La Guerrilla

En conmemoración del aniversario de la caída en combate de Felipe Peña Mendoza (Chano) y Gloria Palacios Damián (Úrsula la chinita) , presentamos los testimonios de Evaristo Hernández, compañero de lucha. Y Lorena Peña, su hermana.   

Evaristo Hernández: 

Con motivo de la designación de dos edificios de la Facultad de Ciencias Económicas, con los nombres de Felipe Peña Mendoza y Carlos Rodas, es necesario destacar importantes lecciones, que deben nutrir la conducta de los universitarios de esta época:   

1. Los dos lucharon y entregaron sus vidas por una humanidad con justicia social. 2. Los dos eran estudiantes acuciosos, serios.

Conocí más a Felipe Peña a principios de la década del 70, lo sustituí como Secretario de la Sociedad de Estudiantes de Ciencias Económicas. A Carlos Rodas, lo conocí casi dos décadas más tarde; él era un joven y yo un viejo, unidos por los ideales pero con referencia en dos organizaciones políticas diferentes.

De manera que conozco más directamente el legado de Felipe que el legado de Carlos y por ello me disculpo anticipadamente si enfatizo aspectos de los cuales tengo mayor conocimiento.

Estos dos compañeros son un ejemplo como revolucionarios y como universitarios.

