La Guerrilla

El Chele Vladimir llegó al volcán Chinchontepeque en la misma época en que llegó Mariano, El Subversivito, junto con otro grupo de muchachos y muchachas que venían a quedarse para ser parte de la lucha guerrillera.

Vladimir todavía llevaba puesta la camisa blanca del uniforme del bachillerato José Simeón Cañas de Zacatecoluca.

Era de piel blanca, muy educado y efusivo; también era un adolescente como la mayoría de nosotros, y como tantos otros que llegaron para quedarse y hacer suya la lucha revolucionaria, y compartir los valores y penurias que significaba la vida guerrillera en el volcán Chinchontepeque: cuando a la esperanza verde oliva la podíamos tocar y acariciar con las palmas de nuestras manos de campesinos, obreros, y estudiantes insurrectos.  

El Chele Vladimir fue incorporado, primero a la beligerante “Sección número Uno” que luego pasó a ser la base orgánica de la estructura del batallón de tropas nuevas que operaba en la zona de Jaragua, y cuyo Estado Mayor fue posicionado en La Finca Iberia, y sus escuadras, pelotones y secciones fueron estacionados en la cordillera del volcán Chinchontepeque en la parte que cubre el departamento de La Paz: en El Cimarrón, en La Finca La Florida, en el cantón Palo Grande e incluso llegamos a estacionar un pelotón en el cantón Tehuiste Arriba al norte de San Juan Nonualco, y unas escuadras que de manera clandestina se instalaron en los cantones Los Zacatillos, La Palma, La Longaniza, y Los Platanares. Y a partir de esas ubicaciones nuestras unidades realizaban patrullajes y controlábamos gran parte del departamento. Pero también el gobierno y las fuerzas armadas tenían organizadas las patrullas cantonales que ejercían control, y sembraban terror en las comunidades asesinando, robando, y violando a mujeres. Y en muchas ocasiones tuvimos enfrentamientos esporádicos, así como también planificamos varios ataques para quebrarles la moral de combate y requisar sus armas. Una de las primeras ocupaciones de cantones, fue la ocupación del cantón Los Pajales, una tarde de finales de 1979 cuando grupos milicianos y escuadras guerrilleras cercaron dicho cantón e hicieron propaganda política. Y es que la patrulla del cantón, notoriamente conocida como la “patrulla pajaleña” tenía fama de ser represiva y valerosa, pero además tenía un par de facturas pendientes con los campesinos organizados de la UTC, pero aquella tarde los grupos de milicianos, y las escuadras guerrilleras les hicieron cambiar la perspectiva.

Para El Chele Vladimir, llegar a codearse y a ser parte de la crema y nata de los guerrilleros curtidos de aquella época, y operar con ellos y ganarse su confianza fue un proceso rápido y asequible, por ejemplo, operó con los muchachos de la beligerante “Sección Uno.” En cierta ocasión, y mientras esperaban un desembarco de armas allá por La Isla de Montecristo en el delta del río Lempa, se dejó crecer el pelo al mejor estilo de El Che Guevara, actitud que era inusual en nuestras tropas pero nadie le dijo nada ni mucho menos comentó algo negativo. Pero no nos adelantemos en la historia y las hazañas de El Chele Vladimir. Recién ingresado a las unidades guerrilleras y regresando de una observación militar, cruzó por la ciudad de Zacatecoluca, y ante la falta de zapatos adecuados y siendo consciente de las penurias que padecíamos en el frente, El Chele, entró en la zapatería “Davil” ubicada a una cuadra del parque de La Concha Acústica y en la misma cuadra del almacén El Cairo en el centro de la ciudad, y se calzó unas botas amarillas marca “Cobán” hechas en Guatemala y las favoritas de los guerrilleros del Chinchontepeque, y que la misma muchacha vendedora le suministró en su afán por vender, luego salió caminando y sin pagarlas como quien sale una noche tranquila de la casa de su novia y muy feliz con su futura suegra, enrumbando sus pasos hacia la estación del ferrocarril. El dueño de la zapatería “Davil” dio aviso a La Policía Nacional que estaba ubicada a la par de la oficina de ANTEL, y frente al parque en mención. El Chele Vladimir fue interceptado y capturado por elementos policiales pertenecientes a La Policía Nacional. Fue llevado, amarrado de las manos y vendado de los ojos, a las instalaciones de dicho cuerpo represivo: allí lo interrogaron, lo torturaron y lo golpearon salvajemente durante unos tres días. Pero lo pusieron en libertad ante el rumor que hicimos correr que solamente había sido la actitud de un estudiante irresponsable de bachillerato y que no era nadie ni tenía nada que ver con las unidades guerrilleras de Las FPL. Los agentes policiales ni siquiera se dignaron en averiguar de qué familia provenía.

Una tarde de finales de 1980, allá por los oscuros cafetales de La Finca Iberia, El Chele Vladimir “se enmontó” para “hacer sus necesidades biológicas” al aire libre, y cuál no sería su sorpresa al escuchar unos jadeos y descubrir a Pachicho, un guerrillero de las tropas nuevas, que estaba montado en una potranca haciendo malabares por echarse un “polvito.” Cuando Pachicho fue consciente de que había sido descubierto, le clavó a Vladimir las siguientes palabras: “si vas a contarles a los demás compañeros, te mato…” mientras procuraba no caerse de la bestia ecuestre. Lo primero que hizo El Chele Vladimir fue ir a contarnos a todos y entre risotadas. Y unos minutos después todos sabíamos de la relación de Pachicho con aquella hembra equina. Cuando le preguntamos a Pachicho, éste, siempre aseguró que la historia aquella de sus amores equinos fue inventaba por El Chele Vladimir, y como estábamos en plena guerra no le dimos mucha importancia al asunto, aparte de una reunión disciplinaria donde se abordó el asunto con el compañero implicado. Pero Vladimir aseguró que, lo que sus dos ojos vieron, aquella escena sexual bajo los cafetos, era cierta, y sobrevivió a las advertencias de Pachicho. El asunto quedó totalmente en el olvido hasta ahora que lo desempolvo en mis memorias.

