La Guerrilla

Lucio falleció esta madrugada, 15 de marzo 2019, a eso de las 3 am, en el hospital de San Miguel. Hace unas horas llevaron sus restos a la comunidad Santa Marta en San Carlos Lempa. 

"Estas tierras están bañadas con sangre. De mis hermanos toditos fueron víctimas de la guerra, diez en total, todos murieron y solo yo que quedé amputado de la pierna derecha" Lucio Rodas

Nací el 10 Noviembre 1953, en el Cantón San José de la Montaña, Zacatecoluca, Departamento de La Paz, El Salvador. Desde niño fui pobre. Mis padres no tenían tierra propia, comenzaron viviendo en los callejones, eran bastante amplios los callejones en ese tiempo, allí hacían ranchitos. Cuando yo tenia una edad bien tiernita, un señor de apellido Núñez tenía la propiedad de El Coco. Ahí habían un montón de champitas, vivía un montón de gente pobre y él ordenó que les avisaran, que se fueran. Era un callejón libre. Aparte estaban dos haciendas, pero al hombre se le antojó desalojar a esa gente y dijo:

- ¡Al que no se salga, yo meto al bulldog!

Eran champas de horcones, lo que tenían de techo era madera rolliza y palma, con eso hacían las champitas. Contaba mi mamá y papá que tenían maicillo y maíz. Miguelito Valdés empezó a botar las champas. Y cuando llegó a la casa le dijo mi papá:

- Mire Miguelito, con usted somos amigos, pero yo quiero suplicarle, no me bote la champa, yo voy a desocupar, déme chance, voy a ir a ver donde consigo para trasladar mis cositas, yo voy a desocupar, pero si me bota la casa yo no respondo.

Mi papá tenia una escopeta de unas que se llenaba el cartucho, dicen que con mezcal y le ponía pólvora. Y mi papá bien bravo se le puso al frente al señor y ya no continuó. De ahí mi papá agarró gira y fue a ver a donde hallaba un pedacito en la calle en otra parte para hacer la champa. Se juntó con un señor, se llamaba Atanasio Hernández. A mi papá le decían El Peche. Le dijeron a mi papá:

- Hola Peche, que andás buscando?
- Mire, aquí ando buscando un pedacito donde venir a hacer un ranchito.
- No fregués, ahí tengo una casa sola te la voy a ir a enseñar.
- Vaya, ahí está la carreta y andá a jalar tus cosas.

Tenía la casa un montón de matas de guineo. Y cuando se fue de regreso, en la carreta empezó a jalar las cosas. Cuando llegó, estaba mi mamá y mi hermano yo era el mas tierno y le dijo Atanasio:

- Y a este le das pacha?...
- Sí.
- Andá a traer una leche para que le des pacha. Y este otro cómo se llama?
- Se llama Lucio.
- Pero no le voy a decir Lucio, yo le voy a decir Pablino o Pablo.

Pablo o Pablino, todos me decían así. Y toda la gente se acostumbró a decirme Pablo. Ya cuando fui creciendo, mi papá alquilaba tierra para trabajar, para sembrar el maíz y cosechar para comer. Habían años que sacaba y otros que no. Luego por fin nos aburrimos. El señor ese murió, la señora de él no fue lo mismo. Y nos venimos ahí por la Hacienda El Pichiche, ahí exactamente crecí y empecé a trabajar.
Trabajaba en la agricultura, no fui a la escuela, y sembraba en tierra ajena, en tierras de la Hacienda El Pichiche, el mandador era Don Nicolás Peñate. Ese señor tenia una política de alquilar tierras a los campesinos por censo, valía 4 anegas de maíz en hoja, la anega se componía de 16 canastos, de 50 mazorcas el canasto. Y ya cuando las milpas estaban dobladas, pasaba el señor en un caballo, si la milpa tenia una esquina mala decía:

- Mirá, hay me das 3 anegas.

Y había que llevarla a la Hacienda. Se limpiaba a pura a cuma. Si la milpa era poquito y decía:

- Sacá estas mazorquitas y te las comés con tus hijos. Pero había un compromiso, sembrarle maicillo a la milpa. Del maicillo si había cosecha, por la cosecha no cobraba censo, pero le gustaba que quedara el rastrojo o el zacate. La Hacienda no tenia ganado, pero venían unos ganaderos grandes de la zona de San Vicente, esos venían a alquilar para todo el verano. Y el ganado lo llevaban hasta que ya volvía a llover, las tierras las dejaban barridas. Pero por fin, vinieron las algodoneras. Cuando eso pasó es cuando se puso crítico.
Antes de las algodoneras, en esta zona cualquiera hacia su pedazo de milpa, habían lugares que le alquilaban a la gente por dinero, valía 100 colones el alquiler de una manzana, pero habían otros lugares que lo hacían por censo.
Cuando vinieron las algodoneras alquilaron toda la propiedad, allí a los colonos que habían en El Pichiche, ya no les permitían tener una gallina, mucho menos un chancho, porque al tener una gallina el avión las mataba, porque el avión llevaba un veneno para las plagas. Pasaba el avión y los cercos los manteníamos a nivel de poste, los árboles los íbamos podando, ahí nadie tenia una gallina, un chancho o una res.
Estando allí fue que vino la organización. Apareció por ejemplo una asociación que conocí como “Caballeros del Cristo Rey”. Quien bajó en esta zona organizando a la gente en la iglesia católica fue el Padre David Rodríguez. Mi lugar de salir a divertirme era El Guayabo, yo para ahí agarraba. Allá llegó, en una iglesia pequeña daba misas, y ahí fueron metiéndose una parte de jóvenes a los Legionarios de María. Después aparecieron compañeros ya organizados, no de parte de la iglesia, sino que iban a luchar contra la explotación.

Había explotación porque en los campamentos el caporal se aprovechaba, le mandaba las tareas a los mozos, las cuadrillas andaban de 30 personas, y habían campamentos que tenían 5 o 7 personas. En ese tiempo a uno le pagaban el salario mínimo, 2.25 de colón sin comida. Si perdía un día a la semana, perdía el séptimo. Salía perdiendo el día y el mínimo. Si solo trabajaba en el quince 10 días, que perdiera un día de cada semana por “x” razón, estaba perdiendo alrededor de 9 colones. Pero como en ese tiempo eran cómodas las cosas, ajustaba todavía un poco para cubrir la canasta básica.

