Un esfuerzo acompañado desde la Parroquia de Tecoluca

Hernán Rodríguez, miembro fundador de la Unión de Trabajadores del Campo (UTC), uno de los veteranos de las luchas campesinas y populares de los años 70 y 80. Aún continúa su lucha desde San Vicente, investigando casos de asesinatos y desaparecidos durante la guerra.

Inicios de la organización de la Comunidades Eclesiales

Voy a contar un poco la historia sobre el Movimiento de Masas y los movimientos armados en los Departamentos de San Vicente, La Paz, Usulután y otros lugares de nuestro país.

Después de la guerra de El Salvador con Honduras, en el año 1969, se rompió el Mercado Común Centroamericano (MCCA), lo que hizo fracasar la industrialización. Aunque la verdad es que con el MCCA ya habían desaparecido los productos manufacturados que se construían con manos campesinas, jornaleras, hojalateras, y los productos de plástico desplazaron a la mano de obra que hacía los cántaros de lata, los canastos de vara de bambú, los zapatos a medida y otros productos; desaparecieron los sastres, porque todo ya venía hecho, hasta los zapatos eran de hule.

Con la industrialización en el país la mano de obra sufrió un duro golpe, porque en las fincas cafetaleras, en los campamentos algodoneros, en las haciendas cañeras y ganaderas, comenzaron a trabajar con maquinaria agrícola, productos químicos como el gramoxone, el etanol y otros. Los tractores sustituyeron el trabajo animal y ya no se ocupaban bueyes para arar, ni a los hombres para tapiscar el maíz y cortar la caña, ya que las máquinas lo hacían todo. La gente del campo se desesperaba porque todavía no estaba organizada y no podía defenderse de la avalancha de los ricos hacendados que no les permitían a los campesinos la oportunidad de cultivar un pedazo de tierra, ni comprado ni por censo, como le llamaban ellos. El censo significaba, que si me daban una manzana de tierra, yo la cultivaba y le daba la mitad del producto cosechado al patrono, como por ejemplo el maíz, el frijol y el maicillo, que luego el patrono ocupaba para darle la comida a los mismos cortadores de café, algodón y caña en sus fincas y haciendas.

Luego se vio que no había otra alternativa, que el campesino no podía soportar más esa situación; por eso el movimiento social apareció como una chispa y así las comunidades comenzaron a organizarse en el movimiento de las comunidades eclesiales de base, un movimiento cristiano apoyado por el padre David Rodríguez, párroco de Tecoluca en ese tiempo.

Centro de Formación Campesina “El Castaño”: Un Vivero de Cuadros Campesinos

Después de la guerra contra Honduras en 1969 -un 6 de agosto de 1970-, se eligen a seis líderes de diferentes comunidades para que fueran a sacar un cursillo en el Centro de Formación Campesina de “El Castaño”, ubicado en el cantón El Delirio, departamento de San Miguel. Los compañeros seleccionados fueron Antonio Rodríguez del Perical, Alfredo Panameño de la Paz Opico, Luis Mejía del Puente, Manuel Belloso, de San Luis la Loma, Víctor Manuel, de la Cayetana y Nicolás Muñoz, del cantón “El Regadío”. En ese cursillo se habló de la Teología de la Liberación y de que el Año Santo se celebraría en 1975. Con esa formación y esas ideas, los compañeros llegaron a las comunidades a hacer trabajo de organización, y esas organizaciones pasaron después a formar parte del movimiento popular, que luego se engrandeció en los años de 1971, 72. La concientización y la conciencia de lucha de las comunidades creció y se multiplicaron los líderes.

Desde Tecoluca pudimos organizar, durante esos tres años, a 35 comunidades, bajo la orientación del Plan Parroquial o comunidades cristianas de base. La Cayetana fue la comunidad que más se accionó, con trabajo encabezado por de los compañeros Víctor Manuel Hernández, Francisca Clímaco y Leoncio Hernández, quienes llevaron a cabo la coordinación de las tomas pacíficas de tierras, en donde la gente utilizó una vara de medir para repartirse el terreno que iban a utilizar para sus cultivos. Todo esto no era tan ilegal, porque había una negociación con los propietarios de las tierras, a quienes se les ofrecía pagarles el alquiler. Este trabajo dio vida -en 1973- al proceso de solidaridad de las comunidades.

