[11] EMBOSCADA EN EL PUENTE SOBRE EL RIO CANTARRANA

Ahora no recuerdo exactamente la fecha aunque en mi mente quedó registrado el día jueves 20 de marzo de 1980, no obstante, mi hermano mayor Manuel Sánchez y los hermanos de Milagro de Jesús me aseguran que la emboscada fue ejecutada el sábado 22 de marzo de 1980. Yo estoy bastante seguro de la fecha pero puede haber un margen de error ya que mi mente no es infalible. Existe también la posibilidad que el 22 haya sido la fecha en que el cadáver de Milagro fue trasladado hacia Palo Grande. En todo caso, esta historia se desarrolla en una de esas fechas, o entre las dos. A eso de las 07.00 de la mañana comenzaron los combates con la detonación de la mina vietnamita a las alturas del río de aguas negras Cantarrana, a unos 5 km al sur de Zacatecoluca, por la calle que de la mencionada ciudad conduce por la parte sur hacia La Hacienda El Nilo. Un pelotón del Ejército Popular de Liberación, EPL, compuesto por unos 21 compañeros y compañeras realizó una emboscada entablando combate contra tropas del Centro de Instrucción de Ingenieros de la Fuerza Armada, CIIFA, con sede en la ciudad de Zacatecoluca. Se combatió en el lugar con las tropas enemigas emboscadas causándoles varias bajas, y requisándoles varias armas, y en la retirada los compañeros combatieron contra numerosas tropas frescas que llegaron de apoyo a las tropas castrenses. La campiña fue sacudida por las ráfagas, y los estruendos de las granadas, y el fuego de los fusiles automáticos, y los gritos y las voces de mando de los combatientes. Durante los combates en una de las emboscadas de contención, la compañera Milagro de Jesús fue gravemente herida de una pierna y se desplomó en tierra, arrastrándose con la pierna fracturada y carabina en mano logró esconderse en un ligero renuevo de cañaveral pero fue vista por el mandamás de La Hacienda El Recuerdo que la delató, y cuando se hizo presente la tropa gubernamental de refuerzo le prendieron fuego al cañaveral para sacar a la compañera, le dieron captura y allí mismo fue rematada. Milagro de Jesús ni siquiera había cumplido los 20 años de edad, recién se graduaba de bachiller del Colegio Católico San Pablo de Zacatecoluca. Mientras una parte de las tropas castrenses le prendían fuego al cañaveral en las cercanías de La Hacienda y Campamento algodonero y cañero “El Recuerdo” los combates seguían por ríos y cañadas, potreros y planicies. Las tropas del CIIFA disparaban de forma indiscriminada persiguiendo a los guerrilleros que se retiraban cargando al Cocoseco herido de una pierna por una zona cuyo terreno es plano, solamente son potreros divididos en parcelas y haciendas, y habitado por cientos de pobladores. Varias viviendas fueron ametralladas por las tropas gubernamentales del CIIFA en la creencia de que allí se habían escondido y socorrido los guerrilleros resultando un par de pobladores heridos, entre ellos, Victoria Calderón, que recibió un balazo en la pierna. Victoria estudió la primaria, al igual que nosotros, en La Escuela Rural Mixta Cantón Los Platanares, siendo parte de una clase antecesora a la mía, y a la vez la joven moza que todos Los Bichos chorreados de lodo de aquellos caseríos y cantones deseábamos tener en nuestros sueños amorosos. Los compañeros, bajo fuego nutrido y batiéndose en retirada, cruzando por planicies, quebradas y ríos, lograron llegar a las tierras de la hacienda propiedad de Ramón “Moncho” López, donde en mayo de 1977 La Unión de Trabajadores del Campo, UTC, las ocupó violentamente para cultivarlas. A esta toma de tierra se le denominó “Miriam Rodríguez” en honor a la combatiente miliciana que murió peleando contra efectivos de la Guardia Nacional en el parque Cuscatlán de San Salvador el 1 de mayo de 1977 cuando defendiendo a los campesinos que se manifestaban, Las Milicias Populares de Liberación, MPL, de Tecoluca, La Cayetana, El Carago, Las Pampas, Los Platanares, Los Zacatillos, y otros lugares se le pararon tenazmente, y por primera vez, a la Guardia Nacional y su alto poder de fuego. Allí por los alrededores del parque se enfrentaron escopetas calibre .12, revólveres .38 special, y pistolas calibre .45 y de 9 mm contra rifles automáticos G-3. 

