Dirigentes de masas

La casa de seguridad en la San Patricio

A finales de octubre de 1981, Fide ( Fidelina Alvarado), dirigente revolucionaria del Bloque y las FPL, originaria de Tecoluca, San Vicente, nos propuso a mi mamá, mi hermana y Yo, que nos fuéramos con ella a una casa de seguridad, pues necesitaban una familia para servir de cobertura a un colectivo de las “F”, me parece que eran parte del comité político del partido, puesto que en este estaba a la cabeza el otrora comandante Miguel Castellanos del Comité Central, COCEN, de las FPL, junto a él, Fide, Lupe (la gordita) su nombre legal era Olinda, un compañero moreno, de complexión robusta de quien no supe su nombre y Sonia (la pechita), su nombre legal Georgina.

La casa que se había buscado para vivir estaba ubicada en el reparto San Patricio, unos tres kilómetros al sur de la Colonia Costa Rica en San Salvador, enclavada en un cerrito que colinda con unas fincas desde donde se podía llegar a pie hasta el municipio de Huizúcar.

Cambiarnos de la vida normal y legal a la vida clandestina en una casa de seguridad, fue para nosotros un choque drástico pues, se trataba de cambiar nuestros hábitos, rutinas, forma de vida a otra diferente, donde teníamos que fingir ser otras personas, algo así como personajes sacados de una obra de teatro o película.

Primero, tuvimos que cambiar nuestros nombres e historia de vida ante los vecinos y, ante los compañeros que llegaban a la casa, estaba totalmente prohibido por medidas de seguridad, vernos los rostros, ellos a nosotros, ni nosotros a ellos, algunas veces nos cubríamos con alguna manta, o nos volteábamos cuando nos encontrábamos de frente, pues la casa era un poco pequeña y más de alguna vez sucedía y esto nos causaba en cierto modo gracia.

En la casa vivíamos cinco personas, mi mamá Mary (de pseudónimo “Carmen”), mi hermana Guadalupe( pseudónimo “Cecy”), Fide (responsable del colectivo cuyo seudónimo en la casa era “Laura Patricia”, en honor a una hija de “la Ticha” y Félix García), Mayita(la abuela) y Yo, Carlos (pseudónimo “Oscar”).

Ante los vecinos Mayita era nuestra abuela, en realidad, ella me parece que era originaria de Tenancingo, era de piel blanca, alta y de ojos azúles, creo que andaba por los 75 años de edad, su hijo, ya había caído en combate, y prácticamente la organización la había acogido en el seno de las casas de seguridad que era donde ella se desenvolvía bien, conocía a mucha gente de la organización y hasta presumía de codearse con la comandancia de las “F”.

Mi mamá en esta película, resultaba ser nuera de Mayita, nuestro padre vivía en Estados Unidos y desde ahí nos mandaba la ayuda económica, Fide era tía nuestra, o sea, sobrina de Mayita y vivía con nosotros porque trabajaba en San Salvador.

Miguel Castellanos, era un comandante de las “F” y este era su nombre de guerra, su nombre legal era Napoleón Romero, ante nosotros su pseudónimo era “Orestes”, fingía ser otro hijo de Mayita y tío de nosotros, cuñado de mi mamá, su esposa era Sonia (la pechita) que de vez en cuando llegaban a visitar a Mayita y a llevarla a pasear, esto, cada vez que se reunía el colectivo; la “gordita” y el otro compañero a quien nunca tratamos por medidas de seguridad, eran amigos de la familia y llegaban a visitarnos de forma periódica, llegaban otros compañeros que en realidad nunca supimos quienes eran, porque ahí sí funcionó la compartimentación y las medidas de seguridad.

Todo esto, resultaba tan complicado e inverosímil, que cada vez que salíamos a la calle fingiendo ser familia, nos imaginábamos que más de algún vecino nos delataría, pues no nos parecíamos físicamente en lo absoluto con la nueva familia, a no ser porque existen familias de verdad cuyos miembros no se parecen entre sí por algún motivo genético.

