Aparecían los internacionalistas, por principios de compartimentación no podíamos saber cuál era su camino hasta nuestras montañas, hasta nuestra lucha, pero aparecieron en tan igual circunstancia a la nuestra para aguantar hambre, aguantar frío, y hasta aguantar a veces las tormentas sin contar los operativos militares que no hacían ninguna distinción y podían matar al que estuviera al otro lado de sus fusiles.  

Así me encontré con Chacho la primera vez en el camino ese que desde el Ocotal conduce a La Laguna. Nos encontramos en una de esas situaciones confusas en que Chacho parapetado aseguraba que nosotros debíamos ser soldados por venir en uniformes. La tensión bajo cuando nos compartimos unos cigarrillos ,nada hacía mas feliz a Chacho, y nos identificamos Era 1983, Chacho ya era una leyenda por Chalate, algunos contaban que fue uno de los compañeros que hizo el valioso trabajo levantando la moral de los compas despues de la ofensiva de 1981 que con honestidad hay que decir que dejo un sabor amargo debido a que nos dimos cuenta de la enorme locura que significaba enfrentarse a un ejército entrenado y armado inmensamente superior a nuestras fuerzas. Chacho fue un personaje clave, uno que nos podía inspirar y es que había que ponerse a pensar en la procedencia de estas gentes, su amor, su entrega, y saber que ellos ciertamente no tenían la necesidad de involucrarse esta lucha.

Por principio, la organización ( FPL ) no permitía que los internacionales formasen parte de las estructuras de combate, se les encomendaba misiones de apoyo, asuntos como la salud o la educación de los combatientes, Chacho era como nuestro hermano, lo podíamos encontrar caminando por cualquier parte en aquel Chalatenango liberado y nos podíamos detener a conversar, largas conversaciones de todo, era un fantástico conversador y se sabía todas las novelas del frente.

Así, desde que llegué al Chalatenango Liberado me fuí encontrando con Chacho a cada vuelta de camino y compartimos a veces noches de acampada en las casas de la población en Tierra Colorada, Cuevitas, Ocotal, Los Planes, La Palma y hasta La Reina o Arcatao. Chacho se miraba por todos lados. Chacho fue de los nuestros, comió con nosotros, durmió con nosotros, vivió las guindas y las aguantadas de hambre, lloro con nosotros nuestros muertos que también fueron sus muertos y celebró con nosotros cada victoria que había que celebrar.

Chacho Parafioriti, compañero, 

Hasta Siempre!!! 

Septiembre 1, 2017 | Fotografías tomadas del Facebook de Jean François Boyer 

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