Una historia secreta y olvidada de muerte, intrigas políticas y  despotismo  castrense  

Después de 34 años los documentos desclasificados del Departamento de Estado de los EEUU, las confesiones de un participante en la matanza y el testimonio de familiares de las víctimas, ha servido para reconstruir esta historia inverosímil, de muerte, intrigas políticas y despotismo castrense.   

Una voz y memorias acusadoras del pasado

San Salvador 1981- Fue una operación que se planificó con semanas de anterioridad. El director de la extinta Policía de Hacienda (PH), Francisco Antonio Morán (en esos años ostentaba el grado de coronel), la planificó de manera fría y calculada, la idea era actuar como Escuadrón de la Muerte, sin embargo, a pesar de que sus hombres cumplieron con las órdenes de exterminio, los periodistas extranjeros se encargaron de publicar la verdad sobre la responsabilidad de la PH en la matanza.

Un delator de la guerrilla de la zona de Soyapango había informado a la PH, que varios jóvenes se reunían casi a diario en una casa abandonada ubicada en la colonia San Nicolás, y  que posiblemente pertenecían a una organización guerrillera.

Dentro del grupo que participó en el operativo, se encontraba el ex miembro del Estado Mayor conjunto de la Fuerza Armada (EMCFA), Jorge Tapia,  quién nos relató cómo se llevó a cabo la maniobra de exterminio.

La primera reunión con Tapia se llevó a cabo en un restaurante poco concurrido del centro de Chalchuapa, Santa Ana. Este fue el inicio de una serie de encuentros en los que Tapia narró y confesó sobre su  involucramiento en menor o mayor grado en diferentes crímenes cometidos en nombre del Escuadrón de la Muerte y apoyados y/o encubiertos por el EMCFA durante la guerra civil salvadoreña, concluida hace 23 años.

Este hombre ahora enfermo, completamente delgado; piel morena, de hablar pausado, casi imperceptible, quién confesó que padece de una enfermedad terminal, mostró documentos que lo acreditaban como sargento del ejército salvadoreño,  desde 1977 hasta 1987, año en el que dice que desertó del EMCFA.

En la primera reunión sostenida con Jorge Tapia aseguró que él conocía de segunda mano algunos asesinatos que algunos miembros del Escuadrón de la Muerte, cometieron durante la guerra civil, incluso describió la manera operativa para dar seguimiento captura, tortura y asesinato a miembros que consideraban sospechosos de pertenecer a la guerrilla; también mencionó el uso de libros que utilizaban con la información de las víctimas, (libro amarillo). Pero fue hasta el tercer encuentro que estuvo de acuerdo en confesar todo lo que sabía cómo ex miembro del EMCFA, con la venia de que se publicara todo cuando él muriera.

Hace un par de meses Jorge Tapia, murió solo en la pieza de un mesón, las extensas declaraciones de Jorge Tapia, grabadas algunas en audio y otras en video, han servido para reconstruir varios asesinatos, como la masacre de Soyapango cometida hace 34 años.

-El coronel Francisco Morán, nos estuvo reuniendo durante varias semanas antes de la masacre, nos daba charlas sobre cómo actuar contra el enemigo; yo estaba destacado en San Salvador, en la primera brigada de infantería, esta operación se realizó en conjunto con los demás cuerpos de seguridad ( Policía Nacional –PN-, guardia nacional –GN-, policía de hacienda –PH- y el ejército salvadoreño ), todos estábamos al mando de la Policía de Hacienda (PH); finalmente esa noche (del martes 6 de abril de 1981), nos detalló todos los pormenores de la operación de limpieza que realizaríamos en las colonias: Montecarmelo, las Brisas, San Nicolás, Florencia, 22 de Abril y algunas otras de las zonas aledañas a Soyapango. Jorge Tapia, hace una pausa, cuando aparece la mesera y nos deja el menú- se excusa aduciendo no le da hambre, le pido un café con pan, que durante la entrevista dejó intactos. Jorge  prosigue su relato, habla como si estuviera relatando una película, haciendo gestos de dolor en el rostro.

