David Rodríguez, sacerdote en la década de los 70, uno de los más grandes impulsores del trabajo cristiano de base y de la Unión de Trabajadores del Campo. Diputado por el departamento de La Paz. Grupo Parlamentario FMLN.

Mi Toma de conciencia en la Parroquia de Tecoluca

Para hablar del aporte de la iglesia a la lucha por la justicia de nuestro pueblo, comenzaré a contar sobre la organización de los cristianos, de lo cual dependió mi desarrollo y evolución como sacerdote hacia el compromiso social y político de esa década de los 70 y de los años posteriores, incluido el trabajo que hoy realizamos de otra manera, pero con los mismos objetivos.

Fui ordenado el año 1963, según el Concilio de Trenton; soy de las últimas camadas de ese Concilio, cuando la misa se aprendía en latín y se daba de espaldas a las gentes. Casi inmediatamente fui a estudiar tres años a España -a la Universidad de Comillas-. Regresé a El Salvador el año 1967 y comencé a trabajar en mi primera parroquia de Santo Domingo, una parroquia pequeña con tres cantoncitos. Aquí tuve cuatro responsabilidades más: capellán de las religiosas fundadas por Monseñor Aparicio, obispo de San Vicente, Secretario Privado del Obispo, capellán de la Quinta Brigada de Infantería de San Vicente y responsable de los cursillos de cristiandad, tarea que me dio la posibilidad de conocer a Monseñor Romero, ya que él era el responsable de los cursillos de cristiandad de San Miguel. Walter Guerra era responsable de Santa Ana, Chencho Alas de San Salvador y yo de San Vicente, lo que nos permitía tener reuniones periódicamente.

El año 1968 fui trasladado a la parroquia del Pilar -en San Vicente-, siempre con las mismas responsabilidades. En 1969 me trasladaron a Tecoluca. Para esa fecha ya había sucedido el Concilio Vaticano Segundo -1963- y el de Medellín -1968-, pero como yo había sido formado de manera conservadora, no le di mucha importancia a esos eventos y documentos de la iglesia. Pese a ello, en Tecoluca comenzó a cambiar mi mentalidad y a pensar un poco en el pueblo.

Tecoluca era una parroquia muy prospera en el sentido económico, por lo que ser nombrado párroco en esa plaza era un premio, ya que Tecoluca estaba dividida en tres zonas: las de las fincas de café en el volcán, la zona costera con siembras de algodón, caña de azúcar y ganado; y la zona del centro, donde había muchos pequeños propietarios que se dedicaban a la siembra de hortalizas y cereales. Todas esas haciendas y fincas tenían su ermita a donde el párroco llegaba a celebrar la misa. Los hacendados y finqueros eran los que sostenían y colaboraban con la parroquia. Pero me comenzó a llamar la atención el trato que ellos daban a los trabajadores y, por otro lado, que no había básculas para pesar el café. Los trabajadores que venían de distintas partes del país -Cabañas, Chalatenango, Morazán, etc.-, se quejaban porque les robaban en las pesas y porque la comida era malísima, además de que las ollas en que cocían los frijoles tenían ratas y cucarachas.

Abusos Contra los Campesinos en lasHaciendas y Fincas. Mis Primeros Problemas

David Rodriguez-18Durante las temporadas de las cortas de algodón y café se duplicaba la población de la parroquia de Tecoluca, situación de la que se aprovechaban los hacendados y caporales, haciendo esperar a los cortadores hasta ocho días para darles trabajo, mientras sufrían a la intemperie la falta de comida y otras necesidades vitales, razón por la que terminaban trabajando tan solo por la comida. Había una hacienda famosa que le decían la hacienda de la “Chenga Sola”, porque solo les daban tortillas de maíz. Todo eso me llamó la atención, porque mi padre también fue dueño de cañales y de moliendas de caña, solo que en mi casa la comida que comíamos nosotros la comían los mozos.

En las algodoneras el trato a los trabajadores era similar, con el agravante de que las avionetas rociaban con veneno los campos de algodón, volando sobre los ranchos de los campesinos; por supuesto, terminaban matando a sus animales domésticos y el pescado de los ríos, lo que dejaba sin alimentos a la gente pobre. Las quejas iban a parar a la parroquia y eso nos hizo comenzar a organizar a la gente, para buscarle soluciones a sus problemas.

