesinos de Los Naranjos, donde recibían cursos con la filosofía del concilio Vaticano II y las directrices del CELAM, con el enfoque de la teología de la liberación.

Hilda formó parte del grupo pionero del Centro de Capacitación Campesina; asistió a varios cursos, después de los cuales, los cursillistas transmitían lo aprendido de las lecturas bíblicas adaptándolas a la realidad del momento que se discutía en reuniones de jóvenes, y luego en asambleas de caseríos. Estas reuniones y asambleas eran llamadas celebración de la palabra.

Algunas de las ideas de la Teología de la Liberación4 son:

  1. - La salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad del hombre (ver punto 11).
  2. - Eliminar la pobreza, la explotación, las faltas de oportunidades e injusticias de este mundo.
  3. - Garantizar el acceso a la educación y la salud.
  4. - La liberación como toma de conciencia ante la realidad socioeconómica latinoamericana.
  5. - Reflexión constante del ser humano sobre sí mismo para crear una actitud creativa en su propio beneficio y en el de la sociedad.
  6. - La situación actual de la mayoría de los latinoamericanos contradice el designio histórico de Dios y la pobreza es un pecado social.
  7. - No solamente hay pecadores, hay víctimas del pecado que necesitan justicia, restauración. Todos somos pecadores, pero en concreto hay que distinguir entre víctima y victimario.
  8. - Tomar conciencia de la lucha de clases optando siempre por los pobres.
  9. - Afirmar el sistema democrático profundizando la concientización de las masas acerca de sus verdaderos enemigos para transformar el sistema vigente.
  10. - Crear un “hombre nuevo” como condición indispensable para asegurar el éxito de la transformación social. El hombre solidario y creativo motor de la actividad humana en contraposición a la mentalidad capitalista de especulación y espíritu de lucro.
  11. - La libre aceptación de la doctrina evangélica, es decir, primeramente procurar a la persona unas condiciones de vida dignas y posteriormente su adoctrinación evangélica si la persona quiere. No como anteriormente se hacía: mientras las misiones cristianas dieran de comer, las personas se proclamaban cristianas.

Por otro lado y viendo más allá de nuestro entorno familiar y local, sucedió que a finales de la década de los 60’s, coinciden en El salvador varios factores que hacen que explote la crisis sociopolítica que se venía gestando en el país:

- El modelo económico agroexportador desarrollista que se implementaba en el marco de mercado regional centroamericano, MERCOMUN, sufre un quiebre con las medidas proteccionistas de intereses locales tomados por el gobierno hondureño, que ejecuta un proyecto de reforma agraria y hace un cambio hacia la política de comercio y migración en su territorio, especialmente los salvadoreños. Expulsa alrededor de unos 300 mil compatriotas, quienes no pueden ser absorbidos laboralmente en su país de origen, El Salvador, sumándose al ya existente 70% de desempleo urbano así como también al más del 60% de campesinos sin tierra. Las tropas salvadoreñas invaden Honduras y declaran la guerra, unificando todos los sectores en base al nacionalismo y disimulando transitoriamente la crisis interna que era una olla de presión en El Salvador.

- La teología de la liberación que surge en esa década y que tiene a su base la respuesta de cómo hacer que la fe trascienda y libere a la persona en vez de que lo aliene, hace su arribo en El Salvador, justamente en el momento que estalla la crisis política-económica. Con ideas frescas de interpretación de los textos bíblicos y explicaciones de la realidad social en forma concientizádora, las personas toman protagonismo de su realidad, empujando a cambiar ese ambiente para beneficio de ellos y la comunidad. El clero progresista la abraza introduciendo esas ideas en los cursos de catequista en sus respectivos trabajos pastorales.

“… La misión de la Iglesia es trascendente, “no se confunde en modo alguno con la comunidad política. Ni está ligada a sistema político alguno, es a la vez signo y salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana” (G. S. 76). Pero no es una trascendencia que se sale de lo humano. Es trascendiendo lo humano, desde dentro como la Iglesia encuentra y realiza el Reino de Dios que Jesús prometió y sigue anunciando mediante el servicio de su Iglesia”5

En El Salvador, las primeras misiones pastorales empezaron a trabajar en 1969 entre los repatriados de Honduras, pero la labor regular de evangelización se generalizó en 1972, en estrecha relación con la radicalización producida por el desenlace de las elecciones presidenciales con un sonado fraude electoral del partido oficial, robando el triunfo a una coalición de partidos opositora6. Los grupos pastorales iniciaron misiones en 13 parroquias localizadas en los departamentos de Chalatenango, Morazán, Usulután, San Vicente, San Salvador, Cuscatlán y la Libertad7.

Los dueños del capital y el gobierno con su aparato represivo miraban con malos ojos aquellos centros de capacitación por el nivel de organización e interpretación de la realidad campesina que generaban, al adaptar los textos bíblicos a la luz de la realidad local. El campesino concientizado y organizado era una ecuación desfavorable o no conveniente para sus intereses.