Apenas unas cuantas horas antes de esa misma mañana, un pelotón de El Ejército Popular de Liberación, EPL, había ejecutado la primera operación exitosa de aniquilamiento del objetivo y de requisa de armas en la historia del naciente EPL del Frente Para-central. La beligerante Sección Número Uno de la guerrilla que operaba en La Zona Jaragua había explorado y planeado, unos tres meses antes, ejecutar esta misma operación de emboscada pero durante las exploraciones descubrimos que una retirada triunfante no era posible por el tipo de terreno, y la estación del año. Así que el mando de La Sección decidimos guardar el plan operativo a la espera de mejores tiempos, y como entre las diversas categorías de fuerzas dentro de Las FPL por aquellos tiempos todo se compartimentaba, los compañeros del mando del EPL decidieron llevarla a cabo desconociendo que nosotros disponíamos de información más confiable y de mejor utilidad con los resultados ya descritos en estos textos memorables. Política y militarmente hablando la emboscada en sí fue un éxito. Se aniquiló a las tropas enemigas de relevo, un vehículo de transporte militar resultó destruido, hubo requisa de armas, pero el precio fue muy alto en los combates por coronar la retirada: seis bajas totales entre las filas del EPL, seis compañeros caídos, todos ellos tropas cualificadas de Las FPL. En efecto. Tropas cualificadas de aquella poderosa, y ahora legendaria, organización popular integrada en su mayoría por jovencitos campesinos. 

Salvador Sánchez, conocido popularmente como “El Cocoseco” y de pseudónimo Freddy, resultó gravemente herido de una pierna cuando trataba de maniobrar rodeando a un soldado herido para neutralizarlo durante los combates posteriores a la detonación de la mina en el área del puente sobre el río Cantarrana. Hablando con un par de compañeros testigos y sobrevivientes de aquel combate me aseguran que fue otro compañero quien le disparó con una subametralladora UZI, es posible que haya sido por equivocación como lo aseguró el combatiente responsable, no lo sabemos con certeza, así que cuando el último grupo de compañeros llegaron a las tierras de la hacienda antes mencionada El Cocoseco ya iba herido. Habían avanzado en dirección este unos tres o cuatro kilómetros desde El Puente sobre el mencionado río hasta las tierras donde fueron cercados por el enemigo. Y allí se prepararon y se dispusieron a ponerle un precio muy alto al pellejo. En los troncos de los árboles de mango se parapetaron para el enfrentamiento final y decisivo. La munición comenzaba a escasear. Los rayos del sol de mediodía arreciaban. Pero la moral de combate era alta. Moral y mística guerrillera para enfrentar al enemigo había, y teníamos de sobra. El grueso del pelotón de guerrilleros lograron evadir el cerco militar, pero cuatro [4] decidieron quedarse por lealtad al herido. Dicen que “El Coco” les dijo que se fueran, que le rellenaran los magazines y que él los cubriría, que se retiraran, que todavía había tiempo para escapar del cerco. Pero ni Nandón, ni Arsenio, ni los otros compañeros lo hicieron por pura lealtad al herido, y convencimiento y amor a la causa revolucionaria de los campesinos, de los pobres. Unos minutos más tarde Arsenio y Nandón también fueron heridos. Y entonces, los tres heridos y los otros dos compañeros fueron conscientes que se habían terminado las posibilidades de la retirada. Y que la campiña cerraba sus farolas a lo incierto. Y es que un pequeño grupo de ellos eran miembros de La Brigada Farabundo Martí de Las FPL, Brigada que había combatido exitosamente en Nicaragua junto a los Sandinistas cuando en 1979 se derrocó al dictador y general Somoza. El resto de compañeros eran tropas nuevas y en entrenamiento en el teatro de operaciones. Se cuentan muchas historias de los recios combates que se libraron aquel día. Unas son verdaderas, otras quizás un tanto maquilladas. Testigos oculares expresan que el reloj marcaba cerca de las 02.00 de la tarde cuando los compañeros yacían caídos entre los árboles de mango, todavía aferrados a sus rifles. “El Coco” aún estaba con vida, solo tenía la pierna fracturada por las balas. Ya no había munición. El Rifle G-3 y la pistola calibre .45 estaban vacíos. Cuentan que el oficial, que por cierto lo conocía, dirigiéndose al Coco le dijo: “al fin caíste...” “Sí…” Le habría respondido “El Coco” haciendo énfasis en la afirmación “pero me di gusto matando...” Este oficial al mando de la tropa dio la orden de ejecutar al herido. “El Coco” fue asesinado allí mismo, le dieron un tiro en la espalda y lo degollaron. Milagro de Jesús era de rostro redondo, una bella hembra y flor de Palo Grande, tenía ojos marrones y olía a cafetos del Chinchontepeque, había sido miembro activo de Los Bichos y Bichas del MERS de Zacatecoluca, y comenzaba a vivir, también ella fue asesinada aquel lejano día. Salvador Sánchez, “El Cocoseco” ni siquiera había cumplido los 22 años, cuando le arrebataron la vida. Los cuerpos de los cinco compañeros siguen enterrados en plena tierra, en la planicie donde los campesinos los sepultaron, cerca de los árboles de mango donde cayeron combatiendo. A excepción del cuerpo de Milagro de Jesús, cuya familia lo desenterró un par de noches más tarde con el apoyo de los compañeros organizados de la zona, y lo trasladaron, cobijados bajo el manto de los secretos de la noche, para el cantón Palo Grande, al norte de Zacatecoluca, y allí reposa eternamente entre cafetos. 

