La Guerrilla

Historias de la guerra guerrillera en El Salvador, sobre las gentes que la hicieron

Recién se había consolidado el primer pelotón de Unidades de Vanguardia Nacionales después de la gran operación del ejército sobre La Montañona en octubre de 1981. En La Laguna Seca, el Negro Hugo era su nuevo jefe, después de que cayera Tamba Aragón. Conociendo las fibras de sus hombres, Dimas, Chamba y Gérman seleccionaron a los más socados.

Pocos días después se forma también el primer pelotón de las UV Zonales, las UVZ de Chalate, jefeado por Gérman Serrano y es allí donde ingresa el chele Arnulfo como combatiente.

Con el ombligo en los encajes de La Montañona, Arnulfo a sus casi 13 años, ya se había salvado en la masacre del Sumpul. Era bueno para correr, aún con zapatos de hule y los pies sangrados de tanto caminar aquella noche lluviosa y de guinda, previa a las ráfagas del amanecer. Desde el cerro Chichilco, al otro lado del río, vio la humazón y las fogatas donde los uniformados quemaban parte de los cuerpos que quedaron inanimados en Las Aradas.

Junto a otros bichos lograron llegar hasta Guarita, Honduras, y a la semana regresaron monteando buscando subir a La Montañona. En los primeros conteos de la comunidad ya los daban por muertos o desaparecidos. Arnulfo ya no dudó en integrarse a los campamentos guerrilleros que surgían y empezó a conocer eso de hacer mucho ejercicio físico y manejar algunas pistolas y viejos fusiles bajo la instrucción de Toñito, un líder campesino surgido de la criba de la Unión de Trabajadores del Campo UTC.

Pocas semanas después, Gérman lo integra como correo (mensajero) de las unidades guerrilleras y para la Ofensiva de enero del 81, cuando se atacaba el cuartel de La Sierpe, iba desde El Jícaro hasta Upatoro, pasando por La Montañita, porque en esos días no había radios de comunicación. Las órdenes o información iban por veredas campesinas en puros papelitos doblados y sudados. “Mi arma de equipo era una pistola 38, que quizá ni servía la mierda”.

Estando en las UV chalatecas, con Gérman y Héctor Martínez al mando, les dan la orden de trasladarse de La Laguna Seca a la zona de El Tremedal, al norte de San Francisco Morazán, una marcha de dos días. Informaron que un grupo de soldados del puesto militar de San Fernando andaban realizando emboscadas e incursiones a los incipientes y mal armados campamentos guerrilleros en la zona de El Trigalito, El Izotalillo y El Candelero.

El “Diablo”, que le decían, era el jefe de esos soldados, lo llamaban también Sebastián. Este sargento era un legendario matarife. Este fue quien, en septiembre de 1981, montara una emboscada al primer pelotón de las UV que jefeaba Tamba (Carlos Aragón), cuando marchaban un día después de la toma político-armada del poblado de San Ignacio. Producto de la emboscada, Tamba por rescatar a los compas heridos fue rafagueado.

El Diablo, le quitó la pistola al Tamba y con la misma, lo mató.

Pero cuando los pelotones de las UV llegaron a la zona, para seducir al Diablo, el Diablo no asomaba. Pasaron días esperándolo, pero no llegó. El Diablo ya se había salvado por pelos en el asalto guerrillero a la comandancia de San Fernando en los primeros días de 1982.

Los pelotones de UV pasaron días moviéndose en la zona, haciendo campamentos y nada. No aparecía a quien buscaban. Quién sabe dónde estará hoy este sujeto. De pronto, estando en los pinares de El Jocotal, a dos mil metros de altura, les dan la orden de atacar las recientes posiciones del Batallón élite Atonal en la zona de El Jardín-El Barrancón, que son vertiginosas alturas al pie de la Troncal del Norte.

“Y nos dan la orden. Y nos dejamos ir. Nosotros íbamos en el pelotón de Gérman. Hugo iba al mando”.