Los centros de catequesis como El Castaño y Los Naranjos en Jiquilisco, albergaron jóvenes campesinos recibiendo cursos con la corriente social liberadora de la iglesia.

“… Históricamente son los campesinos por quienes menos se ha preocupado la sociedad. Juan XXIII, que nunca se avergonzó de su origen campesino, abogó por los cambios necesarios para que los campesinos “no padezcan un complejo de inferioridad” (Mater et Magistra n. 125) y aconsejó que “eran muy conveniente que se asociaran... porque, como se ha dicho con razón, en nuestra época las voces aisladas son como voces dadas al viento” (ibíd. n. 146). El Concilio Vaticano II recordó que los campesinos no sólo quieren mejores condiciones de vida sino también “participar activamente en la ordenación de la vida económica, social, política y cultural” (G. S. 9). Y Pablo VI en su viaje a Colombia afirmó solemnemente ante los campesinos de Mosquera: “Habéis tomado conciencia de vuestras necesidades y de vuestros sufrimientos y, como otros muchos en el mundo, no podéis tolerar que estas condiciones perduren siempre sin poner solícito remedio”. Y les recordó que debían pertenecer a la familia humana sin discriminaciones, en un plano de hermandad (Disc. A los camp. Agosto 1968)”….

“… Para comprender mejor su relación con el mundo, la Iglesia ha profundizado también este otro concepto: la relación que existe entre la historia de los hombres y la historia de la salvación. Durante muchos años nos hemos acostumbrado a pensar que la historia de los hombres, sus gozos y tristezas, sus logros y fracasos, son algo provisional y pasajero, de poca importancia en comparación con la plenitud final que espera a los cristianos. Parecía que la historia de los hombres y la historia de la salvación corrían caminos paralelos que sólo en la eternidad se juntarían. Parecía que nuestra historia profana, a lo sumo, no era más que un periodo de prueba para la salvación o condenación definitiva”….8

Hilda, conocida en la guerra civil con el seudónimo de “Gloribel”, promovió la organización de jóvenes en las comunidades cristianas de base desde salir del primer cursillo del centro.

Como ella tenía gran actividad y movilidad para visitar el trabajo de las comunidades de base y evitar algún abuso de algún despistado enamorado o comentarios que comúnmente se dan en ese ambiente, así como para tranquilizar las preocupaciones de mi madre, fui nombrado por ella el acompañante obligado como su hermano menor que era. Tenía que obedecer a mi madre, que siendo fiel a la costumbre lugareña que una mujer joven debía ser acompañada para cuidar de su reputación mientras estuviese en edad de casamentera. ¡Esa tarea de acompañamiento le corresponde al menor, ese fue mi rol que a regañadientes debía cumplir… ya era un adolescente y con algunas muchachas ya se cruzaban algunas miraditas colochas!

Sin pretenderlo fui viendo su labor en los caseríos, además de escuchar sus discusiones que hacían de los textos bíblicos a la luz de la realidad que se vivía. Fueron innumerables las veces que viajaba los fines de semana a caseríos para dar apoyo a grupos de jóvenes organizados que hacían actividades para recaudar fondos y construir locales en donde desarrollaban actividades de la comunidad, que podrían ser actividades sociales o religiosas; a veces le correspondía a ella poner la primera piedra de la nueva ermita o local a construir; la mitad de su tiempo la pasaba en su labor comunitaria cristiana. Esto fue disminuyendo cuando adquirió compromiso de casamiento fundando una joven familia con un muchacho de un cantón de otro municipio9. Aunque muchos lugareños la enamoraban, fue el milpeño el elegido.

Ella tuvo muchos enamorados pero fue uno el elegido: Enrique Romero.

Enrique, alto delgado, tez trigueña, manos fuertes, le gustaba tener buena carreta y yunta de bueyes así como también el mejor caballo de los alrededores. Mientras que María Hilda, de estatura promedio, delgada, piel trigueña, amigable, fraterna, pelo largo y ondulado, con una sonrisa franca, sin complicarse mostraba su fraternidad y muy seria en sus compromisos asumidos.

Un día de tantos, llegan a la casa un par de jóvenes campesinos vestidos con ropa de dominguear, con aspecto de comerciante, buscando ganado o cuches.

Los recuerdo bien porque fue algo inusual, entraron por la esquina norte del terreno que lindaba a la calle, pasando por en medio del alambrado quedando bajo las sombras del follaje de frondosos árboles de carao y mango. Ahí, estaba Luis, mi hermano que por costumbre tenía llevar una silla para repasar sus lecciones y preparar exámenes exigentes de la escuela normal, bajo la tranquilidad y frescura de la sombra de los dos enormes árboles de mango.

Allí llegaron “los muchachos comerciantes”, quienes lo saludan e identifican como Nacho y Enrique Romero. Enrique entabla conversación con mi hermano mientras Nacho10, continua hacia la casa.

