Cerco y emboscadas enemigas (Apuntes de la Guerra en El Salvador)

(Escrito para la revista mexicana POR ESTO en Octubre de 1981)

Un homenaje bajo sombra amenazadora

Encontrándome de visita ordinaria de inspección por los campamentos de la Sub-Zona del Frente "Apolinario Serrano" de las FAPL-FPL "Farabundo Martí "(miembro del FMLN), en mi calidad de Comandante en Jefe de las FAPL (Fuerzas Armadas Populares de Liberación), con miembros de esta Comandancia General y del Estado Mayor de las zonas, registramos las primeras señales del gran movimiento de tropas enemigas en torno a la misma.

El 28 de septiembre, el enemigo realiza el desembarco helitransportado de un batallón (un mínimo de 600 efectivos), en el sector de Ojos de Agua, en el valle que está frente a la Montaña a su costado Oriente. El acto que en la tarde del 29 celebrábamos con motivo del II Aniversario de los asesinatos de los compañeros Apolinario Serrano, José Félix y Patricia, transcurrió bajo esa sombra amenazadora.

Aprestamos la línea de defensa y los operativos de ataque por los flancos y retaguardia enemiga.

Una división de tropas especiales se lanza contra Chalatenango.

Salvador Cayetano Carpio

Al día siguiente día estas tropas, en lugar de atacar hacia arriba, se dirigen a la zona fronteriza con Honduras, al campamento guerrillero de Yurique y destruyeron el puente fronterizo sobre el río Sumpul para cortar la retirada por ese lugar. Mientras tanto otro batallón entró por las montañas del Sur, ocupando los campamentos de El Gallinero y La Laguna, después de fuertes combates, extendiendo sus líneas hasta Las Flores, cerrándose en semicírculo un amplio cerco.

Esa misma tarde (30 de septiembre) decenas de helicópteros desembarcaron otro batallón de tropas especiales por el lado Nor-poniente del Volcancillo entre las poblaciones de El Carrizal y La Laguna. Mientras otro batallón subía de Chalatenango hacia las alturas: Peñas, El Aguacate, Loma Larga, con misión de impedir toda retirada por ese lado, cerrando de esa manera un férreo cerco de 120 kilómetros cuadrados sobre la zona.

La operación la denominaron de "Embolo y Pistón", consistente en unos cinco mil efectivos de choque y cerco y varios miles más de apoyo, con suficientes unidades de artillería, toda la aviación y helicópteros. Unos cuatro o cinco batallones en el cerco y unos dos o tres batallones móviles en el asalto y rastreo inmediato.

El área cercada la limitaba por el Poniente y el Norte: Concepción Quezaltepeque, Comalapa, El Carrizal; por el Noreste: El Zapotal, Ojos de Agua y por el Sur: Las Vueltas y Chalatenango. Un cerco secundario en La Laguna-Conacaste, El Gallinero-Las Minas, hasta cerrar en los accesos de la ciudad de Chalatenango, ramificándose a Upatoro, La Montañita y alturas.

El cerco estaba anudado contra una zona montañosa que llega hasta las propias puertas de la cabecera departamental; una zona dominada permanentemente por la guerrilla. El terreno está formado por un fuerte agrupamiento de cerros de más de mil metros de altura, cubierto de montaña y maleza y cuya elevación principal la constituye El Volcancillo, de 1 663 metros de altura. Abajo de la montaña, en el valle hay un rosario de pequeñas poblaciones que la circundan (las mencionadas arriba)

El ataque de la aviación. La artillería pesada.

Por la tarde sobre el campamento comenzaron a caer varios aviones cazabombarderos "Fuga Magisters" ametrallando y lanzando bombas de 200 libras. Esporádicamente, tuvimos que parapetamos por ratos en las trincheras.

El mortereo y el cañoneo de las baterías 105 milímetros se hizo incesante en las faldas Nor-Poniente y Oriente de la montaña, iniciándose los combates contra los intentos de escalamiento enemigo que empujaba hacia la montaña como dirección principal de su asalto desde la zona del Carrizal-La Laguna y su otra tenaza por el noreste, desde Ojos de Agua convergiendo ambas al Volcancillo.

Heroica resistencia insurgente frena el avance fascista.

Toda la tarde sus avances fueron contenidos, sin poder tomar las alturas de las estribaciones. Desde el Cerro Tepecinte, frente al acceso de La Laguna- Carrizal, una de nuestras unidades impedía eficazmente el paso a pesar de la enorme superioridad del fuego enemigo: centenares de morterazos 60, 81, 120 milímetros y de cañones 105 milímetros, que en corto tiempo despedazaban cada metro de terreno ante su infantería y la cortina de fuego de ametralladoras 30 y 50 acompañadas del fuego de los cañones sin retroceso de 90 milímetros de fuego directo. En el aire los helicópteros ametrallaban y dirigían el fuego de los cañones, tomando unidades de atrás y las bajaban más cerca, evacuaban heridos, etcétera.

Por el lado de Ojos de Agua, en las Lomas del Cebollar la misma escena se estaba repitiendo, ante la acción obstinada de otra de nuestras unidades (apenas un pelotón).

Objetivos guerrilleros y un dramático juramento.

Mientras se desarrollaban estas primeras batallas y los bombardeos nos permitían salir de las trincheras, le dimos los últimos ajustes al plan de operación militar para la acción contraofensiva, retirada, protección y eventual evacuación de masas, ruptura del cerco, etc.

Se asignó las misiones respectivas a cada unidad dentro del plan general y se nombró a los jefes operativos para cada misión dos compañeros de la Comandancia General, apoyándose en miembros del Estado Mayor del Frente, quedaron encargados de la coordinación de las fuerzas. Luego se estudió la no conveniencia de que el enemigo tuviera oportunidad de tender un cerco táctico muy estrecho, en la cima de la montaña, sobre el Comandante en Jefe y la necesidad de romper el cerco estratégico que ya estaba echado.

Se elaboró el plan y variantes de ruta para romper el cerco. Se asignó la comitiva del Comandante en Jefe, para el intento de romper el cerco: un pelotón de fuerzas regulares (Unidades de Vanguardia) de 30 hombres y la unidad de seguridad del mando: la misión especial de salvaguardar la vida del Jefe.

Se asignó al Segundo Jefe del Frente "Apolinario Serrano", al que se le nombró Jefe Operativo de la acción, compañero Neto; al Jefe de mando de la Sub-Zona Tres del mismo frente, compañero Lucas y al Jefe del Estado Mayor de la Zona Oriental de las FAPL., Isaac Flor. Se cometió el error de ampliar considerablemente la columna con personal de servicio, la mayoría de ellos sin armas, formándose una columna de más de 80 combatientes, hombres y mujeres incluyendo a cuatro niños de corta edad y una compañera en avanzado estado de gravidez.

En la formación de salida, los jefes y combatientes con semblante dramático juramentaron salvar si fuera posible con su vida la de su Comandante en Jefe.

Y... a esperar la noche

Al oscurecer se inicia la dura marcha hacia el lado sur de la Montaña. Se tropezaba en la oscuridad; desgarrándonos en las piedras y atravesando pegajosos lodazales, nos fuimos alejando de la cima de la montaña, mientras los cañones rugían por los alrededores.

Después de descansar un rato en un campamento, proseguimos. Doce horas después de iniciada la marcha, toda la columna estaba exhausta, muy golpeada por el paso de lugares de muy difícil acceso: quebradas, desfiladeros agudos. Los niños soltaban el llanto cada vez con mayor frecuencia.

Aun no habíamos alcanzado la meta, cruzar la carretera de Las Vueltas romper allí el cerco para pasar al otro lado del territorio fuera del cerco principal. Estábamos a unos tres kilómetros de ese objetivo. Por la noche, habíamos bajado del Volcancillo y bordeado el cetro Los Naranjos; nos encontrábamos ya cerca del lugar calculado, pero la claridad del día se nos vino encima Decidimos avanzar un poco más, agachados entre los altos zacatales, camuflados con ramas de arbustos.

Cerca de las 8:00 horas (ya era primero de octubre), vimos que era imprudente seguir avanzando. Las cimas de las colinas que nos rodeaban estaban ocupadas por el enemigo, que lanzaba descargas de ametralladora a cada momento.

La red del cerco estratégico era muy espesa. De acuerdo con nuestros exploradores, todos los altos relieves del terreno estaban tomados. Hay postas con ametralladoras y morteros y hay enemigos en puntos estratégicos de todas las veredas.

Decidimos detenernos, disimularnos entre la maleza y esperar la noche para el intento de romper el cerco. Bajamos junto a una quebrada muy cubierta de árboles en la falda de la colina oriente. Se ubicó a toda la gente lo más cubierta posible, y... ¡a esperar la noche!

Se puso las unidades de posta, la contención, seguridad y se organizaron las exploraciones. El llanto esporádico de los niños nos preocupaba.

¡Descubiertos! ¡Se entabla el combate!

A las ocho de la mañana uno de nuestros observadores hacia la cota oriental (cerro pelado, sin árboles y crecida maleza) llega excitado informando que los enemigos que están en la cima de ese cerco nos han detectado y que un fuerte grupo baja directamente hacia el lugar donde estamos.

