Trabajó en las fincas de café y en las tomas de tierra

Pablo Alvarenga, miembro de la Federación Cristiana de Campesinos (FECCAS), en la zona de Cinquera, Cabañas. Un viejo veterano de las luchas campesinas.  

Una comunidad de campesinos cristianos con amenazas de represión por parte del gobierno  

Para mi están muy vivos los recuerdos de esa década de los 70, porque eran los años que habíamos empezado a trabajar con una consciencia nueva y liberadora, a partir de una formación cristiana, inspirada en la Biblia y en los documentos de Medellín. Logramos caminar bastante, despojándonos de muchas cosas que le impiden a uno vivir como la gente; o sea, que logramos ver con claridad todas las desgracias con las que vivíamos y que durante muchos años nos habían dicho que era “la voluntad Dios” y que era él quien nos iba a recompensar si sufríamos con total paciencia.  

En el pueblo de Cinquera ya habíamos caminado un buen rato -como 2 o 3 años- en ese esfuerzo cristiano, y la participación de la gente, hombres, mujeres, jóvenes y niños, era muy alta; podemos decir que era masiva. La gente estaba emocionada de saber, que la pobreza y la miseria en la que vivíamos, tenía una salida. Después de participar esos años –a principios de los 70- en la comunidad cristiana, el año 73 comenzamos a oír unos rumores y acusaciones de que nuestra comunidad no era cristiana, sino “comunista”. Esta campaña de desprestigio se arreció en 1974, por lo que el párroco que nos atendía nos llevó el periódico El Diario de Hoy, y en la reunión de capacitación bíblica, el padre nos dijo: “Miren hermanas y hermanos de lo que les acusan en el periódico”. En la primera página aparecía un titular grande que decía: “El comunismo de El Salvador ocupa de punta de lanza a la Iglesia Católica”. Nosotros le preguntamos: “Padre ¿qué es comunismo?” “Miren –nos dijo-, eso no sé los puedo explicar, porque ese no es mi trabajo y ustedes lo saben, lo que si les puedo decir es, que esto se va a poner más difícil. He platicado con el padre Alirio Napoleón Macías, de San Sebastián Catarina y con los padres de de Suchitoto -Inocencio Alas (Chencho) e Higinio Alas, y de vez en cuando, por el mismo trabajo, nos comunicamos con la gente de las bases de la comunidad cristiana de Aguilares y del Cerro Grande, y todos ellos ya han empezaba a sentir esa misma inquietud y preocupación por esa campaña de calumnias”.

Lo que pasaba es que por el año 1974, el Coronel Medrano ya había organizado la Organización Democrática Nacionalista (ORDEN) de la que todos los campesinos éramos miembros en ese tiempo; pero resulta que cuando fuimos conociendo que eso era un proyecto ideológico para intereses que no eran nuestros, fuimos a entregar el carnet. Los jefes no estuvieron de acuerdo y quisieron poner mano dura, pero como nos habíamos presentado bastantes campesinos, no pudieron detenernos y eso si puso en preocupación a las autoridades. Después nos llegó la noticia de que las autoridades habían citado a todos esos jefes de ORDEN a una reunión a Sensuntepeque, para orientarlos de que tuvieran cuidado con nosotros, porque solo éramos una fachada cristiana del comunismo.

Primeros contactos con las organizaciones de Masa y comienzos del trabajo con FECCAS 

Poco después, el padre nos llamó a otra reunión, pero solo con poquita gente, con los que teníamos más conciencia y ahí nos dijo:”Miren, esto lleva cara de ponerse más difícil, pero yo no quiero que lo sepa toda la gente, solo quiero que sean ustedes los que empiecen a saberlo. Lo que les quiero decir es, que hemos tenido información de que la cosa se va a poner más seria y podemos llegar a ser víctimas, por lo que no podemos tener un trabajo muy aislado como comunidad cristiana”. Ya preocupados nosotros, le pregunté: “¿Y qué podemos hacer padre?”. Él nos dijo: “Yo propongo una cosa, en este momentito se escucha que hay otras organizaciones políticas reivindicativas como el FAPU y otras que andan por ahí, pero yo quisiera que ustedes vieran más directamente eso, para que por su propia cuenta decidan donde es que se quieren unir al movimiento, para que no estén solos”

