La Guerrilla

Nació el 16 de junio de 1958 en la ciudad de Santa Tecla en el departamento de La Libertad en El Salvador, fue asesinada en la mañana del 22 de Mayo de 1979.

Hija del poeta y docente Rafael Francisco Góchez Sosa y Gloria Marina Fernández, dedicada a las letras y la filosofía. Delfina Góchez Fernández, se caracterizaba por ser una joven tímida pero de carácter fuerte, tenía una afición al arte, en especial a la poesía y la música. Delfy, escribió la mayoría de sus poemas bajo el seudónimo de “Juana María Tiempo”. En 1977 ingresó a la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA) y comenzó a estudiar Psicología. En lo académico, era una persona dedicada, que sabía combinar sus responsabilidades académicas con las responsabilidades que pertenecer al FUR-30 le demandaban.
Su incorporación al Frente Universitario Revolucionario (FUR-30), organización estudiantil de la UCA perteneciente al Bloque Popular Revolucionario, había ocurrido el primer año de estudios de su carrera. Dentro del FUR-30 desempeñaba funciones que demandaban mucha responsabilidad, ella fue seguridad personal de Facundo Guardado, primer secretario general del BPR, y el día de la manifestación estaba desempeñando labores en las que su vida estaba en riesgo.

Delfina Góchez FernándezEl 22 de mayo de 1979, el BPR convocó a una manifestación en las afueras de la embajada de Venezuela, dicha actividad tenía por objetivo llevar alimentos y medicina a los compañeros que se habían tomado la misma. Delfy cayó junto a otros compañeros que llevaban comida, agua y medicina, fueron emboscados por elementos de la Guardia Nacional y Policía de Hacienda, fue alcanzada por la bala de un francotirador.

La masacre del 22 de mayo es un hecho que nunca puede ser olvidado.

Entre los quince muertos estaban varios estudiantes de secundaria incluyendo un muchacho de Santa Tecla, Carlos Alberto “Misisopo”; Nelson Ernesto Méndez, un niño de quince años del Tercer Ciclo “Santa Lucía” y activista del MERS; Mauricio Scaffini, Delfina Góchez de la UCA y Enma Guadalupe Carpio, maestra de ANDES 21 de Junio e hija de Cayetano Carpio. Dicen los compañeros que se dieron cuenta que algunos de los muertos fueron enterrados en el Cementerio de Los Ilustres pero seguramente mucha gente quedó sin que nadie lo recogiera.

Lo siguiente fue escrito por Rafael Francisco Góchez Fernández, hermano menor de Delfy.

A veces, más pronto de lo que puede brotar cualquier razonamiento preventivo, me veo sumergido en cierta parte del museo familiar que no me es grato hurgar: textos y fotografías de los años previos a 1979. Aquel período y especialmente ese año está lleno de recuerdos dolorosos, concentrados en el Martes 22 de Mayo, fecha de la muerte de mi hermana Delfina, a quien siempre llamamos Delfy.

Rafael Góchez SosaEsta mezcla de tristeza y cólera me viene directamente de aquella época, condensada en los poemas catárticos que ella, durante los dos años previos a su asesinato, escribió. En ellos quedaron reflejados sus anhelos, temores, expectativas y crisis; todo amalgamado con la ideología que abanderó la lucha contra la dictadura que en aquel momento reprimía salvajemente cualquier intento de cambio, ya fuera éste dentro de la teórica institucionalidad del país, o bien, planteado como la sustitución radical del sistema.

En ese incipiente corpus literario, muchas veces firmado con el seudónimo Juana María Tiempo, son tres los temas dominantes:

a) La utopía revolucionaria, expresada en una visión romántica de la entrega a la causa libertaria y la inevitable muerte martirial en ese bregar. La mayoría de estos textos, aunque con síntomas de talento poético, están cargados de una pureza ingenua hilvanada con las consignas propias de las manifestaciones políticas del momento. Hay, no obstante, dos o tres más depurados que, en su momento, se dieron a conocer en diferentes espacios. De uno de ellos, transcribo este fragmento:

Y mi sangre regará nuestra tierra
y crecerán las flores de la libertad,
y el futuro abrirá sus brazos
y caluroso, lleno de amor,
nos acogerá en su pecho. Nuestra madre,
nuestra patria,
reirá feliz al estar de nuevo con su hijo,
con su pueblo,
con el niño que ayer lloraba un pedazo de pan
y que hoy
crece en la libertad.

b) La devoción amorosa, expresión de una relación sufrida que vivió durante sus últimos años de vida, desde su particular óptica ideológica. La lectura de estos manuscritos confesionales -a veces en verso, a veces en prosa- sólo puedo hacerla en clave personal y siempre desemboca en una impresión negativa del sujeto a quien iban dirigidos. No pienso publicar ninguno de ellos.

c) El conflicto familiar, creciente en la medida que, por una parte, ella se involucraba más en su compromiso político y, por otra, nuestros progenitores intentaban disuadirla, dada la amenaza que aquellas actividades suponían para su joven vida. En medio del dolor familiar, uno de estos textos fue dado a conocer por mi padre en las semanas posteriores a la muerte de mi hermana. Sin embargo, creo que publicar ese o cualquiera de los demás textos de esta línea temática es clavar una dolorosa y renovada espina en quien nunca mereció tal ingratitud.

Delfy murió tres semanas y cuatro días antes de cumplir los veintiún años, cuando una manifestación estudiantil fue acribillada por los nefastos "cuerpos de seguridad" de aquel convulso y maltratado El Salvador de 1979. Veintiocho años después, aún es difícil entender aquel cúmulo de circunstancias inarmónicas que produjeron esa tragedia.

