Julio 30 de 1975. Día miércoles. 4:30 de la tarde. La policía y la guardia nacional reprimen violentamente una marcha de estudiantes universitarios a la que se habían sumado estudiantes de secundaria y bachillerato. Quien gobierna es el coronel Arturo Armando Molina, y quien da la orden de dicha acción es el general Carlos Humberto Romero, ministro de defensa. Dos años más tarde Romero sería presidente del país…  

Manuel de Jesús Maravilla Aparicio, un joven de veintiún años originario de Santa Elena, del oriente salvadoreño, estudiaba la carrera de medicina en la Universidad Nacional. La noticia lo impacta y lo marca para el resto de su vida: cuatro años que dedicaría a tratar de cambiar las condiciones en las que se debatía su patria. Varios de sus compañeros de estudios resultaron asesinados durante la protesta.

Según testimonios de participantes en la marcha, los cuerpos represores estaban a la altura del paso a dos niveles, cerca del Seguro Social, disparaban y lanzaban gases lacrimógenos. Atacaron a quienes encabezaban la marcha. La multitud estudiantil empezó a retroceder, pero las tanquetas cerraron el paso, aplastaban a los que habían caído, a los heridos. Muchos se lanzaron desde el paso a dos niveles, otros se refugiaron en el hospital cercano, algunos huyeron sin darse cuenta cómo…

Los estudiantes desafiaban al régimen militar de Molina y Romero, y la alegría, los cantos, las consignas con que inició la marcha se transformaron en tragedia nacional…

Mirna Perla, entonces de veinte años y con el pasar del tiempo magistrada de la corte de justicia, cuenta rasgos de lo sucedido: Yo me tiré del paso de dos niveles, me fracturé la rodilla izquierda y un grupo de compañeros me llevaron (sic) al Hospital Rosales de donde me sacaron a las 11 de la noche. Ahí estaban los policías buscando los heridos de la marcha, estudiantes de medicina en ese momento muy valientemente nos ayudaron, nos sacaron y expusieron sus vidas…

Dimas Castellón, en aquellos días estudiante del CENAR, otro de los que se manifestaban y que usaba el cabello extremadamente largo hasta llegarle a la cintura, ha dicho: Para nosotros el pelo largo significaba libertad y por libertad era que marchábamos.

Meme, como le decían sus amigos a Manuel de Jesús, también usaba el pelo largo, aunque no tan largo como el de Castellón. Solía hacerse una pequeña cola, y le favorecía el hecho de que su cabello era muy liso, de un color casi castaño.

Sus hermanos mayores José Eduardo y Marta Virginia recuerdan que desde niño a Manuelito le gustaban las artes, la participación en dramas, en actos culturales. Mencionan que en cierta oportunidad hizo el personaje de José Matías Delgado “por su nariz que resaltaba un poco, no como la mía que es chata...”, afirma Eduardo con una sonrisa. Su inquietud fue algo natural, le encantaba aquel juego semejante al tenis, que se practica sobre una mesa, con pelota ligera y con palas pequeñas de madera a modo de raquetas, es decir, el ping pong.

También le gustaba la poesía. Escribió algunos poemas, pero todos se perdieron. Su familia no los conservó. En síntesis bien se pudiera decir que tenía una facilidad para la socialización, aparte de una afición por las artes marciales que lo perseguiría hasta el final. “Meme se reunía en un gimnasio donde aprendía karate. Ese gimnasio quedaba por aquí cerca, en el barrio”, expresa Daniel Guevara, quien además del parentesco con Manuel de Jesús lo acercaba a él una gran amistad. Y agrega: “Aunque yo pienso que ahí era un sitio de reuniones de la gente que ya empezaba a organizarse.”

Habla Eduardo: “Sí, pero también allá en San Salvador estuvo aprendiendo karate, él tenía su traje y su cinta. Tenía una cinta verde. Él tomaba en serio aquel aprendizaje.” “Vivía en una zona casi marginal, El Níspero le decían al lugar, en Mejicanos. Y cuando sucedió la masacre, eso lo marcó para siempre. A los veintiún años se enroló en AGEUS. Yo conocí al dirigente de esa organización: le decíamos el Chele AGEUS, del nombre no me acuerdo.”