Nosotros con Luis Alonso comenzamos a bromear a Hilda sobre “esa sospechosa visita”.

Ella se ponía roja y no daba información pero asumíamos que era Nacho, por ser quien llegó hasta la casa; semanas después, Enrique preguntó si nos gustaría aprender a tocar guitarra. En serio o en broma, Luis le responde que sí le gustaría pero que no teníamos guitarra. Acto seguido, en una visita Enrique cargaba una guitarra que había comprado en San Marcos Lempa por el puente de oro para nuestras lecciones, quedando oficializada sus visitas a la casa con la complicidad de los hermanos de Hilda.

Su casamiento fue todo un evento en el lugar en donde el amplio patio cubierto con una enorme ramada hecha de palmas de coco, no dio abasto para albergar a la juventud danzante de aquella fiesta y a la población en general que se congregaron desde antes de llegar los novios ataviados como la costumbre de la época y lugar. Con frecuencia escuchaba discusiones de cómo era posible que alguien de afuera llegara a conquistarla.

Hace un par de años en Australia, me encontré con un amigo de un cantón vecino al nuestro que recordó ese evento de la siguiente manera:

“… El casamiento de Hilda con Enrique, recuerdo que fue el más grande acontecimiento que recuerdo de cipote, yo no fui invitado, pero igual, todo mundo que la conocía quería llegar a su casamiento, ella era bien popular y muy querida por todos lados por eso llegó esa gran cantidad de personas de todas las edades sin necesidad de invitación. Hubo compañamiento en la Iglesia, cuando se trasladaba a la casa desde el desvío de Jiquilisco, la estaban esperando los músicos con una cantidad de personas que convertida en una procesión de mucha alegría al son de la música de Los hermanos Mejía”11

En seis años la joven pareja, como producto del esfuerzo y energía de la juventud de ambos, se habían construido una economía estable; el terreno de la familia de Enrique otrora sin uso, se había convertido en tierra fértil de cultivo; la finca donde se podrían o desperdiciaba la fruta era cuidada con esmero para sacar la cosecha por carretadas a vender al pueblo; graneros repletos de maíz; potreros con ganado y aquella familia había sido premiada con 4 vástagos o retoños producto del amor. Enrique ya no sólo se había convertido en agricultor próspero en la zona, sino que también hacía tiempo para comerciar con ganado, mientras la participación pastoral de María Hilda, había disminuido, pero igual era muy conocida y apreciada la pareja por todos los alrededores.

Lo que sucedió es que desde mediados de los años setenta se inició la represión más fuerte y abarcó a la iglesia. En los días que asesinaron a Rutilo Grande12, se acuñó la consigna de ¡”Haz patria, mata un cura”! Y fue que comenzaron a asesinar a los curas y catequistas.

Dentro de la jerarquía católica de El Salvador, había obispos y sacerdotes que respaldaban las posturas del gobierno del coronel Molina y su sucesor general Humberto Romero, que daban el aval para incrementar la persecución y represión de los seguidores del Vaticano segundo y Medellín. En el sínodo de Roma en 1977, Mons. Revelo de El Salvador ante una asamblea de obispos declaró: … “Que en El Salvador, la catequesis estaba definitivamente adoctrinando a la gente en el marxismo y que los textos mismos del catequismo que usaban eran una prueba de ello13”… Esta era la misma postura del GOES con sus estructuras de control y represión. Esas declaraciones desafortunadas por el obispo en Roma, fueron como la luz verde para profundizar la represión de sacerdotes, catequistas, pueblo organizado en general; fueron incontables los asesinatos por todos lados como si daban prioridad a miembros de las comunidades cristianas.

… Particularmente se adopta esta política contrainsurgencia por el Estado salvadoreño, entre 1977 y 1980, y la primera llamada de atención sobre esta política contrainsurgente son las denuncias y ataques a través de los medios de difusión y las órdenes religiosas. Los casos más notables son los ataques contra los jesuitas, a través de los medios de difusión, denunciando a estos como “agentes del comunismo internacional” y “fachada de la guerrilla”.

Durante todo el primer semestre de 1977 aparecieron manifiestos en los “medios de información”, los cuales eran pagados por las asociaciones que integraban el frente de propietarios, en los que se atacaba a los miembros de la Compañía de Jesús y a la doctrina social de la Iglesia emanada de la reunión de Medellín; fueron repartidos volantes y aparecieron leyendas en los muros de las ciudades, que aconsejaban a sus habitantes: “Haga patria, mate a un cura”14

Durante el sepelio de Monseñor Romero, ellos (mi hermana y su esposo) estaban presentes al momento en que sacaban el ataúd de Monseñor Romero de la catedral15, y la policía comenzó a disparar contra la gente, y allí se cometió una masacre. Aquello fue impactante para la mayoría del pueblo, y eso influyó mucho en mi cuñado y mi hermana, que comprendieron que ya no era posible ningún tipo de solución política en el marco de la legalidad.