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A causa de ese trabajo inicial de organización desde la parroquia de Tecoluca, tuve mi primer problema en la Hacienda Santa Teresa, de la cual era dueño el doctor Carballo -que además era Ministro de Justicia-, con quien yo tenía muy buena amistad, porque él también tocaba la guitarra. Después de las celebraciones de las misas en el casco de la hacienda, me iba a su casa a platicar y tocar la guitarra con el doctor. Pero sucedió que un día, el hacendado decidió cerrar el río para regar sus potreros que estaban en el cantón llamado, paradójicamente “El Regadío”, dejando sin agua a los campesinos para la siembra de sus hortalizas; además, cortó la calle para que la gente no pasara por su potrero, obligándoles a dar la vuelta por el Playón.

Padre David Rodríguez Rivera

Las comunidades estaban muy descontentas, por lo que un día que llegué a celebrar la misa de cada 15 del mes, me estaban esperando para informarme del problema. Les dije que no se preocuparan, que yo era amigo del doctor y que iba a hablar con él. Después de cada misa el doctor me daba, por costumbre, un chequecito de 200 colones para la parroquia. Cuando le expuse el problema no se enojó, simplemente me aconsejó diciéndome: “Tú estás joven, tenés que aprender a vivir; no te metás en esas cosas, en esos problemas” e inmediatamente me extendió un cheque de 500 colones. Le regresé el cheque y le dije que lo que nosotros le pedíamos era que abriera el río. Decidí entonces no ir a celebrar la misa a la hacienda, y comenzamos a celebrarla en una ramada.

Otro problema que tuve fue en la Hacienda la “Chenga Sola”. Fui a celebrar una misa del día de San Isidro. Durante todo el año no le daban de comer a los trabajadores, pero en esa fiesta les daban de todo a los campesinos: guaro, tamales, gallinas, música, etc. Después de la misa, la dueña de la hacienda me dijo que le fuera a bendecir los potreros; le pregunté que cómo se hacía eso, y me dijo que el padre que llegaba antes, se montaba en el Jeep y mientras ella manejaba, el padre iba bendiciendo los potreros. Yo le dije que lo haría, pero solo si ella le daba buena comida a los campesinos; pero la señora, que ya estaba prejuiciada por lo que le habían contado de mí, me dijo: “Mire Padre, usted métase en las cosas de la iglesia, porque en mi hacienda mando yo”. Le dije: “Entonces no se van a bendecir los potreros”. Me dijo que no me asomara más por su hacienda, que ya iba a llamar a otro padre. A partir de ahí comenzaron a llamar a los padres franciscanos de Zacatecoluca. Todas estas informaciones comenzaron a llegar al obispo, quien me mando a llamar para regañarme y decirme “Usted está dañando la imagen de la parroquia y de la iglesia”.

Semana pastoral para buscar las formas de aplicación de las recomendaciones de los Concilios Vaticano II y Medellín

En esos tiempos comencé a tener relación con Juan Macho, de los padres españoles pasionistas de Jiquilisco, porque el límite entre Tecoluca y Jiquilisco era el rió Lempa. El cantón que queda a la orilla del río Lempa de Tecoluca se llama San Nicolás Lempa, y el que queda en la otra orilla, al otro lado del río Lempa, después del puente de Oro, ya es San Marcos Lempa. Cuando yo celebraba misa en San Nicolás, venía la gente de San Marcos, y cuando los padres pasionistas celebraban misa iba la gente de San Nicolás.