Hasta ese momento, la orden había sido de no entrar en choque, a no ser en caso absolutamente necesario. Se ordenó a las unidades de contención, detener el avance enemigo y proteger la retirada de la columna. Todos, desde nuestro respectivo escondite nos aprestamos a combatir. El ronco estallido de los G-3 y el seco chasquido de los M-16 en furioso entrellamiento rompen la breve pero tensa espera, zumbando los proyectiles sobre nuestra cabeza.

El choque es corto, dura unos cinco minutos; sobre el zacatal quedaron muertos tres soldados del gobierno genocida y el resto se batió en retirada, agazapados, arrastrando a sus muertos; no pudimos requisar sus armas. Uno de nuestros combatientes resultó herido en un pie.

¡Y apenas hemos comenzado el día!

El incidente ha venido a resultar para nuestro objetivo sumamente grave. Estamos en un hoyo, peligrosamente, rodeados de enemigos por todas las alturas: perfectamente detectados y, desde ese momento, objeto de feroz persecución por parte de fuerzas tan superiores; ¡y apenas hemos comenzado el día!

Frente a nuestra ubicación hay un cerro muy empinado para subir al cual nos basta cruzar la quebrada que esta a nuestros pies. Ya han tenido tiempo de reconocerlo nuestros exploradores.

Antes de llegar a su cima, hay un bosque bastante largo que llega hasta tupidos matorrales por donde podemos encubrir nuestra subida. Descendemos rápidamente los precipicios hasta el arroyo, ayudándonos en los fuertes bejucos y caminando un rato por el lecho del riachuelo.

Decidimos internarnos en una empinada y peñascosa quebrada, muy estrecha, en cuyo centro baja a pequeños saltos de cascada en cascada un fuerte brazo de agua cristalina y fría. Este nacimiento de agua se extiende casi hasta la cima del cerro (Los Naranjos). Paso a paso, destrozándonos los brazos y rodillas, vamos subiendo los empinados y lisos peñascos y saltos de agua hasta acercarnos a la parte boscosa.

La sangre generosa, símbolo de la lucha de un pueblo heroico

A poco de iniciar el escalamiento me doy cuenta, de pronto, que en cada peñasco que voy a subir hay un rojo estampado de sangre marcado por el pie de nuestro combatiente herido y que había pasado al grupo de Vanguardia. Es el símbolo vivo de la generosa sangre que en nuestra lucha de liberación está derramando tan abundantemente nuestro pueblo, pero, al mismo tiempo, peligrosa huella que va quedando tras nosotros y que puede facilitar el seguimiento enemigo. Este barre el monte con metralla. Los helicópteros proporcionados por el gobierno norteamericano hacen un reconocimiento tras otro, casi rozando la maleza y haciendo funcionar sus roncas ametralladoras.

El enemigo tantea el terreno con el mortero, pero el fuego es errático por lo que comenzamos a fortalecernos en la idea de que los hemos despistado y que ojala eso nos permita llegar hasta la noche, para salir definitivamente de esa emboscada.

Que nadie mueva los arbustos

Todo lo largo de la quebrada está cubierto por un tupido túnel de arbustos y lianas, formando un pasaje imposible de ver desde arriba. El sol no penetra a su fondo. Se da orden que al trepar nadie mueva los arbustos para que los movimientos no sean detectados por los sacudimientos externos de las ramas; pues estamos seguros que en ese mismo instante muchos ojos y prismáticos desde las alturas vecinas tratan acuciosamente de taladrar la maraña.

Detenemos el escalamiento a un a nivel muy elevado de1 cerro y nos pegamos a la roca con el arma lista para disparar, intentando pasar la tarde desapercibidos, mientras las explosiones de los morteros muerden el terreno por todos lados; algunas veces cayendo casi en el lugar que ocupamos.

Las postas y grupos de contención de Vanguardia y de los flancos trepan con gran sigilo hacia sus puntos de apostamiento y un grupo de exploradores sale en misión.

En espera del salto final: los niños comienzan a desfallecer

Los minutos y las horas comienzan a desfilar en la tensa espera del asalto final enemigo, que nos rodea por todos lados, con enorme superioridad de fuego y hombres No hay tiempo ni posibilidad de buscar alimento; una pequeña naranja ácida y unos jocotes logramos comer antes del choque. No hay abastecimiento; el que traía lo dejó al otro lado. Ya los niños comienzan a desfallecer y no es posible encender fuego para dañes agua tibia endulzada aunque sea con sacarina. Hay que darles fría. Su llanto no sólo nos alarma sino que nos conmueve porque va haciendo cada vez más doliente y débil. La mirada del niño de brazos se va tornando lánguida.

De las l6.00 horas en adelante arrecia el mortero y ametrallamiento, mientras que los helicópteros dan círculos insistentes sobre el terreno donde estamos.

Nos aprestamos a rechazar el posible ataque directo. La tarde se va hundiendo en la oscuridad, mientras una fría lluvia castiga nuestros dolientes huesos.

Disminuye el mortereo poco a poco y sólo esporádicas ráfagas de ametralladora enemiga disparan desde las colinas vecinas. Las tropas enemigas parecen haberse concentrado en sus apostamientos.

Los ojos que se apagan de niños guerrilleros

Se ordena por grupos a la gente, con instrucción de no merodear por el lugar, que por otra parte es muy abrupto. Encontramos en el lecho del arroyo raíces de "chufles" para llevar algo al estómago y algunas guayabas.

Entre unas piedras, frente a mí, a pocos metros ha sido acondicionada la compañera Marta con sus tres niños: Jorge, de seis años; Hugo de cuatro; y Manuelito, el niño de brazos. Los tres muy parecidos entre sí y con su madre, la tez muy blanca, ojos negros vivísimos, ahora velados por la debilidad. Los mayores muy seriecitos, se comportan como pequeños guerrilleros. llevan muchos meses viviendo en los campamentos debido al trabajo revolucionario de sus padres (su padre Raúl, es responsable de la Dirección de Zona del Partido -FPL- en ese frente); y allí se comportan como si fueran grandes, incluso hacen el saludo militar a los jefes, juegan con los combatientes y todos les guardan cariño; los ven con ojos de añoranza, pensando en los propios y con la profunda aspiración que mañana nuestra niñez disfrutará de la felicidad que ahora el genocidio hace imposible y que nuestro pueblo está conquistando a costa de tanta sangre y sacrificio.

El semblante del niño de brazos se ha desmejorado, se va debilitando por horas y da tristeza ver sus ojos angustiados por hambre. Y en estas condiciones no es posible ni siquiera encender fuego para darle agua hervida. Lo que algunos combatientes llevan de reserva, algunas galletas, dulces, se lo han ido pasando a los niños; a estas alturas ya se agotó.

La compañera Marta de 24 años, blanca, muy agraciada; pero con el rostro macilento y los ojos rodeados de profundas ojeras, ha tenido un comportamiento digno y valiente. Con una mano apretando fuertemente contra su pecho al niño de brazos va arañando peñascos y laderas al borde de los precipicios, en la impenetrable oscuridad de estas noches. De sus labios no se escapa ni una lamentación a pesar de que es consciente del peligro que ya a estas alturas va corriendo la vida de sus niños. Naturalmente que un combatiente le tiende el brazo en los lugares más difíciles; otros le ayudan con los otros niños.

Pasamos el día sin mayores novedades. En varios puntos distintos, cerca de aquí, estallan furiosamente las explosiones de mortero. Los helicópteros sobrevuelan varias veces sobre nosotros. En la mañana, con gran estruendo de artillería han asaltado el lugar donde nos detectaron ayer.

Táctica para confundir a las tropas enemigas

A las 18.30 horas reina impenetrable oscuridad, haremos el intento de romper la emboscada para abrir brecha por el bosque que cubre las alturas de este cerro (Los Naranjos).

Ya no intentaremos tomar el rumbo que trajimos en la mañana, pues debido a los muertos que causamos, esa vereda la han convertido en trampa mortal. Tomaremos de regreso a la montaña, en una maniobra táctica diversionista que les desconcierte.

Necesitamos romper el contacto con las tropas enemigas que están sobre nuestros pasos. En el lecho del nacimiento de agua, organizamos la formación de marcha. En la densa oscuridad aún bajo el frío estilete de la lluvia, iniciamos la salida de la quebrada, asiéndonos de agudos peñascos y lianas, hasta internarnos lentamente en el bosque, pasando muy cerca de postas enemigas. Horas después hemos dejado atrás el bosque, abriendo camino entre densos matorrales y espinas, entre fuerte zacata que abre heridas en manos y brazos, guijarros lacerantes, quebradas y precipicios, caminando toda la noche. Y ya cuando la luz del sol se nos viene encima, alcanzamos a subir la parte boscosa de un cerro distante del anterior, al pie del cerro Los Picachos cerca del nacimiento del arroyo El Jute, en un faldón muy empinado.

Por de pronto el enemigo ha perdido nuestra huella. La cima de este cerro no tiene postas enemigas; ponemos las nuestras, así como las contenciones. Nos acomodamos entre los peñascos del arroyo para pasar el día. Es el 2 de octubre.

En plena retaguardia de las fuerzas de la dictadura

A las 18.00 horas formarnos el plan de marcha y bajo la tenue luz de una débil luna, iniciamos la tercera marcha nocturna, abriendo camino entre los breñales alejándonos de toda vereda o camino marchando en cadena para que nadie se pierda en la penumbra.

Nos proponemos acercarnos al lado Sur-Oeste de la montaña hacia la zona del Sicahuite-Jícaro, para luego enfilar hacia la carretera y salir del cerco por esa dirección.