“… En el periodo de 28-01-77 al 15-07-79: 69 sacerdotes amenazados (por brigadas escuadroneras), expulsados del país incluidos 6 asesinados (Rutilio Grande, Alfonso Navarro, Ernesto Barrera, Octavio Ortiz Luna, Rafael Palacios, Alirio Napoleón Macías, Magnicidio Mons. Romero”16...

A finales de 1980, en un atardecer llega un joven del mismo cantón y conocido de ellos a notificarles que en la parte montañosa de su terreno, en una pequeña elevación, había sido instalado un campamento de milicias de las FPL. Era el único lugar con condiciones boscosas donde podía ser encubierto un campamento de esas características y les solicitaban secretividad. La guerra había llegado a sus casas para quedarse.

Unos meses después la represión rural se incrementa, mi cuñado salió a hacer compras montado en su brioso caballo. Nunca regresó, nadie daba noticias de él, desapareció17… Su cadáver fue encontrado ya en estado avanzado de descomposición. Los pobladores que lo encontraron lo enterraron en el mismo lugar como desconocido por el Km 98 de la carretera de la litoral, en la jurisdicción de Jiquilisco18. Antes del asesinato de Enrique, Hilda trasladó a tres de sus cuatro hijitos a la custodia de los abuelos, que vivían en El Taburete Claros, quedando ella con su hijo mayor en Las Milpas, para ser apoyada en las tareas domésticas y continuar en su primer año de escuela. Meses después, y aun viviendo en su casa con el mayorcito de sus hijos, llegaron los soldados y quemaron su casa, mataron animales, etc.

En esa ocasión se escaparon momentos antes de llegar el ejército, caminaron a campo traviesa por caminos diferentes y sin haberlo planeado así, juntándose en la casa de mis padres ubicada a 8 kilómetros varias horas después.

Dada la situación apremiante y de extremo riesgo para ella, sus hijos y nuestros padres, Hilda tenía que tomar una decisión definitiva y rápida sobre el camino a seguir. Enrique había sido decapitado, su casa quemada con todas sus pertenencias incluyendo las fotos pintorescas del casamiento mas renombrado de la región. ¿Regresar y reconstruir la propiedad? ¿Habrá condiciones de seguridad para la pequeña y quebrada familia? Hilda se da cuenta que, si ella se queda allí, ni siquiera en casa de nuestros padres habría seguridad. Ella tuvo que tomar la decisión más difícil de su vida, decisión que miles de compatriotas tuvieron que tomar para evitar ser asesinados por el sistema extremadamente represivo del gobierno militar. Hilda ya no tenía otra opción en ese momento: esperar ser asesinada junto a miembros de su familia en cualquier momento o morir empuñando un fusil.

La noche ya era muy avanzada, cuando con mucho dolor en su corazón de madre joven y con ojos nublados por lágrimas, aprieta contra su pecho a cada uno de sus chiquillos por separado, besándoles en la frente. Luego, de rodillas sobre el piso de tierra, los abraza a todos en conjunto como una gallina valiente cubriendo a sus polluelos con sus alas para protegerlos de las garras del gavilán pollero. Acto seguido, abraza y se despide de nuestros ancianos padres, sale de la casa y se pierde en la oscuridad de la noche. Hilda marchó a la guerra para proteger a sus hijos, sus padres, y ser consecuente con sus principios cristianos y luchar por hacer prevalecer la justicia.

Se unió al grupo guerrillero que había acampado en sus tierras meses antes. Por ser muy conocida y líder natural de cantones y caseríos, es integrada a tareas político-organizativas en las FPL… Conozco ese momento crítico de Hilda porque me lo han contado debido a que yo ya estaba en Morazán para ese entonces desde hacía seis meses.

Ambos estuvimos en el oriente del país durante prácticamente toda la guerra civil, pero nunca nos encontramos, solamente recibí dos correos escritos de su puño y letra; un tercer correo que venía en camino para el año de 1987 nunca llegó a mis manos ya que Jeremías (de la familia Carrillos de Jocoaitique), que viajaba de Jucuarán con permiso para Morazán, fue emboscado en el cerro Cacahuatique y se perdió su vida y lo que traía.

Según el contenido de sus cartas recibidas (dos correos) que en forma general las recuerdo, sus principales preocupaciones en lo personal era la familia, sus pequeños hijos e hijas, nuestros padres, la seguridad de la familia; planeaba que nos juntáramos un día coincidiendo en Santiago de María para un fin de año y organizar visitarles; en lo político, le preocupaba la unidad en el FMLN, la coordinación y complemento entre las diferentes organizaciones.

Pepe obrero Y Calín, cuadros políticos del ERP destacados en el oriente y que permanecieron principalmente en el sur, me comentaban cuando llegaba a reuniones políticas ampliadas del oriente con sede en Morazán. Narraré parte del contenido de una conversación con Pepe:

–¡Te traigo noticias de tu hermana Gloribel! Aquí está un correo de su puño y letra, de inmediato cuando supo que venía a reunión con ustedes en Morazán.