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La misma gente nos unió. Decían por ejemplo “¿Por qué no va usted a celebrar misa allá en San Marcos? Le vamos a pedir permiso al padre Juan o al padre Pedro, o al padre Sacarías” Éramos un equipo, tanto así que fueron ellos los que me invitaron a la primera semana pastoral celebrada en la archidiócesis en enero de 1970. Por mi parte invité a los sacerdotes de la diócesis de San Vicente, a los padres Ramiro, Macías, Porfirio, Paco Mejía y a mi hermano Benigno Rodríguez. En ese evento sucedieron tres cosas: primero, me di cuenta de que los problemas que yo estaba teniendo en Tecoluca los tenían los padres de Jiquilisco, y los tenían muchos padres a nivel nacional, o sea, eran las mismas injusticias sociales contra los campesinos. Teníamos problemas en común. En segundo lugar, esa semana pastoral fue para estudiar los documentos de los concilios Vaticano II y Medellín y para reflexionar sobre cómo podríamos aplicarlos aquí en El Salvador. En tercero lugar, las conclusiones que sacamos de esa semana pastoral fueron: primero, que teníamos que formar dirigentes laicos, que el trabajo pastoral no estuviera basado solamente en los sacerdotes y religiosos, sino también en los laicos, por lo que había que formar dirigentes laicos. Segundo, que teníamos que trabajar para conformar comunidades eclesiales de base, para que el núcleo primario de la iglesia no fuera el individuo, sino la comunidad eclesial de base. La tercera conclusión fue que era necesario trabajar en el conocimiento de la biblia de los laicos, por lo que teníamos que difundir la Biblia Latinoamericana, a partir de la Celebración de la Palabra de Dios, dando más protagonismo a los laicos. La cuarta conclusión fue, que con el ejemplo de algunos sacerdotes como Chencho Alas, Monseñor Romero y el padre Romero, teníamos que trabajar con la radio, hacer programas de radio, difundir nuestro mensaje a través de esos programas. Y la quinta conclusión fue, que teníamos que crear centros de formación campesina.

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Inmediatamente, después de esa semana pastoral, formamos con los padres de Jiquilisco, el Centro de Formación Campesina “Los Naranjos”. En ese tiempo ya estaba funcionando el Centro “El Castaño” con los padres de Mariknoll, quienes nos trasmitieron esa experiencia. En Santa Ana, el padre Walter Guerra ya tenía el Centro “La Divina Providencia”, y el padre Chencho Alas tenía en Las Bermudas –Suchitotoel “Centro de Formación Campesina”.

Una Nueva Metodología que Educaba y Concientizaba

Comencé a trabajar en las ideas propuestas en esa semana pastoral, implementando el método de la celebración de la misa en los cantones. Al terminar la misa le pedía a los feligreses, que quien quisiera quedarse se quedara voluntariamente para reflexionar un poco más sobre el Evangelio. La gente se quedaba y de esa manera comenzamos a formar los Círculos Bíblicos. Estos métodos y experiencias eran intercambiados entre los sacerdotes que estábamos trabajando en ese esfuerzo eclesial de base. Pero quien nos ayudó muchísimo con sus métodos de educación popular, fue el famoso padre francés Bernardo Bourland. Su método era sencillo: celebrar la misa y después de leerse la Biblia, estimulaba a la gente a participar con sus comentarios sobre el Evangelio y, a partir de ello, analizar la realidad nacional, que no era otra cosa más que hablar de los problemas que vivía el pueblo, como por ejemplo la reforma agraria, el alto costo de la vida, la explotación de los trabajadores en las haciendas y fincas de café. Después se reunían en grupos, para que la misma gente descubriera y buscara las formas de organización que les permitieran encontrar salidas reales a sus problemas.

Reivindicación de tierras desde el Plan Parroquial de Tecoluca

Con esas motivaciones sociales, en Tecoluca teníamos un Plan Parroquial en torno a los problemas e injusticias que se daban en las fincas de café y las haciendas algodoneras. Hacíamos acciones con objetivos y medidas concretas; por ejemplo, el caso de La Cayetana en 1974, aunque el problema comenzó el año 1972 cuando la familia Angulo, dueños de la hacienda de Paz Opico y Teguatiguacán, decidieron ya no alquilarle las tierras a los campesinos de Paz Opico, León de Piedra, La Cayetana y el Coyolito. Eran tierras del volcán, buenas para la siembra de frijoles, maíz y otros frutos alimenticios. El proyecto de los hacendados era alquilar las tierras a un militar que las emplearía para la siembra de algodón, lo que significaba deforestar la zona. Los campesinos no protestaron al principio, al darse cuenta de que quien alquiló esas tierras era un militar de Usulután. El algodón se sembró y para los meses de noviembre y diciembre de 1972, cuando comenzó la corta, los dueños no contrataron a ninguna gente de la zona, sino que llevaron camionadas de gente de Usulután y otras partes, porque eran trabajadores que le convenían al Coronel. Los campesinos miraban con tristeza cómo la tierra se estaba erosionando con las lluvias.