Se preguntarán, ¿porque hoy describo físicamente al colectivo del partido de quienes servíamos de cobertura? la respuesta es simple, a Fide y a Lupe “la gordita”, las conocíamos desde que llegaban a nuestra casa en Santa Tecla, pero a los otros tres compañeros, entre ellos Miguel Castellanos no; les conocimos, o mejor dicho, les vimos su rostro a cada uno de ellos por un accidente circunstancial que pasó en la casa de San Patricio.

Resulta que un día estaba el colectivo reunido y Mayita, la abuela de nosotros(en la casa), andaba tendiendo ropa y se tropezó en unos zapatos que dejó alguien al sol para que se secaran, Mayita no los vio y cayó al suelo, se golpeó la cabeza, se torció un brazo, y moretones por todo el cuerpo, fue en ese momento que todos nos levantamos inconcientemente de que nos íbamos a ver el rostro, el auxilio a una septuagenaria era más importante que el protocolo de seguridad, después, por costumbre lo hacíamos, aunque ninguno nos lo creíamos pero lo mantuvimos siempre, sino, ya no sería casa de seguridad.

Cada día nuestra rutina era levantarnos a las 5 de la mañana, prepararnos para viajar hasta Santa Tecla, en la colonia sólo funcionaban 2 buses de la ruta 35, uno medio bueno y el otro peor, sólo en el taller pasaba, debíamos estar en la parada de buses a las 5:45 sino, había que esperar a que regresara del primer viaje y salir a las 7 de la mañana. Cuando no había ningún bus, situación que sucedía a menudo, nos tocaba viajar en pick-up, hasta el mercado central para luego caminar hasta el Parque Hula Hula y tomar la ruta 101.

En 1982, Yo estudiaba el octavo grado en el Instituto Nacional José Damián Villacorta de Santa Tecla, mi hermana Guadalupe el primer año de bachillerato en el Liceo Nueva San Salvador, mi mamá administraba un cafetín frente al Colegio Santa Cecilia, es decir, nuestra vida siempre estaba en Santa Tecla por lo que nos tocaba viajar todos los días desde San Patricio hasta Santa Tecla y viceversa.

Otra de las rutinas era siempre hacer un chequeo y contra chequeo cada vez que salíamos de la casa, vigilar, estar alerta de la gente que pasaba por la casa, si eran sospechosos o no, ó si teníamos algún tipo de seguimiento cuando viajábamos a Santa Tecla u otro lugar, periódicamente me tocaba recorrer toda la colonia y observar algún movimiento extraño, por ejemplo, gente armada y de civil al estilo de “Escuadrones de la Muerte”, o patrullajes del ejército, todo esto se informaba en las reuniones semanales del colectivo.

Comiendo aunque sea güisquíles

En toda casa de seguridad había un responsable, quien velaba por el aspecto de seguridad propiamente, como el del normal desarrollo dentro de la casa, es decir, las relaciones interpersonales de sus miembros, puesto que se trataba de poner a un grupo de militantes del partido o colaboradores a vivir juntos, no siempre las relaciones eran tan llevaderas de entrada, a veces uno se topaba con gente con un carácter difícil, o muy suave, otras veces con gente muy cerrada y verticalista, y ante alguna falta o indisciplina que muchas veces era subjetiva informaban a los superiores sobre las “debilidades en la contextura revolucionaria” de sus compañeros.

El otro aspecto que coordinaba el responsable de la casa de seguridad era los gastos que se requerían para el mantenimiento de la misma, como, la alimentación, alquiler, recibos, etc, además, se le entregaba un estipendio a cada miembro, en nuestro caso, era nuestra madre la que recibía por los tres los 125 colones como estipendio, en realidad, no nos alcanzaba ni para los pasajes, puesto que nos tocaba a razón de 41 colones aproximadamente por cabeza y diariamente tomábamos 4 buses para realizar nuestras actividades.

El otro problema era que la organización (FPL) no tenía muchos fondos para el mantenimiento de las casas de seguridad, se nos decía, y había que apretarse el cincho.