Había explotación, porque los caporales se pasaban de la medida, y las tareas que daban eran grandes. Había quien llegaba a las tres de la tarde con tarea, había quien no lo hacía y si no hacía la tarea, trabajaba de choto porque a ese no lo apuntaban, ese día lo perdía. Tenia que regresar al siguiente día si quería que lo apuntaran, a hacer la burla. Había quien hacia dos tareas en tres días.

Yo para ser sincero, cuando yo me organicé en 1974, no me organicé porque pensaba en algún objetivo social. Yo directamente me organicé porque tenia una novia. Y esa novia salía a manifestaciones a San Salvador. Y yo no me daba cuenta para donde salía. Y comencé a decirle que porque no me invitaba cuando salía.
Como yo tenia amistades de los que eran organizados, por fin quizás ella consultó y dijeron que me invitara. Así fue como yo me metí. Y ya metido allí, las primeras veces comenzaron a darme tareas, porque en el Caserío donde yo vivía solo yo era el único. Entonces cuando se debía repartir el riegue de la propaganda, a ese caserío no iba otro para regar la propaganda. A mi me daban todas las hojas para regar y yo las regaba. Yo conocía bien. Y al siguiente día la gran buya. Que eran enmascarados que andaban fusiles, que han visto a cuatro o cinco, y yo sabía que era yo solo era el que andaba. Ya cuando íbamos a San José, habían veces que iban hasta cinco. Pero ya allá, la bulla era que andaban en carro. Con la novia al final tuvimos dificultades porque por ahí en 1977, yo fui capturado en Zacatecoluca por una pistola.
Yo me organicé en 1974 en el famoso Bloque Popular Revolucionario BPR, donde apareció la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños FECCAS y la Unión de Trabajadores del Campo UTC, empezamos a ir a manifestaciones a San Salvador. Y empezaron a reprimir a la gente. Primero fueron las manifestaciones en San Salvador, ahí nos aglutinábamos con estudiantes, maestros, obreros, campesinos y eran manifestaciones grandísimas. Yo pasé un tiempo que en mi casa, mi familia no sabía. Porque ni la familia se daba cuenta donde uno andaba, y así fue pasando el tiempo. Llegamos después a formar parte de las milicias populares clandestinas. En esas manifestaciones prepararon grupos de seguridad, con pistolitas personales que las tenia alguna gente, las prestaban, el arma iba a ser seguridad. Nacieron las guerrillas, se comenzaron a concentrar grupos. Y de ahí comenzaron las masacres en San Salvador.
Después el Ejército, la Guardia Nacional, la Policía fueron conociendo personas afuera y quizás empezaron a investigar y empezaron a venir a los cantones, a las comunidades, a sacarlas.

En el caso de mi mamá, fue capturada en 1981 sin saber por qué la capturaron. Mi mamá no sabia ni qué era una reunión. La capturaron en Zacatecoluca, en la Terminal, ahí un muchacho le puso el dedo y a los tres días se encontró muerta en un desvío que le decían Las Tres Puertas en la calle a la Herradura.
De ahí fue una persecución a toda la familia, en el mismo año 1981, empezaron a caer mis hermanos. Mi mamá dejó un niño de siete meses cuando a ella la capturaron, era el menor. Siete meses después, a ese niño le quitaron la vida y no solo a él sino que al resto de mis hermanos. Yo tenia una hermana, estaba soltera y se llamaba Mariana, pero cuando a mi mamá le quitaron la vida, ella se puso criar ese hijo que dejó mi mamá, el hermanito de nosotros. La otra hermana que teníamos que estaba adulta ya estaba acompañada, ya estaba aparte con el marido. Pero a los tres meses, a mi mamá la mataron el 27 de abril y a esa hermana que había quedado cuidando a los niños pequeños la mataron un primero de septiembre. La otra hermana habló conmigo, yo era el mayor y me dijo:

- Mirá, yo cuido a mis hermanos, me han dicho que si me vuelven a ver aquí en la casa me van a matar. Tengo miedo. Me los llevan para El Campanario.

El Campanario queda por Tecoluca, ellos ahí habían hecho un ranchito que había hecho el marido de mi hermana. Ese muchacho era bueno para trabajar. Nos fuimos a dejar a los cipotes a El Campanario en la noche, porque no se podía ir uno en bus, tenia que caminar uno a pie y yo me vine de regreso. Pero yo siempre que iba, conseguía pescado, les llevaba algo y eran varios los que habían allá. Un día que yo llegué, el ejército mató al cuñado, a un primo, a una prima, a un sobrino y a un particular. Total que eran cinco muertos que mató en un mismo rato. Mi hermana quedó sola, a los días llegaron a El Campanario, recogieron a la gente. Había un señor que se llamaba Ismael Guzmán, tío mío, estaba bien viejito. Era pastor evangélico, él me dijo que venía de Zacatecoluca que le había mandado una carta el coronel de ahí, que en ese lugar nunca le habían tirado ni un disparo al Ejército y que ahí nunca iban a matar a la gente, que él podía dar culto a toda hora.

 Mi tío me dijo que el coronel es evangélico. Yo le dije que a los militares no les creo, desde que me quitaron a mi mamá yo he dicho que a mi capturado no me van a hacer, a mi me van a matar al menos corriendo. Entonces yo no visitaba seguido El Campanario. A los pocos días llegaron y reunieron a la gente, a todo mundo. Que iba a dar un culto en la casa del pastor que se llamaba Ismael Guzmán, y llevaron a toda la gente, jóvenes, adultos, viejitos, niños y todos. ¡Si fue una orden!. Cuando llegaron los formaron, al primero que le quitaron la vida con un hacha fue a Ismael Guzmán, el pastor, de ahí ametrallaron a toda esa gente en el cantón El Campanario.
Ahí murieron mis hermanos, quedó una niña de unos doce años con un balazo en el brazo a la altura del codo, ella estaba chineando al hermanito que les cuento que tenia catorce meses, la niña quedó en medio de los muertos. Ahí quedo otro niño. A los adultos les dieron con el machete y a todos les iban dando en la nuca, pero a los niños no les repasaron. Entonces se libró esa hermana. Yo hacía cuentas, porque en la Radio Venceremos salía que había muerto ahí todo el mundo. Eso fue el 25 de enero de 1982. A los días, fue una gente a La Gavidia, alguien me dijo que mi hermana Estela estaba en un hospital clandestino allá pegado a El Chile. Solicité permiso para ver como iba allá, me fui a encontrar con ella, ya le habían dado de alta. En ese tiempo había aparecido una organización llamada los PPL y ellos tenían control en las agrupaciones de población civil, la tenían registrada como niña huérfana. Llegué, empecé a preguntar y les dije que ella tenia hermanos y familia, porque todavía habíamos hermanos y estaba mi papá, para llevármela a la zona de la costa. Se opusieron los señores y me dijeron que no. Yo informé en la zona donde estaba, me hicieron una nota, la llevé y pregunté quien era el presidente del PPL. Me entregaron a la cipota, me la traje. Ya había que andar aquí en esta zona sin casa, bajo de los palos, viviendo en el monte, corriendo permanentemente.

