El 10 de abril de 1991 el compañero Jesús Rojas, el comandante, había llegado a El Salvador para dar una entrevista sobre el avance de los acuerdos de paz y el fin del enfrentamiento armado. El 11 de abril,  Antonio Cardenal "Jesús Rojas", "Mélida, "Rosibel", "Marlene", "Mauricio", "Rogelio", "Fernando", "Lito", "Wilfredo", "Manolo", "Ronald", "Neris", "Vilma", "Aracely" y "Melvin". De esta emboscada se salvaron cinco compañeros: Miguel U.V., Delmy, Mauricio Chamorro, Marianita y Remberto. Cayeron en una emboscada en  el cantón Zacamil de Nueva Trinidad, caserío El Zapote en el Departamento de Chalatenango. 

"Después de diez años de guerra, nos hemos ganado el derecho a regresar a la vida política sin que ellos nos maten" - Jesús Rojas (1950-1991). Rueda de prensa el día antes de su asesinato por tropas del Ejército, El Mundo/AP, 04/12/91.

Dormimos en Arcatao, el día siguiente, el 11 de abril partimos en un pick up hacia Nueva Trinidad. Ahí veníamos 19 personas, entre ellos el Comandante Jesús Rojas, quienes como recordaremos era una persona muy humana, muy sensible y muy querida por todas y todos los combatientes. Partimos de Arcatao en un pick con dirección al Zapote, cuando llegamos a Nueva Trinidad ya un pelotón había sido desplegado en la Zona para explorar. No teníamos información de que había soldados en la zona, estaban por el lado del Zapotal. Nos movimos hacia el destino final, que era exactamente donde fue la emboscada, en El Zapote. En todas las zonas del Zapote había pelotones de compañeros. Estaba talleres y las Fuerzas Especiales y exactamente la emboscada fue instalada en el centro del corazón de la guerrilla.

Eran las seis y treinta de la mañana, veníamos en grupo cuando el carro comenzó a frenar porque nos íbamos a bajar acá, exacto en esta vuelta, lo último que recuerdo fue la explosión. Mi primera impresión fue que habían tirado un mortero, porque solían caer en la zona, desde Chalatenango.

Venía al lado de Miguel, usaba un pantalón verde, camisa blanca y mi pistola. Cuando tomé conciencia entendí que habían colocado minas en el camino, precisamente en la curva. Era una emboscada para vehículo, no para gente de a pie.

Delante de nosotros iba otro pick up, que llevaba población civil, el cual dejaron pasar y no hubo ningún problema. Cuando el vehículo incursionó a la zona de la emboscada explotaron 12 minas de un solo golpe y fue cuando empezamos a escuchar que los compañeros y compañeras que quedaban heridos pedían auxilio.
Y en ese momento todo mundo, que estábamos vivos, empezamos a correr por las calles.
Todos volamos lejos del carro por la onda expansiva y caí del lado de esa quebradita, solo tengo la imagen de los compañeros heridos, pidiendo auxilio, cuando de este muro de piedra, vi levantarse a varios soldados con monte encima de ellos, pensé es el (batallón) Atlacatl, fue en fracción de segundos, comencé a correr y nos tiraban las granadas como piedras.
La ventaja de los 4 sobrevivientes de esta emboscada es que salimos hacia la única quebradita que hay del lugar de la emboscada, por eso es que logramos salir de esa quebrada, salimos hacia abajo hasta llegar al puente Cola de Pava.
Quebrada abajo encontré compañeros que me decían: Chele, corré que te van a matar. Más abajo encontré a Marinita con las piernas heridas, me dijo que no la dejara y eso hice. Rompí mi camisa, le amarré las piernas, tapé con ramas la sangre y nos escondimos detrás de unas piedras. A los soldados oí decir "están vivas y son mujeres", creí que moriríamos allí, pero no nos vieron, luego, pudimos contactar a nuestros compañeros que llegaron de Las Flores y Nueva Trinidad. Fuimos a donde había sido el atentado, fue terrible ver esa escena de nuestros compañeros muertos. Luego me di cuenta que tenía la rodilla y el tobillo rotos, pero en ese momento no lo sentía.

Nos llevaron a Arcatao, que ya se preparaba para dar sepultura a nuestros catorce compañeros, porque Jesús Rojas, se entregó a su familia. Solo recuerdo esa solidaridad entre compañeros que lo vivimos durante ese tiempo, estábamos en lo bueno y lo malo, y que creo que ahora, esto se ha perdido un poco.

El resto de compañeros no tuvieron la suerte porque corrieron hacia la calle y ahí en los cercos estaban los soldados.

Después que explotaron las minas Ellos se tiraron a la calle y fue donde pudieron matar al resto de compañeros, porque después, cuando nosotros regresamos al lugar de los hechos, todo los compañeros y compañeros tenían señas de que habían sido matados después de haberlos encontrado heridos. Igual al compañero Jesús Rojas que tenía más de 60 disparos. Él iba en la cabina del pick up.
En esta cruel masacre, que fue un golpe muy duro para todas y todos los Chalatecos y el país entero, murieron 15 compañeras y compañeros valiosos. Todos, la mayoría eran compañeros de la dirección, compañeros de seguridad y compañeras radistas. Entre las radistas murió Melida, con 7 meses de embarazo que nos acompañaba en el vehículo. Y fue así como sucedió.

Realmente a nosotros nos sorprendió mucho por el hecho de esta emboscada puesta en el centro de donde estaban los compañeros guerrilleros. En una emboscada de esa magnitud es difícil quedar ileso, sin ninguna lesión. Los compañeros y compañeras sobrevivientes, todos llevábamos problemas.