Al amanecer, después de varias horas de dura marcha acampamos en una quebrada muy cubierta de vegetación, asentada entre alturas por el lado Sur, Norte y Poniente.

Como a las 8.00 horas de ese día (3 de octubre) a nuestro alrededor comienza a estallar todo, con estruendo ensordecedor y nos damos cuenta que hemos venido a acampar en plena retaguardia de una fuerte concentración de tropas enemigas que ataca furiosamente el Cerro de Los Naranjos a donde por la noche ha llegado una enorme columna de la masa de unos dos mil habitantes, especialmente mujeres y niños de los cantones del Jícaro, Sicahuite y otros, defendidos por las unidades de guerrilla local y milicias de dichos lugares.

A unos 150 metros delante de nosotros una batería de mortero vomita fuego incesantemente con andanadas de cuatro proyectiles simultáneos. La intensidad de sus disparos es de unos 25 proyectiles cada 15 minutos; acompañada de fuego de otros morteros y cañones de 90 milímetros emplazados en otras elevaciones.

Nos imaginamos la causa (ateniéndonos al plan de evacuación) y sentimos tremenda preocupación por los centenares de niños y mujeres que pueden ser víctimas de ese bestial encarnizamiento contra la población Como si ésta fuera su más odiado enemigo el ejército genocida, dirigido por asesores del Pentágono, se ha lanzado a despedazarla a cañonazos.

Increíble brutalidad contra la población

¿Por qué es necesario que la masa trate de salir del cerco?
¿Por qué no se queda en sus cantones?

Precisamente, para evitar el exterminio, para no ser asesinados masivamente en sus casas.

La modalidad extremadamente inhumana que los belicistas yanquis están imprimiendo a su Guerra Especial en El Salvador va sembrada de espantosas matanzas masivas en la población civil en cada una de sus operaciones de limpieza para llevar a cabo su criminal lema: "Sacar el Pez del Agua".

Hace apenas un mes, en el cantón Achichilco de las faldas del Volcán de San Vicente, 50 mujeres y sus niños que rehusaron evacuar con el resto de habitantes, fueron atrozmente asesinados por los soldados títeres que irrumpieron en el caserío en su operación limpieza.

Hace dos meses, 180 mujeres y niños ocultos en un zanjón en el cerro de Guazapa (El Chaparral y Mirandía), fueron destrozados y decapitados a filo de machete por las bestias genocidas.

El por qué se mueve la población con las guerrillas

Al regresar, la masa organizó actos de gran contenido político dirigidos por las FPL, y conteniendo su indignación dio sepultura a sus muertos en grandes fosas comunes, que cualquier periodista puede ver. Por eso los habitantes de las zonas guerrilleras prefieren correr con los riesgos que comporta la ruptura del cerco, defendidos por las guerrillas milicia y organizados en autodefensa.

Las unidades de las FAPL organizan la evacuación de la masa, su marcha realizan la contención y contraataque a las fuerzas genocidas, con el objetivo de que la población acampe provisionalmente en lugares relativamente más seguros y luego organiza su regreso a sus hogares después de la operación limpieza y exterminio de la población.

En este momento, rodeados por gran contingente de tropas enemigas que no nos han detectado, estamos presenciando personalmente la furia inhumana con que los soldados de la tiranía lanzan saturadoramente sobre la masa de mujeres y niños los mortíferos proyectiles que tan abundantemente les proporciona el Pentágono de Washington. Este día sobre los lugares ocupados por la masa en Los Naranjos, donde hace dos días estuvimos, y que ahora los tenemos hacia el Este, son lanzados no menos de mil proyectiles de mortero y bombas de aviación que participa en el bombardeo y ametrallamiento.

En el filo de la derecha, a unos 300 metros de nosotros, un oficial tiene su puesto de dirección de la puntería del cañón. Y, a nuestra izquierda, el otro filo está fuertemente ocupado por los esbirros. Por detrás de nosotros se comunican las tropas de ambas elevaciones; a uno y otro lado, a unos 40 metros a cada momento pasan o se apostan escuadras enemigas disparando continuas ráfagas de sus M-16 algunas hacia la hondonada donde nos encontramos. Varias veces parece que se movieran directamente hacia el lugar. Los helicópteros sobrevuelan obstinadamente.

La tensión disminuye o aumenta alternativamente por la cercanía de un choque fatal, de acuerdo a las observaciones de nuestras postas o la cercanía de los disparos enemigos.

Con el dispositivo de fuego organizado hacia todas direcciones, hacemos acopio de serenidad para no traspasar el límite de lo irreversible; ya que con tanta sección enemiga concentrada a nuestro alrededor, la desigualdad de fuego y hombres es abundante por parte del enemigo.

Las ametralladoras no descansan en todas las cimas de los cerros y nos admira el derroche ilimitado de parque que están gastando los soldados títeres; parecen muy bien abastecido: por sus "asesores" de Washington.

Va transcurriendo lentamente el día y el choque no se produce. El fuego se va aquietando y las tropas enemigas caminan hacia sus concentraciones en las posiciones elevadas.

Cuando cuerpo y alma son desgarrados

Los momentos postreros de la tarde languidecen en un silencio desagradable, bajo una pertinaz y cruel llovizna que hiela el alma. Consideramos muy difícil salir de aquí sin que nos vean los numerosos centinelas enemigos apostados en todas las colinas. Lo intentaremos, abriendo brecha toda la noche entre maleza y zarzas.

...y en espera de la noche, el pensamiento nos arrastra a ese tormento, ¡las zarzas! Por todos lados topamos en la marcha, con esos arbustos espinosos, descomunalmente crecidos como pulpos de mil brazos extendidos hacia todos lados, que desgarran la piel, el rostro, la ropa, clavando sus crueles garfios con saña y sin ánimo desprenderse. Parece ser el castigo de la salvaje maleza para quien osa violar sus dominios. Nosotros, noche a noche hemos irrumpido en su seno abriendo trocha con nuestros propios cuerpos a viva fuerza; y los más encarnizados torturadores han sido las zarzas y espinas que son dueñas ilimitadas del terreno, que nos desgarran hasta el alma.

Hay muchas especies; desde el izcanal; de cuernos afilados del tamaño de espuelas de gallo, donde mora una hormiga negra de dolorosísima picadura, hasta las plantas "dormilonas" que pliegan nerviosamente sus finas hojas al menor roce.

Al amanecer, un manto de bonitas rosadas, corno de fino algodón adornan el campo con engañosa belleza; son las flores de estas plantas; pero de bajo, y a todo lo largo de sus extendidas ramas, millares de fuertes garras en forma de uñas de gato, están prestas a despedazar al que se acerque.

Una escena de hace varios años se repite con crueldad

En este descanso amodorrado no puedo dejar de recordar una escena sucedida hace varios años.

En una espléndida mañana de verano, en Simferópol, en las soleadas tierras de Crimea en la URSS, entré de visita al famoso Instituto Botánica, con amplios jardines y bosques, con una ilimitada colección y cultivo, en sus condiciones naturales de las más variadas especies del reino vegetal de todos los climas y continentes. Después de ser introducidos por el guía en los misterios de muchos árboles (algunos anteriores al descubrimiento de América) y plantas exóticas, como culminación de su trabajo, nos conduce hasta un sitial de honor donde crece una planta tropical "especial".

Con tono misterioso, seguido ávidamente por los visitantes, se acerca a la preciosa planta que está protegida de la curiosidad de los más audaces, y nos explica con entusiasta exaltación:

«Ante nuestra vista tenemos uno de los más preciados exponentes de la naturaleza; una planta tropical sensitiva, que corno si tuviera red nerviosa, pliega sus ramas al "sentir" el más leve roce. Es una muestra de la transición del mundo inanimado al animado; del reino vegetal al animal, aunque no llegue al desarrollo de las plantas que atrapan insectos, pero es elocuente muestra del proceso de transición de la naturaleza".

En un principio, al ver la humilde "dormilona" objeto de tan elevados conceptos y notar el expectante asombro en los ojos de los visitantes soviéticos, contemplo la escena con cierta sonrisa de autosuficiencia; pero al oír sus maravillosos valores, tan profundamente encomiados por nuestro cicerone (que por su dominio de" la naturaleza debe ser, por lo menos, profesor de la Academia de Ciencias de la URSS), la comienzo a ver con gran respeto, como una verdadera revelación.

El profesor se acerca a la planta ante la muda expectación de todos que creen estar frente a un cuento de hadas, y en el clímax del "milagro", levanta su varita indicadora que a esas alturas se nos antoja mágica y toca, "¡oh prodigio!", las ramitas de la planta maravillosa, las que como movidas por un resorte se desmayan lánguidamente sobre su tallo.

Una estupefacta exclamación sale de la garganta de los visitantes, que han visto la prueba 'en vivo" y todos quieren tocar la planta, velados por la rigurosa prevención de no hacerlo. Lo que no recuerdo haber oído al bendito profesor, es el "tesoro de "sus espinas".

Ahora, lo único que tengo presente al maldecir con toda mi alma a esos crueles matorrales, son esas afiladas garras de felino que por millones nos atrapan en estos arrastres por los salvajes terrenos que tenemos que cruzar.

