28 de febrero de 1983. Aquel día las fuerzas elites del ATLACATL, recién entrenadas en Estados Unidos y la Fuerza Aérea Salvadoreña masacraron a varios centenares de nuestros familiares que huyeron de un operativo de "Tierra Arrasada" en las faldas del Guazapa.  Nunca olvidaremos a nuestros héroes y mártires! Estos son los testimonios que 4 sobrevivientes me dieron en 1991.  

OIGAMOS LOS TESTIMONIOS DE MARIA, BETY, ANTONIA E IGNACIO:  

MARIA: "La segunda semana de febrero, el gobierno lanzó a la zona la invasión "Guazapa 10". Efectivos militares iniciaron la incursión no sin antes acrecentar el bombardeó y ametrallamiento aéreo en toda la zona.  Esto obligó a la población civil a concentrarse en algún lugar del cantón El Roble…  Habíamos en El Roble aproximadamente 2 mil personas entre niños, mujeres y ancianos, listos para huir a Cabañas. El cañoneó y morteréo no cesó en toda la noche...." 

BETY: "Nosotros éramos de Guazapa. Yo tenía como 11 años cuando metieron esa gran invasión a Guazapa. Era tremenda la invasión que andaba, fue el mismo Atlacath. Teníamos que salir, venir por acá, por Cinquera, porque los soldados nos habían dicho que la próxima vez que nos iban a encontrar, nos iban a matar a todos. Entonces nos reunimos, pero un montón de gente...  Pasamos un día allí reunidos para marcharnos de noche para pasar la Calle Nueva, pasar de este lado. Entonces pues, todo ese día nos anduvieron persiguiendo, pero no los soldados, sino los aviones. Y cuando nos lograban detectar, nos hacían un bombardeo tremendo y no dejó de morir gente por las bombas. Porque en ese puesto en ese día murieron como 5 niños, un anciano y la señora. Como era bastante la gente, esa gente no la conocía yo, como eran de varios lugares. ¡Tremendo esos grandes bombazos!

Entonces, cuando fue entrando la noche, pasamos por toda aquella calle allí por Palo Grande. ¡Prendida esa calle a puro bombazo!  Aquel tumbo de gente pasamos allí, los niños llorando, porque tenían hambre, ya teníamos 3 días de andar sufriendo, las criaturas sin comer. Entonces nuestros responsables nos pasaron por acá. Como a eso de las 11 de la noche veníamos pasando por la calle. Eso fue 2 días antes de la masacre. “Por la gracia de Dios no hubo problemas ahí, pasarnos con la llorason de niños, pero no nos lograron oír la bulla” 

MARIA: "Fue una larga caminata de más de 12 horas. Cargamos con niños con los pies descalzos y ancianos casi ciegos que se dejaban guiar por el ruido de la gente. Iban además heridos de bombardeos recientes cargados en hamacas; entre ellos un niño de unos 10 años, herido por una esquirla de mortero... 

Llegamos a Tenango casi al mediodía. Debido a la gran cantidad de gente que nos acompañaba, nos vimos en la obligación de hacer grupos y diseminarnos por todo el Área. Unos en pequeños caseríos de los cantones Tenango, La Vega, Casas Nuevas, Guadalupe, El Sitio y otros. La mayoría se resguardaron en quebradas y barrancos, especialmente con poca visibilidad para la Fuerza Aérea que ya empezaba a merodear la zona... 

BETY: "Nosotros logramos ir para allí donde mandaron a esa gente, a la orilla del río Sucio. Pues allí estuvimos. Solo nos estuvimos un día, no más, un día.  Al siguiente estábamos pendientes, porque mandaron una nota, los responsables de allí del Tenango. Logramos quizás detectar de los soldados en Guazapa, que había dicho el Atlacatl, que en Guazapa ya no había gente, que la gente había pasada por acá a Cinquera.  Así sucedió: Desalojaron Guazapa y se vinieron para Cinquera. Cabal, ya al siguiente día en la mañanita, como a las seis de la mañana, se oyó la balacera en Papaturro... 