Entonces, el padre comenzó a convocar a algunos dirigentes de esas organizaciones que empezaron a llegar a la zona de tres en tres y cada semana. Los compañeros que llegaban exponían sus ideas, planes y estrategias. La primera organización que nos visitó fue el FAPU, después llegaron tres más y la última que llegó fue FECCAS. El padre nos decía: “Bueno, ya escucharon a tres o cuatro organizaciones, métanse a una de ellas, no pierdan tiempo. Yo no me quiero meter en sus cosas, prefiero que sean ustedes los que vean por donde van; yo solo les he aportado los contactos”. Finalmente nos reunimos con FECCAS, quien además nos invitó a otra reunión en una iglesia de San Salvador. Nos hicieron de nuevo el planteamiento y les escuchamos. Valoramos que FECCAS era la línea con la que podíamos trabajar, porque nos pareció muy consecuente con lo que queríamos. El compañero que llegó a la primera reunión con nosotros fue Cirilo Félix García. Ahí decidimos organizar el primer grupo de trabajo en Cinquera, pero todavía no le informábamos a la gente que el peligro ya se estaba sintiendo, para no asustarla; solo se lo fuimos diciendo gradualmente y de acuerdo a como se iban organizando. Así es como llegamos a formar las primeras bases de FECCAS en todos los cantones y caseríos de Cinquera.

La amenaza de peligro fue verdad, porque la Guardia Nacional y la Policía de Hacienda empezaron a llegar a la iglesia con sus fusiles en la mano, se posicionaban de las puertas a intimidar a la gente para que desistiera de la organización, pero la gente estaba muy compenetrada del contenido bíblico que hablaba de los profetas, desde Moisés hasta Santiago 5º. Cuando nos querían capturar, la gente le decía a la guardia: “Si nos quieren capturar, no es el primero que muere”. Como no podían con nosotros los del pueblo, se fueron a las casas de los cantones y caseríos, a decirles a los catequistas que si tanto deseo tenían de leer la biblia, que la leyeran en su casa y que dejaran de reunirse con los comunistas, porque si insistían, les iban a volar la cabeza. La gente les decía:”Si ustedes quieren volarme la cabeza no me importa, porque Jesucristo es nuestro ejemplo de sacrificio”. Como se vieron frustrados porque no podían con nosotros, entonces empezaron las capturas, comenzando con la del compañero Eliseo Valle a quien se llevaron para Cojutepeque al puesto de la guardia.

Para liberar a Eliseo, nos reunimos cinco compañeros, y a la 5 de la tarde salimos a pie para Aguilares a informar lo que estaba pasando. Después de hablar con los compañeros de la dirección de FECCAS, comimos y salimos de regreso para Cinquera, a donde llegamos de madrugada a intentar rescatar al compañero de las garras de la guardia, pero no lo logramos. Esa fue una de las primeras intentonas de enfrentarnos con los cuerpos represivos.

Como ORDEN ya comenzaba a entrar a las casas y reuniones de las bases de FECCAS, empezamos a sentir que aquello no era tan confiable, por lo que desistimos de hacer reuniones abiertas y nos fuimos a hacerlas a los montes. Para que no nos agarraran en esos encuentros, poníamos seguridad por todos lados, y nuestro sistema era de que un compañero se subía a un árbol para vigilar, otro en un peñón bien alto y otros por allá a una gran distancia; poníamos en varios puntos a unos cipotes que cuando detectaba la presencia de los guardias nos avisaban reventando cuetes.