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En 1973, los Círculos Bíblicos de la parroquia, reivindicamos trabajo para los habitantes de la zona. Los responsables de ese movimiento eran los catequistas, los celebradores de la palabra, las Hijas de María; todas las organizaciones parroquiales. Pero el problema se agravó más cuando ya en el año 74, la gente decidió no sembrar más algodón y organizarse para impedir que los trabajadores de fuera vinieran a trabajar. Se unieron los cantones de San Luis la Loma, León de Piedra, la Cayetana, Paz Opico, el Coyolito y la India. Los campesinos midieron las tierras, reunieron el dinero y mandaron a una comisión a hablar con la dueña de la hacienda, para decirle que ese año no iban a sembrar algodón, sino maíz y frijoles como todos los años, y que le iban a pagar el arrendamiento. La dueña no quiso aceptar la propuesta y llamó a la Guardia Nacional que de inmediato llegó a reprimir y capturar a varios campesinos, a quienes les quitaron la ropa, los dejaron en calzoncillos y los acostaron en el suelo, parándose en ellos mientras les preguntaban: “¿Donde está el cura David Rodríguez para que los venga a defender?”. Pero luego de recibirles el dinero, les dijeron que estaban haciendo una usurpación, porque esa tierra estaba arrendada a un coronel, y que por lo tanto no podían sembrar frijoles y maíz.

Inicio de la persecución contra los dirigentes campesinos y represión contra las comunidades

En noviembre de 1974, los campesinos estaban recogiendo los frijolares y el maíz, cuando llegó un Jeep con guardias nacionales a buscar a los líderes, concretamente a Víctor Hernández quien era el presidente de la cooperativa de Tecoluca y presidente de la comunidad de La Cayetana; era el líder máximo que organizaba a las gentes de esa zona. Como no encontraron a Víctor, capturaron a su hermano Johnson, pero la gente se organizó y no dejó salir a Johnson ni a la guardia, sino que les desinflaron las llantas del jeep, razón por la cual tuvieron que salir a pie, amenazando con que iban a regresar. Y realmente regresaron con varios camiones llenos con guardias nacionales a reprimir y a capturar a muchos campesinos; pero las comunidades ya los estaban esperando más abajo para no dejarlos pasar. Los guardias dispararon y mataron a seis campesinos que al instante se llevaron para ir a tirarlos a la estación “La Joya”. Nosotros respondimos con acciones desde el Plan Parroquial, pero nos dimos cuenta de que esa organización parroquial ya no daba para más, porque tanto en nuestra zona, como en otras partes del país, se estaban sucediendo hechos de represión sangrienta, como la masacre en el cantón La Cayetana.

El Plan Parroquial ante las elecciones fraudulentas de 1972

El gobierno y la oligarquía hacían lo que les daba la gana, como por ejemplo en las elecciones municipales y presidenciales del año 1972, cuando mucha gente del Plan Parroquial apoyó a Toño Navarro, candidato para alcalde de Tecoluca, que terminó ganando las elecciones, de igual forma que las había ganado Napoleón Duarte, pero que le fueron arrebatadas por Arturo Armando Molina, del Partido de Conciliación Nacional (PCN), quien se nombró Presidente de la República. En todo el país pasó lo mismo, nos impusieron a los alcaldes que la derecha quería. La gente se organizó y ese día hubo un levantamiento, pero la Guardia Nacional logró desarticular el movimiento de oposición a esas elecciones fraudulentas, imponiéndonos como alcalde a Atilio Cañas.

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Con su programa de “Gobierno Móvil”, Molina empezó a visitar los pueblos. El alcalde de Tecoluca me mandó una carta en la que me decía que el Presidente iba a visitar a nuestro pueblo -en donde tenía familiares-, por lo que nos pedía que abriéramos la iglesia, repicáramos las campanas y le diéramos la bienvenida, ya que además iba a dejar una colaboración para la parroquia. Nos reunimos y como Plan Parroquial tomamos la decisión de sacar una carta abierta en donde decíamos que la iglesia iba estar abierta, pero que no iba a haber repique de campanas, ni palabras de bienvenida, porque considerábamos que era un gobierno y un alcalde impuesto, y porque solo se acordaban de la parroquia únicamente para las elecciones.