Entonces, como allí estaba mi hermana conviviendo en esa familita del Triángulo, allí estaba el hombre de ella. Como él conocía el terreno un poquito, dijo a nuestro responsable de Guazapa que "Ojala logramos sacar la gente, primero Dios que no pase nada y logremos sacar la gente para Tenango".

Entonces, bajando el río íbamos, cuando la gran balacera ya para arriba, los soldados ya estaban en los filos. Y aquella balacera tremenda. Y aquella gran llorazon de la gente y de los niños. Y al ratito se hizo presente la Push- and- Pull que le dicen, la avioneta y nos detecto. Y va de rondar y rondar bajita y como la gente con su ropa colorada, roja y todo eso.... pero no nos tiraba la avioneta, solamente nos detectaba y dio vueltas, pero bajita. ¡Pero como los soldados ya estaban en el filo!

Pues los responsables nos decían: "Corran, corran, no hagan caso a la avioneta, no nos tira, corran y aunque nos tira y Si nos tira que nos mate a unos pocos, pero que no nos maten a todos." 

Al ratito nos gritaban de los filos los soldados, que no nos corriéramos, que ya nos tenían emboscados. Así sucedió, pero nosotros siempre continuando la marcha, aquella inmensidad de gente que se miraba que iba trepando la loma del Tenango, ya para subir al plan. Logramos saltar al plan arriba, pero no todos, algunos en la ladera iban quedando, cuando nos hablaron los soldados, así cerquita, a como unos veinte metros. El que embocó fue un viejo panzón y se puso un bolado en la boca que sonara duro, un megáfono. Entonces, cuando vió que saltó la gente, dijo el viejo: “Ríndanse, ríndanse, ríndanse, hijos de puta guerrilleros, levanten los brazos, ahora es de más que se corran". 

Porque la gente hizo gran molote. “Levanten los brazos, si quieren saber: Aquí esta el Batallón Atlacatl, para que lo sepan!” dijo. 

Y vió que solo éramos gente civil, porque ahí no andaba nadie armado, solo gente civil, una inmensidad de niños y ellos bien miraban, no respetaban. 

Y en cima de nosotros, mira un gran granadéo, aquellas ametralladoras, solo nos rociaban balas por todos los lados. Y la gente por un lado y otro. Entonces yo andaba agarrada de la mano de mi mama y mi mama me dijo: "Ay hija, hoy Si nos mataron". Entonces alguna gente andaba un puño de niños, los dejaban botados, por agarrar uno, entonces la misma gente pasó encima de los niños, sofocados. Y alguna gente de los balazos y los granadazos murieron en ese instante. Ya una tendalada de gente muerta, solo de la balacera, verdad. Y el gordo gritando: "No se corran, no se corran, a esa gente no la matamos, esta gente ha muerto por correrse en la balacera, no se corran!" Y ya un vergo de gente muerta. 

Entonces, andaba una tía mía que era hermana de mi mama. Esa tía mía estaba embarazada, estaba ya esperando por dar a luz. Ella se llamaba Elena Álvarez. 'Entonces, Elena corrió un ratito, yo la vi, verdad. Entonces, de ahí se le desmayo el cuerpo, ahí quedó, viva, verdad. No pudo correr. Entonces, vine yo, siempre agarrada de la mano de mi mama. Pero ya de ahí cuando hicieron otra balacera, yo me solté y me tire a un barranco, un barranco algo grande, verdad, a la orilla del plan y me caí en un bejucal. Me tire al barranco a como pude y me agarre un bejuco, cuando me tiraron unos rafagones, como vieron que para allí me corrí. Me tiraron unos rafagones que troncharon al bejuco y me fui con todo. Pero no me pegaron, solo al bejuco, al lado de mi mano pasó el rafagón. Me raspe a todo, pero no me corrí más abajo, porque yo ya oía que abajo lloraba gente. Era la gente que no había alcanzado a subir al plan, por que los soldados ya tenían anillo ahí, que ya no dejaban salir la gente.