Anduve toda la cordillera del río Lempa, comenzando de Rancho Grande, El Jícaro, Mata de Plátano, El Naranjo, Puerto Nuevo, La Pita, en toda esa zona anduvimos nosotros con un grupo de gente de masa, aun no andaba armado yo. Acampados, nosotros hacíamos posta en la noche. En el día, siempre se ponían dos postas, una por un lado, otra por otro. Ya en la noche la posta estaba cerquita pero sin arma estábamos, no habían armas, eso fue en 1982. Ya aquí había tres secciones de guerrilla de las Fuerzas Populares de Liberación FPL, se mantenían tres fusiles, solamente para enseñarle a los combatientes como se armaban y desarmaban.

De ahí vino un puesto de soldados a Las Marías ahí por Los Marranitos, un puesto a San José de la Montaña y uno en Hacienda Vieja, ya con esos puestos de tropas, no había necesidad de que viniera gente de San Vicente o de Zacatecoluca para invadir esta zona. Todos los días esta zona costera estaba invadida. Un día estaban en una comunidad, aun había gente en estas comunidades, abarcaban sus dos o tres comunidades en el día, otro día estaban en otras tres, y así todos los días que salían, por lo menos habían tres muertos. Ya la gente estaba con su mochilita lista, al oír el primer disparo, había que correr.

En ese tiempo mataron a bastantes personas y al que encontraban o lo lograban ver corriendo lo mataban. Ahí mataron a una hermana en El Porvenir. Cuando llegaron ahí, estaba mi papá y el dueño de la casa que era el finado Licho y un Víctor Campucho, estaban platicando. Mi papá tenía una nieta sentada en sus brazos y ese finado Licho tenía un hijo de él, que era el último, ellos estaban chineando a las dos criaturas. Cuando vinieron los soldados que llegaron por el lado de El Coco, llegaron al cerco y ahí los ametrallaron.
Y ya traían a Cresencio López, a mi papá de suerte no le pegaron ningún disparo pero a la niña que tenía en los brazos le cayeron cinco balazos. Mi papá acostó a la niña y salió por un potrero corriendo con unas botas de hule y se cayó. La sangre que la niña tiró lo chispeó todo a él, bañado en sangre quedó. ¡Y aquella disparazón!.
Siguieron con los otros. Mi hermana iba corriendo con un hermanito, mi papá quedaba vivo. Y mi papá cuando vio que ya no los veía, solo la disparazón adelante, él se fue a meter en medio de unas tejas que estaban cubiertas con bejuco, ahí se metió, fue la única opción que vio, ahí se quedó, eso fue una barbaridad!
A mi hermana la mataron allá en el llano de El Porvenir, al cipote no lo mataron, corrió bastante y encontró un pedacito de ese monte que le llaman malva, ahí se metió en medio y no lo vieron. En la tarde que yo bajé con el cuñado, según yo, ya habían matado a toda mi familia. Me dijo una señora, Inés, que mi papá pasó llorando porque le habían matado a los hijos. Pero no a todos los hijos los habían matado, yo era hijo de él. Me lo encontré pero fui a encontrarme con todos los muertos, eran siete muertos, incluyendo a los dos niños. El niño de ese finado Licho y la niña que era sobrina mía. ¡Eran niños como de unos 9 meses!. Los enterramos con el cuñado, a los dos niños en un mismo hoyito. Al siguiente día fuimos a enterrar a los adultos, que eran cinco adultos. Posteriormente los otros cipotes hermanos míos, que ya estaban mas grandecitos se quedaron aquí en la zona y luego lo que hicieron fue incorporarse a las unidades guerrilleras.

Mala suerte en el mismo año 1981, se incorporó el mayorcito que se llamaba Toño, ese perdió la vida allá en la cruzadilla de San Juan del Gozo, en la Borda del Desprecio, ahí cayó emboscado, pero andaba armado, estaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos PRTC.
Pero quedaron los otros, quedó Manuel y quedó Bartolo que eran de los mas cipotes, llegaron a ser de las fuerzas especiales. Manuel anduvo en la Brigada Rafael Arce Zablah BRAZ del ERP, le decían El Yankee. Después se pasó a las fuerzas especiales de las FPL, mala suerte también cayó. Y el otro hermano también cayó en una escuela de Nombre de Dios, cuando aniquilaron a la compañía El Atonal, la única baja fue mi hermano. Así que desgraciadamente de mis hermanos todititos fueron víctimas de la guerra, diez en total, todos murieron y solo yo que quedé amputado de la pierna derecha.

De ahí, anduve un tiempo en masas, liderando grupos, a finales de 1983, me incorporaron a la guerrilla. En 1984, me pegaron los primeros golpes, el Batallón Bracamonte cuando vinieron a estrenarlo a la zona de la costa de Usulután, ahí en el lindero estábamos cuatro organizaciones juntas, el ERP, las FPL, el PRTC y la RN. Ahí me cayó un granadazo y dos esquirlas, eso fue un 6 de agosto de 1984. Pasé como un año que no podía hacer nada, quedé demasiado débil. Me sacaron de la estructura de guerrillas y me pusieron en la estructura de milicias. Ya después cuando tenia valor, me mandaban de correo, después me pusieron tareas operativas. Pasé alrededor de un año en la estructura de milicias y después me volví a incorporar a la guerrilla. El 26 de mayo de 1988, pase sobre una mina en el caserío de Sisiguayo en Jiquilisco, estuve un mes en un hospital clandestino. Era buscado por aire, por tierra y por agua. Los helicópteros pasaban soplando las islas de los manglares, por tierra los patrullajes, por los esteros las lanchas y pirañas.

El gran problema fue de que a mi me iban a entregar a la Cruz Roja. El compañero jefe que teníamos se llamaba Eduardo, recibió el mensaje y después lo sacó en limpio, donde ya venia la fecha, la hora, el lugar en que iba a ser entregado a la Cruz Roja Internacional. Lo recibe en la tarde y en la noche lo matan y le quitan todo.
A partir de ese momento, las cosas para mi son imposibles. Al siguiente día, esos helicópteros pasaban soplando los palitos de mangle y las pirañas por los esteros y por tierra en todas las islitas el montón de soldados del BIN.