Cada paso nuestro es "saludado" por la metralla cerrada

Organizamos la marcha. Por la extremada complejidad de la operación para salir de este nido de enemigos, pasando por postas muy cercanas que expresan su vivencia disparando frecuentes ráfagas de metralla, se organiza la columna en dos grupos con sus respectivos mandos que irán el uno tras el otro por la misma ruta; y bajo una peligrosa claridad lunar, emprendemos la tarea de rodear completamente por su cintura el cerro que nos queda a la derecha (El Corralito), para proseguir al otro lado el rumbo que llevamos. Esperamos acercamos a la carretera, pasar el día en un lugar cercano y atravesarla por la noche.

Con cuidado extremo para no desprender guijarros ni mover las ramas de los arbustos, agachados para que no nos delate la claridad lunar, asidos en cadena, nos arrastramos muy cerca de varias postas y nidos de ametralladora enemiga que disparan monótonamente.

Toda la noche nuestro paso es saludado con metralla, que no es indicativo del descubrimiento de nuestra presencia.

Agotamiento, falta de alimento, túneles en los zacatales

Para mantener el rumbo tenemos que abrirnos paso sobre peligrosos farallones, nacimientos de arroyos, lodazales, pedregales y escaladas resbaladizas o descensos barrealosos, en una procesión silenciosa, bajo los perfiles fantasmagóricos de enormes árboles iluminados por la penumbra lunar.

El agotamiento y la falta de alimento, así como los días sin dormir comienzan a presentar las grandiosas imágenes de la naturaleza: la frondosidad de añosos árboles, la espesa vegetación los precipicios (que ahora bañados por débil luz podemos percibir), las rocas de formas caprichosas el horizonte cubierto de picos y serranías, etcétera., con peculiares tonalidades legendarias y una persistente y pegajosa pesadez pugna por bajar los párpados como si el sueño luchara por aprovechar cada pequeña detención.

La caravana marcha más lenta que otras noches y su pesado avance no abunda en el terreno. Muchos compañeros ya están seriamente dañados de los pies y los golpes comienzan a infectarse.

Tardamos más de seis horas en rodear el cerro, ya bastante retirados de las tropas que nos rodearon todo el día y enfilamos hacia cerros vecinos, abriendo ruta entre, las zarzas descomunalmente crecidas.

A las 6.00 horas del 4 de octubre, después de remontar varias serranías, llegamos a una hondura encajonada sin árboles pero con muy altos zacatales. No podemos seguir avanzando porque sería detectar nuestra presencia y decidimos abrir cuevas en el zacatal para pasar el día cubiertos por la alta hierba.

Abrimos pequeños túneles en el zacate, al abrigo del zanjoncito que cubre nuestras espaldas y nos acurrucamos en el fondo a descansar. Mis asistentes personales: Dina, Daniel, Sonia, Gustavo y Neto me rodean en sus cuevas de zacate. Enfrente están los compañeros jefes: Neto, Lucas y Bernardo (el Jefe de Oriente) que encabezan la columna.

No se detecta, cerca presencia enemiga; ni indicaciones de habernos detectado.

Nos recogemos sin hacer movimientos. Una unidad repta con misión de exploración. Comenzamos un pesado dormitar, empapados por las frías lluvias últimas. Tenemos varios días que la ropa está mojada sobre el cuerpo.

El dolido llanto del niño menor nos intranquiliza a cada momento.

La muerte de un jefe ejemplar: "Lucas"

Por todos lados la: ametralladoras atruenan las colinas. El compañero Lucas que va jadeante unos pasos detrás de mi, es atravesado por una bala. De momento no me doy cuenta por ir adelante de él. Quince minutos después Regimos a la cima del cerro, junto a un arroyo e indago por los compañeros que iban detrás de mí, extrañándome su tardanza.

Van llegando poco después. El enemigo nos viene siguiendo; pero está rastreando toda la parte baja. La primera noticia es que el compañero Lucas, Jefe de la Sub-Zona tres, está lesionado; esperamos que lo traigan, sin embargo al reunirse mayor número de compañeros traen la triste noticia de su muerte.

Un dolor profundo me embarga. Duele a fondo la caída en combate del querido compañero, genuino proletario, obrero de fábrica que llegó a ser jefe militar competente, de unos 28 años; era fuerte y corpuloso, como roble; sereno y reposado en su personalidad. Goza de un gran resto entre los combatientes. Era fervoroso y leal miembro de las FPL Farabundo Martí.

El asesinato de "Marta" con sus tres hijos

Luego nos informan: al pasar la compañera Marta por un claro del cerro, el helicóptero descubrió su paso en un momento en que con el niño en los brazos iba subiendo, rodeada de los otros dos pequeños hijos que se habían desprendido de los brazos de otros combatientes para correr al lado de su madre.

Despiadadamente el helicóptero que dispara a la columna, dirige su ametralladora contra madre e hijos y los acribilla a balazos fríamente. El malvado yanqui asesor dirige desde la siniestra maquinaria el nuevo crimen.

Las balas, pagadas involuntariamente por los contribuyentes norteamericanos, ciegan más vidas de niños y madres salvadoreñas, en esta malvada guerra contra el pueblo humilde y digno.

Los cadáveres de la compañera Marta y sus tres hijos quedaron en esa colina sangrienta. Allí quedan con los ojos abiertos al infinito, los niños que se cuadraban militarmente como guerrilleros que en su infantil candor soñaban con crecer para luchar por lo que confusamente sonaba ante sus oídos: "la defensa de los interese: del pueblo"; nuevas víctimas que engrosaron las miles de criaturas asesinadas fríamente por la: bestias humanas dirigidas por sus amos del Pentágono.

Sufre nuestro corazón intensamente: mil veces justa la lucha armada

Y experimentamos todo el peso de la dureza de los sacrificios de nuestro noble pueblo. Luchamos fundamentalmente por la felicidad futura de la niñez de nuestra patria y nos encontramos de inmediato con sus intensos sufrimientos sometidos a la bestialidad del genocidio del imperialismo y sus títeres.

¡Sufre nuestro corazón intensamente!

¡Justa, mil veces justa, la lucha de liberación de mi pueblo, las mil veces sagrada Guerra Popular de Liberación! ¡Justificado mil veces el implacable odio que nuestro pueblo siente por los belicistas del Pentágono y la Casa Blanca, que están cometiendo tanto asesinato y genocidio sobre nuestra humilde población, por el delito de luchar por la independencia, la democracia y el disfrute de una paz digna y soberana!

¡Pero no cederemos ante la bestialidad, ante el crimen y el exterminio de la población!
¡No daremos tregua a nuestra sacrosanta lucha, hasta la victoria final de las aspiraciones populares, hasta la formación de un verdadero Gobierno Democrático Revolucionario que sea genuina expresión de los intereses de las grandes mayorías humildes y trabajadoras!

En el recuento final vemos que han desaparecido otros dos hermanos del compañero Lucas: Paco de 20 años, miembro de la Dirección Zonal del Partido -FPL- y el hermanito menor, Ricardo, de ocho años.

Después del doloroso recuento, mientras los sabuesos buscan en los matorrales inferiores, organizamos la marcha hacia el sur. Caminamos unas dos horas completamente cubiertos por la vegetación y acampamos en un paraje muy tupido de follaje.

Un pequeño grupo de compañeros marcha abajo paralelamente. Decidimos pasar la tarde allí, en espera de la noche.

El rumbo que tomaremos es directamente hacia la carretera de Las Vueltas, por la Ceiba, en el esfuerzo de romper el cerco estratégico. Los helicópteros rondan con insistencia, pero no dan señales de detectarnos. Todo el personal está destrozado de los pies y con golpes en el cuerpo. Algunos compañeros tienen heridas leves de bala.

La debilidad general amenaza convertirse en extenuación

La tarde desagradablemente fría va avanzando A las 18:00 hora: una inusual oscuridad ha caído. Los nubarrones muy bajos se desatan inesperadamente en una furiosa ventisca fría acompañada de vivísimos relámpagos y ensordecedores truenos en una sucesión sobrecogedora. Pocas veces en mi vida he presenciado tal género de tormentas eléctricas que por la rápida sucesión de los fogonazos que estallan muy cerca de nuestras cabezas, mantienen iluminado el terreno.

Maldiciendo semejante fenómeno de la naturaleza, que por otro lado es propicio a nuestros objetivos, reanudamos la marcha tiritando de frío, atravesando peligrosamente los torrentes crecidos por la descomunal lluvia. Una hora después y cuando hemos avanzado poco, amainó la tormenta y tras espesos nubarrones, la débil acción lunar hace disminuir la intensa oscuridad.

Llegamos a las vecindades del Río Tamulasco, cerca de la carretera que pretendemos cruzar, cuando ya la luz del día se pronuncia peligrosamente. Estamos a 5 de octubre.
Calculamos no alcanzar la carretera (punto crítico del cerco) en la penumbra, y decidimos quedarnos otro día más de este lado del río, en la propia red del dispositivo de cerco estratégico. Intentar saltar al otro lado, lo consideramos suicida, ya que las laderas del Picacho y cerros vecinos, casi hasta su cima son completamente peladas, sin un árbol y nos dejaría total mente a merced de la metralla enemiga.

Decidirnos subir a la altura más vecina del río, que está coronada de un pequeño bosquecillo. Sale el sol, cuando logramos acondicionarnos en una providencial casita abandonada que está bajo los árboles, oculta al abrigo de los accidentes del terreno; y nos quedamos en la misma, en el polvoso suelo infectado de pulgas.