Ví arriba al plan y vi mi mama la última vez, parada mi mama arriba, me volvió a decir: "Hoy Si nos mataron". Ella tenía a mi hermanita en sus brazos. De presto desapareció allí, oí unos rafagones y mi mama desapareció de allí. Ella se llamaba Bernardina Álvarez y tenía unos 49 años. Junta con la niña andaba. La niña la andaba abrazadita. Quizas se corri de allí, porque cuando fuimos a ver nosotros, estaba muerta en otro lado. 

Mire, yo en ese barranquito, al ratito venían los aviones y venia un helicóptero que aterrizó allí. Ya no se oyó ni un balazo. Yo oía bien a los soldados que andaban rastreando el monte. Eran ya como las 11 de la mañana, las 12, por allá. Entonces, andaban rastreando, pero no se oía ni un balazo, pero se oía la gente que lloraba.

De allí vinieron unos soldados. En ese instante yo no miraba nadie, pero yo oía a los soldados que hablaban. Y ese viejo que hablaba con megáfono, decía: “Miren, decía a los soldados, vamos a recoger a los bichos que pueden más hablar y hay que concentrarlos aquí y hay que hacerles preguntas a estos cabrones" dijo. Ah, púes, yo silenciamente ahí pensando a que hora me hallaban. Cabal, al ratito le dijo un soldado: “Ya los recogimos!” ¡"Hay que hacerles preguntas! les dijo el viejo. Ya empezaron, verdad, haciéndoles preguntas a los niños, eran unos varios, porque era una barbaridad de niños y recogieron solo a los niños que ya podían hablar. Se oía la bulla de bichitos y empezaban: “Vos, no conoces los campamentos de los guerrilleros?” “No” les decían los bichitos, porque bien galán oía yo. “Como no van a saber, hijos de la gran puta, y no son hijos de los guerrilleros!” Pues preguntaban al otro “¿Y tu papa?” “Ahí estaba en el plan, a saber si no lo habrán matado, como con nosotros venía”. “Como vas a creer, tu papa en la guerrilla ha de andar, qué iba andar con vos!” Le decía el bichito: “No, mi papá venía con nosotros y es gente civil, con nosotros andaba, con nosotros no andan guerrilleros” le decía el bichito. “Si no nos dicen la verdad, ya van a ver como los matamos!” les dijeron.

Al ratito, cuando los niños les negaban las cosas, no se hacían cargo de nada, quizás los golpeaban, porque se oían como culatazos y aquellos pujidos de los niños, aquella llorazón de los niños afligidos, verdad. Al ratito les volvían a decir: “Si no nos dicen la verdad, ya les vamos a matar!"

Cabal, al ratito, quizás a los 15 minutos, ya se oían aquellos gritos de los niños:a puro cuchillo los estaban matando, porque ahí hallamos después niños despedazados. Se oía como preguntaba uno quién tenía el cuchillo más afilado y tiraban unos niños así por arriba y los cachaban con cuchillos, con punta de cuchillo. ¡Y aquella llorazón de niños!

Cuando al rato no se oía ningún ruido de niño, ya no se oía nada. Entonces oí que iban rastreando por el lado que yo estaba. Yo solita estaba ahí. Así llegaron a unos 15 metros de donde estaba yo. Yo estaba conforme, “Hoy me van a matar” ó dije yo. Pero por gracia de Dios llegaron cerca de mí y no me hallaron. Yo no desprendía la vista y pidiendo a Dios que no me hallaran. Al rato, al lado de debajo de donde yo hallaron unas mujeres. Empezaron hacerles preguntas y las mujeres todas les decían que no sabían de nada. Las mujeres les decían: “Nos van a matar, pero nosotros no debemos nada, no nos metemos en nada." Al ratito, como que les echaron gasolina, vivas, aquella gran llamarada, humazón y aquellos gritos de las mujeres que estaban quemando. Y aquel sumo a carne quemada, cuando les dieron fuego.

Entonces mandaron a rastrear de vuelta y siempre hallaron gente. Bien galán oía cuando les preguntaban y hasta como los mataban. Cuando los mataban con fusil, bien galán se oía. Pero era ralez la gente que mataban así a balazos. Casi solo a tortura los mataban.

