Mi experiencia con FECCAS

Trinidad Nieto, sacerdote diocesano en la década de los 70, uno de los importantes impulsores del trabajo cristiano de base.

Iglesia del pueblo de Dios: Iglesia de los pobres

El Concilio Vaticano vino a dar otra visión de la iglesia, un nuevo concepto de iglesia como pueblo de Dios, pero primero, lograr que ese pueblo tomara conciencia de ser pueblo y luego pueblo de Dios y a partir de aquí, ir logrando la concientización. Luego vinieron los documentos del Concilio Medellín, que ya fueron como la aplicación en América Latina del Vaticano II, lo cual abrió una nueva fase que permitió el acceso de las gentes a la Biblia, a la lectura colectiva de la Biblia. La gente comenzó a sentirse parte ya no de una iglesia jerárquica, vertical e institucional, sino de una iglesia más horizontal, con una visión de que los cristianos tienen la responsabilidad de decidir por esta nueva iglesia que ya comenzaba a identificarse como la iglesia del pueblo de Dios o iglesia de los pobres.

Esos nuevos documentos -Vaticano II y Medellín- definen claramente que el trabajo de la iglesia va dirigido a los pobres. Es la opción preferencial por los pobres, porque son ellos los protagonistas dentro de la iglesia y dentro del contexto social y político. Es con esta concepción que surgen las comunidades cristianas, las que después se llamaron comunidades eclesiales de base y que no es lo mismo que eclesiásticas, porque eclesiástico es lo que depende de la jerarquía, y eclesial es lo que tiene más carácter popular; por eso el lema de Monseñor Romero era “sentir con la iglesia”, es decir, sentir con ese pueblo de Dios que se ha descubierto a sí mismo como responsable de forjar el destino propio como persona y el destino de la historia.

Hubo un importante acercamiento de la gente a la lectura de la Biblia. No hacíamos una lectura de la Biblia y del Evangelio en el aire, sino desde la perspectiva de la realidad de los pobres, porque Jesús se hizo pobre, nació pobre y se identificó con los pobres, y desde esa realidad comenzó a decir su palabra; entonces ya no es una palabra de Dios neutral, sino con un destinatario concreto que son los pobres. Con esa motivación, la gente empezó a entrar en las comunidades y a identificarse como pueblo pobre, porque sentían que ese era su espacio, en el cual descubrían que el pueblo pobre no es pobre por voluntad de Dios, sino por el resultado de una organización social, económica y política, en donde solo unos pocos deciden la distribución del poder y la riqueza, mientras la mayoría del pueblo no participa ni es tomada en cuenta para nada en los aspectos estratégicos. Por tanto, la pobreza es consecuencia de la injustica. De esta manera la gente va descubriendo que los procesos electorales solo sirven para lograr cambios de gobiernos, pero no para el bienestar del país; no traen nada nuevo y el pueblo solo es utilizado para que vaya a votar, hecho que les permite justificar que hay democracia, mientras ya han decidido quién será el gobernante.

La construcción del reino de Dios mediante la transformación de la realidad para la conquista de una vida más digna

La gente aprendió a analizar la realidad, a descubrir las causas de la pobreza y a encontrarse con su propia responsabilidad de luchar por los cambios. Este es el caso de la experiencia que tuve en la Colonia Santa Lucia, una zona industrial, de muchas fábricas, en donde los obreros, a principio de los años 70, comenzaron a concientizarse de la explotación -a causa de los malos salarios y malos tratos- y de que tenían el derecho a denunciar y a reivindicar mejores salarios y condiciones laborales; pero, sobre todo, de que hay cosas que solo se van a conquistar a base de que el pueblo las defienda y luche por conquistarlas, ya que los cambios no van a venir de arriba, porque de arriba solo viene la explotación, la opresión, la dominación y el autoritarismo; los trabajadores descubrieron que es el pueblo el que va a romper ese esquema, buscando el Reino de Dios mediante la transformación de esa realidad opresora y la construcción de otra que les permita mejores sus condiciones humanas, dignas, justas, equitativas y fraternas.

Estamos hablando de una iglesia popular, comprometida en la defensa de los derechos de los obreros, campesinos, estudiantes, maestros y trabajadores en general, pero sobre la base de que la población se organice, como lo hizo la gente de FECCAS en el norte de San Salvador, zona que incluye Aguilares, Guazapa, Nejapa, Apopa, Quezaltepeque, Chalatenango, parte de la zona de La Libertad y otras regiones.

Una Semana Pastoral con el “Grupo de los 30 Rojos”

El trabajo eclesial de base comenzó a fortalecerse con la coordinación que surgió de la primera semana pastoral realizada –en 1970- en el Seminario San José de la Montaña, y en donde participaron los sacerdotes de San Miguel, Santa Ana, San Vicente y los de San Salvador, que trabajábamos, más o menos, en consonancia con el arzobispo Monseñor Luis Chávez y González, a quien invitamos junto a su auxiliar Monseñor Rivera. No invitamos a Monseñor Romero, que en ese tiempo era Secretario de la Conferencia Episcopal. En ese encuentro estábamos los sacerdotes que habíamos asumido el compromiso social de la iglesia, de acuerdo a los dos concilios Vaticano II y Medellín.

