Dirigentes de masas

Una experiencia obrera - Sobre José Guillermo Rivas    

Proceso de incorporación a la lucha de José Guillermo Rivas, un obrero ejemplar.   

Soy hermana de José Guillermo Rivas y me incorporé al movimiento popular a partir de 1975, a raíz de la matanza de estudiantes que hubo el 30 julio de 1975. En ese entonces, ya tenía conocimiento de que mi hermano participaba en el movimiento obrero.   

Mi hermano vivía en el Caserío “Los Rivas”, Jurisdicción de Santa Ana. Como la situación económica era tan difícil, ya no pudo seguir estudiando, por lo que se tuvo que ir a San Salvador a buscar trabajo, logrando incorporarse en la fábrica la Coca-Cola, cuando aún tenía escasos 16 años. Ahí trabajó 6 meses, pero no le pagaban el salario mínimo porque no tenía los 18 años. Mi papá requería del apoyo de él para los cultivos en la tierra, por lo que regresó al caserío, en donde se quedó trabajando por un tiempo.

Antes de 1975, un grupo de estudiantes de San Salvador y Santa Ana llegaron al Caserío los Rivas para organizar, orientar y motivar a los jóvenes; es entonces que mi hermano empieza participando en el Comité Juvenil, pero nuevamente sintió la necesidad de trabajar por sus propios medios, para ayudar a mis papás con otros ingresos. Por este motivo tuvo que emigrar a Santa Ana a trabajar, primeramente en un taller mecánico como ayudante, y luego en la fábrica INCA, que producía calcetines, gorros y ese tipo de tejidos sintéticos.

Los jóvenes que llegaron a realizar trabajo organizativo en el caserío “Los Rivas”, eran estudiantes ligados a la Universidad Católica y a la Universidad Nacional, entre los que estaban Oscar Bonilla y otros que coordinaban a las comunidades cristianas, llevando el mensaje de justicia y motivando la incorporación de los jóvenes al movimiento, que después llegó a llamarse Bloque Popular Revolucionario (BPR). Hasta esa época sólo sabía que mi hermano estaba participando en la lucha sindical, llegando a ser presidente del sindicato de la fábrica INCA, en donde sufrió una serie de discriminaciones por parte de la empresa. De su militancia en las FPL solo me enteré, cuando lo asesinaron el 2 de septiembre de 1978.

Huelgas y toma del Ministerio de Trabajo

El año 1977 hubo una serie de huelgas a raíz de los malos tratos, de los bajos salarios y de un montón de injusticias que había en el interior de las fábricas. Recuerdo que el sindicato de la fábrica textil de El León se fueron a huelga, como también lo hicieron el sindicato de la INCO -una fábrica de pastas alimenticias que quedaba en el Plan de la Laguna- y el sindicato de la INCA en Santa Ana.

A pesar de tantas negociaciones con el Ministerio de Trabajo y las Patronales, los obreros no lograron resolver el pliego de demandas, por lo que al final los sindicatos optaron por tomarse el Ministerio de Trabajo; por supuesto, con la participación estratégica de la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS) y de la Unión de Trabajadores del Campo (UTC) -que para ese tiempo ya eran Federación de Trabajadores del Campo (FTC)- y con el apoyo de las organizaciones de estudiantes, maestros, artistas y gente de la población. En esa toma quedó recluido el Ministro y los empleados del Ministerio. No recuerdo cuantos días duró esa toma, lo que sí recuerdo es, que fuimos solidarios con esa lucha. En cuanto salíamos de trabajar de las fábricas por la tarde, íbamos a la toma a dar apoya a los obreros. Nuestro apoyo consistía en animar con canciones, bailes, y otras actividades artístico culturales, así como “la cinquiada” ó “cumbiada”, es decir, nos organizábamos en comisiones y pedíamos colaboración económica a las personas que pasaban cerca o en los buses. Este dinero se utilizaba para alimentar a la gente que se mantenía dentro y fuera del Ministerio de Trabajo; mientras tanto, el equipo de negociación se mantuvo adentro con el personal del Ministerio. Continuamos así varios días, presionando para que se resolviera el pliego de demandas. Durante esa ocupación pacífica, aprovechábamos para informar a la población, o denunciar lo que estaba pasando, y lo hacíamos por medio de megáfonos o propaganda escrita. Durante toda la toma, siempre estuvo presente la Policía Nacional y los policías de civil, parados en las esquinas y en posición de intimidarnos.