Así fuimos aprendiendo a cuidarnos, logrando también que algunos compañeros, que habían sido patrulleros, se infiltraran en ORDEN y en la guardia, diciendo que no eran organizados, que no les gustaban esas reuniones de los comunistas y haciéndose amigos del comandante. El Comandante se ponía muy contento, porque pensaba que no toda la gente se les había ido del todo. Llegaron a tener tanta confianza, que el Comandante les decía los planes que tenía contra nosotros. Esos compañeros no tenían ninguna relación con nosotros ni iban a la iglesia, solo se relacionaban con otros intermedios que tampoco iban a la iglesia, por lo que no eran sospechosos de nada y eso les permitía estar en todos lados: en la casa del Comandante, en las casas de ORDEN y se metían en todas partes; aparentemente no eran ni chicha ni limonada. Ese método daba efecto, porque nosotros sabíamos todo lo que ellos querían hacer en contra de nuestro movimiento. Por eso decían que nosotros éramos brujos.

Nuestras reivindicaciones combativas en las fincas de café 

Crecíamos rápido como organización, y hasta llegamos a las actividades de las fincas de café. A mí me dejaron la tarea y la orientación, de ir a las cortas en el mes de noviembre de 1974, junto a otros compañeros de nuestra base de FECCAS. Fuimos a la finca San Cayetano -que era de la familia Gil-, cerca de Ciudad Arce. En esas fincas de café, el trato a los trabajadores era inútil e inhumano: los frijoles eran cocinados con ratas enteras y cucarachas; el agua era escasa, por lo que después de 15 o 20 días trabajando y sin bañarnos, al dormir en los galerones uno se quitaba los zapatos, los pantalones y la camisa y echábamos una peste de la gran madre; era un olor insoportable, tanto de los pies, como de los sobacos y de todos lados. Casi siempre teníamos diarreas por la mala comida.

En otra oportunidad me tocó ir a trabajar a San Cayetano, en donde había una iglesia muy bonita, con unas imágenes que tenía un físico precioso -como los españoles-, con unos ojos azules y mirando hacia arriba. Como la gente me conocía como miembro de la comunidad cristiana, yo les decía que fuéramos a rezar la oración. Un día les dije: “Hermanos, vamos a rezar el rosario para darle gracias a Dios que hemos cortado y trabajado este día y tenemos trabajo gracias a los patrones”. Así empecé al principio, rezando el rosario y hablando en el nombre de Dios. A la gente le fue gustando bastante esas imágenes de vírgenes y santos tan bonitos, y que yo les hablara de los profetas que denunciaban el pecado social. De esa manera, poco a poco se les fue quitando el miedo a los campesinos. Una vez les dije en una de esa oraciones:”Miren hermanos, ¡Que imágenes tan bonitas, tan bellas! ¿Creen que se parecen a nuestros hijos?” La gente se miraba entre ellos, y con seguridad pensaban por dentro, que sus hijos estaban en los puros huesitos. Así empezaba mi mensaje, de cómo la iglesia nos ha estado engañando durante muchos años.

Sucedía que algunas noches llovía a cantaradas, a pesar de ser verano, y siempre que pasaba eso, el café maduro se caía, por lo que los caporales nos levantaron temprano a pepenar o recoger el café que se había caído. Comenzamos la pepena a las 7:30 y la terminamos a las 11.00, pero lo que cortábamos era bien poquito, pero lo más grave era, que con el tiempo, esos sacos de café mojados nos empezaron a criar hongos y problemas pulmonares, por lo que la gente se quedaba con fiebre en los galerones y ya se empezaban a morir algunos. Si no se trabajaba, no se pagaba, aunque uno estuviera enfermo.

Una vez llegó el caporal gritando a decirnos: “Se les avisa de parte de los patrones, que no se les va a pagar el sábado”. La gente desesperada por el salario de miseria, de que siempre les robaran media o una arroba de lo cortado, y de que no se les pagara el séptimo día –que era el sábado-, quería regresarse a sus casas, a pesar de que habían llegado a la finca con dinero prestado para sus pasajes.