–Gracias Pepe, es nuevo para mí saber de ella y de la familia. Ella estaba casada con 4 hijos pequeños antes de empezar la guerra.

–¡Ay primo! Lee el correo y después hablamos, tengo muy buena impresión de ella, desde que está en el trabajo organizativo en la Ángela Montano, todo ha cambiado en la relación con nosotros. ¿Tú te acuerdas todas las fricciones tenidas con “Paco Mal de ojo”19 que estaba en el Jícaro cuando tú estabas en el Sur? ¿Y que luego llegó Guillermo para lo de la logística?

–Sí, recuerdo bien… Ya me hiciste recordarlo y que tú con Cirilo hasta hicieron pintas en la escuela haciendo alusión a Marcial y que Paco se fue a quejar con el chelito Gonzalo. Creo que “Paco mal de ojo” imitaba la solemnidad que dicen tiene Marcial cuando conversa, hasta usaba una boina tipo Lenin, y tenia pretensiones que todos los acampados bajo el nombre del frente nos pusiéramos firmes al escuchar el nombre de Marcial… Creo que ese compa no estaba bien de la mente; es lo máximo que he visto en promover el culto a la personalidad; menos mal que fue sustituido por Guillermo20.

–A eso quiero llegar, fíjate que desde que Gloribel se cruza por esos lados (todo el sur oriente que ellos llaman Ángela Montano como te dije), todo ha cambiado en la relación con el ERP y su forma de relacionarse, las coordinaciones, ya no hay cruces ni malos entendidos...

–Me alegra Pepe que las cosas hayan mejorado, las fricciones tenidas antes fueron chistosas pero tuvieron un,

En 1990 después de la ofensiva del tope, por razones de salud la organización me trasladó al exterior para un chequeo médico completo, viajando a la Habana en Cubana de Aviación. En el aeropuerto de Cuba, bajando las escaleras del avión, me encontré con Esteban21, quien viajaba en primera clase, por lo cual no nos habíamos visto durante el vuelo; mi ticket era de clase económica. Aproveché para preguntarle sobre Gloribel, diciendo que era mi hermana, que si podía informarme algo de ella. Facundo sacó su agenda y apuntó: pedir reporte a Mayo Sibrián sobre Gloribel hermana de un cuadro del ERP. Se despidió diciéndome:

–Ten seguridad que al llegar la respuesta te la enviaré a donde estés. Terminó la guerra y vi nuevamente a Facundo en la Feria Internacional para la creación de COPAZ, en donde me dio una explicación obligada:

–Estoy con pena contigo porque no he podido averiguar aun sobre tu hermana. ¿Sabes lo que pasó con Mayo? Bueno, eso ha hecho difícil la respuesta, pero ten seguridad que voy averiguar –retirándose nuevamente.

Al terminar la guerra en Diciembre de 1991, y luego tratando de hacer la vida privada, empecé a indagarme por mis propios medios sobre Hilda. Por lógica si no había aparecido y no estaba lisiada, lo más seguro era que había caído en combate o había sido afectada por la paranoia de Mayo Sibrián; me daba indignación pensar que podría ser una víctima más de ese negro episodio de las FPL. Haciendo pesquisas con mi hermana que vivía en Santiago de María y un sobrino de la estructura urbana de las F’s, obtuvimos la información de que Hilda cayó en el periodo de la paz armada en un caserío donde hay una enorme cruz de madera al pie de una pequeña elevación, donde hace una L el camino vecinal (caserío La Cruz) ubicado entre Berlín y el puente Cuzcatlán.

En un vehículo de doble tracción en 1994 llegamos al lugar; un campesino que la conoció nos contó la historia que resumo a continuación: “… Pues en aquella casita de teja en galera sin tabique que ve arriba de esa elevacioncita.

Todos estaban durmiendo ahí, como estaba la paz armada, todos estaban bien confiados, el único fusil que había era el de la comandante Gloribel, habían recogido la milicia, había un pelotón de unos 30 muchachos, la única mujer era ella, tenía que llevarlos al amanecer para otro lado donde estarían unos días mientras en los campamentos de verificación y pudieran ser contados por la ONUSAL para lo de los números… Cuando a media noche entró la tropa, los compas no dispararon solo los soldados matándolos a toditos. Ella por ser la única mujer, la enterramos aparte y yo le sembré esta mata de jardín… Aquí mismito está la comandante Gloribel”22

En una narrativa un tanto poética escrita por Dagoberto Gutiérrez “Logan”, describe parte de la historia de su vida en el camino recorrido durante la guerra civil:

“… A los tres años de guerra, María cruza el río Lempa en el paso que está enfrente de Corlantique; era de madrugada y la bruma era abundante y parecía borrones en un horizonte dormido. María iba agarrada a una puerta de madera, mientras varias canoas cruzaban el río, fueron atacados por fusilería emboscada. María agarra con sus dientes la bolsa de su ropa, levanta su fusil y se deja arrastrar por las aguas hasta detenerse en raíces abundantes y oscuras que la protegieron durante todo el día. En la noche y con el apoyo de pobladores regresa a la vida y a su unidad de combate. Decide buscar a su familia para ver a sus hijos y a Josefa, su hermana mayor, esas reuniones eran una fiesta y todos hablaban y preguntaban, María callaba y se los llevaba a todos en el horno tibio de su corazón. El ejército mató las vacas de sus padres y quemó los corrales y, ambos salen del país con los hijos de María. La ofensiva de 1989 la vio combatiendo en San Salvador, en la autopista sur, para luego retornar a Chalatenango y después a la sierra Tecapa-Chinameca”23 

En Diciembre de 1991, José Dolores Romero, nuestro anciano padre llegó a San Salvador de Australia a visitarnos y obtener noticias nuestras, le informé lo que había recabado de información sobre Hilda. Lo que sabía por sus dos cartas y lo averiguado con Josefa Dolores en la búsqueda de su cadáver. Pude darme cuenta de todo lo que la familia pasó en el periodo de guerra civil. Las visitas sorpresivas que Hilda hacia a la casa durante las noches, cuando aseguraba militarmente la zona para ver a sus hijos y los ancianos padres, además de los continuos viajes hechos a las salinas del Zompopero y a Santiago de María por parte de Papita Lolo, trasladando a los menores para ser vistos por Hilda. Me dio gran tristeza esas narraciones, conocía por experiencia propia los deseos irrefutables de saber y ver la familia lo cual no era posible siempre para los contingentes acampados durante la guerra civil, todas las dificultades para poder hacer una visita familiar: autorización de la jefatura, seguridad de la zona, seguridad de la familia, emoción y reflexión durante y después de la visita.

Muchas veces en la zona donde trabajaba, fue necesario actuar de consejero por la tristeza o estados depresivos que embargaba a los compañeros que visitaban sus hijos y éstos los veían con toda la normal indiferencia de extraños. ”Mis hijos ya no me conocen compa Fidel, son huraños con migo, no dejan que los cargue o acaricie, no sé qué hacer, están enfermos… Es algo más que nos debe el enemigo, esta guerra, debemos ganarla pero la familia está quebrada, no hay unidad”. Esa era la constante de los que regresaban de visitar a sus amados retoños y sus padres.

A mi arribo a Australia y al ver por primera vez después de 17 años a mi hermano y sobrinos, ya que a mi padre lo vi dos veces en los cinco años que vivimos en San Salvador después de los Acuerdos de Paz, tuvimos largas conversaciones para actualizarnos del vacío de información provocado por ese largo periodo. Ambos queríamos saber del vacío de información de esos 17 años, las experiencias vividas en el compromiso adquirido en abril de 1981: “No podemos dejar solos a nuestros ancianos padres, tú los cuidas por los dos y yo trataré de hacer el trabajo por los dos en el frente, de todas maneras ya estoy quemado y acampado”…

–Lo importante es que ambos, por alguna razón hemos sobrevivido a este periodo de alto riesgo y tú con un vendaje en el compromiso: sacaste adelante no solo a nuestros padres sino que también a los 4 sobrinos, a los hijos huérfanos, hijos de Enrique e Hilda… Y algo más que no estaba en el convenio verbal y psicológico hecho en 1981… al apoyar todos mis movimientos por estar en riesgo con mi familia al ser privilegiado de ser parte de una lista negra elaborada por mentes perversas de intereses grupales políticos.

“… Otro amigo de los de la lista negra y con trayectoria parecida a la mía, quiere formar y me propuso formemos un comité cívico para desenmascararlos y dar alguna cobertura política en los enlistados (somos 30). La idea me parece bien pero hacer eso es entrar a ser activo políticamente y llegar hasta las últimas consecuencias. Eso en lo personal, no tengo disposición de hacerlo después de todo lo vivido, me siento vacunado contra ese tipo de actividades. Bueno, esos son las ultimas de hace 3 días”24...

–Tenemos todo el tiempo para intercambiar las experiencias vividas Fidel, también yo fui perseguido y tuve necesidad de echar mano de contactos para librarme de la guardia de Jiquilisco que me tenía en lista negra, me buscaban en la escuela. Lo de Hilda es algo que todos sentimos, principalmente sus hijos que nunca han entendido de cómo una madre les deja para irse a la guerra…