En las afueras del Ministerio, en la calle, era una plena fiesta, nos juntábamos con grupos de amigos campesinos, obreros, estudiantes y maestros; bailábamos y cantábamos con la música de los compañeros artistas. Siempre tuvimos comida con frijoles, tortillas y café. La organización de las comisiones para dar mantenimiento a esa actividad era muy buena, no faltaba nada, porque había comisiones de abastecimientos, de seguridad, de salud, de entretenimiento y recreación. Una de esas noches tuvimos que sacar a una empleada del Ministerio que estaba embarazada y la llevamos al hospital.

Uno de los coordinadores de esa toma era Apolinario Serrano (Polín), un dirigente campesino joven y brillante, que siempre estaba animando a la gente, ofreciendo café en la madrugada para que no descuidáramos la combatividad y dinamismo de la actividad; incluso tomaba el megáfono para despertarnos a las 4 de la madrugada y para saludar al Ministro con sus “Buenos días Señor Ministro”, a lo que éste respondía: “Ahí están otra vez esos hijos de puta que no dejan dormir”. Nosotros nos reíamos, porque todo eso era parte de la presión para que el Ministro de Trabajo terminara firmando las peticiones de los obreros y campesinos.

Después de varios días en esa ocupación, el Ministerio y las patronales aceptaron finalmente la mayoría de los puntos del pliego de demandas: aumento salarial, mejores condiciones laborales y mejor alimentación para los trabajadores del campo. Para celebrar ese triunfo, salimos en manifestación del Ministerio de Trabajo hacia la fábrica El León, y como todos teníamos hambre y sed, las obreras comenzaron a hacer comida para las 400 personas que llegamos, Incluso, con Mélida Anaya Montes nos incorporamos a hacer tortillas y a dar apoyo en la cocina.

Trabajo con los sindicatos obreros y de la banca

Yo trabajaba en la fábrica IUSA (Industrias Unidas Sociedad Anónima), en donde pretendía incidir en el sindicato, es decir, orientar para que se convirtiera en un sindicato auténtico y al servicio de los trabajadores, porque este se había hecho bastante “amarillista” y muy patronal; nosotros queríamos rescatarlo, imprimiéndole nuestras ideas de lucha para motivar a los obreros a reivindicar sus derechos y de esa manera fortalecer la organización sindical. Para ese año 1977, yo formaba parte de un equipo que trabajaba con los sindicatos textiles; de ese equipo también era miembro René Canjura y, en lo particular me tocaba coordinar y asesorar a las comisiones de obreras y obreros que mantenían negociaciones con el Ministerio de Trabajo, para resolver sus pliegos de demandas. Entre estos sindicatos estaba el de la fábrica INSINCA. Otros compañeros atendían los sindicatos metalúrgicos y municipales.

Para finales de 1979, ya existía la Federación Sindical Revolucionaria (FSR), porque era un período de mucha organización y actividades. Contaré una anécdota que se refiere a lo que hacíamos en esta etapa de trabajo. “Estábamos acompañando una asamblea con unos 350 empleados de los bancos, promovida por el Comité Coordinador de Sindicatos, en el local del Sindicato de Bebidas y Gaseosas, ubicada en el barrio Concepción. Ese día iban a elegir a la junta directiva de su Sindicato SITRABICS (Sindicato De Trabajadores Bancarios Salvadoreños), actividad que para el grupo de poder en este país era nefasta, por tratarse de un sector estratégico. En esa época del 79 la represión era terrible, pero a pesar de eso, los trabajadores estaban ahí, dispuestos a constituir su sindicato. El presidente del Comité Coordinador de Sindicatos “José Guillermo Rivas”, le pidió a un joven de 14 ó 15 años que siempre estaba en ese local -y del que todo el mundo decía que era retrasado mental, pero que siempre estaba dispuesto a ayudar en lo que fuera necesario-, que se quedara en la ventana viendo a la calle y que avisara si detectaba alguna cosa anormal. Estábamos en plena reunión, cuando el muchacho vio pasar un camión lleno de soldados, seguido de un Pik Up con hombres de civil; éste último se detuvo frente al local sindical. Dos hombres se bajaron y uno de ellos colocó una bomba de 70 candelas de dinamita en la entrada del edificio. Cuando el cipote vio eso, corrió a una pila a recoger agua en un cumbo de lata para apagar la mecha de la bomba. Gracias a la heroicidad de ese muchacho se evitó un desastre que pudo haber acabado con la vida de muchas personas, incluyendo mi hija Eva, de escasos 8 meses, que estaba conmigo. Por el miedo creado ante esa situación, varios empleados se fueron de la reunión, quedando solo unos 200 trabajadores, pero el sindicato de bancos terminó fundándose”.