Al ver esa situación, empecé a trabajar con la base y la gente que estaba ahí, para que fuéramos a exigirle al administrador que nos pagara la quincena completa. Les dije que yo iba a tomar la palabra, pero les pedí que me apoyaran. Y así pasó: cuando el administrador –que tenía una pistola 38 a la altura de la rodilla y rodeando de tiros- pasó por la cuadrilla catorce, que era la mía, y el caporal empezó a medir mi saco con una puya –porque no la hacían con báscula-, le dije: “Quiero hablarle en nombre de los trabajadores que están acá”. “¿Que querés?” -me dijo- “Que nosotros queremos exigirle que nos pague el sábado próximo, porque si no, muchas de esta gente quiere irse”, le dije. Y me dijo: “¿Donde está la gente que pide eso?”.Yo les dije: “Valla compañeros…”, y ninguno de casi esos 2.000 trabajadores se puso de pie, por el contrario, simularon que estaban cortando café o trasegando. El patrón me dijo: “Esas son puras mentiras tuyas ¿Dónde está esa gente que dices?”. Fue un momento muy cruel y horrible para mí. ¿Y yo qué iba a decir, si nadie me apoyó? Pero bueno, cuando yo iba adelante por la otra cuadrilla cortando café, se viene un hombre pechito (delgado), como de unos 22 años, con su sombrerito y su corbo envainado en el cincho y me dijo: “Puta chelito, de verdad que ese hijo de puta lo ahuevó. ¡Pero hombre!, es que esas cosas no se hacen así. Mire, lo primero que uno debe hacer es ponerse de acuerdo con la gente para que no pase eso que a usted le pasó. Lo que pasa es que a mí se me bajaron los ánimos con esa clase de gente con la que anda usted. Pues mire, nos hubiera dicho a nosotros”. “¿Y quiénes son ustedes? le dije. “Nosotros somos de Chalatenango, somos del cantón los Guillenes, y los que estamos aquí somos 60 del mismo cantón y si usted hubiera acordado con nosotros, hubiera visto oye, nosotros sí lo hubiéramos defendido. Pero oiga chelito -me dijo-, usted le habló bien al hombre ese y eso no es fácil. ¿No cree que si volviera otra vez a reclamarle lo mismo, nosotros le podríamos apoyar?

¿Y cuántos son ustedes? le dije.

De verdad de verdad, somos como 60, entre hombres y mujeres, pero si usted quiere lo intentamos de nuevo”. “Pues lo vamos a intentar”, le dije. “Mire chelito, después que saquemos el corte y estemos comiendo chimbolos secos con las tortillas tostadas y con el café, nos vamos a reunir”.

Para esa reunión fui a comprar un cuadernito y un lápiz, y cuando estábamos comiendo, llegó el chalateco magnífico, con quien nos pusimos debajo de un foco a planificar. De pronto comenzó a llegar mucha gente a preguntarnos que qué estábamos haciendo ahí; yo les dije que estábamos apuntando a los que querían el pago del sábado. La bola se regó tanto, que en pocos minutos teníamos a los casi dos mil trabajadores apuntándose alrededor mío. Yo no daba abasto y ya estaba cansado de tanto escribir, pero logramos encausar nuestro objetivo.