Muchas veces nuestro almuerzo era “güisquiles con crema”, aprovechando que en el patio de la casa había una mata de este cultivo, sólo los arrancábamos y a la olla, en la cena repetíamos el mismo menú sólo que con frijoles, y así pasaban nuestros días en aquella “casa de seguridad” e “inseguridad alimentaria”.

Un día mi mamá habló con Fide sobre el asunto del estipendio, para ver si nos lo incrementaban, pero ella dijo que pasaría la solicitud a su responsable de colectivo, quien era, “Orestes” ó Miguel Castellanos, este, mandó decir que el partido no tenía fondos y que todos estábamos en la misma situación.

No sé porqué razón, pero después de esta respuesta que dio “Orestes”, nos dejó confundidos y un poco desilusionados, pues él, bien sabía que literalmente “aguantábamos hambre”, y que cuidando a una anciana como Mayita, se necesita de recursos económicos, pues una persona de esa edad no aguanta como un joven y había que alimentarla bien, comprarle vitaminas, medicinas, etc,

En vista de la respuesta de Orestes, mi mamá empezó a llevar por su cuenta algunos víveres y artículos de primera necesidad del pago que recibía por administrar el cafetín, es decir, de nuestros propios fondos manteníamos la casa de seguridad.

Mayita por su parte, empezó a elaborar artesanalmente dulces de leche y mi hermana y Yo, “charamuscas” para vender, en realidad no nos iba tan mal, lo poquito que vendíamos nos servía para comprar lo más básico en la casa.

Las reuniones del colectivo

Fide, además de ser nuestra responsable, la relación con ella era casi de familia que de compañeros de un colectivo, ella nos había conocido tres años atrás cuando llegaba con Félix García y Polín a nuestra casa en Santa Tecla, no sé porque razón, pero desde que llegó a nuestra casa nos fue tomando cariño como si siempre nos hubiera conocido de toda la vida y nosotros a ella, prácticamente vivía con nosotros de tal forma que nos tenía al tanto de cómo iba el curso de la lucha hasta la toma del poder.

Algunas veces llegaba a la casa después del trabajo partidario, cansada y muy triste, medio se recostaba en la cama, ponía sus manos en su rostro y sollozaba mi mamá se le acercaba y le preguntaba qué le pasaba y respondía, - ¡ay mary!...nos mataron a una compa por el desvío de San Nicolás Lempa…Yo la había visto antes y me avisaron que en un retén cayó.

En realidad, la compañera de la que habló Fide, había caído no sin antes defenderse y llevarse con ella al sargento de la fatídica Guardia Nacional en un retén de San Nicolás Lempa, al bajarse del bus, empezaron a revisar a hombres y mujeres por aparte, cuando llegaron donde ella, le pidieron que abriera su cartera, ella, en el acto sacó una pistola pequeña y le disparó al oficial, inmediatamente fue abatida a balazos por los militares que estaban cerca; ella antes había dicho que jamás se dejaría capturar, primero muerta, porque al caer en manos de los cuerpos represivos sería para que la torturaran hasta delatar a sus compañeros y si no, ser desaparecida.

En otra ocasión, Fide lloró amargamente, por la muerte de los dirigentes campesinos, Félix, Ticha, Polín y José López, todos ellos compañeros de su colectivo; de la misma forma, sintió la muerte de los dirigentes del FDR, sobretodo la de Juan Chacón, dirigente del Bloque a quien conocía personalmente y apreciaba.

Fide, considero, fue una de las mujeres referentes de la lucha del pueblo salvadoreño, con un alto grado de capacidad y discernimiento en la conducción del proceso revolucionario, era la mujer nueva que surge de su anonimato histórico, de su marginación social, económica y política para ser la protagonista de su propia historia y la de su pueblo, era de la misma estirpe de “la Ticha” y de ese ejercito de mujeres campesinas revolucionarias que dejaron huellas profundas en la memoria de quienes hoy siguen su ejemplo.

Cuando conocimos a Fide, que fue en 1978, nos contó que provenía de las comunidades cristianas del municipio de Tecoluca, cerca del Playón, y que el sacerdote que atendía esa zona era el Padre David Rodríguez, Párroco de ese municipio, ella, formaba parte de ese contingente de hombres y mujeres denominados “celebradores de la palabra” surgidos del seno de las comunidades eclesiales de base.

