La Guerrilla

Sobre cómo un soldado gubernamental reclutado de niño a la fuerza, pasó a ser uno de los combatientes guerrilleros más valientes en Chalatenango   

Los huevos de Manuelón 

Muchos llegaron por conciencia a los campamentos insurgentes de Chalatenango en el año de 1980. Otros llegaron porque el torbellino de la represión y la guerra en la zona los empujó a integrarse con todo y familia. Pero hubo otros casos: llegaron quienes fueron capturados por la misma guerrilla.  

Manuelón, Jesús Chicas Cartagena, era un campesino originario de los vientres de Arcatao. Con su familia tuvo que huir de la zona en medio de las crecientes balaceras y ataques entre la guerrilla y la Guardia Nacional. Huyendo de las serranías de Chalatenango, fue capturado por el ejército en una redada de cipotes. Lo metieron en un camión militar como ganado y lo reclutaron a la fuerza.
Manuelón fue enviado a la base de la Fuerza Aérea Salvadoreña, en Ilopango, donde lo entrenaron como soldado paracaidista.
A finales de 1980, Manuelón asomó nuevamente a la inestable zona de Arcatao y por las vegetadas veredas subió al cerro de Los Filos, ya controlado por la guerrilla. El intruso caminante fue capturado de inmediato por una escuadra guerrillera de los campamentos de la zona.
Allí mismo lo amarraron, lo insultaron y lo presentaron a la jefatura local. Se conoció que era soldado activo en la Fuerza Aérea y fue acusado de ser espía del ejército al infiltrarse en la zona. Lo condujeron al campamento del mando en La Cañada y frente a Gérman, que ya era jefe político-militar del Frente Apolinario Serrano, él negó que anduviera con esas misiones. No le creyeron para nada y la decisión fue que lo iban a matar.
En ese momento, en la zona de La Cañada existía un gran contingente que le denominaban el Batallón de Fusileros 2, afiliados a la guerrilla, que más que fusiles, lo que portaban era un montón de sacos de harina, leche y granos básicos que proporcionaba Cáritas a los refugiados y desplazados.
A finales de diciembre en Chalatenango se preparaba intensamente la logística y el entrenamiento para las acciones de la ofensiva final de enero de 1981. La euforia se extendía por toda la zona alzada. Pocos días después guerrilleros y milicianos campesinos marcharon para atacar el cuartel de la ciudad y el paracaidista quedó amarrado en los pinares de La Cañada, en la frontera con Honduras.
Al regreso de las fuerzas insurreccionadas a los campamentos, Saúl - un guerrillero caído después en Los Llanitos, Concepción Quezaltepeque- le comentó a María Chichilco que tenían prisionero a Jesús Chicas Cartagena, por espía. Estaba amarrado y vigilado en el campamento guerrillero.
Mardo, jefe político del Frente Norte era quien lo interrogaba y Gérman estaba al mando y al tanto. Ella conocía al prisionero desde que estaba bicho y solicitó poder verlo. Cuando llegó, lo encontró amarrado y éste se arrojó a los brazos de María y le dijo que lo iban a matar, que él no era espía y que llegó nuevamente a Arcatao porque se difundía como “zona de valientes guerreros”.
Para esos días, llegó la información desde San Salvador, donde un hermano del prisionero, que se hizo comando urbano guerrillero, cayó combatiendo en una casa de seguridad.
María habló con Gérman Serrano y el jefe guerrillero insistía en el grave problema de seguridad que representaba que el soldado se fugara y delatara a la Fuerza Aérea y al ejército información y las posiciones de la incipiente guerrilla. Y terco. Fue cuando ella supo que lo iban a matar. Ante la insistencia político-maternal de María, la jefatura llegó a plantear que ella pagaría con su vida si el paracaidista se fugara o desertaba, a lo que ella le dijo “Pues… mi vida por la de él”.
“No te preocupes Jesús, te prometo que no te van a matar”. Lo mantuvieron preso tres meses, periodo en el que sufrió más de algún maltrato. Pocas semanas después él decía: “Le debo la vida, María, aquí me tienen moliendo maíz”, una actividad que muchos rehuían realizar hasta el fin de la guerra.
Douglas le pidió un detallado informe por escrito a María sobre el caso del paracaidista, que finalmente se incorporó a las columnas guerrilleras con el seudónimo de Manuel, muy seguramente bajo amplia vigilancia y conocimiento de sus nuevos compañeros de armas.
Posiblemente la caída en combate de su hermano, afianzó más la convicción de Manuel de combatir desde las filas guerrilleras. En la operación realizada en San Antonio La Cruz, en 1981, Manuel se mostró muy osado en el combate, quizá para demostrarle a Gérman la firmeza de su nueva convicción. En ese combate los soldados le cruzaron las piernas a puro balazo, imprudencias que contribuyeron al desalojo de esa posición militar al pie del Cerro Eramón. Después, estando en las unidades, otra bala le cruzaba la nalga en el cerro El Alto y fue, durante su curación, cuando el Comandante Dimas Rodríguez lo visitó y éste le propuso integrarse a las nacientes Fuerzas Especiales Selectas FES de las FPL.
Ya para el 82, Manuel participaba en las operaciones de desalojo de los puestos militares del ejército y la guardia en Chalatenango. Comenzó a comentarse en los campamentos el nombre Manuelón como un resuelto guerrero y el que había sido paracaidista.
Manuelón participó en el importante asalto al fortificado puesto militar de Nueva Trinidad, Chalatenango, a finales de enero de 1982, así como en otras operaciones guerrilleras del primer semestre de ese año. Estando en la FES, rápidamente logró ganarse un liderazgo probado en combate a tal grado que prontamente Manuelón llegó a jefear el Pelotón Dos de la FES en Chalatenango y entre sus compañeros se destacaba no solo por ser tosco o caballón, sino por ser un muchacho metódico y tener los huevos para realizar exploraciones a la profundidad de las guarniciones del ejército.
Siendo jefe de pelotón de la FES, Manuelón dirigió un importante sector durante el ataque y toma del cuartel de El Paraíso en diciembre de 1983, operación tras la cual fue nombrado por el mando de las FPL como Capitán de la FES, una jefatura muy difícil de lograr.
Manuelón, un hacedor de leyendas en Chalatenango, cayó en el asalto de la FES a las posiciones militares del ejército de la presa hidroeléctrica del Cerrón Grande el 28 de junio de 1984.

Tomado de Diario Digital ContraPunto | Publicado el martes, 19 de agosto de 2014.

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