En 1974, en la comunidad de El Perical, nos propusimos con los nuevos líderes Felipe Ramírez, Juan Aragón, Antonio Rodríguez y con Isabel Hernández, llevar a cabo una toma de tierra en la finca Iberia, de Rodolfo Cristales Alfaro. Nos tomamos la tierra, y empezamos a producir, obteniendo buenos resultados. Las comunidades circunvecinas vieron que nuestro trabajo era bueno y se animaron a hacer lo mismo, porque en ese tiempo había que buscar la forma de salir adelante de cualquier manera. La crisis económica era terrible; por ejemplo, antes de 1969 el medio de maíz valía 60 centavos y al poco tiempo, después de la guerra, ya valía cinco colones. Encontrar trabajo era difícil y cuando los pocos jornaleros lo conseguían, terminaban aceptando el trato de esclavo que les daban los patronos, con trabajo de todo el día tan solo por 2 colones con 25 centavos para los hombres, y 1 colón con 75 centavos para las mujeres.

Nacimiento de la Unión de Trabajadores del Campo (UTC) y su trabajo desde el Plan Parroquial

A partir del trabajo parroquial nació, en la zona de Tecoluca, la Unión de Trabajadores del Campo Vicentino, mejor dicho, al trabajo parroquial que teníamos, solo se le puso la viñeta de UTCV, que después quedó únicamente en UTC. La gente necesitaba organización, formación política y mucho trabajo, por lo que la organización campesina llegó a una grandísima efervescencia, con capacidad de hacer tomas de tierras y movilizaciones, como la que hicimos en Tecoluca el 1º de mayo ese año 1974. Entre más crecía la organización, más aumentaba la represión y la persecución a los dirigentes y organizados. En ese tiempo el gobierno ya tenía a la criminal Organización Democrática Nacionalista (ORDEN), una estructura paramilitar compuesta por campesinos de las mismas comunidades, que tenían el objetivo de combatir el “comunismo”, que en ese tiempo estaba satanizado.

El 1º de mayo de 1974, los militares masacraron a seis compañeros en Chinamequita, durante una manifestación en la que estábamos peleando el triunfo del partido UDN en ese pueblo, porque el Partido de Conciliación Nacional (PCN), había hecho fraude electoral, de la misma manera que la oligarquía burgués terrateniente y la dictadura militar lo habían hecho en 1972, cuando el Ingeniero Duarte ganó las elecciones con la Democracia Cristiana. El 22 de julio del año 1974, los militares y ORDEN nos asesinaron a Víctor Manuel Hernández, líder del cantón La Cayetana y después, el 29 noviembre de ese mismo año, los militares hicieron un operativo para desalojar las tierras que la comunidad de La Cayetana se había tomado para sembrar sus granos; el resultado fue una masacre en la que murieron los campesinos Jesús Morataya, su hijo Benedicto Morataya, Jorge García, Miguel Ángel García, Diego Hernández y Hernán Hernández.

Luchas reivindicativas y políticas de la UTC

Mientras tanto, la organización popular crecía y el poder del pueblo se iba consolidando. Por ejemplo, un 21 de junio de 1975, participamos con la UTC en la primera manifestación campesina más grande - después de la que hubo en 1944-, según la historia. Miles de campesinos viajamos en tren desde San Vicente, Zacatecoluca, Usulután y de otros lugares, a participar en esa grandiosa manifestación en San Salvador, con el objetivo de exigir a la burguesía que nos dieran tierras para trabajar, salarios justos y mejor alimentación para los trabajadores. Al siguiente día de esa manifestación, tuvimos como respuesta de parte de las fuerzas armadas, la masacre de 6 campesinos de la familia Astorga en el Cantón Tres Calles, jurisdicción de San Agustín, Departamento de Usulután.