Marinita, que es de la comunidad de Guarjila, llevaba las dos piernas cruzadas por balas y un brazo fracturado pero en ese momento, realmente uno no siente nada. Corres y no te das cuenta.

Mauricio, que también es de la comunidad de Guarjila, también llevaba un balazo en el pecho, con afectación del pulmón que realmente es un milagro que esté vivo.

Y Miguel, que cariñosamente le decíamos “Miguel UV”, que vive en San Vicente, él llevaba un problema en el tobillo. Llevaba “zafadura” y fractura en el tobillo y también llevaba unos golpes en las piernas. Y mi persona, Delmy Dubón, que tenía problema en la rodilla izquierda que por el golpe de la onda expansiva, la rodilla me quedó un poco dislocada.

Entonces no sabemos con los compañeros cómo realmente logramos correr. Porque los cuatro íbamos mal, llevábamos fracturas, otros balazos. Bueno, Marinita era la más grave con un sangrado y Mauricio porque llevaba afección del pulmón. Eso fue otro gran trabajo, aparte de lograr salir, fue tapar un poco la sangre que Marinita dejaba para que no nos encontraran los soldados. Porque por donde nosotros bajamos, en la quebrada, minutos después iban los soldados detrás. Entonces logramos salirnos un poquito de la quebrada para escondernos. Así fue como realmente logramos sobrevivir. No porque de lo contrario hubiéramos sido capturados y matados en el mismo lugar, pero así fue como logramos salir de eso. Posteriormente cuando logramos llegar al puente cola de pava, estando allí nos enteramos que el compañero Miguel, sobreviviente, llevaba un radio de comunicación. Cuando logramos ver el radio nos comunicamos, sin clave y sin nada, con el compañero Héctor Martínez le dijimos que estábamos ahí, inmediatamente mandó gente a recogernos, con hamacas para las personas que no podían caminar, y nos trasladaron inmediatamente a Huizúcar, que es un lugar que está cercano y después de Huizúcar los tres sobrevivientes, porque Mauricio quedó escondido y él apareció después, queríamos regresar al lugar de la emboscada. Entonces, nos trasladamos de Huizúcar hacia donde había sido la emboscada y cuando nosotros llegamos al lugar de la emboscada, vimos una escena que nunca se nos va a olvidar porque el vehículo había volcado, la calle era una quebrada de sangre y restos de cuerpos. La gente de Las Flores inmediatamente se fue rápido a Las Minas, al lugar de la emboscada. Ahí estaba el padre Nico de Arcatao, también. Todo mundo trabajando, era increíble, la gente de las comunidades recogiendo los cuerpos, poniéndolos en un camión, para ser trasladados inmediatamente a Arcatao. Recuerdo que Miguel y yo, cuando vimos eso, nos desmayamos. Recordar que horas antes veníamos juntas y juntos, chistando platicando y luego ver a los 15 compañeros muertos. Era un golpe duro para nosotros. Ese día nos trasladamos para Arcatao, lamentablemente no hubo forma de velarlos ni acompañar a los compañeros. Eso sí, la comunidad hizo una fosa común inmediatamente y los restos tuvieron que ser sepultados por que iba un operativo de los soldados hacia la zona. Hasta esa fecha al parecer el ejército no estaba muy claro de la muerte del compañero Jesús Rojas, pero posteriormente sí. Cuando el ejército se enteró que uno de los muertos era el comandante Jesús Rojas, lanzaron un operativo para recuperar el cuerpo y entregarlo a su país. Como sabemos el compañero Jesús era de nacionalidad Nicaragüense, aunque entregado a la lucha del pueblo salvadoreño. Entonces se tuvo que andar cargando el cuerpo del compañero Jesús para que el Ejército no se lo llevara. La gente colaboró bastante en eso. El resto de compañeras de los compañeros fueron sepultados en una fosa común y a nosotros los sobrevivientes nos fuimos a otro lado, para seguir sobreviviendo. Yo pienso que todos los mártires y los héroes de la lucha son importantes. Esta emboscada resalta más por el hecho mismo de cómo fue el golpe, como la masacre del Zumpul o la masacre del Mozote, pero todo los miles y miles de mujeres y niños desaparecidos y muertos no se deben olvidar.

Héctor Martínez recuerda como su unidad tuvo que llevar los restos mortales del compañero internacionalista "Jesús Rojas", hasta la altura de la Cañada de Arcatao, ante el intento de la Fuerza Armada por capturar los cadáveres para presentarlos como macabro trofeo.

El error más grande de nosotros los que estuvimos en la guerra y que quedamos vivos seria olvidar esa memoria. El llamado que yo haría a todos los compañeros y compañeras que estamos y que vivimos esto sería recuperar la memoria histórica, darla a conocer en los espacios que podamos para que los jóvenes y las futuras generaciones no olviden estos hechos, por que todos los que nos incorporamos a la lucha teníamos un ideal, que era realmente luchar, para que nuestra gente tuviera vivienda digna, tierra, trabajo, salud y educación. Y yo pienso que eso todavía no lo tenemos. Entonces murieron 60 mil y qué paso, claro tenemos libertad de expresión y un poco de mejores condiciones pero no hemos logrado los objetivos por los que luchamos. Yo pienso que en memoria a los compañeros y compañeras que dieron la vida con ese ideal los que quedamos vivos y las nuevas generaciones debemos seguir eso. Y la forma primero es recuperando la memoria histórica que se hacen en conmemoración de todas y todos los caídos y desaparecidos.

Delmy Dubón

Compartir