La Guerrilla

Para seguir desempolvando del olvido, y lustrando la memoria de los viejos compañeros, aquí les dejo la siguiente: 

HISTORIAS DE GUERRA 

PORFIRIO 

 

“Dos mil…dos mil…hagámonos humo…dos mil…dos mil…hagámonos humo…la mil ya se retiró…y esos culeros no salieron…” gritaba El Negro Hugo rompiendo la noche. 

Porfirio se llamaba Ernesto Morataya. Era originario del cantón León de Piedra. Desde que lo conocí allá por los inicios de 1979 tenía una bronca con la guardia nacional de Tecoluca. Después supe que su papá fue un líder campesino asesinado en la masacre de La Cayetana perpetrada por la guardia nacional allá por el 29 de noviembre de 1974. Nosotros también hicimos nuestra la bronca con la guardia, por esa y otras tantas razones: la disputa por la carretera de apenas 23 kilómetros entre Zacatecoluca y San Vicente era peliaguda, ya habíamos tenido algunos intercambios de disparos en emboscadas y encuentros casuales cuando cruzábamos la calle para San Francisco La Laguneta, o para San Francisco Angulo, o cuando subían hasta La Cayetana buscando a quien matar. Se sabía que habías unos 17 guardias nacionales destacados allí: tipos crueles, sin hígados a la hora de matar, bajo el mando del “chele” Ramos, un Sargento de perversa notoriedad, pero los campesinos y la gente humilde les tenían un gran miedo, y no era para menos: mataban a cualquiera, se sentían los dueños del país por el poder que la oligarquía les había dado. Daba miedo cruzar en bus por el centro del pueblo, siempre tenían un puesto de control entre “el comedor Gamero” y el cuartel, a cualquier sospechoso lo bajaban del bus y de allí nadie volvía a saber mucho. Habían asesinado a una buena parte de los líderes campesinos fundadores de la UTC [Unión de Trabajadores del Campo], el caso más claro fue la muerte del “chele” Julio Otero: un domingo de 1978, a eso de las 3 de la tarde, mientras descansaba en su hamaca en su casita en el caserío Agua Caliente, en la salida hacia Zacatecoluca, un “oreja” le avisó al sargento Ramos de que el chele estaba en su casa, éste acompañado de dos guardias se vino oculto entre las casitas y la maleza, y desde unos 100 metros le disparó: el sargento Ramos tenía fama de buen tirador, aquella tarde lejana al chele Otero, la bala disparada por el rifle G-3 del Sargento, le perforó la cabeza.

Si no equivoco las fechas, en agosto de 1980 Porfirio junto con Bartolo planificaron una operación de hostigamiento al cuartel de la guardia nacional de dicho pueblo. El objetivo militar era “hostigamiento” pero la parte psicológica incluía mostrarle a la guardia nacional que los campesinos guerrilleros teníamos la capacidad de llegar hasta su guarida, entrar y salir del pueblo, y joderles la noche. El día de la ejecución del plan, Porfirio se enfermó, y entonces me mandó a llamar para que yo dirigiera el ataque. Cuando me hice presente a la escuelita de La Paz Opico la tropa seleccionada ya estaba allí, Porfirio ya le había pedido el permiso a Boris para el cambio de planes, y Boris ya había autorizado mi participación. Porfirio coordinó el plan con el mando de las milicias populares, ellos pusieron a la disposición 10 hombres con el objetivo de foguearlos, todos ellos portando escopetas calibre .12. Se concentró la mejor tropa, la crema y nata de la guerrilla de aquella época olvidada, también se concentraron rifles y munición.

A la medianoche de aquel día ya estábamos a escasos metros del puesto de la guardia nacional. Nos ubicamos, los tiradores a unos 30 metros, calle de por medio; yo me quedé a unos 50 metros, en las gradas de la iglesia de Tecoluca: los milicianos dispararon primero, se oyeron varias salvas de escopetas, pero a los minutos llegó Hermosura. “Dos mil…dos mil…se reventaron las escopetas de las milpas, el cañón se desfloró…un papagayo está encasquillado…no sirve el hijueputa…dice El Negro que nos pases el Gallil…” Les di el Gallil con 6 magazines de reserva y mil tiros. Luego se oyeron un par de ráfagas largas de a 50 disparos por magazín. El hostigamiento, de acuerdo al plan solo duraría 10 minutos ya que la idea de Porfirio y Bartolo había sido amargarles la noche, se valoraba que no había capacidad para asaltar la posición ya que no teníamos armas de apoyo. Pero el hostigamiento de 10 minutos duró más de media hora. La guardia respondió al fuego desde las ventanas pero sin mucho enardecimiento. Casi a las 1 AM, entre los últimos disparos esporádicos escucho una voz “Dos mil…dos mil…hagámonos humo…dos mil…dos mil…hagámonos humo…la mil ya se retiró…y esos culeros no salieron…” gritaba El Negro Hugo rompiendo la noche; detrás de él venían El Negro Toño, Tierra, Hermosura, los hermanos Come-dulce, y otros compañeros que ya no están físicamente con nosotros.

A finales de ese mismo año de 1980 volvimos a entrar a Tecoluca, pero ese si ya fue un combate en regla por el poder de fuego del que disponíamos, y la cantidad de tropa que participó, los enfrentamientos duraron desde las 9 de la noche hasta el amanecer del día siguiente, se trabó combate con la guardia nacional, y si no hubieran llegado tropas de refuerzo de la Quinta Brigada y del CIIFA aquella noche le hubiéramos puesto fin a la fama de aquellos 17 guardias nacionales malnacidos hijos de sus santas madres, pero esa historia todavía no la escribo, así que me disculpan. Ah y antes de que lo olvide: la clave “dos mil” significaba e identificaba a la guerrilla pionera de las FPL, la clave “mil” identificaba a las milicias populares de la misma organización, y “papagayo” era el distintivo de los rifles G-3.

Hace unos meses, en una reunión de veteranos y veteranas, allá por Zacatecoluca, me encontré a unas compañeras de aquellos tiempos, viejecitas ya, una de ellas me reconoció, y me saludó, y entre la plática me hizo señas con la mano y con la boca de atender a las viejas normas de seguridad y conspiración, y luego me disparó la siguiente pregunta: “¿adivina quién anda por allí?” No tengo idea le respondí. “El chele Ramos”, me dijo, “el Sargento de la guardia nacional, anda por allí bien cascarita de viejo, pero sigue vivo...”, me repitió la compañera. “¡Esa burra no la sacaron ustedes!” me dijo con un enorme desconsuelo sazonado en más de 30 años. A mí se me ocurrió pensar que a lo mejor vieron un fantasma, pero la desnuda verdad es que con las personas de corazón oscuro y retorcido nunca se sabe: el diablo premia o castiga a los suyos.

SPT | viernes 13 de septiembre 2013.

 

Compartir