Nosotros seguimos luchando y trabajando, haciendo paros en los centros de trabajo, y manifestaciones como la que hicimos en las fincas del volcán de San Vicente, para reivindicar que la arroba de café -que en ese tiempo la pagaban a 30 centavos al cortador-, se pagara a 50 centavo; y el siguiente año 1976, logramos que se pagara a 75 centavos. Luchamos también para que se pusieran botiquines en los centros de trabajo y para que a los trabajadores se les pagaran 30 centavos en concepto de alimentación. Estas conquistas eran migajas que se le iban arrancando a la burguesía terrateniente, pero penetraban significativamente en la moral de los trabajadores para continuar la lucha. La respuesta de la burguesía, el gobierno y los militares era la misma: a más lucha, más represión; no soportaban nuestros logros y por eso, en una manifestación del 10 de septiembre de 1976, para exigir que se nos pagaran salarios justos en las cortas de café que se nos avecinaban, nos asesinan a Ángela Montano, una señora de la comunidad de Paz Opico. Luego en el año 77, nos tomamos las tierras de la costa en “La Hacienda de la Mora” -que era de la Nicolasa Quintanilla- y las tierras del cantón Los Platanales, de una finca que se llamaba “La San Faustino”, propiedad del señor Ramón López. Por supuesto, las tomas fueron desalojadas el 24 de diciembre de ese mismo año 1977, y ahí el ejército y las fuerzas armadas sustrajeron y se robaron la producción de maíz y frijoles que habíamos cosechado.

Nacimiento del Bloque Popular Revolucionario y de la FTC y fortalecimiento del trabajo de masas

Es importante recordar que también éramos fuertes, porque en 1975, después de la toma de catedral, en protesta por la masacre de 25 estudiantes el 30 de julio, surgió una alianza entre la Unión de Trabajadores del Campo y la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS), que pasó a llamarse Federación de Trabajadores del Campo (FTC), con lo cual unimos Chalatetenango, San Vicente, Suchitoto, Guazapa, El Paisnal, Aguilares, Sensuntepeque, Apopa, Quezaltepeque y muchas otras zonas. También en esa coyuntura nació la organización Fuerzas Universitarias 30 de Julio (FUR 30), con los estudiantes de la UCA.

Pero la organización estratégica que nació inmediatamente después del 30 de Julio fue el Bloque Popular Revolucionario (BPR), con lo que llegamos a tener mayor capacidad para hacer todo tipo de actividades, y así en cualquier lugar en donde fuera necesario, presionar para reivindicar los derechos de los trabajadores, pero fundamentalmente para ir ganando espacios políticos que nos permitieran impulsar nuestro proyecto revolucionario.

El Bloque Popular Revolucionario tenía una mística organizativa completa, con sus razones, sus principios y determinación de lucha inquebrantable; sus métodos y disciplina eran férreos por cuestiones de seguridad, pero sobre todo, había una sensibilidad humana muy grande y solidaria. Eran virtudes que nos hacían grandes y nos daban capacidad moral para seguir luchando con fuerza y seguridad para alcanzar la victoria.

Un 1º de mayo de 1977, íbamos a manifestarnos a San Salvador, pero el ejército nos ametralló. En esa masacre murieron los compañeros Hipólito Álvarez -del Perical- Miriam Rodríguez, René Rodríguez, José María Rodríguez -tres jóvenes hermanos de la comunidad de Arcatao- y también los compañeros de La Cayetana: Francisco Serna, Epifanio Clímaco, Ricardo Clímaco y Eusebio Hernández.

Ya en 1978, la organización campesina era muy fuerte y seguía creciendo; las comunidades avanzaban en su lucha reivindicativa y en su lucha revolucionaria. Me refiero a la lucha político-militar, porque ya teníamos milicias populares y comandos de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL). Por un lado estaba el movimiento popular UTC y por otro las FPL. Ambas organizaciones hacían por separado sus propias actividades de propaganda y volanteo. Ya era una política definida hacia la revolución popular.

