Eran las 10:45 de la mañana de ese 25 de julio. Miriam Ábrego, una pobladora de San Francisco Angulo, comunidad de Tecoluca, San Vicente, estaba cocinando. De pronto, un tipo alto, fornido, con la cara pintada de negro y vestido de traje verde olivo camuflado, irrumpió en una de las puertas de su casa y le preguntó: “Señora ¿y su marido?”.  

No dejó que Miriam le respondiera, sino que le disparó dos balazos que atravesaron su estómago. 

Esta mujer de pelo negro, baja de estatura, ojos cafés, voz suave y tímida cuenta su testimonio. 

Asegura estar viva de puro milagro.  

Junto a Miriam había tres personas más: su hija de seis meses, una niña de cinco años -quien cargaba a la pequeña- y una de las hermanas de Miriam, que estaba embarazada. A ninguna de ellas le hicieron daño los militares. Ya herida, logró tomar en sus brazos a su hija y entregársela a su hermana para que fueran a esconderse.

No pasaron ni cinco minutos antes de caer al suelo desangrándose. A rastras salió de la cocina al corredor. “Fue ahí cuando vi a un montón de hombres vestidos de militares, otros de negro, pintados de la cara, corriendo por la calle principal”, contó.

Cuando estaba en el corredor de su casa entró otro soldado, pero no disparó.

“Me quedé sin respirar, la sangre corría por el piso. Era un lago rojo y yo con mi hígado destrozado, que me lo sentía salir. Pero al verlo me quedé como muerta, sin respirar. Así me salvé”.

Este viernes, Miriam recorrió junto a periodistas de ContraPunto las calles de San Francisco Angulo. Señalaba cada rincón y hablaba de cada persona que fue asesinada, recordando cada instante de la matanza como si una película le estuviese pasando por la mente.

Justo en la ruta del recorrido, según lo recuerda, había entonces muchas casas, muchas familias que hasta ese momento vivían con tranquilidad. En todos los hogares había por lo menos un niño.

Ahora, en algunos de los predios únicamente hay árboles, piedras y cascajos; en otros quedan nada más vestigios de una pared de adobe. 

Durante el recorrido con ContraPunto, Miriam siguió contando la tragedia de ese 25 de julio de 1981.

“Mi hermana murió, la mataron con un disparo en el pecho. Ella estaba dando de mamar a su hijo de once meses. Aun cuando ella cayó al suelo, el niño buscó seguirse amamantando. Eso no lo vi, me lo contaron”, dijo, con el tono de voz más bajo y tímido.

Lo que sí dijo recordar es cuando dos señoras venían del mercado con sus canastos en la cabeza y un hombre vestido de traje camuflado se hincó para dispararles. “Ellas se fueron hacia atrás, el disparo fue en la cabeza”.

Miriam relató que la masacre empezó en la parte baja del cantón y bastaron 15 minutos para matar a 45 personas. “Yo oía el pito de un camión, y con eso fue que empezaron a correr y se fueron”.

“Hasta hoy ni sabemos la razón de por qué nos mataron a la familia, a la gente. Si nosotros no habíamos hecho nada. La mayoría estaba cocinando, mientras nuestros esposos estaban en la milpa, porque todos eran campesinos. No entiendo la razón”, manifestó.

Como ella, muchos de los sobrevivientes de esa masacre se siguen cuestionando el porqué de la masacre, sin conseguir respuesta alguna. Cada 25 de julio o cuando se aproxima la fecha, los familiares de las víctimas se reúnen frente a un monumento levantado en honor a sus seres queridos. Bajo este se encuentran los 30 nichos de las personas que encontraron.

Según un mapa elaborado por la municipalidad de Tecoluca se contabilizan 30 masacres ocurridas en San Vicente durante la guerra.

Una audiencia que los llena de esperanzas

Lo que Miriam relató a ContraPunto fue también lo que dijo el pasado 22 de julio a tres magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), Sidney Blanco, Florentín Meléndez y Rodolfo González.

La razón por la que Miriam compareció ante los magistrados es porque las víctimas, respaldadas por el Centro para la Promoción de los Derechos Humanos (CPDH) Madeleine Lagadec, interpusieron un recurso de amparo contra la Fiscalía General de la República (FGR) por la negación de la investigación de los hechos que propiciaron la masacre.