Luchas reivindicativas y represión

Las luchas de 1979 eran contundentes y todos los sectores tenían sus pliegos de reivindicaciones: los trabajadores del campo por su aumento salarial y mejor alimentación, los obreros luchábamos también por aumentos salariales y contra el alto costo de la vida. Existía mucha solidaridad y colaboración, por lo que siempre teníamos el apoyo de los estudiantes del MERS, UR-19 y FUR-30. Como parte de las luchas, de ese período, un grupo de compañeros del BPR realizaron una toma pacífica de la embajada de Venezuela para exigir la liberación de los presos políticos.

Juan Chacón, -Secretario General del BPR- , llegó al sindicato a informarnos que iba a haber una marcha de solidaridad hacia la Embajada, para llevarles comida a los compañeros que estaban dentro cercados por la policía nacional. La marcha fue reprimida por la policía, capturando y asesinando a 14 compañeros, entre ellos a Toño Girón del grupo musical “Aguijares 17” y Guadalupe, una hija de Salvador Cayetano Carpio (Marcial) que era maestra. Juan Chacón fue un obrero que trabajó en la fábrica de Cajas y Bolsas y que muy pronto se fue destacando como líder en el sindicato, hasta llegar a ser dirigente del BPR y miembro de la dirección del Frente Democrático Revolucionario (FDR). En 1980 fue asesinado junto a casi toda la dirección del FDR, entre los que estaba el compañero Enrique Álvarez Córdoba, un cafetalero de Santa Ana que abandonó todos sus bienes para pasar a formar parte de las FPL. También estaba Manuel Franco como representante PCS.

Un poco más sobre mi hermano José Guillermo:

A partir de las huelgas y la toma del Ministerio de Trabajo de 1977, la patronales y dueños de las fábricas, entre ellos la familia Saade de la fábrica INCA, comenzaron a preparase y tomar medidas para destruir a los sindicatos, empezando con las capturas y torturas de algunos dirigentes; la patronal desató una intensa represión. Para mi hermano hubo tres intentos de captura de parte de la Policía Nacional pero siempre se les escapaba, incluida una ocasión en la que se encontraba en la casa de la novia, pero logró escaparse por el techo. Además de eso, la patronal realizó una serie de medidas contra mi hermano. Al principio lo aislaron en un cuarto pequeño, separándolo de las obreras y obreros, lo cual era una guerra sicológica para acosarlo emocionalmente y desesperarlo. Posteriormente lo pusieron como ordenanza para hacer la limpieza de la fábrica y después como jardinero.

Recuerdo uno de esos días que sonriente me dijo: “Mirá, la patronal cree que sufro con el machete en la mano, pero lo que no saben es que me gustan las rosas, ya que en esto me he criado, trabajando en el campo, cultivando la tierra “.

La persecución se amplió en Santa Ana contra los compañeros del Bloque Popular Revolucionario, con los que coordinaba mi hermano, razón por la que la dirección optó por pedirles que se fueran a San Salvador para proteger sus vidas. Mi hermano se quedó en Santa Ana y ocho días antes de su asesinato, logré platicar con él en la oficina del sindicato que estaba cerca del Parque Centenario. Le pregunté: “¿Por qué no te venís para San Salvador”? y me respondió: “Por el maldito dinero, por la maldita pobreza. No tengo dinero y necesito cobrar la quincena; esta semana cumplo la quincena y yo me vengo”. Desgraciadamente el siguiente sábado lo asesinaron, justo cuando él venía de la fábrica que quedaba en la carretera hacia Chalchuapa. Cuando él se bajó del autobús en la terminal de Santa Ana, ya lo estaban esperando unos hombres armados, que eran policías vestidos de civil y quienes lo siguieron en un Pik Up. Mi hermano se dio cuenta que lo iban persiguiendo, por lo que al llegar a la esquina donde había un molino, tocó la puerta y gritó para que le abrieran y de esa manera poder escaparse de nuevo por el techo, pero el señor del molino asustado, había serrado la puerta, creyendo que perseguían a un ladrón. Fue ahí donde lo ametrallaron.