- La Sección de Inteligencia de la PH (S2), nos proporcionó una lista de las personas que tendríamos que capturar en la noche del operativo militar, incluso nos dieron fotografías de algunos sospechosos para poder reconocerlos. Nos dieron mapas de la zona, y tendríamos un  guía, esta persona vivía en el lugar y andaría con nosotros, guiándonos y señalando las casas. -por un instante prolongado Tapia guarda silencio, le veo la mano temblorosa cuando alza la taza de café para luego ponerla en la mesa.

- Este secreto lo he guardado por muchos años, afirma viéndome a los ojos, buscando la certeza de que cumpliré con el pacto de no revelar su identidad y sus confesiones.

-Me remuerde la conciencia porque quizás no eran subversivos, habían muchos jóvenes, casi niños de 14 años, ahora creo que fue una crueldad la que hicimos- irrumpe el relato con la excusa de ir al baño.

Los periódicos de la fecha reportaron que en la madrugada del 7 de abril de 1981, en la colonia San Nicolás, calle principal, casa número 16, fueron quemados tres jóvenes y que en la calle quedaron esparcidos al menos 23 cuerpos, todos asesinados a balazos y con arma corto punzante. El “cuadro era dantesco y espeluznante”, afirmó el periodista que pudo llegar a la zona al día siguiente y presenció la escena de la masacre.

Jorge regresa a la mesa con dificultad, se sienta y con cierto recelo me pregunta de nuevo sobre la entrevista y el pacto. Le reafirmo que no revelaré su identidad ni lo que me relate hasta que él haya muerto, convencido prosigue con el relato.

-Salimos del cuartel de la PH, uniformados unos y de civil otros; yo usaba uniforme del ejército,  íbamos en camiones militares, era la media noche, llegamos en menos de media hora al objetivo, las calles de San Salvador estaban solas,  todavía estaba la Ley Marcial (una ley que prohibía a los ciudadanos salir de 7 de la noche hasta las 5 de la madrugada, y daba a los cuerpos de seguridad luz verde, para asesinar a todo el que estuviera en las calles), pues recién había pasado la ofensiva que lanzaron los subversivos (el 10 de enero de 1981, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional –FMLN-, había lanzado una ofensiva militar sobre el territorio nacional). –Jorge Tapia, continúa relatando los pormenores de la masacre esta vez con mayor soltura.

-Llegamos a la casa del informante que estaba en la colonia Carlonia, era un hombre de unos 50 años, según supe había estado de alta en la PH antes de la guerra y recibía una pensión y dinero extra por investigar quiénes eran subversivos en la zona. 

El hombre (informante) se puso una capucha en la cabeza para que no lo reconocieran, y nos fue guiando hasta las casas de todos los que íbamos a capturar. Algunos  policías nacionales y de hacienda que estaban uniformados, habían tendido un cerco de seguridad en toda la zona, para que nadie escapara o por si aparecían los guerrilleros.

A la una de la mañana ya teníamos concentrado un buen grupo de hombres, entre ellos muchos jóvenes, el encargado de la operación era un teniente, no recuerdo bien su nombre, habló por radio con el coronel Morán  y este dio la orden de eliminar a los subversivos. Los reunimos afuera de una casa (a los capturados), en donde adentro se encontraban detenidos tres muchachos, quienes en realidad eran guerrilleros, les encontramos propaganda subversiva, y varios libros marxistas.  Tratamos de que hablaran y nos dijeran quiénes eran los jefes, adónde tenían las armas, pero no quisieron hablar, entonces los dejamos adentro de la casa y ordenaron prenderle fuego, un compañero roció la casa con gasolina, dicen que también a ellos (los capturados), quiénes estaban amarrados y vendados les echaron gasolina en todo el cuerpo. - Tapia me ve directo a los ojos, intuye que su confesión es terrorífica y se excusa.

-Yo me siento muy mal por ese operativo, porque si en verdad eran guerrilleros, no murieron en combate, sino que a quemarropa los mataron, no recuerdo muy bien cuántos habían en el primer grupo (de prisioneros) pero los pusimos contra la pared y les disparamos, les descargamos todas la balas de la ametralladora. Muchos compañeros policías, agarraban el fusil con fuerza, cómo con rabia, no se cómo describirle, quizás el olor a pólvora, la sangre y carne quemada les afectó mucho. 

Pero nos decían (los jefes militares) que de esa manera estábamos limpiando al país de terroristas, de gente comunista que querían destruir la patria.