De ahí, al ratito de que pasaron esos hombres algo cerca de mi, resulta un tío mío, era el esposo de mi tía. Ahí me halló, venía de arrastre y halló a mi sólita ahí. Me dijo: “Aquí estás”. Pero suavecito, porque arriba andaban los soldados. Al ratito resultó una hija de mi tía, la mayor, andaba la niña que había despechada mi tía. Ya nos encontrábamos cuatro. Yo ya tenía mas consuelo, ya no me sentía tan triste. Estábamos cuatro, la niña, la muchacha y mi tío.

Cuando vino haciendo tipo 5 de la tarde, dijo el viejo que estaba en el plan, entonces ya no gritaban ni tiros: “Bueno, dijo, se van a subir todos, ya no van a rastrear. Súbanse todos al plan, aquí vamos a dormir. Y él que está haciendo bulla, lo vamos a matar, porque a las propia 5 de la mañana vamos a rastrear todos esos montes, que más gente va haber” Se quedaron a dormir allí.

Entonces vinimos nosotros, como yo la veredita que habíamos subida no la perdí mucho de sentido, dije yo a mi tío: “Mira, tío, le dije, ya que no nos han matado, salgamos, bajémonos!”  Logramos bajar de donde estábamos. Y no siente el posta que estaba arriba y nos tiró un rafagazo, pero no nos pegó, pero tampoco no aseguró que era gente que había oída. Le dijo el viejo: “Porqué tiraste, cabrón?” “Oigo ruido como que anda gente”. “¡Imagínate! Tirando y quemando que aquí estamos. Quizás tacuacín es”. Nosotros como pudimos nos bajamos. No dejamos de hacer bullita, pero no nos siguió tirando.

Bajamos nosotros con cuidado al río, tocándonos para no perdemos en la oscuridad. Bajamos al río Sucio. Como logramos, llegamos allí donde habíamos estado. Allí trepamos al Triángulo. En ese caserillito no había nadie, silencio, pero las casitas les habían dado fuego los soldados. Nos trepamos a un bordito y allí nos mantuvimos.....

A los seis días pasaron unos aviones de transporte, helicópteros de transporte. Nos dijimos que talvez a traerlos van. Y nos decidimos de salir. Nos salimos por gracia de Dios...  Así fue como llegamos a Tenango. Ya empezaba llegar gente y guerrilleros que había allí. Cabal, ya al siguiente día salieron enterrar la gente. Pero allí haciendo cuenta, en fin éramos 100 gente de mi grupo que andábamos y solo nosotros nos libramos de allí, directamente de esa masacre. Murieron como 96 gente de los que andábamos. Entonces ya me dijeron que mi mamá había muerto, mi cuñado y la niña que andaba mi mamá.

La masacre del Guadalupe, de la falda en frente, esa fue al mismo tiempo, el mismo día. A tiempo que había aterrizado el helicóptero por allí en el plan del Tenango, vino el viejo y mandó, solo había mandado vigilancia para los filos del Tenango y no de Guadalupe. Entonces vino el viejo y les dijo a los soldados: “Van a tomar la altura esa, parece al río anda la gente” les dijo. Y por comunicación pidió a la aviación. De mi lugar bien galán se oyó el tropel de una tropa que salió para tomarse los filos. De allí cayó el helicóptero.

Al ratito llegaron los aviones, bajitos, allí por el plan pasaron bajitos, allí donde estaban haciendo la masacre. Los que subieron al filo, vieron la gente que iban. Entonces, como no eran capaz con toda la gente que mataban en el plan, no les alcanzaba, andaban a pedir la aviación. Bien galán oí como se comunicaban, a pedir la aviación. Así fue. Aquellos grandes bombazos del lado de Guadalupe. Entonces fue que hicieron la masacre de Guadalupe, del río para arriba. Allí murió otro resto de gente de las que había en el Tenango, a puros bombazos” 

Antonia: “De ahí seguimos caminando, bajamos al río Quezalapa. Cuando bajamos al río, ya andaba la Gradilla. Del río Quezalapa para arriba, allí veníamos todos juntos. No juntos, verdad. Pero llegando allí a un palo de copinol, del río para arriba para acá, ahí empezó la masacre. Yo logré pasar de ese copinol. Yo estaba con mis 5 hijos, mi esposo ya lo habían matado. De ahí, cada uno por su lado. Pero nosotros, de ese copinol logramos pasar, donde fué la masacre, llegamos más arribita. Pero de ahí, de ese copinol arribita, ya no pudimos pasar. 