Andábamos alrededor de tres heridos. La operación en el hospital clandestino me la hizo un compañero de nombre José, un buen médico, posiblemente extranjero. Ese médico me prestaba un radio para escucharlo suave como a las 11 de la noche para oírlo, porque solo podía oírlo uno, ya lejos no, porque lo ponía con poco volumen, y yo escuchaba la Radio Venceremos. Ese doctor me hizo la operación. Estábamos en una bordita seca, agua para los dos lados y el bote estaba ahí porque así lo manejábamos para andar de islita en islita.
En la noche en una parte y en el día la pasábamos en otra parte. Habíamos puesto a dos compañeros para que los anduvieran cuidando, porque a mi me jalaban el agua hasta para bañarme. La comida no la hacíamos donde estábamos, la iba a traer un compañero a saber a donde, yo solo lo miraba que se tiraba por los manglares y llegaba con la comida calientita. Yo les agradezco, porque si no hubiera sido así me hubiera muerto, y al médico porque le debo la vida.

Un 28 de junio, volvieron a contactar a la Cruz Roja y llegaron a traerme a Sisiguayo, cuando llegó el compa me dijo que la Cruz Roja iba a tener que ir a un hospital del Estado, que iba a ser interrogado y que iba a ir quizás hasta la cárcel. La Cruz Roja necesitaba un permiso del Estado Mayor de la Fuerza Armada, quizás era un poquito mas de las cuatro de la tarde, estaba pidiéndole el nombre completo del herido, a dónde era la herida y en qué lugar estaba. Como a un kilómetro tenía a la tropa porque el operativo estaba en la zona, por eso no se movían porque me dijeron que si iban en marcha, ellos me agarraban y no me podían desaparecer, pero en el puesto no había problema. Allá dieron la orden de que si, que me trasladaran. Ahí fue donde me conocieron el nombre que ahorita tengo, el nombre legal, porque todo mundo me conocía por Pablo, yo me puse el seudónimo de Ramiro, pero nadie me decía el seudónimo, sino que todo mundo me decía Pablo, pero ahí tenia que dar mi nombre que era Lucio. Fue llegando al hospital de San Miguel, ahí estaban esperándome las fuerzas represivas del Estado. Yo iba con una mentalidad agresiva, y les dije que no había caído por ser ellos cachimbones, había caído porque estaba herido. Me preguntaron como me llamaba, que de qué fuerzas era. Les dije que era de las FPL. Ya era de noche. Ya después llegó uno vestido de civil, que era uno de los que interrogaban. Comiendo chicle llegó y me dijo:

- Mirá, vengo a hablar con vos, yo te voy a hacer las preguntas. Vos vas a pensar lo que vas a decir, yo no te voy a exigir, voy a escribir lo que digás.

Así fue toda la noche, a comenzarme a preguntar desde el primer día que yo vine a este mundo y hasta el momento que llegué a ese hospital. Ese día, no sentí mucho las preguntas. Curándome estaban al siguiente día cuando sentí que llegaron unos pistoleados de la 6a. Brigada, y ya venían, y dijeron:

- Miren venimos de parte de la 6a. Brigada a hablar con Lucio Rodas Velásquez.
- ¡Ah! van a esperar porque he empezado a curar. Les dijo la enfermera.
- Yo no vengo a esperar a nadie, usted me lo cura ya y me lo lleva para la sala que esta allá.

Ya tenían la sala de interrogación. Yo oí bien cuando estaba ahí donde la enfermera, de allá se vino el hombre y me dijo:

- Lamentamos tu caso, que estés herido, pero todavía sos una persona importante, tenés vida, yo vengo a ver cuáles son las necesidades mas sentidas que tenés para ayudarte.

¡Eso me lo dijo un pistoleado de la 6a Brigada!. Yo como con la Fuerza Armada nunca pude conciliar y le dije que yo:

- Mire, necesidades no tengo ninguna, papel higiénico ahí tengo, pasta dental ahí tengo, comida no me da hambre. Desde que supe que era de la 6a Brigada, se me quitó la voluntad de comer. Vino la enfermera y me curó. Yo bien me podía bajar de la silla de ruedas pero no me bajé, me bajó la enfermera como pudo, yo ya estaba molesto desde que oí de donde venia, sabiendo que con la 6a Brigada no fue una vez que nos dimos duro, ¡Fueron cantidades de veces!. Me llevó la enfermera al cuarto que tenían para interrogación y empezamos, habían ratitos que como que eran familiares míos. Pero habían ratitos que nos agarrábamos como enemigos. Lo único que me dijeron los de la Cruz Roja:

- Nosotros garantizamos que un golpe no te lo van a pegar, pero si, no podemos negar que podes ir a prisión, porque los Acuerdos de Ginebra no lo contemplan. Garantizamos que no te van a dar un golpe, que no te va faltar comida, que no te va a faltar medicina o alguna cosa que necesités nosotros respondemos.

Por fin terminó el día, llamaron a la enfermera que me fuera a traer a la cama y se fueron. Al siguiente día ahí los tenia a los mismos y después de que ellos se fueron llegó otro, a la cama, en la noche. Total de que fueron cinco días y cinco noches de sacrificio. Pero esos señores de la 6a Brigada si me interrogaron y al final me dijeron, el ultimo día:

- Mirá, queremos hacerte una grabación, pero yo voy a decirte lo que vas a decir.
- Yo no estoy dispuesto a decir lo que usted va decir, en este momento yo acepto que ustedes son mis enemigos, pero si el día de mañana de esta cárcel a la que me van a meter yo salgo, yo sé que de los guerrilleros no soy enemigo, por que no he traicionado la sangre mía ni de mi familia ni de nadie mas. Yo se que aquí no me hacés nada, porque sabés estoy en manos de los organismos internacionales que ya saben si me desaparecés, ya saben de que vos has sido. Pero ya afuera de aquí me podés desaparecer y nadie sabe, Y yo no tengo esa grabación y salgo y yo me encuentro con los guerrilleros, no me pueden hacer nada porque no he traicionado a mi sangre. Pero si yo hago esa grabación, después, voy a ser enemigo de los guerrilleros y de mi propia sangre que he traicionado, así es que no me digás de eso. Ni me hagás promesas de nada.