-Hace una nueva pausa, suspira hondo y baja la cabeza.

-¿Les prendieron fuego a los jóvenes que estaban dentro de la casa? -Pregunto a Jorge, para recobrar el hilo del relato.

-Sí, les tiraron un trapo prendido (con fuego),  escuché como gritaban desde dentro de la casa, eran gritos de dolor, horribles, como nunca los he escuchado antes, alguien lanzó una granada adentro de la casa y luego la ametrallamos.

Cómo dos horas después, trajeron otro grupo de hombres, nos ordenaron que no gastáramos mucha munición, que algunos los matáramos a machetazos. –Tapia vuelve a guardar silencio, su mirada se pierde, está recordando los pormenores de la segunda matanza que realizaron esa madrugada. Luego de unos breves minutos de silencio, mueve la cabeza a los lados, como negando o tratando de borrar las imágenes que sólo él está viendo, ayudado por la memoria.

-Fue horrible, después yo participé en otras operaciones de exterminio, pero esa fue mi primera, quizás por eso nunca se me borró fácilmente.

-¿Cuántos jóvenes tenían capturados, después de asesinar al primer grupo de muchachos? Lo interrogo intuyendo que, ya no quiere continuar la detallada narración de la masacre.

-Fue horrible, lo que pasó esa noche, agarramos los machetes y empezamos a dar filazos contra algunos cuerpos (de los prisioneros), mientras otros eran abatidos a balazos, fue una carnicería, unos muchachos gritaban de dolor, otros imploraban, pero la orden había que cumplirla.  Muchos nos llenamos de sangre la ropa, luego nos ordenaron que colocáramos los cuerpos en fila, esparcidos por toda la cuadra.- Jorge Tapia, enmudece de golpe, no quiere continuar hablando.

Le pregunto insistentemente quiénes más estaban a cargo de la operación y no me responde, luego se levanta y me dice que le llame otro día y me dará mayores detalles, que en ese momento ya no se acuerda muy bien.

Desde octubre de 1979, después de derrocar al presidente general Carlos Humberto Romero, El Salvador era gobernado por una Junta de Gobierno, compuesta por varios civiles demócrata cristianos y jefes militares.  El poder real descansaba en los militares, quienes planificaron y encubrieron una guerra sucia en contra de la oposición política.

Imágenes dantescas que desafiaron el poder militar

La mayoría de asesinados en la masacre de Soyapango y sus alrededores, eran estudiantes, obreros, empleados de oficinas y algunos miembros de sindicatos.

El jueves 9 de abril, el vocero de la Policía de Hacienda, apareció en conferencia de prensa, afirmando que los muertos en la colonia San Nicolás, eran guerrilleros, que los cadáveres calcinados adentro de la casa eran los jefes de la guerrilla local y que gracias a informes de la misma comunidad pudieron desbaratar la reunión que esa noche tenían los jefes de las distintas organizaciones guerrilleras.

El vocero de la PH, afirmó que todos los que aparecieron muertos, eran guerrilleros que murieron en enfrentamiento armado,  que otros lograron huir (guerrilleros) y que muchos iban heridos. Finalmente afirmó que  con esta operación la PH y cuerpos combinados, desarticuló acciones que los terroristas planeaban realizar en un futuro próximo como es el caso de secuestros en contra de la población indefensa, asesinatos, robos, violaciones y muchas otras fechorías que estaban planificando los guerrilleros esa noche.

Las declaraciones del portavoz militar, habían sido producto de la presión internacional, Imágenes dantescas de la masacre habían recorrido los Estados Unidos y el mundo en cuestión de horas, gracias a los periodistas extranjeros, provocando que la opinión pública internacional, se mostrara conmocionada y que rápidamente comenzaran a exigir esclarecimiento sobre la matanza.

En los reportajes que aparecieron en el extranjero, muchos familiares de los masacrados afirmaron que las víctimas fueron sacadas de sus casas por agentes identificados como policías de hacienda y que casi de inmediato fueron asesinados a sangre fría, la mayoría de cadáveres se encontraban con las manos atadas en la espalda, además las fotografías publicadas por los medios internacionales, mostraban unos cadáveres en ropa interior, otros sin camisa, varios cuerpos totalmente desfigurados, con los testículos en la boca y decapitados.