La queja llegó al Obispo y de nuevo me mandó a llamar para decirme que yo había irrespetado a la autoridad, y que por tanto tenía que trasladarme a la parroquia de Olocuilta. La población comenzó a realizar manifestaciones masivas con la imagen de San Lorenzo, saliendo de Tecoluca para llegar a la catedral de San Vicente. En el camino se fueron sumando a la actividad todas las comunidades y líderes de la zona, con el objetivo de pedir al Obispo que no me trasladaran de Tecoluca a Olocuilta, y para que el obispo se incorporara, junto al Plan Parroquial, a la lucha que teníamos contra las injusticias en las fincas de café y en las haciendas algodoneras. En ese momento ya había una organización naciente, compuesta por los Círculos Bíblicos, los Caballeros de Cristo Rey, la Legión de María, las Hijas de María, los catequistas y un grupo juvenil que habíamos formado.

Búsqueda de contactos con organizaciones Político-Militares

Que son las FPLPara ese tiempo, algunos campesinos ya habían comenzado a tener contacto con organizaciones político militares que estaban surgiendo en el país. Fue en esa época que tuve mi primer contacto con Shafik Handall, quien llegó a visitarme a la parroquia, para informarme que había un movimiento de campesinos que se llamaba ATACES (Asociación de Trabajadores Agrícolas de El Salvador), y para proponerme que trabajáramos con ellos. El primer contacto que tuvimos fue con ATACES. Nos reunimos tres veces con esta organización, pero después de algunas experiencias con ellos, decidimos romper la relación, porque no coincidían con los métodos de disciplina y el respeto a los líderes que nosotros implementábamos.

Los dirigentes de la zona nos reuníamos todos los viernes por la noche, y los sábados todo el día, para evaluar y analizar la realidad local y nacional. Los domingos, después de la misa de las 6 de la mañana, los líderes salían para las comunidades. En cambio, las personas con las que habíamos tenido esos primeros encuentros eran indisciplinados, llegaban tarde a las reuniones o no llegaban, y por otro lado, desconocían, ignoraban y menospreciaban el trabajo bíblico y parroquial de la iglesia. En una de estas reuniones, algunos compañeros informaron que habían tenido contacto con otros dirigentes y que les habían parecido sus métodos, porque ellos no los mandaban a llamar a San Salvador, sino que venían a reunirse con los dirigentes a la zona de Paz Opico. El contacto era el famoso Felipe Peña de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), quien ya había comenzado a trabajar con Víctor Hernández.

FelipeEl método que yo descubrí de la organización de Felipe Peña era, que ellos buscaban a un grupo pequeño de compañeros disciplinados, responsables y comprometidos; no hacían asambleas grandes, sino que se reunían con esos grupos, y luego estos salían a hacer asambleas con las comunidades, para hablar de la problemática local y nacional. Fue así como comenzó el debate en el Plan Parroquial, valorando que ese trabajo ya era para una organización que nos podía ayudar a responder a las exigencias cada vez mayores, y con la que podíamos fortalecer una organización aún más fuerte y con mayor claridad de lucha, para poder enfrentar con capacidad las jornadas reivindicativas en las fincas de café y en las haciendas de algodón.

También empezamos a tener otra relación con el padre Chencho Alas, que pertenecía a la famosa organización del FAPU, y con él hicimos la primera manifestación fuerte en protesta por la masacre de la Cayetana, el 29 de noviembre de 1974. Pero a todo esto, ya existían contactos con la organización de Felipe Peña, quien ya estaba consolidando el trabajo con los líderes de la zona, pero que quizás no había considerado el momento para salir como una organización abierta. Lo que pasaba era, que andábamos buscando alternativas más efectivas, y por eso contactamos con ATACES y luego con el FAPU; pero cada vez que nos reuníamos para hacer evaluaciones y discutir el rumbo a seguir, salían unos compañeros con otras orientaciones. Yo no entendía de dónde venían esas ideas y cuestionamientos, pero luego me percaté que venían del grupo que se reunía con Felipe Peña. Ellos cuestionaban los métodos y las formas de lucha que aplicábamos en la Parroquia, como por ejemplo, que las decisiones las tomábamos de arriba para abajo y no de abajo hacia arriba. Esos compañeros avanzados criticaban que las orientaciones no venían desde las comunidades.