–Fíjate Luis que trataré de explicarme, no es muy fácil entenderlo, sin embargo fue común que sucediera en todas las zonas de guerra y por no decir, en todo el país. Esto es el drama de todos los de ese contingente integrado que ya tenía descendencia o familia, las personas tienen diferente opiniones de acuerdo al entendimiento. Alguien dijo que el que quiera criticar el camino que he recorrido, que se ponga mis zapatos y lo recorra para que algo entienda lo duro de ese camino. Todos ven el dolor y desarraigo de los hijos, la familia fracturada, el desamor, la indiferencia… Es fácil verlo, pero nadie se explica el dolor y la amargura sentida por estos padres y madres que para evitar tragedias mayores tuvieron que dejar lo más preciado que tenían: su familia, sus hijos y poner distancia y ausencia para minimizarles riesgos. Quién sabe cuántas veces nuestra hermana caminó, se desveló, aguantó hambre y sed, se arriesgó por visitarles y verles aunque sea por un momento para luego irse con su amargura de ver la indiferencia de sus retoños pero satisfecha de verles con alguna seguridad y protegidos por ustedes; te digo porque eso me lo sé de memoria por lo que me contaban los compañeros en donde yo estuve; fue el drama intangible de la guerra. Ese dolor oculto que producido por el quiebre de la familia y la indiferencia de los vástagos para con sus padres…

–Bien Fidel, es entendible todo lo que dices y al final falta mucho para que las personas tengan la madurez de aceptar y entender que nadie en particular tiene la culpa de las secuelas dejadas por ese conflicto, sino que es la época que nos ha tocado vivir y actuar de acuerdo a lo que se piensa y se cree… creo que para empezar ya hablamos bastante; tenemos que hacer planes para la adaptación a esta sociedad que no es la nuestra.

En Diciembre del 2012, en una visita hecha con mi hija a El Salvador para asistir a un evento familiar, conocí parte de la historia de cuando fue quemada la casa destruyendo todo lo que tenía valor por los soldados, dejándolo todo convertido en cenizas, excepto las arras de su casamiento25.

La historia que me contó Vilma una sobrina, recordando a la tía Hilda es la siguiente:

…Pobrecita mi tía Hilda, como sufría recordando a sus hijitos según cuenta mi mamá, no sé de donde sacaba tanta energía para caminar tanto. Aparecía en Santiago de María donde la tía Lola26 para que le llevaran sus niños y poder verlos, luego estaba por Jucuarán y las islas de la bahía de Jiqulisco (El Jobal, Isla de Méndez, Corral de Mulas, San Juan del Gozo), al sur de Tierra Blanca, El valle la Cruz y que se yo cuántos lugares más…

También quiero decirle que tengo algo muy valioso de ella que no se si me lo merezca: tengo la mitad de sus arras de casamiento, están algo destruidas que se pueden arreglar. Como usted sabe, ella le tocó bien duro cuando asesinaron a Enrique, le quemaron la casa y todas sus cosas, mataron sus animalitos, por milagros de Dios salieron con vida con sus niños y llegaron donde papa Lolo en la noche a dejarlos porque ella siguió hasta parar a los campamentos de la guerrilla.

Como le iba contando, Papa Lolo fue a ver los destrozos que hicieron los soldados una semana después que destruyeron todo y ahí llegó una hermana del finado Enrique que se llama Carmen, ella ya había chequeado la destrucción encontrando solo sus arras chamuscadas, es lo único que se salvó, creo que el oro que cubría las moneditas se derritió y quedó solo la plata, porque estaban bañadas de oro que de seguro se derritió quedando todas chamuscadas.

Carmen, se las dio a mi abuelito, las guardó y se las dio a tía Hilda la primera vez que la vio y, tía Hilda se las dio a mi mamá Chabela para que se las guardara. Ella me las ha pasado a mi porque ya está mala de salud ¿y usted que cree?

Mi opinión es que hay un gran simbolismo en todo eso. Primero el significado de las arras en un matrimonio y luego como es que es lo único que se salva de esa quema... Es el ave fénix que resurge de las cenizas, esas arras les correspondería a una hija de ella de las que viven en Australia… yo puedo ser portador y contarles la historia.

Al llegar a Brisbane, informé a los 4 sobrinos hijos de María Hilda, todos ellos ya dueños de sus vidas, sobre la historia de las arras y que decidan quien las tendrá para pasar la historia de las mismas a la siguiente generación. La hija menor de María Hilda, con casi nulos recuerdos de su madre, hace bastante se hizo un tatuaje muy vistoso ubicado en la parte superior derecha de su espalda sobre su omóplato. El tatuaje consiste en el ojo de un halcón y que a su base tiene el nombre de María Hilda, el nombre de su madre. Se le preguntó sobre el significado del tatuaje, y contestó de la siguiente manera:

“… Es el ojo de un halcón, representa un dios del antiguo Egipto, Ra u Horus, representa la sabiduría y creador de la cultura. Lo mandé a poner en mi espalda con el nombre de mi madre y sentirme protegida”.