Sobre Felipe como estudiante universitario revolucionario de la UES

  1. Voy a mencionar algunas de las cualidades de Felipe como estudiante universitario revolucionario. Felipe es más que eso pero la ocasión es propicia para destacar aspectos de su vida universitaria.
  2. Me parece que no puede entenderse la vida de Felipe, y la de sus hermanas, sin hacer referencia a su familia, una familia de verdaderos próceres en el país. Los dos grandes pilares de la familia, José Belisario y Angelita, han sido revolucionarios ellos mismos y formaron a sus hijo e hijas con valores de justicia social, transparencia e independencia personal, firmeza en la actuación, felicidad en la lucha, amor y respeto familiar.
  3. Felipe siempre manifestó un profundo amor y respeto hacia sus padres. Y sus padres lo apoyaron siempre, complacidos de lo que Felipe hacía, lo amaban, lo respetaban también. Siempre recuerdo la mirada simple, clara y vivaz, como la de un niño inteligente e inquieto, deseoso de participar en el juego de los otros niños, de José Belisario, el padre de Felipe, una vez que fuimos a reunirnos a su casa en uno de los tantos avatares de nuestra actividad política estudiantil universitaria. Recuerdo que pasamos en el Volkswagen blanco, de la familia de Felipe, a pedirle dinero prestado a su mamá en el negocio de venta de piñatas, para financiar nuestras actividades. "Siempre me pagaba" me dijo una vez Angelita, madre de Felipe. Entre las cosas mas valiosas en mi vida, cuento con el cariño de Angelita como conté con el de José Belisario, ya fallecido. Me siento muy honrado y agradecido por ello.
  4. Felipe era un organizador nato, transparente en términos ideológicos A él se debió la creación del Movimiento de Izquierda Radical, MIR. En la sala de sesiones de la SECE, en una reunión discutimos sobre el nombre que le pondríamos al movimiento, todos estábamos entusiasmados con ponerle Movimiento de Izquierda Revolucionaria, como el de Chile. Felipe, con su mirada inquieta, como revisándonos a todos, nos dijo: "No. Pongámole "Radical" porque eso es lo que somos. Ser revolucionario es de toda la vida." Concluyó. Y todos accedimos a ponerle "radical". Del MIR nuestro varios compañeros nos incorporaramos a diversas organizaciones revolucionarias posteriormente.
  5. Felipe era firme en sus actuaciones. El nos organizó para debatir en el Auditorium de Derecho, contra las posiciones electorales de la época, sostenidas por otro lider histórico de nuestro país, Schafik Handal. El auditorio vociferaba contra nosotros, y creo que la frase de Schafik, "jóvenes puros de intenciones pero sin experiencia política" atenuó la ira colectiva. A Felipe no le "calaban" las adversidades, como que lo fortalecían. También nos organizó para "volantear" en la concentración de la UNO, en el Parque Libertad, aclarándole al pueblo, que la vía electoral para tomar el poder no era la alternativa, en aquella época, desde luego. Si mal no recuerdo, yo redacté parte del documento y Felipe puso las conclusiones y el llamado al pueblo a luchar por la revolución socialista. Repartimos los volantes en todo el Parque Libertad y hasta en multifamiliares; a mí me toco el reparto en la Colonia Monserrat, con el frío en manos y pies, y en el estómago que da la aflicción de ser capturados y desaparecidos que era el pan de cada día en aquella época.
  6. En la actividad de organización de aquella época, es de reconer el invaluabe aporte de la Iglesia Católica. Organizados por Felipe capacitamos políticamente campesinos apoyados con infraestuctura de la iglesia. Aquí habría que relativizar la frase de Marx de que la religión es el opio del pueblo, en este caso fué el pan ideológico del pueblo.
  7. Felipe transpiraba la felicidad de la lucha. Tenía una coraza de alegría, de "jodión" podría decir con la que irradiaba un optimismo permanente. Nos saludabamos imitando los saludos de los "hippies" de nuestra época: "¡Exceso!". Esta palabra me la escribió en mayúsculas en un Programa Electoral de la Unión Nacional Opositora, UNO, que yo andaba leyendo en aquella época en que combatíamos la estrategia electoral, electorera, se decía de nuestros compañeros de izquierda. Me cayó en gracia la broma y conservé durante mucho tiempo el ejemplar del programa.
  8. Un compañero de otra organización me comentó, tratando de meter dudas sobre la transparencia de Felipe, creo, que era "hijo de un militar". Nunca ése comentario alteró mi respeto y confianza hacia Felipe. Estos comentarios, que yo nunca se los transmití a Felipe, seguramente él los conocía, pero como que no les daba mayor importancia.
  9. Tuve el honor de sustituir a Felipe como Secretario la SECE, al término de su gestión. Y él pasó a formar parte del Consejo Ejecutivo de AGEUS. En la SECE decidimos dar el apoyo para ser electo como Presidente de AGEUS a Sebatián Vaquerano, nuestro embajador en Costa Rica ahora y con quien tuve el honor de compartir la cárcel en la Policía Nacional en 1979. Felipe votó a favor de otro candidato para la presidencia de AGEUS, Manuel Rivera, seguramente siguiendo su compromiso político de vanguardia, más avanzado que el nuestro. Como SECE le "llamamos la atención" a Felipe, a lo que nos respondió, que disculparamos, simplemente. Y nosotros simplemente aceptamos las disculpas.
  10. Felipe nos dejó la frescura juvenil permanente. Hoy recuerdo con felicidad y hasta con jocosidad la irreverencia que nos causaba aflicción en aquella época. En una manifestación un profesor pedía a gritos que no nos dejáramos provocar por policías y orejas. Y Felipe con un "cumbo" de pintura y brocha en mano, se desprendió de la fila, fué enfrente del edificio del Diario de Hoy, por el antiguo Cine París, y ante decenas de fotografías tomadas por los mismos periodistas a sueldo, y ante el asombro nuestro, pintó: "Napo, Cagatinta", Napoleón Viera Altamirano era el Director del periódico derechista. Y hay otras anécdotas más de este tipo, que retratan la conducta de Felipe contra la sumisión y la reverencia indigna.
  11. Felipe era un estudiante brillante, aventajado. Casi invariablemente sacaba buenas notas. En nuestra época no permitíamos que los profesores nos achacaran que los líderes del movimiento estudiantil éramos malos estudiantes. Y nosotros mismos no permitíamos en nuestras asociaciones el "ganguerismo estudiantil", rechazabamos a los estudianes que nos solicitaban que les pasaran la materia indebidamente, aunque los denunciados fueran profesores de derecha.
  12. Felipe fué, es y será vanguardia universitaria y revolucionaria. Vivió y murió combatiendo por la justicia social. Y ha resucitado en nuestras luchas. Forma parte de la historia nacional y nominar un edificio de su Facultad con su nombre no es solamente un merecido sino un modesto reconocimiento para todo su aporte.

Evaristo Hernández l Martes, 9 de octubre de 2012.

Lorena Peña: Mi hermano Felipe

Felipe se convirtió en un muchacho alto, delgado, atractivo, que destacaba por su espíritu alegre, su profundidad analítica, su irreverencia ante el poder y su dulzura. Era el consentido de nosotras, le apoyábamos en todo lo que podíamos ya que él era asmático y frecuentemente presentaba crisis. En la Universidad Nacional cursó su licenciatura en Economía, la cual abandonó en el último semestre cuando la Universidad fue intervenida por el ejército. Se destacó como buen estudiante, y como líder estudiantil fue miembro de la Asociación General de Estudiantes Universitarios (AGEUS) desde donde promovió varios movimientos estudiantiles para reposicionar a la Universidad como una institución al servicio del pueblo y de los cambios sociales y políticos.

Al tiempo que estudiaba impulsaba un serio trabajo de organización junto a los Padres Inocencio Alas y Rutilio Sánchez en la zona de Suchitoto, en los cantones, con campesinos y campesinas, a los que acompañaba en su estudio de la realidad nacional, en la definición de las causas de la misma y las formas de organizarse para enfrentar la injusticia que reinaba en el campo salvadoreño.