Unión de Trabajadores del Campo Vizantino (UTCV)

El 29 de diciembre de 1974, un grupo de compañeros me invitaron a celebrar una misa en las Cuevas de Anastasio Aquino, y al terminar la misa nos reunimos para tomar el compromiso de vengar la sangre de los compañeros de la Cayetana. La actividad estaba organizada por el movimiento campesino de Tecoluca llamado, en esos momentos, Unión de Trabajadores del Campo Vizantino (UTCV), el cual era producto de todo el trabajo que habíamos hecho en los cantones del Volcán. Era nuestra propia organización, con el dinamismo, liderazgo y carácter propio de unos líderes que en Tecoluca que se habían formado y destacado en las acciones reivindicativas y combativas. Es con ellos que comenzó a surgir un movimiento que tocaba la problemática integral, que no entraba en contradicción con el plan parroquial y que tomaba en cuenta a los líderes de cada comunidad, preocupándose por la problemática propia de la zona y de cada una de las comunidades.

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La Unión de Trabajadores del Campo tuvo la sabiduría de no entrar en contradicción con el plan parroquial, por el contrario, la fortalecía, porque los dirigentes tenían el método, la dinámica y la mística de nuestro trabajo; llevaban la conducción desde la base, desde abajo, preocupados y cuestionando permanentemente para que los que estábamos dirigiendo el trabajo no nos olvidáramos de la problemática de la gente. La UTC era como un equilibrio en todo el trabajo. Personalmente me ayudaron mucho, porque me criticaban; como por ejemplo, cuando en las misas yo hacía algunas predicaciones que no les gustaban, Víctor Hernández me llamaba aparte y me decía: “yo no estoy de acuerdo en esto que vos dijiste”, y me empezaba a cuestionar. Entonces yo me decía: ¿De dónde le viene la sabiduría a esta gente? Personalmente les respetaba y admiraba mucho, hasta que un día me dieron a conocer de dónde les venía esa sabiduría. Descubrí que les venía de tres cosas: primero, ellos habían adquirido todos los conocimientos del plan parroquial, el cual no habían abandonado porque seguían con la celebración de la palabra; segundo, ya estaban trabajando con las Fuerzas Populares de Liberación, como es el caso de Víctor Hernández, quien siendo dirigente pastoral y presidente de las cooperativas, era miembro de las FPL, y tercero, ellos tenían la costumbre de reunirse para escuchar la Radio Habana Cuba, para lo cual tenían una antena allá arriba, en la Paz Opico. Yo, de vez en cuando, y aunque estaba de acuerdo con las luchas de los pueblos, tenía algunos deslices hablando mal de Fidel Castro, porque en el seminario nos habían enseñado que Fidel Castro era un monstruo. Cuando descubrí que ellos conocían mejor a Cuba y a Fidel a través de la Radio Habana Cuba, comencé también a escuchar la radio con ellos.

La disciplina y los métodos de la UTC, claves para el desarrollo del trabajo de masas en San Vicente

Lo que más admiré del movimiento campesino fue su capacidad de que a través del plan parroquial luchaban por erradicar las “chiviaderas” (juego de dados), las chicherías de aguardiente, los homicidios, las rencillas que había entre familias de las zonas costeras. El otro grave problema de los campesinos era, que cuando cometían un crimen en los departamentos de San Vicente, Chalatenango o Cabañas, huían o a la Costa Norte -frontera con Honduras- o a la Costa Sur. Había muchos criminales en las costas de San Marcos Lempa, pero la UTC con sus métodos, fue erradicando esa problemática, incorporando a esa gente rebelde a su organización. Estos logros alimentaban la cohesión de los cantones, por lo que los ciudadanos le fueron agarrando el gusto. Y es que la UTCV estaba en todos lados, resolviendo problemas de todo tipo, como por ejemplo los de la Costa y Paz Opico, en donde los finqueros cobraban un colón por la rama quebrada de café, y reivindicando que a los trabajadores se les pagara 11 colones y se le dieran de comer arroz, tortilla y fríjol bien cocidos. Vimos que de esta manera, y si luchábamos unidos, podíamos resolver los problemas. Por supuesto que esas luchas y logros motivaron el nacimiento de una organización consistente, como pasó en el cantón La Cayetana, en donde se organizaron hombres, niños y mujeres, todos con una sola voz, resolviendo problemas de carácter comunal, social o reivindicativo. Este trabajo y sus logros, era producto de la relación que los campesinos tenían con las FPL, partido con el cual además ya estaban vinculados los núcleos políticos de cada una de las comunidades, los cuales habían profundizado en el conocimiento de la realidad, la raíz de los problemas y las formas de combatirlos.