Ahí me salió una bicha herida a mi, la Wilma que tenía 9 años. Le pegó una esquirla en el pecho y una otra en el brazo derecho. Fué una bomba de un A-37 que nos cayó cerca. Ahí estaba otra señora con un niño de 3 meses. Ella fue fracturada de las dos piernas. Ahí quedó, ahí la mataron los soldados después, con todo y niño. La mataron. No la conocía, pero tenía unos 25 años y el niño 3 meses.

Yo logré pasar con la mía en el homo, yo la saque, mi niña herida y mis otros 4 me corrieron detrás, solo por la calle, cuesta arriba. Allí había otra genteen la calle, una gran tendalala de muertos, niños, mujeres y ancianos, hasta unos machos quedaron allá… 

El bombardeo duró todita la tarde, hasta las 6 de la tarde: Se iba uno, venia otro, ahí andaban, a saber cuantos eran.

Y del lado del Tenango ya había tropa terrestre, pero en Guadalupe no, pero venían detrás de nosotros. Entonces nosotros, a las 6 de la tarde salimos de ahí de Guadalupe, ya algo oscurito. El siguiente día llegamos por Santa Bárbara. Y los del Atlacatl nos iban siguiendo, allí nos iban a matar. Caminamos toda la noche sin parar y yo con el niño en el lomo. Allí Los A-37 también nos querían matar en una quebrada, pero se desubicaron. De allí seguimos caminando toda la noche, otra noche más, por la quebrada del Aseseco y salimos allá por San Antonio de regreso, pero el enemigo se iba retirando. Aquí estuve mes y diez días aquí. Lito, el medico guerrillero me curó a la niña”. 

IGNACIO: “Allí estábamos, cuando fue la bulla de los radios de comunicación, así cerquita. Volté a ver, yo los vi a unas pocas brazadas. Dije yo a la gente: “Aquí no nos queda más, aquí nos vamos a morir. ¡Miren! “Viendo eso, me levanté donde estaba y solé carrera así. Vine y tope al barranco. Y me he salvado con una niña de 2 años. Me tire al barranco con todo y niño y he caído, por la gracia de Dios, no me pegué ni un golpe, ni un raspón, caí exactamente parado abajo. Cuando yo caí abajo, iba la señora mía sobre mí, por allá iba con el gran rafagón. Ella se llamaba Gabriela Landaverde, ya iba con el rafagón...

Me he corrido por abajo y de allí encontré gente en un machacalito abajo...Yo seguía caminando, buscando el monte. A los 4 días he salido buscando el camino de regreso. Me bajé al camino, ya no había nadie. Yo baje a la niña y le iba dar agua. Allí no le daba más que hojitas de Guayabo, tiernas. “Vámonos a donde mi mama” me decia, 2 años tenia. La mama se llamaba Raymunda Landaverde. De ahí dejé a la niña y fui a buscar a la demás gente.

Arriba los encontré, masacrados. Era un Sebastian Serrano, Juan Serrano, Victor 

Pocasangre y otra señora que estaba acompañada con Víctor, ella estaba embarazada. Y murio Nancique Galdamez, Sarita Landaverde y otros que había ahí.  Ahí murió toda esa familia, niñas, los de la señora que yo le defendía la niña, todas las otras cuatro ahí quedaron. Ahí quedaron abrazadas. Después de matadas a ametrallamiento, les han puesto fuego. Pero no se quemaron, solo se les chamusquió la ropa y el pelo. La señora estaba volteada, mirando hacia arriba. Entonces me fui a buscar a la niña y le enseñaba: “Mira, le dije, aquí está tu mama”, ella no suspiro, nada.