La hermana de un asesinado, de apellido Rosales, relató que en la madrugada del 7 de abril, varios camiones con agentes policiales llegaron a la colonia Alta Vista, tocaron la puerta de su casa violentamente y como ellos se negaron abrir, la puerta fue derribada, inmediatamente su hermano fue capturado, un hombre que usaba una capucha lo señaló y se lo llevaron, minutos después escucharon una balacera, su hermano fue encontrado entre los muertos de la calle principal, en la colonia San Nicolás.

Un reportero de los Estados Unidos, quién cubrió la historia, confirmó que la mayoría de masacrados pertenecían a una iglesia Evangélica de la localidad, y que sus familiares coincidieron en señalar a la PH, como la responsable de la masacre.

Algunos medios de comunicación en los Estados Unidos, y el mundo  entre ellos el Washington Post; International Herald Tribune; Times (de Londres) y la Voz del interior de Argentina, publicaron las declaraciones de las autoridades del Departamento de Estado de EEUU, quiénes afirmaban la participación de la Policía de Hacienda en la masacre de Soyapango.

Gobiernos europeos dirigieron cartas pidiéndole a la Junta de gobierno, investigara y esclareciera la masacre. 

La embajada de EEUU en El Salvador, solicitó una investigación al entonces ministro de Defensa, coronel José Guillermo García.

El día 10 de abril, el coronel Morán, ante una conferencia de prensa, mostró planos, documentos y armas, en donde se detallaban acciones en contra de negocios, empleados, y ciudadanía en general.  El coronel describió la manera en que supuestos guerrilleros atacarían a personas indefensas entre ellos a mujeres solteras y ancianas violándolas y asesinándolas. Sostuvo que la acción realizada por la policía de hacienda, estaba enmarcada dentro de la legalidad y que todos los fallecidos en la colonia San Nicolás, eran miembros de la guerrilla que se enfrentaron a la Policía. Además, sostuvo que habían realizado capturas, pero se negó a dar nombres de los prisioneros.

Como parte de su plan de ayuda a la ciudadanía honesta y honrada, indicó que estaba prestando seguridad a un mercado de la localidad, ya que los documentos incautados, señalaban que una humilde vendedora sería ajusticiada por los guerrilleros. Tampoco especificó el nombre de la supuesta víctima y el mercado. 

Documentos desclasificados que abren la historia de intrigas políticas y despotismo castrense

En muchos de los actuales documentos desclasificados del Departamento de Estado de EEUU, un representante político de la Embajada de EEUU, en el país, consideraba que las declaraciones del coronel Morán, fueron “mentiras mal fabricadas” y literalmente afirma que “solamente un idiota podría creerlas”.

Los documentos desclasificados señalan además, que el gobierno de los EEUU, sugería al representante de la embajada de los EEUU en el país, que se reuniera de urgencia  con los miembros de la Junta de Gobierno, entre ellos el democratacristiano José Napoleón Duarte, y los militares General Jaime Abdul Gutiérrez y el coronel José Guillermo García, este último fungía como ministro de Defensa.

La reunión serviría para que buscaran controlar al coronel Morán y sus acciones que ponían en riesgo la ayuda de los EEUU a la Junta de Gobierno. También, expresaban su temor de que la Junta de gobierno sufriera un golpe de Estado debido a las presiones por expulsar al coronel Morán de la PH y el apoyo incondicional de muchos militares salvadoreños de alto rango hacia el coronel Morán.

Debido a ello, uno de los documentos de la época clasificados como secretos, proponía que funcionarios de la embajada de EEUU explicaran ante la prensa que esta clase de hechos violentos son deplorables, pero que no culpaban a la Junta de Gobierno.

Días después, públicamente el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, expresó su apoyo incondicional a la Junta de Gobierno, pero pedía una investigación exhaustiva sobre la masacre en Soyapango.

Luz verde para la vorágine de sangre

Por su parte el coronel Morán contaba con un fuerte respaldo  y apoyo incondicional de parte de los militares ultraderechistas  dentro de las Fuerzas Armadas salvadoreñas. Removerlo de su cargo iba a provocar un golpe de Estado en el país, según declaraciones que rindió un alto jefe democratacristiano al representante político de la embajada de los EEUU en el país. Esa misma opinión era compartida por muchos miembros del gobierno y altos jerarcas del Partido Demócrata Cristiano, quiénes desde el mes de enero de 1981, habían pedido retirar de su cargo de director de la Policía de Hacienda, al coronel Morán y asignarlo a un puesto como agregado militar en un país latinoamericano. Sin embargo, debido a la ofensiva guerrillera en ese mes, no se cumplió con la orden de traslado del coronel Morán.