Cerca de mí, mis asistentes más cercanos: Dina, Sonia y los compañeros Jefes... Dormitarnos inquietamente. Las condiciones físicas de todos son deplorables. A algunos heridos comienzan a engusanársele las lesiones. Bernardo está con fiebre muy elevada.

Un compañero herido se aprieta con ambas manos la cabeza, tratando de amenguar las mordidas y el cosquilleo de los gusanos que le han invadido la lesión. Llevamos varios días de no alimentarnos ni dormir. La debilidad general amenaza convertirse en extenuación.

"No me importa morir pero que no vaya a caer nuestro comandante en jefe": Ruperto.

No tarda mucho tiempo sin vernos materialmente rodeados de columnas de soldados enemigos que parecen ir y venir de Las Vueltas, en cuyas inmediaciones estamos.

En cada ocasión toman las colinas de enfrente y las faldas del cerro, situado al otro lado del río. Caminan allá abajo por la troca abierta por nosotros. Por más que tratamos de borrarlas es evidente que las huellas han quedado. Disparan de muy cerca de nuestras posiciones.

Por la tarde se inicia un intenso mortereo hacia estos parajes. Helicópteros sobrevuelan; es la táctica que emplea el enemigo para el asalto a cualquier posición.

El ametrallamiento desde las colinas vecinas arrecia. Por momento los disparos de M-16 resuenan muy cerca. Nos parece que de alguna manera hemos sido detectados y que asaltarán de inmediato nuestra posición y nos aprestamos a la defensa. Por otra parte, nos parece lo más lógico que una de las patrullas que se mueven elija pasar por encima de esta colina como lo están haciendo por las vecinas. En todo caso, sentimos que el choque es inminente y estamos decididos a hacerles pagar caro su intento.

El dramatismo del momento aumenta cuando el enemigo inicia un cañoneo con baterías de cuatro andanadas simultáneas de l05 milímetros que comienza a caer a unos 500 metros de donde estamos (hacia el Norte) y llega casi hasta el patiecito de la casa que ocupamos, la tensión aumenta a medida que las explosiones de gran impacto se van acercando con ritmo implacable hasta nuestro apostamiento, desprovisto de toda protección anti-artillera.

Se repite una y otra vez, durante unos 40 minutos. En la tensión del momento, prestos a saltar sobre el enemigo, si ataca frontalmente, entre el rugido del cañón, oímos el desahogo de un combatiente: Ruperto, muy joven pero valiente en la acción, que dice entre sollozo: "no me importa morir, pero que no vaya a caer nuestro Comandante en Jefe".

Todos los rostros están tensos y pensativos, con el arma lista a disparar. Me impresiona profundamente ese sentimiento de desahogo de la fuerte tensión, de un soldado que está consciente de hallarse en real peligro de muerte. Después del cañoneo, comienzan a desfilar en la colina vecina y por el río, unidades del ejército títere que se trasladan de Las Vueltas a Chalatenango. Disminuye la tensión.

La caída en combate de siete hermanos

Con persistencia, en este tenso alerta amodorrado, el pensamiento recae en la compañera Milagro, jefe del Campamento, joven guerrillera de 22 años de edad, miembro de las FPL, bastante politizada. De tez morena, ojos negros, brillantes y expresivo, rostro agradecido que derrocha vida y simpatía, cuerpo bien formado, tiene el porte militar sin afectación ni inmodestia, de la mujer entregada a la lucha por su querido pueblo. Ejerce el mando militar del campamento con autoridad, ganada justamente entre los combatientes.

Nos trajeron el informe de que en el segundo grupo de nuestra columna fue gravemente baleada en la emboscada de la colina sangrienta (Cerro Ocote Redondo). Los confusos informes dan a entender que ha muerto. Es hermana del compañero Lucas que cayó también en ese combate.

Antes de ellos, tres de sus hermanos mayores habían caído en diversos lugares en la lucha contra la tiranía militar títere Si se confirma su muerte y la desaparición de sus otros hermanos, serían siete los miembros de esta familia que derramaron su sangre por la justa causa del pueblo. Es una familia de combatientes que se incorporaron a la revolución en su tierra natal: El Cerro de Guazapa.

"Milagro", esa gran revolucionaria

Al recordarla, involuntariamente me absorbe el recuerdo de la vida en el campamento: entre los espesos pinares de la alta montaña, va saliendo el sol coronado por nubes de bello púrpura. La neblina que a veces por días enteros cubre las cimas donde estamos, comienza a subir desde valles y hondonadas.

Es hora de la formación del campamento, para rendir los honores a la bandera, después de los ejercicios matinales. Formadas las escuadras frente a nosotros, sus Jefes rinden parte a la compañera Milagro, Jefe del Campamento. Luego, ella se dirige a mí, con gallardo porte marcial, en altivo saludo militar, para rendirme el parte del ordenanza "Compañero comandante en Jefe, le informo que las escuadras del campamento están listas para rendir honores a la bandera del FPL Farabundo Martí. "Hay tantos compañeros enfermos". Informa, la Jefa del Campamento: Milagro.

Veo con agrado la seria actitud de esta joven guerrillera, exponente de la inmensa contribución de la heroica mujer salvadoreña en esta dura Guerra Popular de Liberación. Noto su compenetración en la responsabilidad militar y política que desempeña; sus ojos negros clavados fijamente en mí, sus graciosos labios regordetes adornados por un lunar en la parte superior. Veo la gran simpatía y virtud que irradia su altivez militar revolucionaria y, contesto invariablemente: "Compañera Jefe del Campamento, ordene rendir los honores a la bandera". Juntando los talones de sus botas, se vuelve hacia la formación de los combatientes y emite las voces de orden.

Y mientras la bandera asciende lentamente en el mástil, la voz potente de los combatientes, haciendo el saludo militar, se expande por entre los bosques rumorosos, entonando el himno a la bandera.

Se alza ya nuestra roja bandera,
A triunfar o a morir llama ya,
Por la Patria y el mañana socialista,
¡El pueblo armado vencerá!

Muchos hijos del pueblo han caído
Defendiendo la Bandera proletaria.
El enemigo pronto será vencido.
Por las armas revolucionarias.

Guerrilleros, milicianos,
Combatientes de la Libertad
Nuestras armas nos darán
La victoria popular, la victoria popular.

¡Adelante! ¡Adelante!
No daremos ni un paso atrás.
Ha llegado la hora de los combates
Por lograr, por lograr la Victoria final.

…el eco de sus voces rebota en las quebradas. La bandera roja de la FPL Farabundo Martí miembro del FMLN flamea al viento en este pedazo de tierra libre. Después de que los combatientes gritan las últimas consignas: ¡Revolución o Muerte! ¡El pueblo Armado Vencerá!, la compañera Milagro da la orden final: "Rompan filas; a incorporarse a las tareas del día". Y los combatientes, rompiendo la formación, marchan optimistas al desayuno, para iniciar después las tareas y misiones…

En el límite de la fatiga

Vuelvo a la realidad, seguirnos en esta elevación a orillas del Tamulasco. Me resisto a pensar que la compañera Milagro haya caído.

Muy quebrantado todo el personal, caminamos despacio en la oscuridad, bajo la lluvia y bajamos la pendiente hacia el Río Tamulasco, el más caudaloso que cruza Chalatenango (con excepción del Lempa y el Sumpul) y que tiene su nacimiento cerca de Los Naranjos. Al poco rato, cruzamos sin novedad la Carretera de Chalatenango a Las Vueltas.

Trabajosamente, escalamos las duras y empinadas laderas del Cerro "El Picacho" y vecinos; cerros sin alta vegetación. Por el agotamiento físico y las infecciones de los golpes, comienzo a sentir aguda extenuación. Fraternalmente, los compañeros me ayudan.

Al intento de ocupar unas cuevas, ya con la luz del día muy clara, nos detecta la posta enemiga que está en la base del "Picacho", e inicia desde su posición un fuerte tiroteo. Tenemos que caminar agachados un kilómetro más y nos detenemos en un terreno muy cubierto, con tupidos cafetales invadidos por la maleza, como a 500 metros al Oriente de la abandonada aldea Talchaluya.

Descansamos un rato. Casi todo el personal está en el límite de la fatiga; con los pies destrozados e infectados. Y esperamos estar aquí hasta la noche, para salir definitivamente del cerco.

Emboscada y salida final del cerco

Estamos a 6 de octubre. Muy poco tiempo nos dura la esperanza de descansar. El enemigo ha movido fuerzas hacia nuestra posición, envolviéndonos por los cuatro costados.

Como a las 9:30 horas nuestra contención choca con una patrulla enemiga de avanzada, choque corto y agudo, que deja como saldo dos soldaos enemigos muertos. La fuerza enemiga de avanzada, cubre su retirada, lanzándonos granadas de fusil, habiendo lesionado no gravemente a algunos compañeros. El fuego sobre nosotros se generaliza desde todas las direcciones.

Contestando el fuego, nuestra columna se ordena para la marcha, y decidimos abrirnos paso bajo los matorrales, para ascender la empinada colina de la derecha, prácticamente a los pies del enemigo que nos dispara desde arriba.

La maniobra requiere de un tacto extremado, para que las tropas títeres no sientan que nos estamos moviendo, prácticamente bajo sus pies. Para iniciar el ascenso, nos cierra el paso una roca enorme que tenemos que escalar con cuerdas, e iniciamos un arrastre lento e imperceptible, con la cara besando el suelo, de frente, totalmente pegados a la tierra, apoyándonos en codos, rodillas y pies, para avanzar sin mover la maleza, que forma un verdadero túnel sobre nuestro cuerpo.

