La madrugada salpicada de rocío. Los grillos con sus trompetas anunciando los albores del futuro. La noche atrancando el horizonte con su escarcha. La campiña aquí, extendida entre árboles, ríos y ranchitos. Perros aullándole a las sombras, a los espíritus que no vemos. Perros de ojos tristes. Perros desdeñados, de piel reventada, apaleados, hambrientos. Y allí los gatos hilvanando espejismos por los techos, y entre las luces de la madrugada. Y nosotros caminando por veredas y caminos reales, entre trochas cubiertas de siluetas que saben a charrales, y a piedras cubiertas de musgo. Dos mil. Dos mil. Dos mil. Mujeres y hombres, muchachos y muchachas pistola al cinto y la carabina terciada al hombro surcando la marea, garabateando la historia con su sangre como tornasol. Mil. Mil. Mil. Mujeres y hombres, muchachos y muchachas pistola al cinto y la escopeta recortada camuflada entre chaquetas de lona, o bolsas o sacos de yute cuidando de las manifestaciones, y repartiendo “El Rebelde” por las madrugadas. Y cuando amanece encontramos los folletos por cruces de caminos, por los patios de las casas de los orejas y patrulleros, por entre la selva de mercados los domingos, y en el desnudo corazón de la campiña. Por allá sonaron los disparos de M-1 y de M-3. A lo lejos retumba un escopetazo .12 que alumbra las tinieblas despachando un claro mensaje a los tiranos y patrones. Allí van y vienen los hombres y mujeres de La Dos Mil. Allí van y vienen los hombres y mujeres de La Mil. Allí vamos todos bañándonos entre los chorros de la luna. La misma luna que nos alumbra por los vericuetos de las madrugadas. La misma que miramos circulando en el horizonte cuando nos acompaña por las noches, y que la sentimos parte de este magno esfuerzo porque nos enfoca las piedras de nuestros sueños. Aquí Dos Mil. Dos mil. Allí La Mil. Mil. Entre nosotros, y en secreto La Guerrilla… y Las Milpas. Mujeres y hombres de pistola al cinto, de carabina y escopeta terciada al hombro cruzando ríos y entre los maizales, alumbrándonos con los rayos de la luna, avanzando entre las lluvias, y explorando las cañadas.

[… Allí vienen los hombres y mujeres de La Mil sembrando la cosecha de mujeres y hombres nuevos: por allí viene La Rubenia, Marcelino Macara, Lencho, El Cocoseco, Chamba El Chele Oso, Neto Huesito, Payín, Roque, La Ada, Sandra, El Flaco Franco, Arturo El Bicho Malo, Herbert Caraguillo, Miguel El Soldado Peche, Adán, Goyo, Elmer, Rogelio, El Cacho…]

[… Allí van los hombres y mujeres de La Dos Mil disparando ideas, y tiñendo el horizonte del futuro: por allí va Ricardo, Juan La Pilgua, Cristiano, Toño Granadeño, Héctor Torito, Ramón Torres, Felipe, Neto, Boris, Porfirio, Benito, Maritza La Avispa, Hermosura, El Negro Hugo, El Pechudo, Bartolo, Mateo, El Pirringo Alcides, Belter, La Edith, Luison, Juanon, Pedro Samuel, Sergio Chupón, Mariano El Subversivito, Marcos, Nel El Hombrecito, El Padrecito, El Pecho de Paloma, Jorge El Explorador, El Negro Giovanni…]

Unos cuantos abriles más tarde, los muchachos y muchachas de las escuadras y pelotones de La Dos Mil se funden en un abrazo marcialista con los grupos de La Mil. Y de allí surgen las grandes unidades del EPL como las UVZ, las UVN, la FES de Chalatenango y El Chinchontepeque, El X-21 Juan Méndez, El K-93 Alejandro Solano, El SS-20 Andrés Torres Sánchez, El SA-7 Ernesto Morales Sandoval, y otras tantas estructuras militares formando todos la histórica y poderosa Agrupación de Batallones Felipe Peña Mendoza. Aquella valiente Brigada cuyas tropas guerrilleras barrieron de puestos enemigo El Frente Apolinario Serrano, El Paracentral José Roberto Sibrián, El Oriental Isaac Flor entre otros. Y aniquilaron pelotones, compañías, destacamentos, batallones y una brigada completa cuatro veces.

… Allí se fueron los hombres y mujeres de La Mil. Allí se fueron los hombres y mujeres de La Dos Mil. Sí. Por allí se fueron: “a paso de camino…seguirme…” Se fueron por El Cerro El Cumbo de Tehuacán, por El Puente de Oro, por Quebrada Seca, por El Puente Cuscatlán, por La Cuarta Brigada, por La Paz Opico, por Palo Grande, por las calles y avenidas de Zacatecoluca y San Vicente, camuflados entre los rayos del arcoíris, con sus túnicas de plástico bajo las tormentas, entre los charrales de La Finca Barrios, Iberia, El Carmen, y por Siete Joyas. Allí van surcando los hálitos del futuro. Y el horizonte bermellón y leonado blandiendo los ríos de la sangre guerrillera… sangre que por cierto ahora sirve de abono a los maizales.

¿Adónde se fueron nuestros compañeros? ¿Qué estarán haciendo nuestros camaradas? Yo quiero creer que cada día, y especialmente cada primero de abril, nuestros compañeros caídos y sobrevivientes de La Mil y La Dos Mil se levantan temprano, camuflados entre los colores de los amaneceres, se desentumecen, se visten, se ponen y amarran sus botas de combate, revisan el fusil y la pistola, y al tocar la diana izan la bandera roja de letras y de símbolos amarillos, y levantan la mirada hacia el cielo del lugar donde fueron enviados a cumplir siempre la misión encomendada. Y erguidos con el día seguimos en la lucha… y como siempre persiguiendo la utopía: aquí en este nirvana terrenal, un puñado de mujeres y hombres, por entre breñales, matorrales, y mariposas multicolores, y al vaivén de los quebrachos también seguimos en lo mismo.

La 2000 | La 1000 | San Salvador | Sábado 01 de abril 2017.

Compartir