“¿Jura o promete decir toda la verdad?”, le pregunta el magistradoBlanco, a Ana Miriam Ábrego, testigo y sobreviviente de la masacre de San Francisco Angulo.

- Sí prometo, contesta Miriam.

Minutos antes, esta mujer, de 56 años, había entrado muy serena al salón de la CSJ. Se sentó sin ver a nadie de los presentes, su silla estaba situada frente a los tres magistrados.

Miriam respondió una a una a las preguntas de la abogada que la representa a ella y a las otras víctimas y sobrevivientes de esa masacre, Claudia Interiano. También a las de la parte demandada que es la Fiscalía General de la República (FGR), y las de los magistrados.

La audiencia duró más de cuatro horas.

En el salón de la audiencia también había representantes de la FGR, que escuchaban con atención los testimonios.

El proceso legal de la masacre de San Francisco Angulo dio inicio con una petición de exhumación en 2005. Un año después, esta se realizó con la participación de la FGR, Medicina Legal y la Policía Nacional Civil (PNC).

Por eso recurrieron a la CSJ. Fue hasta el 22 de julio que la Sala de lo Constitucional citó a audiencia para empezar un proceso sin precedentes en este tipo de situaciones ocurridas durante la guerra.

Según Interiano, la FGR llegó con pruebas documentales. “Son meros oficios dirigidos al Ministerio de Defensa y a la PNC. Son oficios que sí han tenido respuesta por parte de las instituciones a las que ellos han solicitado información. Sin embargo, no es suficiente prueba de que ha habido un debido proceso diligencial de su parte, porque ya pasaron varios años de la demanda penal que nosotros interpusimos”.

Corte Suprema ordena investigación del masacre de San Francisco Angulo 

En cierto momento, su representante legal le preguntó a Miriam si estaba enterado del accionar de la Fiscalía en el proceso de investigación de la masacre. La mujer contestó que sí sabía y que no se habían producido avances significativos en este.

La sobreviviente pidió una respuesta favorable a la Corte “porque nosotros, las víctimas, tenemos derecho a conocer la verdad”, dijo.

Según el centro Madeleine Lagadec, de darse a lugar la petición de amparo constitucional, se estaría determinando que ha existido una violación en la protección y conservación de los derechos de las y los familiares de las víctimas “en su manifestación del derecho a la protección jurisdiccional o tutela judicial, específicamente el derecho de acceso a la jurisdicción, el derecho a conocer la verdad. y a la prohibición de dilaciones indebidas en la investigación del delito y en el ejercicio de la acción penal, así como de los derechos de petición y seguridad jurídica -éste último por la presunta inobservancia del principio de legalidad”.

“La audiencia marcó el inicio de un proceso jurídico de esperanza para nosotros”, dijo Miriam al final.

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La mentira de un soldado

Juan Áreas tenía apenas cinco años el día de la masacre en San Francisco Angulo. Ahora, a sus 37, lo recuerda como si hubiese sido ayer. Lo que más marca su memoria es que, según él, está vivo gracias a la mentira de un soldado.

Durante el tiempo que Miriam estuvo tirada en el corredor de su casa, desangrándose, otros vivieron en la zozobra al oír la balacera y los gritos.

Juan era uno de ellos.

Él estaba junto a otros tres hermanos al cuidado de su tía cuando llegaron los soldados y los pusieron en fila para ultimarlos. Pero la tía de ellos corrió para distraerlos y logró su objetivo. Fue herida en la espalda y finalmente asesinada de un tiro en la cabeza.

Ese instante lo aprovecharon para correr y ocultarse en la cocina. De repente, llegaron los soldados a buscar a los sobrevivientes. Un soldado se asomó por la ventana de la cocina - los niños estaban justamente debajo de ella-, pero su objetivo era matar un perro que le ladraba desde adentro.

Mataron al perro. Otro soldado entró a la cocina, vio a los niños y no hizo nada. El que había matado al perro le preguntó: “¿Hay alguien en la cocina?”. El otro le contestó: “No, no hay nadie”, y no permitió que nadie entrara a ese cuarto.

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Al recordar esa escena Juan rompe en llanto y asegura que está vivo “gracias a Dios y a ese soldado, porque mintió”. No sabe la razón por la que no lo mataron, pero en ese momento supo qué era estar frente a la muerte.

Publicado originalmente en ContraPunto

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