No obstante, hay unos inquietantes versos que ella escribió mucho antes de entrar en la creciente espiral revolucionaria. Son de 1972, a sus trece años de edad y sin otra noción literaria distinta de la intuición. Quizá esto sea, después de todo, lo más sencillo y exacto que se pueda decir al respecto.

CONFESIÓN

Me invaden recuerdos,
lo dejo...
¡tal vez por siempre, tal vez por un rato!
Pero lo dejo.

Mi viejo rancho donde nací,
donde crecí...
¡Donde tantas veces reí,
y tantas veces lloré...!

Mi rancho pobre y chiquito,
lo dejo.

Mi mamá llora mucho,
mis hermanas y mi papá también.
Pero yo siento que volveré.
Me voy por unos días, pero siento que vuelvo al fin,
aunque ellos no me recibirán,
no me verán,
pero me sentirán...

Al grano: yo he muerto.

 

CON GUSTO MORIRÉ

A mí me van a matar.
¿Cuándo?
No sé…
Lo que sí tengo claro es que moriré así,
asesinada por el enemigo.
Como quiero morir luchando,
siempre estaré luchando para morir así.
Como quiero morir junto a mi pueblo,
nunca me separaré de él.
Como es nuestro grito el que llegará a otras voces,
deberé gritarlo siempre.
Como el futuro y la historia están con nosotros,
jamás me desviaré del camino.
Como aspiro a ser revolucionaria,
mis puntos de vista y todas mis aspiraciones
estarán a partir de ello.
No tendré miedo nunca.
Todo lo que haga
tiene que ser un golpe al enemigo
en cualquier forma que se dé.
Siempre estaré activa.
Lo que sí es seguro
es que me van a matar.
Y mi sangre regará nuestra tierra,
crecerán las flores de nuestra libertad
y el futuro abrirá sus brazos
y caluroso, lleno de amor,
nos acogerá en su pecho nuestra madre,
nuestra patria
reirá feliz al estar de nuevo con su hijo,
con su pueblo,
con el niño que ayer lloraba un pedazo de pan
y que hoy crece en la libertad,
con la madre que moría lentamente
y hoy vive su lejano sueño de ayer,
con el eterno combatiente
cuya sangre alimentó el día
que algún día llegará.
¡Sí, con gusto moriré, llena de amor!
Quiero morir de la manera más natural en estos tiempos y en mi país:
asesinada por el enemigo de mí pueblo

(Delfina Góchez Fernández, escrito en 1977)

Escrito por Rafael Francisco Góchez Sosa, padre de la compañera Delfy.

AMIGOS: MI HIJA NO ESTÁ MUERTA

 ¿Qué no lo habéis notado, amigos míos?
¿Qué llega hasta vosotros un resumen de armonías?

Si vosotros supierais cómo siento
el corazón, la cabeza, la conciencia y el desvelo.
Si vosotros sientiérais lo duro
que es ir a recoger a una hija
que ellos llegaron a tirar como perro muerto.

Si vosotros sintiérais sus manos

tremendamente heladas, sus labios
deshechos,
sus pulmones quietos
y sus ojos cerrados
como dos golondrinas que pararon su alegría en pleno vuelo.
Si vosotros viérais hoy su cama sola,

su escritorio donde noche a noche
hacia sus tareas de la UCA,
su silla donde sentada sonreía a la hora del almuerzo.
Si vierais sus vestidos sencillos,
hoy, esta noche
colgados como las horas cuando hallan respuesta a las campanas.

Si vosotros viérais el viejo álbum de fotos donde ella,

pequeñita y mañanera,
jugaba con la brisa como quien juega
con pedazos de esperanza.
Si observarais el baño, las tazas, su mochila,
el patio de la casa donde leía poemas
y aprendía cosas del siglo que no para.

Si vosotros supiérais que mi hija,

pequeña porción mía de espíritu y de carne,
se casaba
el sábado que viene.
Si la mirarais bien, detenidamente,

allí,

en ese ataúd que la aprisiona y liberta,
veríais que su rostro las cumbres dibujadas.

Verías la onda del mar de mayo
tratando de construir caracolas.
Miradla bien, amigos.
¡Ved que su boca quiere decirnos algo!

Sus labios casi pronuncian la palabra hermano.

El sonido que yo oigo es “¡libertad!”.
¿Lo escucháis vosotros?

No, amigos: mi hija no es una muerta muerta.

Algo de ella llega e ilumina esta noche sin cocuyos,
mientras cruje la puerta de los enamorados.
Ella está aquí y allá.
Y más allá.
Junto al obrero, junto a los campesinos.
Junto a todo aquel que lleva en las espaldas
el fierro de los explotadores.

No, mis amigos: Delfy no está muerta.

Miradla.
Recordad que algo quiere decirnos.
si sois humanos, si hay sangre,
si tenéis historia,
vida,
no me miréis a mí.
Miradla a ella con su pequeño rostro
buscando los caminos.
Miradla a ella trasluciendo el dolor de los pobres
para causar el alba.

Mi hija, mi Delfy, no puede estar muerta,

porque en su silencio las armonías vuelan
y se acunan en el pecho de las madres, de los niños,
de los vientos y del mar.

Y se acunan en estas dos manos mías,
Vuestras
para sembrar la simiente
de la patria de todos

Fuentes:
- Blog de Rafael Francisco Góchez, hermano de la compañera Delfy Góchez.
- Los olvidados, escrito por Mauricio Vallejo Márquez.
- Libro “Movimientos estudiantiles de secundaria de los años 70 en El Salvador, respuestas para vivir” publicado por ACISAM.

Compartir