El chalateco me dijo: “Vamos hacer de un modo con esos hijo de tantas, porque aquel caporal que tienen la cara cortada que está allá, ha dicho que a usted lo va a hacer picadito de veras; y aquel otro vigilante que está al otro lado, ha dicho que a usted lo van a recoger en pedazos. Pero usted no se ahueve chelito, solo deme un segundito”. Al ratito venia con 6 mujeres y nos fuimos a donde estaban tostando tortillas los 60 chalatecos, que ya estaban preparando la planilla para la otra semana. “No –dijimos-, vamos ahora mismo a las oficinas de la finca”. Yo sentía una emoción extraña por primera vez y me imaginaba hasta que era Moisés dirigiendo a la gente. “Vamos ya -me dijo el chalateco-, usted toque la puerta”. Yo empecé a tocar, pero solo se escuchaba el teclear de las maquinas, pero toqué más fuerte con el puño, hasta que alguien contestó y preguntaron: “¿Qué quieren?” Sobraron las voces que gritaron: “¿Cómo de que qué quieren? Somos los trabajadores que queremos hablar con ustedes, así que abran la puerta”. Cuando sintieron la presión, abrieron un poquito la puerta, pero los chalatecos la terminaron de abrir a patadas y les dijeron: “Venimos a hablar con ustedes para que nos paguen la próxima semana”. “Nosotros no podemos, porque los patrones no están aquí”, dijeron los empleados. “Pues agarre el teléfono y llámelos a sus oficinas de San Salvador” le dije. Mientras tanto, los chalatecos estaban esperando con sus machetes y a hasta las mujeres tenían sus mechas (pistolas) en las bolsas de sus delantales. Los empleados dijeron:”Ya hablamos con los patrones, les vamos a pagar”. Este fue un gran triunfo de FECCAS.

Métodos de FECCAS para ayudar a resolver nuestros propios problemas 

Por esos años del 75 al 80, FECCAS resolvía muchos problemas que daba la explotación, como los robos descarados que hacían los patrones en todas esas fincas y haciendas en las que trabajábamos los campesinos. Pero lo más importante es, que aprendíamos a pelear para resolver los problemas de manera colectiva, y lo hacíamos enfrentando directamente a los patrones y a las autoridades. Un ejemplo de esto es un caso -de los que se repetían siempre- de abusos en el pago del terraje. El terraje es la parte de la cosecha que los campesinos dan a cambio de sembrar las tierras de los terratenientes, porque los campesinos no teníamos dinero para pagar el alquiler de las tierras y de esto se aprovechaba el patrón para exigir mayor terraje, pero abusando como le daba la gana. Como se sembraba caña de azúcar, frijoles y maíz, el patrón llegaba en noviembre, diciembre o en enero a pedir el terraje, que podía ser en dulce de panela, frijoles o maíz; pero si se hacía el olvidado, podía llegar a pedir lo mismo en el mes de agosto. Así nos contó un campesino lo que le había pasado. Dice que en el mes de agosto llegó el patrón a su casa. “Buenos días patroncito ¿A qué se debe su visita? No, solo vengo por un rato. Y ¿En qué le puedo servir? -le dijo el campesino- No hombre, vengo a llevarme el terraje del dulce de panela que me debés. El campesino le dijo: No patroncito ¿Que no se acuerda que el día del trapiche se lo entregué? No –le dijo el patrón- te has confundido ¿No te acordás que les dije que en agosto les iba a venir a cobrar?” Y así, una y otra vez, no nos quedaba de otra que volver a pagarle.

Lo que pasaba es, que los campesinos vivían en los terrenos de los hacendados y finqueros y sus hijos habían nacido y creciendo ahí, por lo que tenían un gran pánico y terror de que los echaran de esas tierras, por tanto, terminaban pagándole a regañadientes y demostrando una gran sonrisa, pero en el fondo con un gran dolor, ya que lo que le estaban entregando era la comida de sus hijos, de su familia.