La disciplina, los métodos clandestinos y la seriedad de las FPL era lo que estaba sirviendo de orientación y rumbo a ese movimiento de masas que estaba surgiendo en Tecoluca. Yo siempre mantuve la línea pastoral, pero a esas alturas, después de la toma de la catedral, en julio de 1975, Isabel Hernández del cantón Perical -- un campesino que no sabía leer ni escribir y quien me reclutó para las FPL--, me contactó con el compañero Felipe Peña, que ya me había mandado un mensaje de que quería platicar conmigo.

Toma de la Catedral y nacimiento del Bloque Popular Revolucionario

Un acontecimiento importante y doloroso en la historia de nuestro país, fue la masacre del 30 de julio de 1975, en la que murieron muchos estudiantes. Para ese tiempo, la organización en Tecoluca ya estaba bastante fuerte, porque teníamos al movimiento campesino UTCB y al movimiento de los curas; por lo tanto, decidimos participar en la famosa primera toma de la Catedral de San Salvador, como respuesta contundente a la masacre y a la avalancha de crímenes fascistas del régimen.

30 de julio de 1975

La toma de Catedral me dejó una gran experiencia y muchas lecciones. Los que entramos ahí sabíamos, que pasara lo que pasara, nadie podía salir hasta que cumpliéramos los objetivos y saliéramos todos o ninguno, vivos o muertos. Aunque era una actividad de protesta por la masacre a los estudiantes del 30 de julio del 75 -y que quizá hubieran objetivos ocultos por parte de los organizadores-, el entusiasmo, actividad y alegría que teníamos ahí dentro, era consecuencia de nuestra confianza en la dirección política de la toma, porque además, todo estaba organizado: alimentación, primeros auxilios, aseos, seguridad en las puertas para que nadie saliera de esa actividad y entretenimientos como actividades artísticas. También se dieron problemas serios, como los que sucedieron con algunos curas, en concreto con el padre Chencho Alas, que se quería salir de la actividad junto a un grupo de la juventud cristiana y de unas monjitas, justificando que se consideraban traicionados. La razón era que ahí estaba naciendo el Bloque Popular Revolucionario (BPR), cosa con la que él no estaba de acuerdo, porque ellos seguían más la línea del Papa y porque no compartía la línea y el rumbo que le dimos a la toma de la Catedral. Por tanto, se apartaron a hacer oración ante el santísimo, y ahí pasaron todo el tiempo, mientras los demás nos reuníamos, cantábamos y hacíamos actividades de propaganda y denuncia. Por cierto, en esa toma de catedral estaban el padre Tilo Sánchez y Benito Tobar. Benito tuvo un problema y es que él no tenía que estar dentro de la catedral, sin embargo se quedó para conocer el plan para luego apoyar desde fuera, pero una vez conocido el plan, ya no lo dejaron salir, no por problemas ideológicos o desconfianzas, sino por problemas de seguridad, porque si lo capturaban podía peligrar el plan que teníamos ahí dentro.

Apolinario Serrano

El Bloque Popular Revolucionario nació en la Catedral de San Salvador, a principios de agosto de 1975, formado por la Asociación Nacional de Educadores de El Salvador “21 de Junio” (ANDES 21), la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS), la Unión de Trabajadores del Campo (UTC), Universitarios Revolucionarios 19 (UR-19), el Movimiento Estudiantil Revolucionario de Secundaria (MERS) y la Unión de Pobladores de Tugurios (UPT). Este trabajo estaba coordinado por las FPL.

Padre David Rodríguez Rivera

La UTC en las Tomas de Tierra y en la movilización social de todo el país

Con esa calidad de organización que teníamos, participamos en las primeras tomas de tierras, en 1977. Para entonces ya la UTCV se llamaba solo UTC, y estábamos coordinando trabajo con los campesinos de Chalatenango, Suchitoto, San Esteban Catarina -de San Vicente- y otros departamentos, con los que planificamos algunas tomas de tierras, como las que hicimos en Platanares, Azacualpa, Cinquera, El Paisnal, Aguilares y otras a nivel nacional. Esto nos obligaba a tener un intercambio de información permanente. Dichas actividades y otras tareas generaban un gran entusiasmo y solidaridad. Ya para esa época teníamos una profunda relación con la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños (FECCAS) de Suchitoto y Aguilares, tanto así que participamos en su Congreso de Tres Ceibas, en el cerro de Guazapa.