Era además un hombre combativo que no tenía temor ante la represión, incluso una vez lo hirió la policía cuando atacó a una marcha de estudiantes, y eso sólo le provocó más seguridad y convicción de que debíamos enfrentar a la dictadura militar.

Felipe "Nacho"

Por esa época la carrera de Licenciatura en Economía no se entendía muy bien, mis padres querían un abogado o un médico, sin embargo, terminaron respetando su elección académica. Felipe disfrutaba y compartía sus descubrimientos académicos y políticos, nos relataba al estilo de una película como ocurría la explotación de los trabajadores, en dónde estaba la trampa de la dominación ideológica. Se reía de los formalismos de la alta burguesía y de la pequeña burguesía rancia de la ciudad y vivía con felicidad y cierto desparpajo sus convicciones. Era «el hermano perfecto» pues nos cuidaba, nos acompañaba, era nuestro cómplice, pero no asumía un papel de conductor autoritario. Cuando pequeñas siempre lo elegíamos presidente de nuestro club y realmente hasta ahora, es «el presidente» de nosotras las hermanas. Era muy ingenioso y se daba a querer por todo mundo. Iba a hacer compras a la tienda para nuestro desayuno, platicaba con las empleadas domésticas de la cuadra, recogía niños de la calle y los traía a comer a la casa para luego irlos a dejar con sus padres. Era muy solidario, y muy dulce.

Conforme fuimos creciendo, mi hermano se metió a traba- jar con el padre jesuita Ignacio Ellacuría 6 a hacer unas casas en la comunidad Tutunichapa II. Después fundamos un club en la colonia que fue apoyado por un seminarista que le gustaba a mi hermana Ana Margarita, se llamaba Gregorio Rosa Chávez, ahora monseñor. Nos acompañaba en ese entonces, cuando era seminarista, entonces atendíamos una comunidad ubicada cerca de mi casa que se llama «El Bambular». Recogíamos ropa para llevarles, ayudábamos a hacer tuberías de bambú, impulsábamos una serie de actividades sociales; yo por mi parte me metí a los grupos de alfabetización del colegio Sagrado Corazón, fui misionera, esto me fue dando un contacto con la gente. También iba los lunes a atender a niños con las monjas del colegio al hospital de niños Benjamín Bloom, yo entonces estaba en la secundaria.

Cuando mis hermanos entraron a la Universidad Nacional era el momento en que las huelgas estaban en auge, las elecciones de Duarte en marcha, y había un ambiente de mucho movimiento en la Universidad Nacional que históricamente ha sido un bastión de los movimientos liberadores, y se discutía mucho sobre como impulsar una revolución. Mi hermano fue coincidiendo con todo el debate que se desarrolló en el país sobre la teología de la liberación; yo participaba junto con Felipe y mis hermanas en la organización católica laica que se llamaba Juventud Estudiantil Católica que dirigía Juan de Planke.

Felipe se incorporó a la guerrilla desde sus inicios, convirtiéndose en poco tiempo en uno de sus más destacados conductores. Ayudó a organizar los comandos guerrilleros, las organizaciones de trabajadores del campo, el trabajo con las comunidades cristianas, y elaboraba teoría a partir del análisis de nuestra práctica política. Felipe sigue siendo para mí el referente de la Revolución y del revolucionario. La tiranía cortó su vida a los veinticinco años, pero la huella de su corta vida persevera y se acrecienta conforme el tiempo avanza.

El día que mataron a Úrsula Palacios y Felipe Peña.

Mi hermano fue asesinado, cayó en combate el 16 de agosto de 1975 en San Salvador, en la colonia Santa Cristina en el barrio Santa Anita de San Salvador. Su local fue asaltado por la policía después de que se desatara un incendio por una mezcla explosiva que allí se guardaba. Mueren mi hermano y mi cuñada Gloria Palacios de seudónimo «Ursula» y, si bien ya estábamos más o menos en la clandestinidad, Dimas y yo a partir de ese momento tuvimos que hacernos invisibles, pasando a una clandestinidad mayor. Lo mismo hicieron mis dos hermanas y esa situación me llevó a que ya no podía ver a mi hijo, ni siquiera esporádicamente; lo volví a ver un año después.

Mi mamá y mi papá reconocieron ante las autoridades a Felipe, no dejaron que lo enterraran como desconocido, ni a él ni a Gloria su compañera. Por su parte el ejército circuló las fotos de las tres hermanas para nuestra captura, a tal grado que algunas amigas, dos de nuestra edad que fueron a la misa del entierro de ellos, terminaron capturadas y torturadas, creyendo que éramos nosotras. Yo no pude ver a mi hermano muerto, ni ir a su velorio y ni al entierro, nada, y no podía ver a mi hijo porque la casa estaba cercada permanentemente. Yo mandaba a algún compa que fuera a ver como estaba el entorno de nuestra casa por ver si era posible que me acercara, pero lo cierto es que debimos romper toda comunicación con mi familia, porque pasamos a ser de la gente que estaba públicamente ubicada del lado de la guerrilla. Yo iba a cumplir veinte años en ese entonces.