El terreno es muy pedregoso y a cada trecho hay que pasar sobre grupos de roca que nos dificultan el avance. Al alzar un poco el cuerpo, las espinas nos desgarran la espalda. Las raíces y bejucos entraban nuestro paso. Nos movemos lenta y sincronizadamente; unos tres o cinco movimientos de avance, seguidos de dos o tres minutos de quietud; uno, dos, tres; muy lentamente, y a mantenernos quietos.

La columna parece una enorme boa que se moviere lentamente, en este destrozante arrastre que se prolonga por horas.

En los espacios de quietud, entre movimientos de avance, al mismo tiempo que aguzamos la vigilancia, nos internamos involuntariamente, por rápidos instantes que parecen prolongados, en recuerdos y reflexiones.

Necesariamente, pienso en el Comandante Che Guevara, que hace 14 años, por estas fechas, cayó combatiendo en circunstancias parecidas, rodeado y acosado por los títeres del imperialismo en la quebrada del Yuro.

Pienso en el estado de la guerra, en el grado de desarrollo de las fuerzas revolucionarias; en el desarrollo de las FAPL, en la gran solidaridad que los pueblos están proporcionando a nuestro pueblo, y en la gran necesidad de pertrechos de guerra frente al incesante torrente de material moderno que el imperialismo proporciona a sus títeres para el genocidio contra nuestro pueblo.

Pienso en el cúmulo de debilidades de nuestro trabajo político-militar, y sinceramente siento tristeza de pensar que el enemigo me priva de la posibilidad de seguir aportando mi modesto concurso. Al mismo tiempo siento gran tranquilidad de espíritu, al pensar en lo invencible de esta causa, que el pueblo armado, como incontenible torrente ha tomado en sus manos y que no cesará hasta llevarla causa de la liberación a su victoria final. Que no será en vano tanta sangre derramada por los obreros, campesinos y sus aliados; y que la Revolución no se desviará, sino que será en función de los intereses de las clases trabajadoras.

Y siento gran confortamiento interno al pensar que en lo personal, mi vida haya estado inseparablemente soldada a los intereses obreros y campesinos, hasta el último aliento.

Si no tuviéramos éxito en salir de esta emboscada que consideramos como último eslabón del cerco, no siento mayor intranquilidad, sino la firme resolución de causar el mayor número posible de bajas al sanguinario enemigo. Por lo demás, en el caso extremo, y como es natural, la última bala de mi pistola ya tiene una misión bien definida.

La operación de lento arrastre se prolonga durante unas cuatro horas, hasta bien avanzada la tarde.

Detrás del tupido túnel de maleza, vemos y oímos la plática de los soldados enemigos, a unos 30 metros en la cima del cerro, hasta donde hemos reptado. Oímos incluso la transmisión de su aparato de comunicaciones.

Decidimos descansar en esa misma incómoda posición, en espera de la noche, para hacer el intento final de salir del cerco enemigo.

En una inquieta espera, velada por pertinaz somnolencia, veo desfilar por mi memoria, los turbulentos años de 1970, cuando, nacientes, las FPL Farabundo Martí enarbolaron contra viento y marea la liberadora estrategia político-militar de la Guerra Prolongada del Pueblo, hasta esta etapa elevada de la misma.

Entonces, no soñábamos con que esta causa tan justa iba a crecer con tanta amplitud, hasta ser la causa de todo un pueblo. Tampoco pensábamos en el enorme torrente de sangre popular que abriría la vía para la liberación de nuestra patria; ni la horrenda política de exterminio y genocidio que el insaciable imperialismo llevaría a la práctica, en su malvada escalada de intervención.

Más de 30 mil gentes humildes de mi pueblo asesinadas fríamente por la bestia belicista en un poco más de un año. Como medio millón de sencillas gentes de mi pueblo en campos de concentración, llamados "refugios" (1) y en campamentos de refugiados en el interior del país y en los países vecinos. Centenares de caseríos y cantones totalmente deshabitados, llenos de monte y maleza.

Cuántos queridos compañeros, que a la par mía han luchado con fervor, por la causa del pueblo han caído. Me lacera pensar en los últimos nobles compañeros caídos apenas la víspera: Lucas, Milagro, Marta, etcétera, y me represento a aquellos queridos compañeros que fueron los primeros que en el inicio de construcción de las FPL, cayeron combatiendo con las armas en la mano: Ferrum, el inteligente compañero de 19 años, que se desarrollaba como verdadero Jefe de la Revolución; Sergio, el obrero que murió con él; Antonio, obrero panadero; el gran dirigente de la clase obrera, José Dimas Alas, que rompió el patronal Código de Trabajo y tomó el fusil; Omar, dirigente juvenil de los sindicatos; Juan Sebastián, joven profesional electrónico; Felipe Peña (Ignacio) querido dirigente estudiantil y Ursula su compañera Eva, Francisco y Antonio, que combatieron durante nueve horas en su casahabitación, embestida por centenares de esbirros; inician sólo el interminable desfile de hijos del pueblo que con ejemplos de heroísmo han marcado la gloriosa ruta de la liberación.

No puedo evitar el pensar en mi querida hija Emma Guadalupe, dirigente magisterial, acribillada a balazos el 22 de mayo de l979, al encabezar una manifestación de masas y pienso también en el gran dirigente campesino Apolinario Serrano, en Roberto Sibrián, etc.

Por mi mente pasa el rostro de Justo Mejía, con quien precisamente por estos pedreros y cuevas del Tamulasco, La Ceiba y el Picacho, recorríamos en 1973-74 las veredas y los fangos, organizando los primeros grupos secretos, sin intuir los prodigiosos frutos de este pueblo. Ahora, ya nada ni nadie derrotarán a este férreo pueblo. Aunque tengamos que pelear casi con las uñas, como lo estamos haciendo ahora; y aunque la fiebre imperialista decidiera mayores zarpazos, este pueblo tiene temple, adquirido en largos años de guerra, voluntad y decisión de combate, para conquistar cueste lo que cueste, su autodeterminación, soberanía, independencia y libertad.

Nuestro mayor problema

La tarde oscurece de acuerdo a nuestros deseos, aunque una fría brisa nos anuncia otra noche de cruda lluvia; más cruel, mientras nuestros cuerpos tienen menos calorías.

La incómoda posición se va tornando intolerable. Las heridas del cuerpo agudizan su sensibilidad al enfriarse por la quietud; pero el extremo cansancio que por un trecho me abrumó la noche anterior ha sido superado.

Las voces de los soldados nos patentizan su proximidad. De vez en cuando disparan ráfagas de ametralladora. Al oscurecer por completo, reiniciamos la marcha reptando al pie de las posiciones enemigas, cerca de una hora; esta vez sin detenemos; dejando atrás las posicione: de los títeres y pasando sobre la cima del cerro.

Tomamos resueltamente el descenso por un peligroso desfiladero de peña: y barro, avanzando más de media noche, deslizándonos sentados, como en un tobogán; otros trechos saltando sobre peñascos, alejándonos decididamente del terreno ocupado por el enemigo, hasta llegar a un riachuelo muy cubierto de vegetación en las cercanías del Cantón El Limón (quebrada El Pital).

¡Por fin, hemos salido del cerco estratégico del enemigo!

Es evidente que adelante de nosotros, algunas alturas están ocupadas por el enemigo: El Picacho y cerca del Gallinero, pero ya son puestos aislados que pueden sortearse con facilidad.

Ahora, nuestro mayor problema es el grave estado físico de todos; pies y manos desgarrados e inflamados; con siete días sin dormir ni comer. Apenas puede la caravana arrastrar los pies. Los gusanos han invadido las heridas y magulladuras de muchos.

El esfuerzo de la última jornada; 20 horas de arrastrarse, marchar de rodillas, deslizarse sentados, etcétera, ha terminado con las reservas físicas de casi todos. Todo esto, agravado por el hecho de que llevamos una buena proporción de heridos con las lesiones infectadas. Materialmente ya no se puede seguir de inmediato el avance, y es preciso procurar reponerse un poco.

Descansamos todo el día 7 de octubre, entre los árboles, al rumor del riachuelo de El Pital. En la noche, nos movemos un poco hacia el Sur, subiendo los cerros que dan hacia La Laguna-El Gallinero, y al derrumbarse la resistencia física, ya cerca del filo de la montaña (superior a mil metros), tenemos que acampar en otro sitio muy cubierto.

Las lágrimas y la exclamación de una anciana

Estamos ya en la madrugada del 8 de octubre. Allí, durante 48 horas, tratamos de reponernos sin lograrlo, de nuestros golpes y lesiones, que se van infectando más y enviamos un correo al campamento guerrillero más cercano.

El día 10 a las 18.00 horas, con ayuda de los refuerzos enviados por el campamento, nos trasladamos al mismo, en un último esfuerzo de más de 12 horas.

Después de recibir emocionadas demostraciones de solidaridad de la masa de los caseríos cercanos al campamento (sus generosos ofrecimientos, fueron los primeros bocados tomados en 10 días). Llegamos al mismo a las 11 horas del 11 de octubre.

Nos impresiona profundamente ver de nuevo el rostro de nuestras masas de nuestro pueblo; las mujeres e hijos que salieron a nuestro paso ofreciéndonos una taza de café caliente para entonar nuestro cuerpo privado de alimentos.