A principios de 1982, El Chele Vladimir formó parte de los primeros dos pelotones de Unidades de Vanguardia, UV, que fueron enviados del frente para-central para reforzar la retaguardia estratégica de Las FPL: Chalatenango. Allá, en las tierras norteñas de los compañeros come-bofe, El Chele Vladimir, escribió historia durante varios años, llegando a ascender al grado de Teniente y a ser nombrado jefe de La J-28, en otras palabras, jefe de “la crema y nata” extraída de las Fuerzas Especiales Selectas, FES, de las gloriosas FPL. Allá también fue herido de una pierna por un rocket disparado desde un helicóptero rocketero en uno de los tantos combates en que participó. Y en el último asalto y posterior destrucción de La Cuarta Brigada de Infantería estacionada en El Paraíso, Chalatenango, y cuando peleaban para salir de dicha guarnición, luego de haber destruido las instalaciones militares con explosivos plásticos, fue herido de muerte de acuerdo a la narración de un compañero con el que me encontré hace unos dos años en una fiesta en Märsta, un suburbio de Estocolmo, capital del reino de Suecia, y que también se retiraba a la par de Vladimir aquella madrugada. Las heridas eran tan graves y mortales, tenía las tripas e intestinos destrozados, según el compañero que fue testigo, que el mismo Teniente Vladimir le pidió de favor a otro compañero que lo rematara para no sufrir, y porque además era consciente de que no sobreviviría a las heridas. La última vez que nos encontramos y disfrutamos de una humeante taza de café, y de una buena plática fue en octubre de 1981 por los cafetales de La Finca El Carmen donde tenían su base las fuerzas especiales del Chinchontepeque ya que allí habíamos concentrado diversas categorías de tropas para el ataque que realizaríamos aquella misma semana a la posición de avanzada enemiga en el caserío Los Laureles. Eduardo “Guayo” Sánchez estuvo con nosotros disfrutando de la amena plática, de la fresca tarde, y de la humeante taza de café.

Allá por los espesos cafetales de La Finca Iberia, en aquellos lejanos años, escuché, por comentarios de los compañeros, que El Chele Vladimir era familiar o sobrino de un comandante de Las FPL conocido como Gerson Martínez. En lo personal no puedo dar fe de esto, sí puedo dar fe de algunas de las hazañas de El Chele Vladimir y además tengo la certeza de que El Chele era originario de San Juan Nonualco. En los últimos años, y de acuerdo a información proporcionada por Salvador Piche, conocido entre las tropas guerrilleras del frente Para-central como Trinchera, ahora veterano y lisiado de guerra originario también de San Juan Nonualco, he sabido que El Chele Vladimir se llamaba Marco Aurelio Solano Aguilar, hijo de Juanita Aguilar, maestra de profesión, y de Afrodicio Solano. De acuerdo al compañero Trinchera y al sitio web “MarcialTeníaRazón.org,” sus dos hermanos también cayeron combatiendo. Uno de ellos se llamaba Iván Ronoldi Solano Aguilar cuyo seudónimo era Oscar. “Oscar cayó combatiendo en una emboscada enemiga saliendo del caserío El Perical en el medio de un cafetal cuando se dirigían hacia el cantón El Copinol, allí mismo también cayó el hijo de la señora que hacía la comida en El Perical, cuyo seudónimo se me olvida, pero es hermano de La China, te digo todo esto porque yo iba en el mismo grupo, uno se salva de milagro como en otras ocasiones,” escribe Trinchera, a manera de comentario y contento de haber salvado el pellejo aquella vez. “El otro hermano se llamaba Roberto Afrodicio Solano Aguilar. Su seudónimo era Rafael, maestro de profesión, cayó combatiendo cuando desarrollaba una tarea revolucionaria por San Pedro Nonualco, o San Pedro Masahuat, no estoy muy seguro pero fue por esos lugares.” De acuerdo a Trinchera los tres hermanos son familiares de Gerson Martínez que es de San Juan Nonualco y su verdadero nombre es Manuel Orlando Quinteros Aguilar. “Es el mismo apellido Aguilar,” agrega. “Para completar la trayectoria de El Chele Vladimir agrégale que era familiar del compañero Milton Mauricio Solano Larios cuyo nombre de guerra era Oscar Barba, también conocido como Oscar el Maestro, de la segunda generación de fundadores de las FPL, y también originario de San Juan Nonualco” concluye Salvador Piche, nuestro camarada Trinchera, para este histórico relato. Aquí les desempolvo y les dibujo el rostro de El Chele Vladimir, un guerrillero del frente para-central que también caminó y sangró como todos nosotros, y que ofrendó su vida en los altares de la lucha popular, una lucha cuya esencia fue obrero campesina, y por la toma del poder a través de las armas.

SPT l Martes 11 de agosto 2015

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