El año 1979 tuvimos una lucha combativa muy seria, con manifestaciones en Tecoluca, Usulután, Ilobasco, Sunsuntepeque, San Miguel, Santa Ana, Aguilares y otras ciudades y pueblos; eran actividades con gran demostración de fuerza, porque se hacían dentro del estado de sitio impuesto por el Coronel Carlos Humberto Romero, quien había sustituido al Presidente Molina. Nosotros estábamos determinados a impulsar una lucha reivindicativa, pasara lo que pasara, como si estuviéramos midiendo fuerzas; a tal grado que en noviembre de ese año nos tomamos durante quince días el Ministerio de Trabajo y el Ministerio de Economía en San Salvador. Miles de campesinos mantuvimos la toma, hasta que llegamos a la negociación para mejorar las condiciones de trabajo de los campesinos. Nuestras demandas eran que los hacendados y el gobierno aumentaran el salario a 11 colones por jornada de trabajo, que la arroba de café se pagara a 5 colones, que el quintal de algodón cortado se pagara a 14 colones, la tonelada de caña cortada a 14 colones, y la tarea -que era de 6 brazadas por surco- se pagara a 11 colones. Además exigíamos que se diera una alimentación digna, con desayuno de dos tortillas, frijoles fritos, un huevo duro, un pedazo de queso y una taza de café; para el almuerzo pedíamos tres tortillas, sopa de cualquier tipo -carne de pollo o de res- y un vaso de fresco. Para la cena demandábamos que nos dieran plátanos fritos, frijoles, queso y una taza de café. Pero también les ofrecíamos la alternativa de que el hacendado que no quisiera dar esa comida, pagara por lo menos un colón con cincuenta centavos diarios -50 centavos el tiempo de comida- y tres colones las horas extras. La mayoría de los hacendados prefirieron pagar el dinero. Nuestras demandas fueron firmadas, pero el gobierno no sacó ningún decreto para legalizar el cumplimiento de esos compromisos respecto a nuestras reivindicaciones. Ante ese comportamiento oficial negativo, se nos creció la moral a los trabajadores para continuar organizándonos y seguir luchando por nuestros derechos.

Poder del Movimiento de Masas y Ofensiva Militar de 1981

El 22 de enero de 1980 participamos en una grandiosa manifestación que puso a temblar a la oligarquía, porque veían peligrar sus intereses económicos. Éramos más de 500.000 personas metidas en San Salvador. Por supuesto, en el Parque Cuscatlán nos reprimieron con sus ametralladoras, fuimos bombardeados y nos tiraron veneno con sus avionetas. En la esquina del Hospital Rosales nos mataron a 22 compañeros. Ante tanta represión nos retiramos a la Universidad Nacional, en donde fuimos cercados y hostigados durante toda la noche, sin dejarnos salir. Aquí jugó un papel importante Monseñor Romero, quien hizo presión para que los militares se retiraran y abrieran las puertas de la Universidad, y pudiéramos salir. Todo esto nos alimentaba las ganas de continuar luchando, de ir sumando poquito a poco -de lo simple a lo complejo- a muchos más revolucionarios y todas las formas posibles que nos permitieran cambiar el país. Fue en ese año que definimos la estrategia de lucha para pasar a trabajar directamente con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), el cual ya había sido fundado el 10 de octubre de 1980.

La ofensiva del 10 de enero de 1981 definió la estrategia político y militar de nuestro movimiento popular, porque el movimiento guerrillero había crecido y seguía creciendo con el trabajo de las comunidades y todos los sectores sociales, solo que ya dentro del esquema de la lucha armada.

En San Vicente continuamos luchando por el cumplimiento de nuestras reivindicaciones campesinas, y como ya estábamos en el marco de la Ofensiva General de 1981, el ejército nos lanzó una invasión, el día 4 de junio, en las comunidades de San Juan Nonualco, San Rafael Obrajuelo y Tecoluca, de donde fuimos desalojados y perseguidos, aunque lo más grave fue la masacre en la finca “Peñas Arriba”, en donde masacraron a más de 600 personas e hicieron desaparecer a muchos niños. Ahí capturaron a la señora Blanca Vázquez del cantón El Palo Grande y la subieron en un helicóptero para ir a tirararla a la finca “La Virtud”.

Las lecciones que nos dejaron esas organizaciones del pasado para defendernos de los poderosos, deberían servirnos ahora para luchar por nuestros derechos respecto a todas las anomalías y atropellos que las empresas y el gobierno cometen contra los trabajadores y pueblo en general.

* Tomado del documento "para que no olvidemos"

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