El Alto Mando del ejército también comenzaba a desplegar los nuevos batallones élites en el terreno y en la zona de El Barrancón habían asentado a una o dos compañías del Batallón Atonal, con base en el oriental Usulután. A cada escuadra UV le asignaron objetivos.

“La posición que nos tocaba, eran 20 soldados que estaban en ese cerro, en esa altura. Nueve éramos en la escuadra de UV. Iniciamos a la 11 de la noche porque la idea era atacar, aniquilar o hacer lo que se pudiera hacer en el transcurso de la noche, porque los refuerzos del ejército iban a ser cabrones. Fue un combate a muerte. ¡Ese sí fue a muerte! No habíamos definido y a las 5 de la mañana Gérman nos dijo: ¡Vámonos! Todo mundo se retiró. Solo nosotros estamos aquí”.

Al amanecer varias compañías de la Cuarta Brigada de El Paraíso avanzaron para envolver a la fuerza guerrillera que atacaba al Atonal, incluso subiendo un batallón al Candelero, al norte de Dulce Nombre de María, una predecible zona de paso guerrillera para retornar a La Montañona.

“En ese momento, se gritaba la consigna de retirada. Gérman nos decía que ya nadie había. Que ya todos se habían retirado. Y a esa hora, solo se reportaba que habían aniquilado a un oficial, un jefe de la compañía, más dos soldados y se habían recuperado 3 fusiles. A mí me dolió el alma retirarme y sin llevar nada, porque… allí no se sabía cuántas bajas habíamos hecho, porque estábamos casi fusil con fusil.

“Diría mentira, pero si estábamos a dos metros era lejos. Porque lo único que nos cubría era un bordito. Entonces como a las 5 yo les gritaba tráiganme granadas. Héctor andaba dos granadas y Gérman andaba otras dos granadas.

“Y yo les gritaba que me llevaran las granadas. Yo consideraba que con esas granadas resolvía. Y Gérman insistía: ¡Báje. Que nos vamos!

“Nos hemos bajado hasta donde ellos. Y yo le dije a Héctor: por favor, deme esas granadas que esos fusiles los llevamos. Y Héctor repetía: Mirá que la orden es… y que ya el refuerzo… Y ya el refuerzo peleando con la escuadra de contención que estaba en la altura siguiente. Esa escuadra la jefeaba una compa rellenita llamada Yeni.

“Y entonces Gérman le dijo: Héctor, dále las granadas a Arnulfo y aquí están las mías.

“Y decimos para arriba. Que allí éramos ya solo tres nada más en una entrada tan reducida, que estrictamente los tres cabíamos… era un caminito hijueputa. Y digo yo adelante y llegamos a la misma posición: y se abre aquello… y les digo: ¡Apóyenme! Y en lo que ellos me apoyan yo agarro la primera y pummm. Pum, pum, pum. Puta: si estábamos así de cerquita. Y la otra, pum... El asunto es que tiré tres granadas: ¡Y para dentro hermano! A las 6 en punto de la mañana, ya con el refuerzo encima, estábamos asaltando. Ya allí… cruzados los fusiles. La M-60 la partimos por la culata: ¡Partida venía por fusilería, a puro balazo!

“Y bueno, el que sobrevivió fue porque se tiró. Se tiró de una altura altísima y sobrevivió porque bajó a la calle. Ya de allí nos hemos ido con 18 fusiles y la M-60 y lamentablemente, el compañero que iba a mi izquierda murió. Y mueren también otros dos compañeros que quisieron subir, pero les dieron.

“De allí ya subió Héctor, subió Gérman y todos gritando UV, UV, UV, mientras los otros compas ya iban en retirada. Y nosotros UV, UV, UV… y todo el mundo gritando UV… Ah, por cierto… porque yo fundí el M-16 en ese asalto. ¡Fundí el M-16!, porque el cañón quedó todo fundido. Si yo terminé disparando con un fusil ya recuperado. Tuve el gusto de andar mi primer fusil nuevito, quitado al Atonal, nuevito, nuevito. Todavía yo creo que ni lo habían limpiado bien, porque en la parte de la culata había un resorte que todavía tenía grasa original”.

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