Fue en ese trabajo cristiano donde se desarrolla como líder campesina para luego pasar a la conducción de FECCAS-UTC desde donde daría el “salto de calidad” y convertirse en dirigente de las FPL.

Su esposo estaba desaparecido, era originario también de Tecoluca y dirigente campesino del Bloque, apenas llevaban un mes de haberse casado en el seno de la comunidad cuando fue capturado por elementos de la Guardia Nacional, y nunca se supo más de él.

Estando en la casa de la San Patricio, Fide, nos convocaba periódicamente a reuniones del colectivo, para tocar temas de la realidad nacional y el proceso revolucionario, otras veces, para ver asuntos internos de la casa, crítica y autocrítica de sus miembros, etc.

Otras veces, teníamos preparación militar, conocimiento de las armas cortas y largas, cómo cargar a un herido durante un enfrentamiento armado, estudiar las posibles rutas de escape en caso que le cayeran a la casa, cómo se debían usar los buzones de contacto, etc.

Las elecciones de marzo de 1982, las vivimos con mucha intensidad, se esperaba una nueva ofensiva, igual o de mayor magnitud, pero se nos dijo en reunión partidaria que, se iba a boicotear las elecciones para que el pueblo y el mundo entero se dieran cuenta de la farsa electoral, y en efecto, era una farsa, porque por un lado, los muertos aparecían diariamente en cualquier lugar, las masacres en el campo estaban a la orden del día, y por otro lado, la nueva Junta de Gobierno manejaba un discurso de paz y reconciliación.

El día de las elecciones la gente salió a votar bajo las balas, en la capital los centros de votación abrieron tarde, la gente hizo grandes colas, eso le convenía a la Junta, hacer parecer que las elecciones fueron masivas, sin embargo, en algunos lugares, no se realizaron porque se estaban dando enfrentamientos armados entre guerrilleros del FMLN y el ejército.

En las zonas de control del FMLN, no se realizaron elecciones, por tanto, fueron un fracaso, si bien, mucha gente votó, lo hizo por miedo, sugestionada por la guerra psicológica que aplicó la Junta de Gobierno; entre otras cosas, se nos hizo creer y así fue, que quien no había ido a votar y si en un retén se le pedía su cédula de identidad personal y se verificaba que no tenía el sello del Consejo Central de Elecciones, en efecto, quedaría detenido; de esta forma, mucha gente, fue presionada a votar, y los que no, trataban de evadir los retenes militares.

Los que no están del primer colectivo

Prácticamente, de aquel primer colectivo de la casa de seguridad de la Colonia San Patricio quienes estamos vivos para contarlo son, mi hermana Guadalupe y Yo, pues a Fide nunca más la volvimos a ver, se fue a un frente de guerra y supimos que había caído un 15 de marzo de 1983 en el Cantón La Bermuda, Suchitoto junto a la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, Marianella García Villas.

Mayita, andaba por los ochenta años, es natural y lógico que esté muerta; al compañero gordito, moreno, nos contaron que había sido desaparecido y nunca se supo más de él.

Erick, cayó combatiendo en una casa de seguridad en Ciudad Delgado el 22 de abril de 1982; Olinda o “Lupe” y Sonia “la pechita” cayeron posterior a la captura de Miguel Castellanos, y este último, murió a manos de un comando urbano del FMLN por haber traicionado al pueblo, pasándose a trabajar después de su captura para la inteligencia del gobierno de Napoleón Duarte en abril de 1985.

Nuestra Madre, María Flores Marín, murió un 28 de Junio de 1999, dejándonos una estela de tristeza en nuestros corazones, pero a la vez, satisfacción por haber aprendido mucho de ella, de su humildad, su coraje para enfrentar la vida, su valentía ante las adversidades, sus sueños de ver a su patria liberada un día más temprano que tarde, su conciencia social como práctica de vida.

La historia continúa... Fide se va a la montaña, llega Erick


Notas y referencias:
Carlos Virgilio Marín Alfaro l Memoria encontrada l Nueve meses en tres casas de seguridad

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