El duelo de la pérdida de mi hermano lo viví con mucha du - reza. No pude decirle adiós, no pude ir a la misa de mi hermano, no podía en nuestra casa clandestina dar ninguna señal de luto ante los vecinos, era un luto clandestino sólo entre los compas de mi célula y no de las demás células. Los compas de mi célula de vivienda, Alejandro Solano y Clara Elizabeth, conocían a mi hermano y ante ellos podía llorar, llorar dentro de la casa, llorar en el bus... Yo he dejado de soñar que Felipe y mis hermanas están vivos hace como un año, y desde que murieron Felipe y mi cuñada Gloria pasaron unos seis años hasta que yo superé la visión de cómo se los comían los gusanos, porque en el tiempo que murieron llovía, era agosto, «se están pudriendo, está llo - viendo» pensaba, algo tan terrible, éramos bien unidos y él era mi jefe.

Su muerte fue como un zarpazo directo a mi familia que nos cambió todo: dejé de ver a mis hermanas por seguridad, dejé de ver a mis papás, a Vladimir, Felipe no existía más y yo esta - ba clandestina. El gran apoyo eran Dimas, Clarita, Alejandro y Andrés Torres que formaban mi colectivo. La compañera Mélida Anaya Montes no sabía que Felipe era mi hermano por compar - timentación. El compañero Marcial fue mi nuevo jefe. Marcial sustituyó a Felipe en esa tarea.

Uno tenía que seguir como que no había pasado nada, no se podían tener fotos ni nada, por ese tiempo me empecé a maquillar porque no me maquillaba, mi camuflaje en ese tiempo era maquillarme y usar falda porque no usaba, más bien yo me vestía como varón, blue jeans, camisas de hombre. Tuvimos que cambiarnos y la dirección de la organización consideró que por seguridad no debíamos vivir juntos Eva y Chico, Dimas y yo

Nos fuimos a vivir a locales diferentes, todos los muebles que compramos cuando me casé se los llevó Eva, y nosotros nos fuimos a un local más pequeño. Ese último semestre de 1975 Eva y Chico me dieron magníficas lecciones de solidaridad. Recuerdo el primer 31 de diciembre que pasé después de la muerte de mi hermano, en absoluta clandestinidad; ellos no estaban clandestinos y se iban a ir a cenar con sus familias, que eran clase media alta, sobre todo la de Alejandro. Y, nosotros, para que la casa no se viera sospechosa, fingimos como que todos nos habíamos ido de visita a otra casa. Esa fecha cualquier familia normal celebra, abre sus puertas, revienta cohetes y cena a la media noche, los vecinos se visitan y se regalan. Nosotros no podíamos estar con las luces encendidas ni tener visitas, debíamos permanecer en silencio sin levantar sospechas.

Por la leyenda y por seguridad apagamos todas las luces y nos fuimos al cuarto del fondo como un día común y corriente, sólo que ese año de 1975 terminaba sin mi hermano y sin Vladimir. Dimas y yo estábamos jodidos, solos, y a las doce en punto de la noche sonó el timbre y, como si fuera un milagro, venían Eva y Chico con la cena de los cuatro... y en lo oscurito hicimos nuestra cena, nosotros impresionados porque habían dejado a su gente para irse a encerrar con nosotros y así cena - mos y contamos chistes en el dormitorio, sin hacer ruido para que nadie de los vecinos escuchara que en la casa había gente, porque todo era seguridad. Ese gesto de fraternidad me impre - sionó para toda la vida, ellos se desprendían de lo suyo, también tenían sus hermanos, la mamá de Eva, y los dejaron para irse con nosotros.

Son cosas tan pequeñas pero tan importantes a la hora de la verdad. Yo fui la primera en conocer a la hija de Eva a quien le tocó pasar a la clandestinidad porque unos policías habían matado a su hermano en un combate unos días antes de que pariera; a Dimas y a mi nos tocó dar las vueltas al hospital cuando nació su niña.

"Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada."Miguel Hernández. Elegía.

Fuentes:
- Retazos de mi vida, testimonio de Lorena Peña.
- Sociología de la Universidad de El Salvado l Testimonio de Evaristo Hernández

En el combate fue herido gravemente Felipe Peña. El enemigo a esa altura había cercado la casa. Úrsula siguió combatiendo y salió arrastrando por la acera el cuerpo de su compañero Felipe. Se cubrían con una pistola. Felipe era un hombre de elevada estatura y Úrsula una muchacha delgadita. Ella lo arrastró por varios metros, estando herida, hasta que cayó abatida por las balas el enemigo. Su cuerpo cubrió el de su compañero.

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