De esa semana pastoral salimos fortalecidos, porque las conclusiones que sacamos fueron para proyectar un trabajo con mayor visión de base, con protagonismo de los pobres; nos dio mucha más claridad de las medidas que teníamos que tomar para organizar a las comunidades de base, incorporando la participación de los laicos y de las mujeres. Lo de los laicos y mujeres era nuevo, aunque la participación de las mujeres fue escandaloso y problemático, dado el carácter tradicional con que se había venido realizando el trabajo pastoral, pero sobre todo, porque hasta ese momento, recordemos, los protagonistas de la iglesia habían sido los obispos y los curas.

Monseñor Romero, quien todavía no acababa de asimilar lo del Concilio Vaticano II y Medellín, se sorprendió de las conclusiones y resultados de esa semana pastoral, a los que les hizo unas observaciones que luego mandó al Vaticano, porque veía en ellas una nueva y peligrosa fuerza dentro de la iglesia. Sin embargo, logramos que se diera el surgimiento de lo que nosotros le llamamos la Coordinadora Nacional de Comunidades Cristianas, con la participación de todos los sacerdotes que estábamos en este trabajo: Miguel Ventura, Dionisio, David Rodríguez, Napoleón Macías, Porfirio Martínez, Rutilio Sánchez, Ernesto Barrera, Octavio Ortiz, Octavio Cruz, Benito Tobar, Alfonso Navarro, Ricardo Ayala, el padre Amado Molina, los padres Rogelio, Pedro y Walter Guerra. Monseñor Chávez y González apoyaba y defendía el derecho de organización y de las cooperativas, pero en ese tiempo Monseñor Romero nos identificó como “El Grupo de los 30 Rojos”.

La Coordinadora Nacional tuvo su propio carácter y posición crítica ante la realidad del país y la situación que nuestro pueblo vivía en esos momentos; por ejemplo, cuestionamos abiertamente y por diferentes medios, el Plan de Transformación Agraria del gobierno de Arturo Armando Molina, lo cual nos trajo como consecuencia, el secuestro y tortura del padre Inocencio Alas. Igualmente, cuestionamos el golpe de estado del 15 de octubre de 1979 -con el que derrocaron al General Romero-, porque la constitución de esa Junta Revolucionaria se hizo de espaldas al pueblo y en este país hay que tenerle desconfianza a todo movimiento que se haga sin la participación del pueblo.

El importante papel de sacerdotes extranjeros en el trabajo cristiano de base

Es importante resaltar el valioso papel que jugaron algunos sacerdotes extranjeros, que acompañaron el surgimiento de todo este esfuerzo de la iglesia popular. Entre ellos estaban el padre Plácido Erdosainz, un español vasco que contribuyó a la formación de las comunidades cristianas en San Salvador y en algunas zonas como Soyapango, y que trabajó con algunos estudiantes, de donde surge Piquín y otras personas valiosas. Plácido tenía un programa en la televisión que se llamaba “El Minuto de Dios” y otro en una radio que no recuerdo, desde donde contribuía, con sus reflexiones bíblicas, a conocer la realidad del país y a crear conciencia para la organización popular y para la lucha, trabajo que por supuesto le generó serios problemas de seguridad, por los que se vio obligado a abandonar el país.

Otros sacerdotes valiosos fueron dos franceses, uno se llama Juan Luis Genoud, que vino a hacer un importante trabajo sobre las Juventudes Obreras Cristianas (JOC) y que felizmente sigue en El Salvador, trabajando con las comunidades. Fue él quien captó en ese trabajo a Juan Chacón, quien después fue Secretario General del BPR. Neto Barrera y Octavio Ortiz también iniciaron su trabajo obrero a través de las JOC. El otro sacerdote francés fue Bernardo Bourland, a quien nosotros vimos como si fuera un misionero, porque andaba haciendo trabajo por los cantones de Suchitoto, Guazapa, Tenancingo y Cojutepeque. Bernardo era un hombre sencillo y muy sacrificado, no le importaba dormir mal en cualquier lugar y que se lo comieran las pulgas; lo que le importaba era formar a la gente a través de sus seminarios y charlas. Nos ayudó mucho con sus métodos de trabajo en la organización de las comunidades de base.

Mi Experiencia con Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreña

Es importante hablar un poco de la Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños. FECCAS viene desde el año 1965, junto con Unión Nacional de Obreros del Campo (UNOC), ambas vinculadas a la Democracia Cristiana, que en ese tiempo era una alternativa de lucha apoyada por la iglesia, con el objetivo de que la Democracia Cristiana se desarrollara y si fuera posible, llegara al gobierno para que, a partir de ahí, hiciera algunas transformaciones en cuanto a la tenencia de la tierra y algunas reformas que abrieran espacio a la formación de las cooperativas campesinas. Era una alternativa positiva, pero no cambiaba de raíz la realidad de los campesinos; no iban más allá de lograr algunas reivindicaciones para los trabajadores del campo. Los sectores de FECCAS reflexionaron respecto a que las elecciones no eran el proyecto que definiría los cambios en el país, razón por la que rompen con la Democracia Cristiana, que termina quedándose únicamente con la UNOC.

