El lunes 26 de octubre de 1987, Herbert Ernesto Anaya fue asesinado por dos hombres equipados de armas con silenciadores, mientras dejaba su hogar para llevar a sus hijos a la escuela. Las palabras que escribí anticipando su muerte, me condenaban y atormentaban. Cuando desperté y escuche las noticias de su muerte, supe que yo lo había matado. Yo, junto con muchos otros, fallé en llegar a la conciencia del pueblo de los Estados Unidos. La mayoría de ciudadanos de Estados Unidos jamás habían escuchado el termino “conflicto de baja intensidad.” Permanecían indiferentes ante las políticas impulsadas por su gobierno, que imponían sufrimiento al pueblo de El Salvador, Nicaragua, y a través de todo el tercer mundo.   

Las valientes palabras de Herbert Anaya, ahora selladas con sangre, continúan condenándonos y ofreciéndonos esperanza:  

La realidad social de El Salvador es complicada. Los Derechos Humanos son parte de esa realidad social. Es la ausencia de las necesidades básicas lo que más violenta los Derechos Humanos. Es esta ausencia lo que genera el descontento y ha generado la guerra. Nuestra organización, al igual que otras, busca la paz tratando de eliminar las causas que perpetúan la guerra en El Salvador…

El problema básico en El Salvador hoy en día, es si la situación de los derechos humanos esta mejorando o no. La situación de los derechos humanos… corresponde al desarrollo histórico de los movimientos populares. Mientras el hambre se intensifica y la situación de la vivienda se deteriora el pueblo hace demandas organizadas, y estas demandas son contrarrestadas con represión. En otras palabras, la represión crece en respuesta a la fuerza de las organizaciones populares. Cualquier cambio en la situación de los derechos humanos en El Salvador debe ser entendido en términos sociales, como parte de la estrategia contrainsurgente (de los Estados Unidos). Los derechos humanos son considerados a la luz de ganancias políticas.

Se escucha hablar de democracia en El Salvador, pero el “respeto por los derechos humanos” del gobierno, es una táctica para profundizar la guerra. Cuando ellos (la Embajada de los Estados Unidos y el gobierno salvadoreño) hablan de paz, se refieren a la guerra; cuando hablan de derechos humanos, ellos se refieren a la violación de los derechos humanos. Ellos hablan de un “resurgimiento” de los Escuadrones de la Muerte, pero los Escuadrones de la Muerte nunca desaparecieron. Los patrones cambiantes de las violaciones a los derechos humanos responden a las necesidades psicológicas de la guerra.

Los servicios de inteligencia del ejército son los Escuadrones de la Muerte. Ellos operan vestidos de civil. En este momento las organizaciones se están incrementando, así que producen desinformación para justificar una nueva oleada de represión. El gobierno afirma no estar involucrado con los Escuadrones de la Muerte, pero ellos son parte de los organismos de seguridad. Ellos dicen que detrás de todos los problemas está el comunismo. La gente que es acusada de esta manera luego es secuestrada, asesinada y torturada.

No les cuesta nada hablar de democracia. Ellos hablan de libertad y arrestan a las personas; ellos hablan de los derechos de los trabajadores mientras los persiguen; ellos hablan de “humanizar el conflicto” mientras infligen más y más sufrimiento. Tú tienes que conocerlo y sentirlo. El conflicto de baja intensidad nos trae miseria y sufrimiento. El periodo entrante vendrá acompañado de una represión enorme. No somos profetas, pero la represión causada por la situación social ya está en movimiento…

Somos perseguidos en un esfuerzo por impedir que documentemos los casos (de los abusos a los derechos humanos) y alcemos nuestras voces. Justifican nuestra persecución argumentando que somos colaboradores de la guerrilla. La meta es desacreditar las organizaciones independientes… La embajada de Estados Unidos se rehúsa a dialogar con nosotros. La embajada de los Estados Unidos es cómplice de nuestra destrucción. Somos una espina que debe ser eliminada. Este mes dos pick-ups conducidos por civiles armados han venido a nuestras oficinas. Este día, hemos recibido llamadas anónimas amenazándonos de muerte…

El gobierno de El Salvador y la Embajada Americana hablan de las mejoras cuantitativas de los derechos humanos. Ellos ven la reducción de números en las bajas como progreso. No obstante, la represión es parte de un momento político. En el pasado, utilizaron la represión para desarticular los movimientos populares. En 1983, por ejemplo, ellos decidieron alcanzar sus metas y el terror masivo tuvo sus efectos. Después de destruir los movimientos populares ellos empezaban a hablar sobre “respetar los derechos humanos.” El terror psicológico es una represión con un propósito. Es considerado como el momento de “darle vuelta a los tornillos.” Las fuerzas de seguridad tienen una mayor libertad. Hay mucho peligro en este momento.

La única solución para los problemas de El Salvador es un cambio social y económico que elimine las causas de la guerra. En el ejército hay 65,000 soldados. Más de 35,000 civiles participan de la defensa civil. A través de la campaña gubernamental contrainsurgente “Unidos para Reconstruir,” al pueblo se le da unas pocas cosas y luego se les pide que peleen contra los guerrilleros. Nuestra deuda externa es enorme, al igual que el déficit del presupuesto gubernamental. La crisis económica empeora con las charlas de la devaluación de la moneda, la cual es una condición para la continuación de la ayuda por parte de Estados Unidos. La inflación y el hambre se incrementan…

Somos objeto de una constante persecución. Cualquier espacio político que tenemos, lo hemos obtenido con nuestra sangre. Lo mismo se aplica a los sindicatos y a las cooperativas. Si vivimos, lo hacemos con el claro entendimiento de que muchos de nosotros nos exponemos a ser desaparecidos o asesinados. Pero no pueden arrancarnos nuestras convicciones. Ellos no pueden sobornarnos con dinero o garantías de seguridad personal, tal como lo ofrecieron cuando estábamos en prisión.

Los uniformes militares usados en las conmemoraciones cívicas, están manchados con la sangre del pueblo. El hambre no se va a solucionar con limosnas sino que con una transformación social. La represión prolongará y no resolverá la crisis. Cualquier semilla de inequidad plantada, también alimenta la semilla de la justicia social y nuestra determinación de cambiar la sociedad. Con nuestro último aliento continuaremos con nuestro trabajo. Esto no es heroísmo. Es simplemente lo que tenemos que hacer. (En este punto, en una marginación de mis notas escribí: “Estoy hablando con un hombre muerto.”)

Los pobres están muriendo. El gobierno no se preocupa por los pobres… Los pobres no quieren la guerra, pero la guerra es una realidad aquí. La guerra no será humanizada. Si la guerra continua, la muerte continuará. Esta es la razón por la cual el dialogó es tan importante.

Extracto de última entrevista brindada en octubre de 1987 por Herbert Anaya, Presiente de la Comisión de Derechos Humanos No Gubernamental al escritor Jack Nelson-Pallmeyer, quien la publicó en su libro “Guerra contra los Pobre: Conflicto de Baja Intensidad” en 1989. | Fotoreportaje de Ramón El Suizo:  Lunes 5 de sept. tuvo lugar en la Universidad de El Salvador la cátedra bolivariana “La defensa de los Derechos Humanos: el secuestro de la derecha imperial de esta histórica lucha” con una ponencia de la luchadora por los Derechos Humanos Gloria Anaya, hija de Herbert Anaya Sanabria, presidente de la Comisión de Derechos Humanos No Gubernamental (CDHES), asesinado el 26 de octubre de 1987 por la Policía de Hacienda PH de El Salvador, crimen ordenado por el Gobierno Norteamericano.

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