La Guerrilla

 Breve relato de mi convivencia con Amílcar Colocho (Chano)   

Lo conocí en el trabajo de organización política del Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, en San Salvador, la verdad no nos comunicábamos mucho porque pertenecíamos a diferentes estructuras. Amílcar era más político y yo más militar, pero lo que nos hacía no comunicarnos mucho era que ambos teníamos que mantener un trabajo compartimentado.

Los objetivos eran los mismos: las transformaciones sociales para nuestro pueblo. Él siempre llegaba a reuniones a los campamentos en el Volcán de San Salvador, era un gran compa, tranquilo, sencillo, humilde. Eso es lo que yo vi en él.

Durante toda mi vida he estado pendiente de conocer acerca de la vida de los compas que conocí, sobretodo por quienes ofrendaron su vida en la lucha revolucionaria, pues son muchos los caídos y a veces se sabe poco del gran aporte que ellos dieron al proceso.

Quiero dar a conocer lo que yo sé acerca de la caída de Chano o Amílcar Colocho, creo haber hablado sobre esto por primera vez a un pariente de él, a Carlos Godoy, y luego a otro compañero que compartió con nosotros ese caminar duro pero humano por buscar una sociedad justa. He escuchado que ha habido muchas versiones y especulaciones sobre la caída de Chano. Algunos dicen que fue una emboscada o algo planificado en contra del compañero, yo no podría asegurar eso, a veces me pregunto si alguien quería hacerle algún daño a él, aunque no lo creo. Desafortunadamente, yo puedo decir que tuve la mala suerte de haber sido parte de los compas que tuvimos participación en este hecho, pero también tuve la suerte de haber sobrevivido a esta amarga experiencia para poder contar con toda franqueza, claridad, honestidad y humildad lo que verdaderamente pasó.

Amilcar Colocho

Era una tarde del mes de Octubre de 1990, Chano y yo subimos al Volcán de San Salvador a una reunión, él recibiría lineamientos por sus tareas y yo por las mías; estábamos en diferentes estructuras del trabajo revolucionario que ambos con mucha convicción y amor hacíamos. Mi tarea era como parte de la estructura de los comandos urbanos y la tarea de Chano era como parte de la organización política y miliciana. Subimos al Volcán de San Salvador caminando por el sector de San Ramón, ahí se encontraban acampados tres compas: Óscar Sesori, Audelio y Francisco (un compa que había llegado del exterior). Llegaría una escuadra del campamento guerrillero que nosotros conocíamos como San Chico; era la Finca San Francisco que fue nuestro bastión en el Volcán de San Salvador donde nuestra organización fue la única en mantener esa posición hasta el final de la guerra, era uno de los campamentos de la zona de Nejapa, El Salitre y Quezaltepeque. Ellos, los de la escuadra del campamento, nos llevarían a la mitad de camino. Partimos entre las 9 o 10 de la noche bajo la luz de la luna de esas lunas tenues, nostálgicas de Octubre, con una firme convicción y el compromiso con la historia. Durante la marcha, se me da la misión de ir con Francisco a la casa de unos compañeros que pertenecían a la base de apoyo (miembros de familias o familias completas que colaboraban directamente con la estructura militar guerrillera) a traer unas herramientas para luego pasar a sacar unas armas de un embutido (así se les llamaba a las cosas, armas, ropa, herramientas, etc., que eran enterrados en sacos de nylon, plásticos o botes de plástico para conservarlos en buen estado). Los demás compas nos esperarían adelante en un llano con mucho zacate espeso cerca de un caserío arriba del cantón San Roque.

Cuando Francisco y yo llegamos al punto de reunión acordado y cuando estábamos a dos o tres metros entre ellos, no sé que pasó. Quienes estaban allí iniciaron la balacera. Al instante cayó Francisco abatido a balazos, él iba un metro atrás de mí. Yo tuve algunos segundos de suerte y me tendí al suelo. Al ver que la balacera no paraba, decidí gritarles a quienes nos disparaban: “¿Quiénes son ustedes?”, y recibí de respuesta: “Somos del Batallón Bracamonte de la Primera Brigada de Infantería.” Los disparos continuaron y decidí buscar la forma de retirarme. Agarré mi fusil y me levanté disparando, logré salir. Me quedé solo. Al día siguiente, decidí regresar al punto de partida, no regresaron todos los compas porque otros se fueron directo hasta el campamento San Chico. Al día siguiente, los compas que regresaron al lugar donde nos íbamos a encontrar me dijeron: “Enterramos a Francisco y a Chano, nos matamos entre nosotros … tuvimos dos heridos más, uno de ellos es Aquilino”, otro compa que había llegado del exterior.

Yo no puedo decir si yo herí o maté a alguien en este desafortunado combate entre nosotros mismos, lo que sí puedo decir es que estuve en medio de ese enfrentamiento. En mi opinión, y como conclusión sobre lo sucedido, creo que en ese momento los dos compas últimos de la columna guerrillera se estaban durmiendo y se asustaron al vernos llegar. La verdad, también, es que no tuve una versión oficial sobre lo sucedido, nunca supe quiénes eran los dos últimos compas de la columna. Quizás esto se mantuvo en silencio para no bajar la moral combativa de los compas, pero esa es sólo mi opinión, la verdad la sabrán quienes estaban al mando.

Estas son las cosas crueles que nos tocó vivir, lo que nos marcó la guerra. Parte de una cruda realidad, pues no todas las historias son bonitas, hay historias tristes, dolorosas, increíbles y no aceptables. Sólo espero que quienes lean este relato lo tomen en cuenta como un acto de dignificación de la verdad, de dignificación del compromiso, la lucha y el valor humano de Chano o Amílcar Colocho quien nunca dudó del reto que la historia le había trazado. Si esto logra aclarar o despejar dudas, espero que comprendan que muchas cosas como estás pasaron durante el transcurso de la guerra. Espero también que resalten la vida, lucha y muerte física de un compañero entregado totalmente a amar a nuestro pueblo salvadoreño.

Fuente: lapatriagrandenuestra.blog

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