Pero ellos pusieron que yo andaba un fusil M-16 con siete depósitos, eso pusieron. Porque mi leyenda fue que yo andaba un cántaro, un molino, ese era mi trabajo en la guerrilla. Y esa fue mi leyenda y la leyenda de todos los guerrilleros que llegaban al hospital, la misma leyenda poníamos todos, andamos alrededor de cuatro y lo mismo habíamos dicho todos. Me preguntaron que cómo entraban las armas los guerrilleros. Les dije que armas que los guerrilleros andan se las han quitado a ellos, al Ejército, que los guerrilleros no necesitan a ir a traer armas a otra parte, que yo sé que los guerrilleros llegan con las armas al campamento, pero yo estoy con el molino moliendo maíz, eso sé que ahí llegan con el montón de carambadas.
Al final estuve un año en la cárcel, en el penal de San Miguel. Al año me sacó un abogado del FMLN que tenia un abogado, porque antes de eso llegaron abogados de oficio. A mi me visitaron, no menos de unos ocho. Todos llegaban para que les firmara el poder. Pero no volvían, a los quince días llegaba otro. Lo mismo, que les firmara el poder. Hasta que por fin llegó un abogado de apellido Melara y mencionó todos los nombres de los abogados que llegaron de oficio:

- Esos no sacan a un guerrillero. En ocho días vengo a sacar a uno de ustedes. No sé a quien me voy a llevar, si a Israel, a Carmelo o a vos, pero en quince días vengo.

Yo no le creía nada, lo mismo habían dicho todos. Pero a los ocho días estaba llamándome a mi, y lo bueno es que no quería irme porque los otros eran amigos y había hecho cheros en la cárcel. Y yo no sabía para donde iba agarrar. Y ya cuando regresé, que tenia que hacer mi maleta con las cositas que tenia, ya me mandó a decir con otro que no era yo, que era Israel el que se iba. ¡Ah!, Yo contento cuando me dijo que era Israel el que se iba. Yo no quería salir, yo quería salir pero después. Entonces se fue Israel. En ese tiempo yo pregunté por una nota, se podían mandar notas ocultas, pregunté a la jefatura que había en La Ángela que para dónde me iba. Yo tenia miedo de irme para donde mi papá. Y me dijeron:

- Vos decíle al abogado cuando te diga para donde te vas a ir, vos decíle que no tenés para donde irte, él te va a llevar para otra parte, él tiene para donde llevarte.

Bueno, así fue y me dijo:
- Ya estás libre, quiero ver para donde te vas a ir, si con tu familia o para donde?
- No tengo para donde irme.
- A pues no, yo te llevo.
- A pues, si usted me lleva, yo le voy a agradecer.

Me fui en el carro con él, llevaba a dos porque sacó a Carmelo también, sacó a dos. Eso fue en 1989, después de las elecciones que ganó Cristiani, el primer presidente de ARENA. Ahí habían unos señores en la cárcel que ya eran miembros de ARENA y los sacaban a reunirse afuera de la cárcel. Y eran bastante amigos conmigo, había un señor que se llamaba Juan Ramón Medrano y cuando llegaba me decía:

- Mire Lucio, procuren salir antes de que vayan a pasar las elecciones porque si gana ARENA, nosotros sabemos que a todos los que están como presos políticos los van a desaparecer.
- No hay problema, si ellos me desaparecen, los que van a salir desprestigiados son ese gobierno en funciones, nosotros no, si perder la vida hace un montón de tiempo que ya la hubiera perdido, no hay problema.

Pero no, ganó ARENA y después de eso me sacaron. Yo cuando me fui le dije a Juan Ramón que se quedaba, que yo me iba. Yo sabia que él era un miembro de ARENA. Que no se le había concedido al final lo que él decía. Me fui a CRIPDES, ese abogado me hizo un paro, que yo se lo agradecí. Yo a la cárcel no llevaba nada, con qué iba a comprar algo para comer. Aunque ahí en CRIPDES nos daban la comida en San Salvador. Pero uno necesita a veces comer alguna galgura. Había una señora extranjera que yo no sé como se llamaba que le había dicho al abogado que cuando sacara a un guerrillero de la cárcel, se lo llevara porque lo quería conocer. Y el hombre me contó después que él había sacado cantidad de guerrilleros. Acusados por guerrilleros, pero buenos. El no había querido llevarle a nadie, cuando llevó ahí a Carmelo llegó ahí donde la señora, no nos había dicho nada, llegó y tocó un portón negro y ya yo vi que salió una cabeza a vigiar y le abrieron el portón y entró. Y le dijo adentro:

- Mirá, estos dos que te traigo aquí son guerrilleros. Como vos me dijiste que querías conocer a un guerrillero, aquí te traigo dos, para que veás.

La señora bien contenta y nos dijo:
- Miren, en nombre mío y en nombre de Dios, tengan esto que de algo les va servir.

Yo sentí el manojito de pisto, me alegré porque pensé que eran unos 25 pesos. Bien contenta la señora y se fueron para adentro y digo yo a revisar. Iban ocho billetes de cien colones que nos había entregado a cada uno. ¡Noombre!, dije yo. Porque yo sentí que aquellos 800 pesos eran un pistal. Para las condiciones que nosotros llevábamos. El salió y nos fuimos. El hombre sabia que la señora nos había dado esos pesos y dijo:

- Yo sabía que esta señora algo les iba a dar, porque ustedes lo necesitan. Por eso los traje.

Tuvimos esa ayuda de esa señora extranjera y nos llevaron a CRIPDES. Ahí pasamos alrededor de unos tres o cuatro meses, quizás un poco mas. Estuvimos en unas capacitaciones con unos Médicos sin Fronteras, en la Universidad de El Salvador, aprendimos a hacer prótesis hechizas. Utilizábamos hierro, madera, cuero, y hacíamos los pies de plantillas de ginas de esas se pegaban. Yo anduve una prótesis, pero se me quebró. Israel Quintanilla hizo otra, esa él la llevó a La Habana, Cuba. En CRIPDES fueron tomadas las oficinas por el Ejército. Mala suerte para esos hombres que no nos encontrábamos ahí nosotros. Buena suerte para CRIPDES, la búsqueda era por nosotros. Si nosotros hubiéramos estado ahí a CRIPDES se le hubiera complicado mas porque estaba dándole cobertura a gente guerrillera. CRIPDES es una institución humanitaria. Nosotros andábamos en la Universidad, cuando fue la toma de CRIPDES. Ya cuando nosotros íbamos con los médicos, estaba aquel montón de gente en CRIPDES pero rodeado por todos lados de guardias, policías y soldados. Y los Médicos sin Fronteras dijeron que para donde nos íbamos a ir. Yo le dije:

- Mire, aquí necesitamos el apoyo de ustedes, si ustedes tienen para donde llevarnos, llévennos, pero allí no podemos entrar porque hay peligro.
- Yo solo necesitaba la decisión de ustedes. Dijo alguien de ellos.