Días después de la matanza, un comunicado escueto firmado por el coronel Morán, informaba que había dado de baja a 53 miembros de la PH, 30 de ellos implicados en violaciones a los derechos humanos y el resto debido a faltas disciplinarias.

El miércoles 15 de abril, una semana después de la masacre de Soyapango, los coroneles José Guillermo García, ministro de Defensa y Rafael Flores Lima, jefe del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada, aparecieron dando declaraciones en las instalaciones de la Policía de Hacienda, junto al coronel Morán. Las afirmaciones que dichos altos jerarcas militares realizaron ante la prensa mostraban un respaldo absoluto a las acciones de contrainsurgencia que el director de la PH había realizado.

A medida transcurría el tiempo, la matanza de Soyapango, pasó al olvido, el espectro político cambió en el país, la derecha salvadoreña recobró mucho poder  político y nunca se volvió a impugnar las violaciones a los derechos humanos que al coronel Morán se le atribuían.

A partir de ese momento el coronel Morán, tuvo luz verde, de parte de la Fuerza Armada para cometer crímenes de lesa humanidad, mientras estuvo al mando de la Policía de Hacienda.

A menos de dos meses después de la masacre de Soyapango, el 4 de junio de 1981, la PH, capturó en el cantón del Pino, de Soyapango, a nueve hombres, dos de ellos menores de edad, quienes fueron encontrados al día siguiente decapitados en el puente el Angel, a unos 14 kilómetros al norte de San Salvador.

De esta manera el coronel Morán le demostraba a los EEUUU y a sus protegidos los demócratas cristianos, que el poder real del país estaba en manos de los militares de derecha.

El 8 de julio de ese mismo año, la Policía de Hacienda cometió otro hecho sangriento de la misma manera que lo hizo el 7 de abril en Soyapango; alrededor de 41 personas, entre ellos varios menores de edad, fueron capturados en el cantón de Loma de Ramo, en Guazapa, a 15 kilómetros de San Salvador.

Llevados en camiones militares, comandados directamente por el coronel Morán, con destino a Concepción, cerca de Quezaltepeque, lugar en donde fueron torturados y posteriormente asesinados. Algunas mujeres, incluyendo a una menor de edad de 12 años, violadas antes de ser ejecutadas con lujo de barbarie. De estas masacres no hubo periodistas extranjeros que las reportaran.

A pesar de que el coronel Morán no gozaba del beneplácito de los EEUU, la presión para su destitución disminuyó, y sus matanzas fueron muchas veces encubiertas para lograr el ambiente de tranquilidad que necesitaban los demócratas cristianos para gobernar el país.

Fue hasta el 8 de diciembre de 1983 que el vicepresidente de Estados Unidos, George Bush, pidió en una visita a El Salvador, el relevo de algunos militares implicados en los escuadrones de la muerte. En enero del año siguiente el secretario de Estado norteamericano George Shultz, entregó a los demócratas cristianos una lista de 10 militares que debían ser destinados al extranjero, encabezando la lista se encontraba el capitán Francisco Moran.

Cuando el presidente José Napoleón Duarte, llega a la presidencia en las elecciones de mayo de 1984, desmantela la sección de inteligencia de la PH y los 27 agentes que integraban la plantilla fueron asignados al ejército y trasladados a zonas de combate, mientras su director Francisco Moran, asignado como asesor militar en la Embajada salvadoreña en Paraguay.

El nombre del coronel Francisco Moran, salta de los archivos desclasificados y la historia oculta del país, para revelarnos un militar con poder absoluto, desafiante de las políticas de los EEUU y el gobierno demócrata cristiano salvadoreño, que impuso su voluntad a fuerza de terror y llenó de luto a cientos de familias salvadoreñas, sin que hasta ahora se le haya responsabilizado de su legado de muerte.

Carlos Santos | Entrevista publicada originalmente en el Archivo de la Familia Dalton. Miércoles, 16 de diciembre de 2015.

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