Con esa ruptura, FECCAS inicia un proceso de redescubrimiento de su papel como organización campesina, pero al asumir su autogestión entró en crisis, por lo que las comunidades cristianas y el trabajo cristiano, en el sector campesino, vimos importante hacer un llamado a la Coordinadora Nacional de Comunidades Cristianas, para que apoyara el nuevo esfuerzo y proyección de FECCAS. Todos le apoyamos de diferentes maneras y como podíamos; yo por ejemplo, estando de párroco en la Colonia Santa Lucía, me puse una cuota; el padre Ernesto Barrera, en su parroquia de San Antonio, puso otra alcancía, y como San Antonio tiene muchos devotos, recogía muchas más moneditas. En Ciudad Arce Josefina Núñez, una religiosa hondureña del Sagrado Corazón -que trabajaba con las comunidades cristianas de base-, tenía una alcancía de barro y le decía a la gente “mirá, no te vayás sin echarle una monedita a la alcancía, porque es para apoyar a los compañeros de FECCAS en su trabajito”. El encargado de finanzas, a quien le decíamos “Alacrán” -no recuerdo el nombre-, recogía periódicamente las colectas de cada parroquia. Eran los años 70-71, período en que FECCAS ya se estaba fortaleciendo hasta llegar ser una organización muy grande, con la participación de importantes cuadros campesinos como Apolinario Serrano (Polín), La Ticha y su esposo Félix, Juan Resinos, su hermano y otros más.

Cuando yo estaba de párroco en Nejapa, llegaron dos compañeros de FECCAS llamados Fito y Toñito Leiva, y me dijeron: “Fíjate que nos han mandado a organizar a los campesinos, para ver cómo vamos ampliando la organización con los trabajadores que están en la zafra, así que hoy vamos a dormir aquí en la parroquia, pero mañana nos vamos a ir a anotar para que nos inscriban como trabajadores, porque para hacer este trabajo hay que estar ahí donde están los trabajadores, y como muchos se quedan a dormir en el ingenio y en la hacienda, pues ahí nos vamos a quedar también nosotros a dormir. A ver cómo le hacemos, porque el momento más oportuno de hablar con las gente es después que han salido del trabajo, cuando están descansando”. Yo les dije que era difícil trabajar en esa zona, porque en Nejapa había grandes terratenientes latifundistas que tenían mucho poder y control de todo; que ahí no se podía crecer ni para el norte ni para el sur, ni hacia el poniente ni hacia el oriente, porque en el norte estaba la Hacienda Mapilapa y otras haciendas de los Bustamante y que por el poniente estaba el ingenio del Castaño de Amparo Vilanova. En el norte también estaban las grandes fincas de café, en las que gran parte de la población eran colonos de las haciendas y fincas de café; de modo que al no ser propietarios de sus viviendas, estaban expuestos a la represión y a la expulsión de esas haciendas. Les dije que los patronos y administradores -que en algunos casos eran militares-, tenían a su disposición a la Policía de Hacienda y a la Guardia Nacional para que les cuidaran, como por ejemplo en la Hacienda Mapilapa.

Lo admirable fue, que en ese ambiente de represión militar, la gente se fue organizando, perdió el miedo y comenzó a reivindicar sus derechos laborales, haciendo paros, huelgas y tomas de tierras y haciendas, lo que trajo como consecuencia muchas víctimas, muertos y desaparecidos en Quezaltepeque, El Jocote, Agulilares, San Jorge, en los Ingenios de La Cabaña, San Francisco y Santa Bárbara. Sin embargo la organización crecía permanentemente sin parar.

Para alcanzar los logros de este trabajo fue muy importante el aporte de los compañeros padre Benito Tobar en Chalatenango, Andrés Torres, Elías Acosta y otros campesinos que ahora no recuerdo su nombre.

Federación de Trabajadores del Campo

La Federación de Trabajadores del Campo (FTC) surgió de la unión de FECCAS y la Unión de Trabajadores del Campo (UTC) -que había nacido el año 1970-, ya que ambas organizaciones coincidían en sus objetivos de lucha y tenían casi los mismos métodos: se metían con la gente, trabajaban y vivían con los campesinos, luchaban juntos para lograr sus reivindicaciones y, en fin, eran como una sola comunidad; se unían para sembrar las milpas, hacían colectas para pagar los pasajes de los compañeros que iba a hacer trabajo de organización a otras comunidades, cuidaban y vigilaban a sus familias, etc. Eran como una gran familia, con principios y valores que habían adquirido en la formación y práctica que dábamos en las comunidades cristianas. La FTC se fortaleció con su trabajo y proyección política dentro del Bloque Popular Revolucionario y la coordinación con otras organizaciones.

Tomado del documento "Para que no olvidemos"

Compartir