Y nos fueron a meter a la Escalón, allá tenían oficina en una casa donde ellos estaban, eran varios médicos. Ahí estuvimos, ahí nos dieron cena. En la noche todos se fueron. Y preguntaron:

- ¿Miren anda alguno de ustedes que pueda manejar radio comunicación?.

Bueno, éramos cinco y de esos, tres habíamos que podíamos usar el radio. Nos dejaron un radio, nos dejaron televisor, una grabadora, podíamos oír música, y estaba el radio por cualquier cosa, podíamos llamarlos, y se fueron. Nos enseñaron toda la comida que tenían, canastos llenos de guineos, de naranjas, ahí tenían ellos de toda clase de fruta, la refrigeradora llena de comida, si aguantábamos hambre es por que queríamos porque ahí había, hasta unas cervezas. Nos dieron una cama a cada uno para que durmiéramos hasta con mosquitero y una cama cada uno nos dieron. Tenían condiciones ahí. El siguiente día fue de dar vueltas. Nosotros anduvimos con ellos porque ellos se movieron para ver como liberaban a los compañeros de CRIPDES. Yo anduve con ellos en algunas partes, pero a CRIPDES nos llevaron de regreso hasta cuando ya habían liberado a las compañeras que estaban capturadas porque por fin las liberaron. Hasta entonces nos llevaron de nuevo ahí.
Después se nos puso difícil en la Universidad, para ir a recibir la capacitación porque un día a la entrada de la Universidad había un retén y dijeron que iban a hacer cateo al carro, que nos bajáramos, y cuando nos bajamos habíamos tres que llevábamos prótesis de las hechizas que hacíamos nosotros. Los otros no las llevaban. Y preguntaron:

- ¿Llevan lisiados aquí?.
- Si, todos son lisiados.

Admirados ellos que todos éramos lisiados. Apárteseme aquí. Y llamó diciendo que tenían unos lisiados y qué iban a hacer, y un soldado le dijo al otro:
- ¿Y qué hacemos?...
- ¡Y qué andás preguntando, apartalos ahí!.

Y va de llamar el maishtro con un radio grande que tenia ahí. Y nosotros afligidos. Y el médico extranjero, va de debatir con los hombres. Diciéndoles que él tenia permiso para entrar a la Universidad. Por fin nos dejaron entrar. Pero cuando llegamos a la sala donde se trabajaba, allá estaban otros médicos que habían entrado por otro lado. Y dijeron que ya estaba peligroso y que al regreso podíamos ser capturados. A ese momento nos dejaron ahí, solo se quedó uno, y salieron a hacer contacto con otros organismos, estuvieron pendientes, porque si no a la salida nos capturaban. Así fue, pusieron la hora en la que podíamos salir. Así que cuando salimos nosotros, no estaba nada, ya no estaba el retén. Ni por una ni por la otra salida. Ya no quisieron los hombres que siguiéramos asistiendo a las capacitaciones.

De ahí, hicimos un esfuerzo, comenzamos un grupo de ocho lisiados y nos fuimos a tomar la Catedral. Ya con la lucha de salir para Cuba o México, esas eran las peticiones. Pero de primero Cuba. Y nos pusimos de acuerdo, unos estaban en COMADRES y otros estaban en CRIPDES. Habíamos cuatro en CRIPDES y cuatro que estaban en COMADRES. Eso fue en 1989 antes de la ofensiva. Llegamos cuatro a Catedral, los otros llegaron como una hora después. Llegó Israel, Toño, José Maria y yo. Esos fueron los primeritos que llegamos. Solo Israel llevaba prótesis pero de las que habíamos hecho nosotros en la Universidad, ya la mía se había quebrado, yo ya andaba con muletas. Y desde que llegamos, estaba una misa, nos esperamos un ratito que terminara la misa y dijimos:
- A partir de este momento esta iglesia está tomada por los lisiados de guerra.

Y se nos amontona el montón de medios preguntando:
- Cuáles son las exigencias?.
- Pedir la salida para Cuba o México y mientras eso no se nos solucionara no dejábamos la iglesia.

Pero no la cerramos. Decidimos que la iglesia se mantuviera abierta, que las cosas religiosas no iban a parar, porque si parábamos eso nos aislábamos. Entonces la manteníamos abierta. En la noche cerrábamos la iglesia, pero en el día estaba abierta. Tuvimos un apoyo en ese tiempo. Ahí fuimos a comenzar, el 1o. de septiembre recién habíamos llegado a tomarnos la iglesia. Ahí fueron a hacer todos los actos cívicos de todas las instituciones del Estado. Pero tenia mas éxito la vista de nosotros, que lo que estaban diciendo allá, ¡porque a nosotros se nos aglutinaba aquel montón de gente que se metía como que iba a misa!.

Había mucha gente que no conocía a los guerrilleros y nos dijeron:
- Miren. nosotros queremos ayudarles en algo, pero no podemos dárselo en la mano. ¡Porque en la calle está el Ejército!.

Estaba tomado todo eso por ellos. Entonces nos dijeron que pusiéramos una canastilla de la que ponía el señor cura ahí para recoger las limosnas, y el que tuviera voluntad iba a echar en esa canasta. No era la idea pedirle a la gente para sobrevivir, la idea es que iba a haber alguien que iba a estar mandando para que sobreviviéramos. Pero cuando nos dijo eso, se puso la canasta. La iniciativa de poner una canasta era de las COMADRES. Esa señora estaba pendiente, los primeros días desocupaban la canasta alrededor de tres veces, ¡así de billetes y de monedas!. Le estoy hablando de billetes y de monedas, billete grande.
Hubo una semana que nosotros como grupo de lisiados no supimos cuanto caía. A la semana se vio la iniciativa del grupo de que la gente estaba dando por nosotros, y nosotros ni siquiera sabíamos cuanto caía. Que a partir del siguiente día se pusiera gente nuestra a recoger lo que la gente daba. Y contarlo, y en la tarde ver cuanto se había recogido y ya también se planteó que en el taller iban a comprar baterías, todo lo que iba a necesitar el grupo, llegamos a ser un grupo de 48 personas. Comenzamos cuatro. Ahí estuvieron llegando compañeros de diferentes partes, ahí llegó Patrocinio ya lisiado, estaban verdes las heridas. Y llegaron de distintas partes. Nosotros nos estuvimos ahí un poquito mas de un mes en Catedral.
Y si nosotros llamábamos a una conferencia de prensa, llegaba una gran cantidad de medios. Todos los días había gente haciéndonos entrevistas individuales. Habían periodistas de Salpress que se habían hecho cheros con nosotros, había uno llamado Mauricio bien chero el hombre que trabajaba para el Latino. Ahí después salía, de lo que la gente daba, para comida, hasta de ese pollo Campero comprábamos, habían tiempos que lo hacíamos con Campero!. Para baterías, para cigarros, se nos perdió una grabadora que era de COMADRES, la pagamos de ahí.
Se puso grave un compañero, José María, estaba cipote, se le infectaron los balazos y llevaba varios balazos en el pecho y se le infectaron.