Llegamos al final de esta narrativa recordando a María Hilda Romero. Esta historia es para las nuevas generaciones que se interesen en conocer parte de nuestras raíces que están en El Salvador, tantos héroes anónimos del proceso salvadoreño que durante el periodo de 20 años (1980-2000) se incremento el éxodo hacia el exterior alcanzando casi tres millones de compatriotas que significaron un 35% de su población.
____________________________________________

  1.  Conferencias Episcopal Latinoamericanas de Medellín
  2. Era una escuela abierta por los sacerdotes pasionistas de la parroquia de Jiquilisco, para capacitar jóvenes campesinos como catequista con un enfoque bajo la filosofía del concilio Vaticano II y Medellín. Esta escuela, en poco tiempo se convirtió en el dolor de cabeza del GOES del presidente Coronel Molina. Este centro, fue cerrado y reabierto por un periodo por Mons. Romero cuando era obispo de la diócesis de Santiago de María.
  3. Eran tres sacerdotes españoles: Pedro Ferrada, Juan Macho y Zacarías Díaz.
  4. La Teología de la Liberación es una reflexión teología que comenzó en Latinoamérica después del Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín (Colombia, 1968). Sus ideólogos más destacados son los sacerdotes Gustavo Gutiérrez Merino, (peruano), quien en 1973 editaría el primer libro sobre el tema Historia, Política y Salvación de Una Teología de Liberación, y Leonardo Boff (brasileño).
  5. Fragmento cuarta carta pastoral, Mons. Romero.
  6. UNO, Unión Nacional Opositora que estaba compuesta por 3 partidos: PDC, UDN, PSD.
  7. Sara Gordon…, Crisis política…, pp. 175.
  8. Fragmentos de tercera y segunda carta pastoral, Mons. Romero, agosto 1977.
  9. Cantón Las Milpas jurisdicción de Ozatlán, de donde era originario Enrique Romero, que los jóvenes locales por celos le apodaban “el camisita fuereño”.
  10. Era el enamorado que deseaba conocer donde vivía Hilda para buscar frecuentarla, sentía inseguridad en hacer eso solo y buscó acompañante para llegar con la estrategia de comerciar con ganado o cuches.
  11. Comentario sobre la fiesta del casamiento 40 años después en Brisbane, hecho por Erick Rivera originario del cantón Taburete Jagual jurisdicción de Jiquilisco.
  12. 12 de Marzo de 1977.
  13. Biografía Mons. Romero, Jesús Delgado.
  14. Sara Gordon…, Crisis política…, p. 206.
  15. Una tragedia incluso mayor ocurrió el domingo 30 de marzo de 1980, durante el entierro de monseñor Romero; que había sido asesinado por un comando ultraderechista, cuando 44 personas murieron durante una estampida después que las fuerzas de la seguridad dispararan desde el Palacio Nacional contra los feligreses que formaban el cortejo fúnebre. -Monseñor Óscar Romero estaba muy lejos de ser un «curita exaltado», muy lejos de ser un revolucionario de turno. Era, sencillamente, un hombre bueno, un obispo que había tomado radicalmente en serio su deber de pastorear -y, por tanto, defender- a sus fieles. Por carácter, por temperamento, era un hombre pacífico, amigo del diálogo, pero lúcido también ante la realidad de la violencia padecida por los oprimidos.
  16. Testigos de la fe en El Salvador, anexo tres, escrito por un equipo de sacerdotes y seminaristas coordinado por el P. Walter Guerra, 2007
  17. No ha sido posible verificar si Enrique tenía una postura de simpatizante o militante de las organizaciones beligerantes en El Salvador.
  18. Por el puente conocido del palo seco.
  19. Así le decíamos internamente en el ERP al responsable del equipo de las FPL que tenía funciones logísticas principalmente. Este apodo despectivo era por su forma de dirigirse a nosotros simulando una gran concentración en lo que decía y, moviendo continuamente sus párpados como para limpiar o humedecer sus ojos.
  20. Guillermo, es el seudónimo usado en Guerra por Oscar Ortiz alcalde de varios periodos de la ciudad de Santa Tecla y candidato a la vice presidencia de la república por el FMLN.
  21. 21 Era el pseudónimo ocupado por Facundo Guardado en guerra civil.
  22. Párrafo resumen de un testimonio dado en 1994, por un poblador del caserío La Cruz jurisdicción de Berlín.
  23. Párrafo del articulo María Hilda Romero, todo empezó en una plaza, escrito por Dagoberto Gutiérrez, opiniones Co- Latino, viernes 2 de Marzo de 2001.
  24. Párrafo de carta escrita en Costa Rica a mi hermano Luis en Australia, el 12 de Mayo de 1997.
  25. Las 13 arras representan en el rito mozárabe, los bienes repartidos en los doce meses del año y una más para compartir con los pobres y además representa el número de la buena suerte.
    Hoy en día las 13 arras que entregan los padrinos, significan en el marco del rito religiosa la prosperidad así como el compromiso contraído para hacer fructificar los bienes venideros tanto materiales como espirituales. Son el dinero que circula de mano en mano, del padrino al novio y del novio a su mujer. Se guardan en un cofre que se coloca cuidadosamente en una charolita que descansa en un pequeño cojín blanco, algunos han agregado a esta serie una cajita de cristal.
    Josefa Dolores, tomo su nombre de mi padre, le decíamos Lola o Lolita.

Fuente: Fidel A. Romero “Fidel Zarco”  | Blog de la Persistencia

Compartir