Oímos la exclamación de una anciana que con lágrimas en los ojos, ante el paso de nuestra caravana dice: "los sacrificios del pueblo no serán en vano; nuestros hijos serán felices". Vemos pancartas con consignas revolucionarias pegadas en las paredes. Un periódico mural. ¡Estamos nuevamente en tierra libre!

Los hijos de Farabundo Martí están en pie

En el campamento, se prepara el acto político cultural en conmemoración de la heroica caída en combate de los compañeros: Eva, Francisco y Antonio. Tres días antes, habían conmemorado junto con la masa, el aniversario de la caída del Guerrillero Heroico, nuestro Comandante Ernesto Che Guevara.

¡Los hijos de Farabundo Martí están en Pie! ¡El Pueblo Salvadoreño es Invencible e Inmortal!

¡Los inhumanos lacayos y sus amos han fracasado en su objetivo de aniquilamiento!
¡La Guerra continua, hasta la victoria final!

Valiosa intervención del equipo sanitario

La noche del 13 de octubre fue decisiva para salvar la vida del compañero Bernardo, Jefe del Estado Mayor del Frente Oriental (Isaac Aguilar Flor de las FAPL), debido a las lesiones y golpes recibidos durante la marcha y a un balazo que le había atravesado la mano derecha, bajo el dedo pulgar, y que al final de la marcha lo tenía infectado.

Las lesiones en todo el cuerpo, especialmente en las rodillas y pies producidos por los arrastres y caídas, le ocasionaron repentinamente una infección generalizada que le invadió el torrente sanguíneo (septicemia). Estuvo a punto de expirar.

Los afanoso: cuidados del equipo sanitario durante esa noche y el día siguiente, manteniéndolo más de 48 horas con suero, y la llegada aún a tiempo del antibiótico indicado, permitió sobrepasar la situación mortal, para entrar en el lento periodo de recuperación de nuestro querido compañero de tan abnegado y leal comportamiento en este operativo.

El compañero Neto, Segundo Jefe del Frente "Apolinario Serrano" y Jefe operativo de esta misión, no llegó a la gravedad del anterior, pero las infecciones de los pies y la extrema debilidad provocada por los diez días de ayuno y desvelo obligados, le produjeron complicaciones y recaídas que prolongaron unos quince días su estado de recuperación en grado aceptable.

Recordamos que su serenidad en los momentos de mayor peligro, y sus directivas, permitieron a la columna Salir con éxito del cerco.

La concentrada atención fraternal de los compañeros, permitió que mi recuperación se desarrollara sin complicaciones apreciables, aunque con mayor lentitud que la deseada, dentro de la natural impaciencia de estos casos. A mis asistentes más cercanos les bastaron unos tres días para estar en sus actividades más o menos normalmente, excepto los que fueron tocados por una extraña epidemia de "dengue", que con gran virulencia se extendió por el campamento en esos días. Se caracterizo' por fiebres de 40 grados y otros graves trastornos. Se extendió la versión de que tal epidemia es producto del virus lanzado por el enemigo en otras zonas, como ya lo ha hecho.

Balance preliminar

Todas las unidades fueron reportando, y hacia el 15, casi todos los campamentos estaban ocupados nuevamente por las unidades revolucionarias; quedando por recuperar sólo los del Volcancillo y La Hacienda.

El balance preliminar al 15 de octubre de pérdidas (sujeto a rectificación) arrojó los siguientes datos: 15 combatientes muertos, (incluyendo los jefes), 20 heridos y 12 desaparecidos; principalmente de la masa. Ocho armas perdidas o inutilizadas, ocho armas recuperadas al enemigo. El ejército genocida: 33 efectivo muertos, 20 heridos, ocho armas perdidas.

Recibimos la triste confirmación de la muerte de la compañera Milagro. Su cadáver y el de otros compañeros fueron sepultados por las unidades enviadas en exploración. Junto a estos dolorosos informes, se nos comunicó que entre los desaparecidos están dos hijos del poeta Roque Dalton García: Roque y Juan José.

Por otra parte, nos causó enorme satisfacción recibir el informe de que a pesar de tan encarnizado asedio enemigo sobre la masa cuyo paso era bombardeado inmisericordemente por los genocidas, hubo un mínimo de pérdidas, pues guiados y defendidos por las unidades guerrilleras y milicianas, pudieron salir del cerco y ubicarse en un lugar relativamente seguro. Estaba compuesta por unos dos mil habitantes, Especialmente mujeres, ancianos y niños de los cantones y caseríos del Jícaro, Sicahuite, Potrero, Los Alas, Los Ramírez, Los Ortices, La Hacienda.

Fueron pocas las pérdidas y muy poco: los muertos y heridos. En las horas de más intenso bombardeo contra las mismas, las unidades militares de autodefensa, supieron encontrar los relieves más propicios del terreno para resguardarlos de la tormenta de obuses y morteros.

A la altura del 20 de octubre, todas las masas están ya en sus respectivos caseríos.

Fracaso de la ofensiva imperialista en Chalatenango

Es inconcebible el escaso fruto estratégico que esta bestial ofensiva en gran escala de limpieza, de cerco y aniquilamiento ha proporcionado al gobierno títere y a sus amos imperialistas, debido a la táctica utilizada por las fuerzas revolucionarias.

Esta ha sido la ofensiva mayor, lanzada hasta hoy, concentrada en terreno relativamente pequeño, cercado y batido por cinco mil a siete mil efectivos. Toda la aviación y helicópteros, con gran concentración de morteros, cañones y ametralladoras con un gasto saturado de proyectiles.

Sólo en los primeros: cinco días ha lanzado el ejército títere no menos de 10 mil obuses, bombas y morteros, incluyendo los bombardeos aéreos realizados con explosivos de 200 a 500 libras.

¿Como se desvanecieron para el enemigo los objetivos de aniquilamiento perseguidos con el fin estratégico de su operación?

Mientras las unidades móviles revolucionarias apoyadas por la guerrilla local y de acuerdo al plan de defensa trababan tenaz combate contra las unidades muy superiores del ejército títere que trataban de escalar la montaña (y que en este caso se vieron retardados tres días en lograr sus avances iniciales), unidades de guerra local organizaban y ponían en marcha la salvaguarda de las masas y la retirada de las unidades de los campamentos, en diversas columnas que, como pequeño torrente y trabando combates parciales en casos de necesidad, se escurrían del cerco por los pliegues del terreno, como la lluvia que derramada en las cumbres infiltrase entre el círculo agresor, para después subir como la neblina a ocupar nuevamente todo el terreno; desde las faldas a las cumbres.

Mientras tanto otra: unidades efectuaban ataques de retaguardia en puntos fuera del cerco; especialmente emboscadas al enemigo en movimiento.

¿Y cuántas ofensivas de limpieza ha lanzado el ejército genocida sobre cada una de la: zonas revolucionarias con iguales resultados negativos para sus planes?

No han podido con los insurgentes

Solo sobre Chalatenango ha lanzado no menos de 10 ofensivas de gran envergadura en poco más de un año. Desde mayo de este año, sus operaciones de limpieza sobre una u otra de las cuatro subzonas de ese frente (Apolinario Serrano) son prácticamente continuas. Y así en otros frentes como el Volcán de San Vicente, Usulután, Cabañas, Cerros de San Pedro, Cerro de Guazapa, etc. Sin embargo, el arraigo y extensión de las zonas guerrilleras es cada vez mayor, más firme su enraizamiento en el terreno, más experimentada la masa, más integral la Guerra del Pueblo contra el despiadado lacayo.

Se comprueba con los "Kaibiles" muertos la participación guatemalteca

Varios de los enemigos muertos resultaron ser soldados regulares del ejército guatemalteco, miembros del sanguinario cuerpo especial antiguerrillero denominado '"Kaibiles". Armas, uniformes y otros equipos oficiales de estos soldados fueron requisados. Comprobación plena de la participación del ejército títere guatemalteco en la lucha contra nuestro pueblo.

Un pueblo invencible

Es inmenso el sufrimiento de la masa en cada operación de limpieza. Al regresar a los caserios, encuentran incendiadas las casas, aniquiladas sus reses y aves de corral, destruidas sus cosechas, robados los granos y otros comestibles.

Se encuentran sin alimento, sin ropa, sin medicinas. Y con el infinito estoicismo reanudan el mismo día que llegan la reconstrucción bajo la dirección de sus Poderes Populares, maldiciendo a los que tanto daño le causan al pueblo, honrando la memoria de los caídos y reforzando la decisión de la lucha expresada en la práctica diaria y en combativas consignas de lucha.

Por otra parte, zonas enteras han sido deshabitadas por el machete y el bombardeo genocida y extensiones de tierra están sembrados de caseríos con muchas probabilidades de haber sido capturados por los genocidas.

El 12 de octubre, cuando el mando títere con fanfarronería emitía el consabido comunicado sobre la ofensiva de Chalatenango ("han sido muertos 120 guerrilleros y capturado gran cantidad de material de guerra, etc."), el parte de una unidad de guerrilla local de las FAPL cercana a la zona invadida informaba del aniquilamiento del puesto enemigo del Portillo (cerca de La Cañada), con saldo de seis muertos y el resto de efectivos títeres heridos, cuatro fusiles M-l 6 y una ametralladora M-60 y cuantioso parque capturado para la revolución.