MARIA: “Después de caminar el resto de la noche, amaneció y fue entonces cuando nos dimos cuenta de la gran masacre, habían cadáveres regados por toda la zona. Y cuando llegamos al cantón Guadalupe, nos encontramos con el caserío destruido totalmente por las bombas. Encontramos una señora muerta, desnuda a la par de un niño de 11 meses a quién le hacia falta la oreja izquierda y tenia señales de acido en su cuerpo. Según otro grupo de campesinos que se quedó escondido en un tatú, escucharon cuando un grupo de soldados interrogaba a la señora que habían encontrada en un charral y según ellos, ella sabia de las armas. Dijo el grupo de campesinos que pudieron escuchar el llanto de la señora, implorándoles por su vida y la de su hijo, a quién un soldado amenazó con quitarle una oreja primero y luego la otra, hasta que ella les dijera, donde estaban las armas. La señora, sin saber nada, vió morir a su hijo y posteriormente violada la ametrallaron. . .Más abajo del caserío habían tres cadáveres de una mujer y dos hombres, ella era la madre de un niño de 8 años que sobrevivió.... En las gradas de la iglesia estaba el cadáver de Don Eusebio, quién tenía los huesos de las manos y las piernas quebrados, con señales de ácido en su cuerpo y ametrallado. Había en una quebrada que va del cantón Guadalupe al caserío El Perico los cadáveres de 5 campesinos ametrallados en fila...

Seguimos camino abajo hacia la calle que de Guadalupe conduce al cantón La Vega y encontramos en medio de la calle diseminados decenas de cadáveres. Había en una pila (que antes usaron para trabajar el añil) decenas de cadáveres, unos desnudos y otros mutilados de sus extremidades, algunos muertos por el bombardeo, otros habían sido torturados y ametrallados posteriormente. Había en la pila 34 cadáveres, incluyendo 4 niños, 7 mujeres y los demás hombres de entre 30 y 60 años de edad.

Cerca de la pila estaban 8 cadáveres, incluyendo la de una señora embarazada, cuyo feto se encontraba fuera de su estómago y quién estaba abrazando otros dos niños de unos 4 y 6 años. A la orilla del camino frente a la pila estaba el cadáver de un niño de unos 12 años, con la cabeza cercenada y señales de ácido en su cuerpo.

Como esta compañera que murió asesinada debajo del Copinol de la cuesta de Guadalupe, bombardeada por la Fuerza Aérea Salvadoreña y rematada por las tropas del Batallón Atlacatl, miles de nuestros héroes y mártires caídos en nuestras tierras nos llaman a unirnos para reflexionar y para reivindicar nuestra historia popular y revolucionaria y para retomar de ellos y ellas la antorcha de la dignidad y de la solidaridad entre los pobres y

Al Coronel Domingo Monterrosa (el "Viejo Panzón" en el testimonio de la Bety) le llegó su hora de la Justicia Popular en el 85. Pero a muchos de los que mandaron a masacrar a nuestros familiares en Tenango y Guadalupe, San Francisco y La Tigra, Copapayo, Tenancingo, La Zacamil,El Mangal, Platanares, 

Palo Grande, El Sumpul, Gualsinga, El Mozote, la UCA y muchos lugares más, Cristiani los amnistió sin JUICIO Y CASTIGO y hoy andan sueltos por el mundo. Y la "ESCUELA DE LAS AMERICAS" en Estados Unidos sigue entrenando a soldados latinoamericanos en el "arte" de torturar y masacrar a niños, mujeres y ancianos!!! Y las bombas de fabricación estadounidense siguen cayendo sobre escuelas y hospitales en IRAK, ANGOLA, COLOMBIA y otros pueblos donde las Multinacionales gringas tienen "sus intereses que defender" !!!

MOVIMIENTO POR EL RESCATE DE NUESTRA HISTORIA 

Compartir