La hermana de Oscar Dueñas lo acompañó en una ambulancia, pero no alcanzó a llegar al hospital. Lo que si me contó es, que en la ambulancia mi hermano, ya en su agonía, iba diciendo la consigna de las FPL: “Revolución o Muerte, El Pueblo Armado Vencerá”. Otra viejecita, que vendía jocotes cerca del molino en donde ametrallaron a mi hermano, me contó más detalles de lo que pasó ese día, como por ejemplo, que en esa misma balacera murió un muchacho que casualmente cruzaba la calle con unas cajas de cartón, y que un señor que pasaba le preguntó a mi hermano quien le había disparado y que mi hermano le dijo: “Fueron los esbirros”.

José Guillermo fue velado en el local de sindicatos de la FUSS, en Santa Ana, con guardia de honor de todos los obreros. El día del entierro hubo hostigamiento de la policía, incluso un carro patrulla quiso capturar al padre Neto Barrera, pero todos nos unimos en cadena para evitar su captura. El entierro de mi hermano fue único, no igual como el de Monseñor Romero, porque no se puede comparar, pero fue masivo; llegó gente de todas partes del país. Durante el entierro pasamos frente a la casa de la familia Saade, que era una mansión. Muchos manifestantes indignados querían subirse a los muros y meterse a la casa. Ahí frente a esa mansión, había un camión de soldados en posición de ataque, pero algunos compañeros, entre ellos Oscar Dueñas, intercedieron ante los soldados pidiéndoles que comprendieran la situación, explicándoles que la gente estaba dolida, pues habían matado a uno de sus dirigentes. La misa fúnebre fue celebrada por el padre Ernesto Barrera Moto, quien posteriormente, el 28 de noviembre de ese mismo año, también sería asesinado junto a los obreros Valentín, Isidro y Rafael, en la colonia Divina Providencia de San Salvador.

Luego empezó la persecución contra toda mi familia: A mi me despidieron de la fábrica IUSA, sin darme ninguna explicación ni razones, solo sé que una obrera informó al supervisor sobre que yo era hermana de José Guillermo Rivas, y por otro lado, las FPL también ya habían sacado campos pagados en la prensa y distribuido muchos afiches reivindicando la militancia de mi hermano.

Mi hermano José Guillermo, cuando cipote, trabajaba de sol a sol en el campo, acompañaba a mi papá en los guatales, cultivando frijol y maíz. Porque hubo una época en que José Guillermo dejo de estudiar, aunque mi papá siempre nos decía: “Miren, yo no sé leer ni escribir, pero a ustedes les voy a dar aunque sea hasta el 6º grado”; es por eso que mi hermano comenzó a trabajar hasta el mediodía y por la tarde estudiaba. Cuando trabajaba en la fábrica INCA, viajaba cada ocho o quince días al cantón, y como mi mamá a penas tenía frijoles para comer, mi hermano le decía. “Hoy no quiero comer solo frijolitos”, entonces agarraba la atarraya y se iba al rió Lempa a pescar, para luego comer feliz sus pescaditos con frijoles y tortillas. También tenía la costumbre de regalarle a mi hermano Alex, -el más pequeño- todos los centavitos, que eran parte de la paga de cada quincena.

Aún ahora, a los 30 años de su asesinato, recuerdo el llanto de mis hermanos, especialmente de Alex con 7 años de edad, diciendo: “¡Malditos, mataron a mi hermano!”. Esa situación me conmovió, tanto por mi propio sufrimiento, como por el de mi familia, pero tuve que ahogar mi llanto y mostrarme fuerte ante ellos, creyendo que eso les ayudaría a resignarse y aceptar su ausencia.

El ejemplo que mi hermano dejó como luchador fue muy grande. La patronal siempre lo quiso chantajear, sobornar y hasta intimidar, pero él nunca aceptó las provocaciones y amenazas, por el contrario, continuó denunciando las injusticias de la fábrica INCA y las demás del país, dando moral y ánimo para mantener y potenciar la combatividad de los trabajadores. Era leal a su partido (FPL), por el que luchó y murió, convencido de que las razones y causas por las que luchaban él y sus compañeros, eran justas, tan así que murió gritando las consignas de su partido. Por todo esto, al crearse el Comité Coordinador de Sindicatos, se le puso su nombre “José Guillermo Rivas” y me pidieron que yo formara parte de ese Comité, del cual fui la encargada de Educación y propaganda durante una temporada. En ese tiempo las luchas obreras tuvieron un gran auge y desde luego continuaron los asesinatos contra los obreros que luchaban por mejores condiciones de vida para sus familias y para todos los trabajadores en general. 

Fuente y referencias:

Los Rivas

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