De los temples en las construcciones de la autodefensa popular

La solidaridad popular siempre fue una acerada fibra que catapultó la lucha revolucionaria. El aprendizaje costó muchísimas vidas frente a un gobierno militar cuya única respuesta fue lacerar los cuerpos de unos espíritus indóciles y tenaces.

El aparato de la dictadura había asesinado a un miembro del sindicato de la fábrica El León, que quedaba cerca del antiguo cine Terraza, por la 29 calle poniente. Por días fue vigilado y marcado por la patronal a la inteligencia de los “cuerpos de seguridad”. Los obreros exigían mejores condiciones de trabajo y mejor salario, y ante la negativa total, el sindicato decidió irse a la huelga.

Esta huelga articulada por el Comité Coordinador de Sindicatos “José Guillermo Rivas” contó con la solidaridad activa de campesinos y estudiantes. Así se iba construyendo, con sus propios cueros, la alianza obrero-campesina y Chanito, Marciano Meléndez, fue uno de sus constructores. Un campesino chelito y regordete, de bigote campechano y de mirada siempre entusiasta pese a las adversidades, nacido en El Jicarón y que llegó a ser el responsable de seguridad de FECCAS-UTC, una articulación de autodefensa de la organización campesina puesta en función del Bloque Popular Revolucionario BPR.

Chanito fue parte de la primera camadita de dirigentes del movimiento campesino surgido en Aguilares-El Paisnal y posteriormente de los primeros cuadros nacionales, junto a Apolinario Serrano, que abrazaron la lucha armada con las FPL. Esa vez que mataron al obrero industrial, los campesinos de FECCAS-UTC se solidarizaron sin titubear y en una manifestación de denuncia condujeron su cuerpo, por todo el centro de San Salvador, hasta el cementerio de La Bermeja. Los estudiantes organizados respaldaron igual, varios eran del Externado San José y algunos de ellos iban en la “comisión de pinta”, haciendo valer con pocos recursos, la disputa popular por la expresión de las ideas sobre las paredes de la capital.

La manifestación fúnebre estaba llegando a La Bermeja con el ataúd y en la mera entrada estaba Chanito. Nosotros nos estábamos lavando la pintura de las manos cuando Chanito gritó: ¡Todos los que no son de seguridad: para arriba! Y de repente otro grito: ¡Sígan a ese hijueputa! En el tumulto y las carreras otro grito daba otra orden: ¡Cierren las puertas! Y nosotros, a seguir al hijueputa, en medio de las tumbas…

Quique, uno de los estudiantes de la comisión de pinta, se ríe: “Nosotros no éramos de seguridad. Si nosotros de metidos andábamos allí. Y en eso se arma una gran balacera en medio de las tumbas… un vergaceo... Y uno no sabía cuánta mara andaba con cuete. ¡Juelagranputa!... y aquello era una situación como de vaqueros: se agarraban a balazo puro entre las lápidas y mausoleos: páu, páu, páu… y el otro hijueputa: páu… ¡¡En medio de las tumbas!!

Y nosotros, que éramos de la comisión de pinta, sin poder salir. Cinco heridos al enemigo se hicieron allí.

Ya Chanito había detectado que traíamos infiltres en la marcha. Que traíamos ¡un gran vergo de infiltres de la policía! Entonces pidió a todos que se fueran, que solo los de seguridad, porque ya los habían detectado. Y cerraron la puerta. Entonces, en aquel gran desparpajo… una compañera con un morral… cuando iba pasando, sacó una gran mecha… pom, pom, pom… Esa fue la primera experiencia, pero lo más yuca es que al compa de El León… medio lo enterramos al pobre.

Íbamos unas 150 personas, creo que más… pobre compa… tras aquella gran balacera… y gritan los compañeros nuevamente: “Salgamos a la calle y póngase en fila”.

Yo pensé en retirada… y nos hemos venido en marcha por las calles del Centro, después de que habíamos ocasionado como cinco bajas allí. Nosotros sacamos dos heridos… bien recuerdo a un compa que le pegaron un balazo en la cara.

Y Chanito nos hace formar fila… ¡Después de la gran balacera y las bajas…! ¡Afuera del cementerio…! gritó Chanito. ¡Si a nosotros nos zumbaban las nalgas!

Subimos de La Bermeja por toda la 25 Avenida y nos vamos marchando hasta El León otra vez...¡¡ Y los radiopatrullas de la policía siguiéndonos !!

Cuando pasamos por el Externado, yo pensé en desertar… pero allí seguimos.

Enfrente estaban un montón de cheros del colegio: solo viendo, y nosotros todavía le hicimos huevo hasta llegar a la huelga de El León.

Fuente: ContraPunto.com

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