La Cayetana fue una de las primeras comunidades que se organizaron en San Vicente; después surgieron muchos dirigentes que ampliaron el trabajo de organización en las comunidades de Paz Opico, El Perical y El Coyolito –en la zona del Volcán-. Esos dirigentes se dedicaron después al trabajo de expansión en todo Tecoluca, en San Esteban Catarina, en Villa Dolores, en Santiago Nunualco, en Santa Clara, Las Pampas, y así, en todo el departamento de San Vicente. Eran dirigentes con gran sensibilidad, que sabían llegar y gustar a la gente, como es el caso de la Minguita, una joven dirigente que tocaba guitarra y cantaba bonitas canciones, don que le permitía organizar a mucha gente. Para los años 77, la UTC llegó a tener un movimiento de solidaridad muy fuerte, con capacidad de realizar acciones en las comunidades y unirse a las manifestaciones en cualquier lugar del país. La UTC estaba en todo y sus métodos eran efectivos, no entraban en contradicción con lo que no les sirviera para el trabajo de acumulación, por el contrario, trataban de sumar, incluso de ganarse al enemigo si era necesario, como pasó en Paz Opico durante una fiesta de celebración a la que me habían invitado a celebrar una misa en acción de gracias, por haber logrado que se pusiera una báscula. Ocurrió que los compañeros de seguridad detectaron que afuera de la fiesta estaba la Patrulla Cantonal, controlando a quienes estábamos ahí y para capturar a los dirigentes y personas señaladas. Polín, el Secretario General del Bloque Popular Revolucionario, les dijo: “No hombre, invítenlos al baile, denle tamales, denle comida, invítenlos que pasen adelante”. De esa manera se iban ganando incluso a los cuerpos represivos cantonales, que luego se convertían en nuestros informadores.

El aporte de la Iglesia de Base de Tecoluca en la formación de dirigentes campesinos y en la organización del trabajo de masas

Respecto al modesto aporte de Tecoluca para la zona de San Vicente y posiblemente a nivel nacional, hay que recordar que en ese movimiento hubo dirigentes valiosísimos que dedicaron y dieron su vida por la justicia y el proceso de lucha popular para la liberación de nuestro pueblo; todos ellos fueron formados como catequistas en el plan parroquial y en los Centros de Formación Campesina de La Cayetana, y posteriormente se incorporaron a la organización FPL, pero continuaron haciendo trabajo pastoral. Muchos de esos compañeros murieron y otros aún viven luchando por la misma causa.

De los compañeros desaparecidos y asesinados en nuestra zona, quiero recordar, con particular cariño y homenaje por su valor humano, y sobre todo por su compromiso con el pueblo, a Víctor Hernández - quien murió peleando-, a Fernando Panameño –que murió en la tomas de tierras-, a Francisco Romero, a don Jesús Morataya, a Benedicto Morataya -de León de Piedra-, a Diego Hernández, a Miriam Rodríguez, a Fidelina, a Ángela Montano y tantos compañeros valiosos.

Padre David Rodríguez Rivera

La iglesia dio un gran aporte a la organización del Movimiento de Masas, promoviendo dirigentes y dándoles formación integral, no solo en lo espiritual, sino también en el compromiso con la realidad, según el Concilio Vaticano II y el Concilio Medellín. Era una iglesia comprometida con los pobres, predicando y haciendo trabajo para construir el Reino de Dios entre nosotros; una iglesia de dar de comer y beber al sediento, no con limosnas, sino involucrándole para resolver los problemas de injusticia social.

Con los programas radiales, la iglesia potenciaba el esfuerzo de organización y solidaridad, a través de la radio YSAX. Eran programas como la “Escuela Radiofónica”, en la cual se daban clases de alfabetización, para enseñar a leer y a escribir a los campesinos; además, hacían análisis sobre la realidad que estaba viviendo nuestro país. Esta labor radiofónica contribuía a generar conciencia en los campesinos, como en el caso de Tecoluca, en donde además de los círculos bíblicos, seguíamos esas escuelas con una pizarra y una lámpara Coleman donada por esas radios.

Padre David Rodríguez Rivera

* Tomado del documento "para que no olvidemos"

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