Llamamos a una conferencia de prensa, llamamos a la Cruz Roja Salvadoreña, que hacíamos entrega del compañero, para que ellos lo llevaran a una clínica particular, eran comprometidos en esa conferencia a llevarlos y a traerlos, nosotros pusimos el dinero, por tres días costó 18 mil colones. ¡De la canasta salió!.

Ahí nos dijeron las COMADRES de que había posibilidades, nosotros tuvimos papeles, cantidades de anónimos que nos llegaban diciendo que nos iban a desaparecer con todo y la iglesia. Ahí las COMADRES dijeron:

- Miren, hay posibilidades de un cateo y todo lo que ustedes tienen aquí se va a perder. Si tienen dinero nosotros podemos ir a depositarlo a un banco y cuando ustedes se vayan lo cambiamos en dólares, para que ustedes lo lleven y se repartan un poquito cada uno.

Fueron a meter al banco 15 mil colones. ¡De la canasta!. A nosotros nos apoyó la gente con todo, nosotros no le pedimos a nadie. ¡La gente pasaba y push!... Marquetillas de billetes, ¡push!. Habían días que se recogía y sobraban de todos los gastos y sobraban hasta 500 pesos! Después decidimos que ahí la solución estaba a lo largo. No había ninguna alternativa. Decidimos que queríamos tomarnos la Embajada de México. Yo no sé como hicieron los organismos pero había una misa de solo gente corbatuda. Se miraba que eran curas, cantidad de curas. Y los microbuses entraron a la mera entrada de la iglesia, por la puerta de oriente y ahí nos metimos los 48.

Los periodistas no se dieron cuenta para donde íbamos. Porque nosotros íbamos todos. Nos llevamos las cositas que andábamos y nos subimos en el microbús y salimos. Llegamos a la Embajada de México, allá estaban los policías, los que están vigilando la Embajada. Les ayudaron a bajar a algunos que estaban en silla de ruedas y la sorpresa fue que nosotros entramos y dijimos que la Embajada en ese momento estaba tomada por los lisiados de guerra y la persona que no tuviera nada que ver con lo que era la gente de la Embajada, que la dejara. ¡Ja! Todo mundo se fue para afuera. Los periodistas si nos siguieron y rapidito estaban en el portón, pero después los policías se pusieron listos. Por una ventanilla me habían llamado a hacer declaraciones. Y fue el primer ingrinche con los periodistas y los policías. ¡Pero ahí tronaban los pencazos afuera, porque nosotros estábamos adentro!. Y el molote adentro gritando. De ahí salió el Embajador y dijo:

- Miren muchachos, ustedes han buscado apoyo de México, apoyo de México tendrán, pero aquí las actividades para ustedes se terminaron. Aquí la Embajada es la que tendrá que ver por ustedes. Queremos que pasen de aquí para allá, pero todo mundo nos deja el maletín aquí.Era para registrar, para saber si andábamos armas. Nosotros no andábamos nada. Dejamos ahí los maletines cada quien, dejamos los radios que teníamos para oír música. Solo un ciego pasó uno, a saber como lo paso, pero el lo pasó. Y nos llevaron ahí a la orilla de la piscina y nos dijeron:

- Miren, aquí van a tener comida, allí hay café en una cafetera grande, aquí si necesitan medicina va a haber medicina, necesiten lo que necesiten aquí va a haber. Por la salida, para ustedes ya se les acabaron las actividades, nosotros vamos a ver como gestionamos esto. Aquí la Embajada es la encargada, aquí están en tierras de El Salvador pero son de México y ninguna autoridad salvadoreña les va a hacer nada.

Estuvimos ahí unos 3 o 4 días. ¡Se portaron bien esos hombres .! Los tres tiempos bien comidos. Siempre escuchábamos la Radio Venceremos, como teníamos el radio que tenia el ciego, nosotros silenciosos oyendo la radio. Pero según ellos no teníamos ningún radio, porque lo que querían era dejarnos incomunicados, ninguna noticia, nada.

Al final lograron sacar el salvoconducto y llegaron las ambulancias de la Cruz Roja Internacional allí nos cargaron para llevarnos al aeropuerto. Y al llegar toda esa autopista estaba repleta de tropas, pero la orden que llevaban las ambulancias es que nadie abriera los libros. En la calle que va al aeropuerto de Comalapa, en la entrada, ahí en la carretera por donde venden cocos, ahí fue el primer engrinche de los periodistas con el Ejército. Pero los periodistas en ese tiempo eran de verdad agresivos. Allá en el aeropuerto, las condiciones eran que nadie iba a hablar nada. Había un carril de soldados, el otro carril y pasaba uno por uno, sacados por la ambulancia. Y pasaba uno aquí, el otro allí y el otro en medio, hasta que lo pasaban al avión. Y estaba ese periodista que se llamaba Mauricio, y yo cuando entré por las gradas me dice ese Mauricio que yo me despedía sin siquiera un saludo. Y como siempre me la llevé de agresivo y me paro casi en la puerta del avión. No sentí a qué hora estaba arrinconado en el avión. Porque para los miembros de la Cruz Roja estaba prohibido que hablaran, y me dijeron:

- Mirá, por vos nos van detener a todos. Pero no, no paso a mas. Nos fuimos a dar a La Habana. Allá estaba un grupo de gente salvadoreña adelante de nosotros habían salido, y ya habían comunicado que iban para allá ese grupo de gente. Cuando llegamos al aeropuerto, los periodistas de allá preguntando que quienes eran los primeros que habían tomado Catedral, que ellos querían entrevistar a los primeros, a los primeritos. Ahí estaban en las gradas del avión. Así fue. Así que los cuatro que tomamos Catedral fuimos los últimos que llegamos al hospital. Porque todo mundo después del aeropuerto estaban las ambulancias para ir al hospital, todos fuimos a dar al “Miguel Henríquez”. Allá fuimos a dar, a un chequeo general de todas las enfermedades que existen. Porque todo mundo ya iba sano de las heridas. Eran pocos los que no, solo iba un Neco que es de Chalatenango y el José María. De los que me acuerdo esos dos eran los que iban, y Patrocinio que todavía iba malo de las heridas. Pero ya el resto iba sano. Pero allá la cosa es que había que hacerle todos los exámenes y hasta que dieron los resultados nos dieron de alta.