Eduardo, siendo pionero de ANDES 21 de junio, conoció a la dirigente histórica de la asociación de maestros: Mélida Anaya Montes, llamada después Ana María…Marta Virginia, que poco ha hablado durante la conversación, parece emocionarse al escuchar este nombre: “Conocí y admiré a esa mujer, y en honor a ella Ana María, mi hija, se llama así.”

Para los días de la masacre de estudiantes Eduardo ya estaba organizado. En una de las cinco organizaciones que en el futuro conformarían el FMLN de la guerra. Eduardo recuerda a algunos de sus compañeros de organización o con los cuales tenía algún contacto: Roberto Muñoz, Reynaldo Barías Morán, Rigoberto Bran, Oscar Bran, Mauricio Rivera Zelaya, Meme Chávez, Oliverio Saravia y otros. Entonces Manuelito le recriminaba su labor clandestina: que pensara en su familia, en sus hijos, en su trabajo…

La situación en El Salvador se ponía color de hormiga: al profesor Chávez lo mataron en junio de 1979 y a Barías Morán en junio de 1980. Los demás rebeldes, en su mayoría, optarían por el exilio. Menos Eduardo, debido a que su mamá hizo una advertencia terrible, se haría daño si él se iba. “No estoy dispuesta a perder otro hijo”, aseveró la dolorida madre.

Eduardo explica: “Manuelito se incorpora a la AGEUS después de la masacre, al saber de sus compañeros muertos… A veces tenía que cumplir tareas de seguridad en los alrededores.” “Claro, nosotros sabíamos de sus actividades, aunque, por mi trabajo y su estadía en San Salvador casi no nos veíamos, no coincidíamos en la casa. Ni Marta Virginia ni yo teníamos una relación política con él. Cada quién en lo suyo.”

Casi cuatro años después, el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua gana la guerra al ejército gubernamental y entra triunfante a Managua, la capital. En la Plaza de la República, la población entera celebró la derrota de la dictadura somocista aquel 19 de julio de 1979, y dio inicio la transformación del país. Entre otras acciones se nacionalizaron los bancos y se realizó una exitosa Campaña de Alfabetización…

Meme se alegró por el triunfo sandinista. Daniel Guevara lo recuerda de esta manera:

¡Derrocaron a Somoza! -dijo emocionado-, ya vas a ver, pronto van a caer en El Salvador y entonces va a ser diferente, mi sueño va a ser más fácil… -Me agarró de la mano y se paró frente a la casa-: Voy a instalar una clínica popular para atender a la gente más pobre del pueblo, a los más humildes.

Ese sería el sueño irrealizable de Meme. Quería servir a su gente descalza, a su gente sin pan. Y Daniel continúa diciendo:

Pero Meme, como cariñosamente le llamábamos, encabezaba aquella manifestación. Sus manos, junto a las manos de otros compañeros sostenían la enorme pancarta estudiantil, y su garganta gritaba por justicia para los desposeídos de su patria.

La marcha se efectuaba el día viernes 14 de septiembre de 1979. Los noticiarios televisivos y radiofónicos daban a saber al público, a su manera, las incidencias de la manifestación de universitarios. La protesta exigía la liberación de estudiantes capturados y torturados en las mazmorras de los cuerpos represivos. Las noticias hablaban de disturbios. Uno de esos informativos se atrevió a dar los nombres de los asesinados… Manuel de Jesús Maravilla Aparicio, estudiante de cuarto año de medicina…

Habla Eduardo: “Yo estaba en Jucuapa. Y mi mamá estaba conmigo. Lo que es el corazón de una madre: al oír la primera noticia, ella dijo: ¡Manuelito! Como presintiendo la desgracia… Cuando dieron la otra noticia, mencionaron los nombres de los masacrados y entonces oímos el suyo: Manuel de Jesús Maravilla Aparicio, estudiante de cuarto año de medicina…”

“Solo tenía 25 años. Siete más murieron con él. Me dispuse a ir a traerlo. Por cierto la gente no quería que yo fuera. No hallé en Jucuapa a nadie que quisiera hacerme el viaje. Tenían pánico. Y me dije: en Santa Elena debe haber alguien que se arriesgue. Cabal: vino Luis Fernando Águila y me dijo que en lo que pudiera ayudar me ayudaría, que allí estaba su vehículo, que fuéramos a traerlo. También vinieron Goyito Ramírez y Leónidas Bonilla. Nos fuimos…”

Marta Virginia aclara: “A Manuelito lo llevaron a una clínica, al parecer ya iba muerto, la bala penetró arriba de su cabeza, y la parte occipital la tenía destrozada.”