Ese mismo ominoso día de marzo de 1980 también murió mi madre, sentimentalmente hablando. Le asesinaron a su hijo amado, y desde entonces ya no vivió a plenitud, aunque físicamente, la sepultamos el domingo 27 de octubre del año 2002. Pero por aquellos días tuvo las fuerzas necesarias, primero para indicarme que había que saldar cuentas con todos los orejas y militares involucrados, y segundo, para ver el cuerpo sin vida de su hijo favorito, ni siquiera lo lloró en público, por orgullo y para que no la vieran débil, nada más se tomó una cerveza “suprema” y se fumó un puro, y de allí la mirada se le quedó perdida. Y es que desde el rancho que albergaba la cocina de la casa familiar mi madre escuchó todo el combate, sin saber o sospechar nada del asunto. Y es que los combates se desarrollaron a unos 4 kilómetros de nuestra casa familiar. El día lunes 2 de junio de ese mismo año, Los Cuerpos de Seguridad y Las Fuerzas Armadas, invadieron y masacraron a la mayoría de los pobladores del cantón Los Platanares, El Socorro, Las Tablas, El Recuerdo, San Francisco y Los Hatos de Los Reyes, Los Zacatillos, La Palma, La Longaniza, San Josecito, Penitente Arriba y Penitente Abajo, Piedrona, y otros. Y el 08 de febrero de 1981 en horas de la tarde capturaron a mi papá. Estuvo desaparecido un par de días. Y el 10 de febrero su cuerpo fue encontrado en un potrero asesinado a machetazos.

Juan Carlos, hermano menor de Milagro de Jesús, también integrante del EPL, cuyo nombre de guerra es Lucrecio, hace memoria y me proporciona más datos de aquella azarosa emboscada: “Aparte de la emboscada principal se montaron dos emboscadas más. Las emboscadas eran de tipo contención, cada una a cargo de una escuadra. Se montó una emboscada después del puente sobre el río Cantarrana. En esa emboscada es que Milagro resultó herida de la pierna cuando combatía contra las tropas enemigas que llegaron de refuerzo procedentes de La Hacienda Escuintla que es hacia donde se dirigía el relevo que había caído en la emboscada principal. La otra emboscada estaba cerca de La Hacienda y campamento algodonero El Recuerdo bajo el mando de Nandón. Allí Nandón y su escuadra combatieron contras las tropas del CIIFA que llegaron procedentes de Zacatecoluca. Y luego estaba la emboscada principal en el medio. Las tres emboscadas cubrían un radio de cuasi un kilómetro de distancia. La detonación de la mina vietnamita puso fuera de combate a la tropa castrense a excepción de un soldado que herido se parapetó por las llantas del camión, fue el único sobreviviente de la explosión. Cuando El Cocoseco intentaba avanzar para tomar por asalto el camión y requisar las armas este soldado herido les impedía el avance disparándoles en ráfagas con su rifle G-3. Y en uno de los intentos El Coco le ordena a uno de los combatientes que lo cubra con fuego amigo mientras él va a maniobrar para rodear al soldado. Y es cuando el Coco avanza pero el combatiente le dispara por equivocación o por el miedo hiriéndolo de una pierna. Cuando El Coco cae, Arsenio retoma la maniobra y aniquila al soldado herido pero ya para ese momento se han extendido los combates con los refuerzos enemigos que se han hecho presentes en el teatro de operaciones.” [Lucrecio, veterano de guerra de Las FPL, FMLN. Sábado 04 de febrero 2017]. Y es que, entre Zacatecoluca y el puente sobre el río Cantarrana la distancia es de unos 5 o 6 kilómetros en terreno plano. Y viniendo desde La Hacienda Escuintla el puente está a unos 2 o 3 kilómetros de distancia. Así que los refuerzos enemigos no tardaron mucho tiempo en hacerse presentes.

Darío Sánchez | Domingo, 19 de marzo de 2017 | Foto: Milagro de Jesús Mejía Chacón. Seudónimo Angela. Combatiente del EPL.

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