Estaba el Campamento 26 de julio y ahí estaban los salvadoreños. A los 8 días de estar en el hospital, los del campamento pidieron permiso para que nosotros fuéramos al campamento. Eso fue en octubre 1989.
Después de nosotros vino el otro compañero y se tomó la iglesia El Calvario, creo, a los que les agarró la ofensiva. Ellos pasaron la ofensiva en San Salvador, creo que fue un grupo mediano. Pero si estuvo un grupo ahí en la iglesia El Calvario. Nosotros ya estábamos allá. Recién llegados nosotros a La Habana fue la ofensiva. Y ya estando allá, escuchábamos las noticias de la ofensiva que había en El Salvador y era una novedad.

Para mi, yo si digo que valió la pena. ¿Por que razón?: Del tiempo que estoy hablando de las algodoneras, ya la gente, muchos que conocieron la zona de Marillo, ninguna hacienda tenia un colono en la propiedad. Todo mundo vivía en las cunetas. Ahí ponían palos, ahí tiraban tierrita y los horcones para arriba y ahí vivía la gente y el agua pasando por abajo.
Y así se estaba dando en todas partes. Si no hubiera sido esta lucha, hubiera llegado el momento que la gente hubiera llegado a trabajar por no morirse de hambre, hubiera tenido que trabajar para ganarse la tortilla a las haciendas. Hubieran llegado a ser, así como han sido estos gobiernos, quizás hasta a venderlos con los grandes ricos grupos de personas como que tienen ganado, para ponerles quizás una marca para ver quien es el dueño de cada ser humano. Yo me imagino que así hubiera sido. Si no hubiera sido esta lucha, a estas alturas, quizás no hubiera nadie que tuviera un pedacito de tierra, hablo de pobres. Quizás no hubiera habido nadie que pusiera sus hijos a la escuela. Porque en el caso mío, mi familia era bastante grande, dos hermanas tuvieron la necesidad de estudiar. Y estudiaron hasta 6o grado. De ahí nadie mas, de todos mis hermanos, nadie mas. Y si eso hubiera sido después mas critico, yo creo que la gran mayoría de la población no supiera leer.

Entonces, yo creo que hay muchas razones para decir que si valió la pena. Aunque estoy claro, que ya no se cuenta porqué fue la lucha. Se ha visto algunas deficiencias de algunas cabezas que lo lideraron a uno en aquel momento. Pero eso no quiere decir que eso fue lo que en aquel momento se planteaba, en aquel momento de guerra hubo unidad, y eso se ha perdido bastante. Ahora se da el caso que muchos podemos tener la comida, pero no nos acordamos que puede haber otro que le esta faltando la comida. Y nos hacemos los desentendidos. Y así se da. Creo que falta, hay un reto grande para que esto se logre en su totalidad. Cuáles fueron las ideas, ya cuando uno entendió porque a mucha gente le pasó lo que me paso a mi. Pero después sí. Después entendimos que era una necesidad de luchar. A mi me salieron ofertas de que me fuera, y les dije que no estaba dispuesto a morirme, que estaba dispuesto a morir aquí, porque aquí había muerto la familia y aquí tenía que quedar.

Buena suerte, no fue así, quedé vivo. Y ahí sigo criando hijos ahora. Así que yo si sé que valió la pena, porque mis hijos por lo menos, los que hoy después he tenido, a todos los he puesto a la escuela, todos están estudiando. Hoy este gobierno les ha dado los útiles, los zapatos, ya hay otro beneficio para la población. Eso con los grados bajos, porque con los grados altos ya hay que sacar dinero siempre. Pero antes hubiera sido, no los hubiera puesto, porque lo que gana una gente con el salario no sirve. Ahora hay una ventaja que con la lucha de toda la gente y la firma de Los Acuerdos de Paz, muchos tienen su pedacito de tierra y otros que murieron porque anduvieron luchando para que esto se diera. Muchos fue recibiendo la tierra y la vendieron, quedaron lo mismo, están en las mismas condiciones, se ha dado el caso. Eso no costó dinero, eso costo sangre. Estas tierras están bañadas con sangre. Pero si sé que valió la pena.

FUENTE: Museo de la Palabra y la Imagen. Entrevista realizada por Carlos Enríquez Consalvi (Santiago), director del MUPI, para el libro "EL RÍO DE LA MEMORIA: Historia oral del Bajo Lempa, zona Tecoluca”.

Nota de la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador (ALGES):

ALGES lamenta el sensible fallecimiento de nuetro compañero Lucio Rodas, quien por 21 años fue parte de la Directiva Departamental de ALGES en San Vicente y por tres años fue integrante de la Junta Directiva Nacional de nuestra asociación.

Lucio se inició en las luchas populares allá por la hacienda El Porvenir, ubicada al sur de Tecoluca, entre los departamentos de La Paz y San Vicente, fue cuando los trabajadores agrícolas aglutinados en la UTC exigían mejoras salariales, ya que el salario era de 2.25 de colones diarios, corría el año de 1977. Y de allí no paró de luchar.

Durante el conflicto armado el compañero Lucio resultó lisiado de guerra, hecho que le obligó a ser rehabilitado. Tuvo la oportunidad de recibir rehabilitación en Cuba, tras la Firma de los Acuerdos de Paz regresó a nuestro país y en el año 1998 el compañero Lucio comenzo a ser parte de la Directiva Departamental de ALGES en San Vicente hasta este día. Durante el periodo 2015 - 2017 también fue parte de la Junta Directiva Nacional de nuestra asociación.

Sin duda alguna el compañero Lucio fue un luchador por las transformaciones sociales de nuestro país y un reconocdio Defensor de Derechos Humanos.

El compañero Lucio falleció esta mañana debido a una complicación de salud que le venia afectando por años.

Como asociación nos solidarizamos con su familia y pedimos a Dios fortaleza para ellos/as y sus amigos.

Que en paz descanse nuestro compañero Lucio...

¡Hasta la victoria siempre!

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