Se asegura que fueron francotiradores de la guardia y la policía apostados en los edificios aledaños. El ataque ocurrió en las cercanías del hospital Primero de Mayo del Seguro Social. Lo afirmado por los hermanos Maravilla Aparicio, da a la versión apuntada sustentación suficiente para considerarla verídica. Y hay un detalle interesante en esta historia: Carlos Mario, el menor de los hijos de Meme, y Mario Ernesto, hijo de Marta Virginia, prometieron ante la tumba del joven revolucionario, que coronarían la carrera que él dejara inconclusa. Así fue: ambos son médicos ahora. Carlos Mario jamás conoció a su padre, pues nació tres meses después de su asesinato. Lorena Yamileth y Manuel de Jesús, sus otros hijos, tal vez apenas lo recuerden.

Después vendrían para Marta Virginia hazañas heroicas en el transcurrir de la lucha guerrillera. Daniel afirma conocer detalles de algunas de esas acciones realizadas por ella, por ejemplo la vez que la joven profesional atendió un parto de emergencia en medio de un algodonal, o el evento del paquete que tuvo que trasladar en bus desde Ozatlán hasta Usulután, siendo que el paquete contenía explosivos.

Marta Virginia esperaba el bus en una de las entradas de Ozatlán, alguien se le acercó y puso el paquete junto a ella, le dijo que debía bajarse en Los Pinos y que allí pusiera el paquete y esperara; le dio el santo y seña, y que iba a llegar un compa. El problema era que adelantito de donde esperaba el bus estaba un retén de soldados. El mismo cobrador cuando subió el paquete al bus le preguntó: ¿Y qué lleva en esta caja señora, que pesa tanto? Los soldados revisaron el bus y es probable que no vieran la caja. Los explosivos llegaron a su destino. Es que ella era enlace de los compas en aquella zona.

Ella no ha querido contar pero ahí en su casa estuvo curándose Leónidas Bonilla, el comandante Jesús, al ser herido en combate.

“Esta casa se convirtió en hospital, pero ese tema es de ella.” Y Eduardo señala a Marta Virginia…Enfermera de profesión puso sus conocimientos al servicio de la lucha revolucionaria. Pero Eduardo, impulsivo, sigue narrando la odisea que vivieron al llegar ya entrada la noche a la Universidad, en donde tenían los cadáveres de los jóvenes asesinados:

“Querían llevarlos a la Iglesia El Rosario. Para enterrarlos ahí. Se negaban a entregarme a Manuelito. Entonces hablé con el Chele AGEUS, le aclaré que a mi hermano aquí lo esperaba una familia, todo un pueblo lo esperaba. Solo así pude convencerlo. Los forenses hicieron el papeleo y me lo dieron. Eso sí, se vinieron dos miembros de AGEUS con nosotros.” “El día 15 lo enterramos, fue un entierro multitudinario. El desfile de ese día se suspendió.”

A partir de entonces, un médico falta en el pueblo. Meme, o Manuelito, tal lo llaman sus hermanos, es otro de esos mártires imposible de olvidar, sacrificado mientras defendía sus ideales. Por eso Daniel Guevara pregunta de manera poética: ¿Olvidarte Manuel? Y aclara para la posteridad: Una bala impactó en el cuerpo de Meme. Una bala asesina como era el que la disparó, creyó acabar con el sueño de Manuel, pero no pudo, porque como dice la canción: “Ya no vivo, pero voy, en lo que andaba soñando, y otros que siguen peleando, harán nacer nuevas rosas, y en el nombre de esas cosas, todos me estarán nombrando…”

Todos lo están llorando. Todos lo están nombrando. Todos llevan consigo un vacío, una angustia. Entre ellos Juancito Velásquez que, con el dolor y con una impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo pintados en su rostro, expresa: “Nos quitaron a Meme. Pero cuando un compa cae, cien se alzan.” Que así sea.

Miércoles, mayo 24 de 2017.

Fuente: “La piedra encadenada”, blog literario de René Ovidio González.

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