Dos días después, una emboscada cerca de Guarjila, dejaba cuatro efectivos títeres muertos y dos M-16 requisados, con buena cantidad de parque, cargadores y otro material de guerra capturado.

El 15 de octubre, en horas de la madrugada, mientras el gobierno se aprestaba a celebrar a bombo y platillo el II Aniversario de "su revolución", fuerzas de las FAPL (miembros del FMLN) de los Frentes Isaac Aguilar Flor (Oriental) y Roberto Sibrián (San Vicente) destruyeron en una acción estratégica el más grande puente del país y el mayor de Centroamérica en la cuenca del Pacifico.

La noticia conmovió de raíz a todo El Salvador y ensombreció las "celebraciones" del régimen que trataba de proclamar la "pacificación" del país como parte de sus maniobras preparatorias en su proyecto de simulacro de farsa electoral.

"La orden se cumplió, Comandante en Jefe: volamos el puente"

Estando en vías de recuperación, con gran alegría recibí el parte del Frente Oriental, que me informaba: "Compañero Comandante en Jefe: en cumplimiento de su orden recibida en septiembre de este año, este 15 de octubre, en operación combinada con el Frente Roberto Sibrián, que se realizó a las 19.00 horas del 14 del presente mes a las 5.00 horas del 15, las unidades de las FALP han dinamitado con el mayor éxito el "Puente de Oro", sobre el Río Lempa".

"Se neutralizó las guarniciones del enemigo de los dos extremos del puente: San Marcos Lempa por el lado Oriental y San Nicolás Lempa del lado paracentral; y se evacuó a la población que vive debajo del puente, para no ser afectada por la voladura. Se realizó propaganda armada entre la población. Esta operación es en apoyo de la lucha de nuestros compañeros contra la operación de limpieza genocida en Chalatenango y para profundizar la quiebra económica del régimen lacayo".

Este puente sobre el Río Lempa, llamado "Puente de Oro", era una formidable estructura metálica colgante, de un kilómetro y medio de largo. Sólo la parte colgante cubría 700 metros. La propaganda de los títeres trató de dar vuelo a la estúpida versión de que "tropas cubanas de rápido despliegue" habían invadido el país para volar el puente.

En otras partes del país, otras fuerzas del FML, también reportan acciones contra el ejército títere. La revolución continúa avanzando con fuerza creciente, a pesar de las bestiales operaciones de limpieza dirigidas por los yanquis agresores. El pueblo salvadoreño no puede ser detenido ya en su marcha hacia su liberación.

Se incrementa la ayuda militar a los fascistas

En las últimas semanas, el Pentágono ha dotado de más helicópteros, algunos de ellos con gran capacidad de transporte a las tropas de la Junta genocida Democristiana. Se le ha reforzado también con 12 aviones de combate recién llegados.

El envío de artillería, ametralladoras, fúsiles y parque es cuantioso e incesante, por aire y mar. Este torrente ya el imperialismo y sus títeres tratan de considerar tan "normal" que no se publicita. Es más, se trata de no darle notoriedad para no provocar la reacción indignada de la opinión pública norteamericana y mundial.

Pero las operaciones de limpieza y genocidio están abundantemente alimentadas por este incesante flujo de abastecimiento militar cada vez más moderno y en creciente escala. El helicóptero ha pasado a ser el arma por excelencia de las operaciones de la guerra especial del imperialismo en El Salvador. Los helicópteros trasportan los batallones operativos móviles hasta las cercanías de los objetivos, transportan el material de guerra y abastecimientos, dentro de las operaciones tácticas acercan tropas de la retaguardia a las primeras líneas de fuego, realizan relevos de combate; sacan los heridos y muertos de las líneas de fuego a los hospitales de retaguardia, realizan exploraciones minuciosas para descubrir unidades guerrilleras o concentraciones de masa; conducen el fuego de los cañones, morteros o aviación; hostigan por si mismos los campamentos, ametrallándolos e incluso bombardeándolos y realizan otras operaciones tácticas.

En tiempo "normal", son el vínculo de abastecimiento de alimentos, parque, relevos, etcétera, para los puestos y cuarteles que están aislados en las zonas guerrilleras. Y los asesores yanquis son el alma de esta malvada maquinaria. La profusión de artillería (cañones 80 y 105 milímetros y morteros de 61, 80 y 120 milímetros y los cañones de 90 milímetros sin retroceso), así como el abrumante bombardeo aéreo se explica por la modalidad táctica operativa que utiliza el imperialismo y sus títeres en sus operaciones de limpieza; cada paso de avance de las tropas de infantería de asalto, es precedido por un saturador fuego de cañón-mortero y de aviación, (especialmente de los "Fuga Magisters") La infantería avanza apenas unos cuantos metros y vuelve a detenerse para que la artillería y la aviación arrasen el terreno por delante y destruyendo las posiciones y trincheras de las unidades revolucionarias. Con esta táctica, poco a poco, sin prisa, tratan de ocupar las alturas circundantes para que la artillería pueda ganar posiciones cada vez más directas e inmediatas para pulverizar directamente las posiciones revolucionarias.

Contra esa maquinaria y técnica yanqui se enfrentan las Fuerzas Armadas Revolucionarias del pueblo salvadoreño, alcanzando cada vez mayor tecnificación, carácter regular, experiencia operativa y eficacia en la acción, ganada en el propio fuego de los combates; ni como en el avance de sus planes de desarrollo, tecnificación y estructuración, derrotando los objetivos de las ofensivas contra las tropas títeres. Pero el abastecimiento es evidentemente desigual. Mientras el imperialismo yanqui abastece irrestrictamente a los asesinos del pueblo, con armamento cada vez más moderno y en creciente escala, las fuerzas de liberación no reciben ni un solo fusil.

A pesar de la falaz campaña de la prensa reaccionaria que trata de justificar la operación del Pentágono, es inmensa y conmovedora la solidaridad política, diplomática y en otros importantes terrenos que, de mil maneras proporcionan todos los pueblos del mundo al heroico pueblo de El Salvador. Es trascendental el reconocimiento de los gobiernos democráticos de Francia y México a las Fuerzas Revolucionarias representadas por el FMLN-FDR, como fuerzas políticas. Ese valiente y realista paso tiene incalculables consecuencias a favor de nuestro pueblo.

La verdad de la guerra y las grandes calumnias

En este gran marco de solidaridad internacional, es necesario decir con toda franqueza que muchas de nuestras unidades guerrilleras siguen luchando casi sólo con las uñas, con fúsiles en creciente desgaste utilizados diariamente; con armas caseras incluyendo las trampa primitivas y con las armas y municiones requisadas en creciente pero aun insuficiente escala a las tropas de la tiranía.

Es una malvada falsedad fabricada por la guerra sicológica del Pentágono que los combatientes salvadoreños estemos recibiendo armas de Cuba, Nicaragua o países socialistas de otros continentes.

¡Nuestras armas son las que fabricamos caseramente o quitamos al enemigo a costa de nuestra propia sangre! Pero si con los dientes y las uñas tuviéramos que luchar contra los malvados agresores, no vacilaremos en hacerlo, hasta hacer triunfar la justa causa de nuestro heroico pueblo.

Apelación a los pueblos del mundo: ¡armas para el pueblo salvadoreño!

Por ello, ante el torrente de armamento imperialista destinado a destruir nuestra población, me veo obligado a terminar el relato de este pequeño episodio de nuestra Guerra Popular de Liberación con UNA APELACION A LOS PUEBLOS DEL MUNDO, para que: rompiendo el actual muro de reservas y vacilaciones se encuentren decididamente las formas de proporcionar eficazmente a nuestras Fuerzas Armadas de la Revolución, la solidaridad material en armas que necesita nuestro pueblo para derrotar decididamente la agresión imperialista.

El imperialismo y sus títeres con su prepotencia e insolencia, rechazan toda posibilidad de cualquier otra salida que no sea su malvada pretensión inalcanzable de aniquilar militarmente a las fuerzas revolucionarias, aunque hundan en el total genocidio a toda la población.

Ante esto, es necesario levantar la consigna y la campaña en dimensión mundial de: ¡Armas para el pueblo salvadoreño frente a las armas genocidas del imperialismo!

Nuestro heroico pueblo ha demostrado ser digno de ellas y que sabrá emplearlas con dignidad y eficacia para salvaguardar su vida, alcanzar la paz, la democracia y la independencia; y para contribuir al avance de la Corriente Universal hacia el Progreso Social, la Libertad, la Revolución y la Paz.

¡¡Revolución o muerte!! ¡¡El pueblo armado vencerá!!
¡¡Vivan las Fuerzas Armadas Populares de Liberación. FAPL!!
¡¡Viva el FMLN y el FDR!!
¡¡Viva la solidaridad internacional de los pueblos!!
¡¡Unidos combatir hasta la victoria final!!
¡¡Revolución o muerte, venceremos!!

MARCIAL
Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación (FAPL),
Miembro del FMLN.

Fuente: En las trincheras de combate de la Guerra Popular de Liberación, para la Revista ¡POR ESTO! Octubre 20 de 1981


 (*) Este breve "Dossier" consagrado a la memoria de un gran héroe latinoamericano, el comandante salvadoreño SALVADOR CAYETANO CARPIO (Comandante Marcial), tiene por objeto rescatar del olvido y la calumnia a uno de los más grandes héroes de la lucha latinoamericana anti-imperialista y de liberación nacional del siglo XX.

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