Por ese caso que he contado, y otros que se daban muy seguidos, es que una vez los campesinos llegaron a ver a los coordinadores de FECCAS de la zona, para informarles y quejarse de que el patrón les obligaba a trabajar 17 horas al día, les cobraba dos veces el terraje y abusaban de sus hijas. Nos dijeron: “Compañeros venimos a ver qué es lo que podemos hacer, a ver que nos pueden orientar, porque ya no aguantamos tanto atropello”. Nos comprometimos en dar los pasos necesarios para ver cómo podíamos apoyarlos y lo primero que hicimos fue, comunicar el problema a la dirección de FECCAS de Aguilares y estos nos mandaron de inmediato a la zona de Cinquera, a los compañeros Félix García y su hermano. Tuvimos una reunión con ellos –escondidos en una vereda- y nos dijeron: “Miren compañeros, aquí lo que procede es, como primer paso, ir a poner una denuncia al Ministerio de Trabajo, pero lo tienen que hacer usted personalmente, y uno de nosotros les va a acompañar para conducirles y ayudarles, para que expongan bien su denuncia y sus reivindicaciones”. “Pero yo nunca he hablado”, decían algunos compañeros; “No importa -decían los de FECCAS-, así van a aprender poco a poco”. La verdad es que en esos tiempos, a nosotros los campesinos nos daba pena hablar en público o ante otros, y cuando lo hacíamos nos tapábamos la boca.

Se llego el día y fuimos al Ministerio de Trabajo; ahí nos reunimos con un señor a quien le planteamos la denuncia y nuestras reivindicaciones, y después de escucharnos, nos dijo que fuéramos todos a la casa del patrón, pero que solo estuviéramos cuatro compañeros, pero como todos estábamos muy ansiosos, nos fuimos el tumbo de gente. Llegamos a la casa y don Beto, el patrón, estaba meciéndose en una hamaca. Los delegados del Ministerio de Trabajo le dijeron a don Beto: “Queremos hablar con usted, porque usted está infringiendo la ley y el código de trabajo, por lo que tendrá que pagar una multa de 25,000 colones en un plazo tal”. No sé si don Beto pagaría la multa, lo que si se es, que después de ese reclamo, el patrón contrató a cinco agentes de la Guardia Nacional bien armados y se fueron en un Pick Up para la zona de Ilobasco, a decirle a los campesinos que tenían que abandonar sus casas. La gente le pedía de favor que no les echara, pero el patrón les dijo que no, que ya tenía a otras personas para que vivieran en esas casas. El sufrimiento de las mujeres, niños y jóvenes era grande, porque no tenían para donde ir. A esa alturas ya estaban arrepentidos de haber ido a reclamar al patrón, y nosotros los de FECCAS no sabíamos que hacer, ya que por la falta de experiencia, no teníamos respuesta y estábamos haciendo de tripas corazón y rascándonos la cabeza. Nos fuimos de nuevo –a pie- para Aguilares, a informar a la dirección de FECCAS sobre lo que estaba pasando en nuestra zona. Los desalojados que estaban desesperados y sin alternativas, comenzaron a llegar a las reuniones de FECCAS.

Las tomas de tierras.
Una lección de formación en todos los sentidos 

En esa situación estábamos, cuando la dirección general de FECCAS mandó una circular que distribuimos en las bases de Cinquera, Jutiapa, Azacualpa y Tejutepeque. En la circular FECCAS llamaba a realizar unas cuantas tomas de tierras, programadas para la media noche del 5 de abril de 1977. Las tomas tenían que ser sincronizadas, y debíamos entrar por diferentes rumbos para no ser detectados. Esas tomas eran las primeras acciones fuertes, por lo que le llamamos el primer “bombazo”. Nosotros sentíamos que la vida se nos retorcía, sobre todo al pensar que teníamos que ir de frente dando la cara; ese temor nos empujaba a muchas dudas y hasta nos daban ganas de arrepentirnos, pero cuando vimos que la gente de las bases respondieron, se nos fue quitando la timidez y fuimos recuperando el espíritu, de manera que comenzamos a levantar la cabeza.

Pero ese 5 de abril, como que los de ORDEN olfatearon lo que estaba pasando, porque al ser más de quinientos los que íbamos a participar de Cinquera, comenzamos a realizar movimientos anormales, ya que estábamos preparando los peroles para cocer maíz, comprando azúcar, frijoles, cal, sal, arroz y todo lo que nos pudiera servir para vivir en esas tierras que nos íbamos a tomar. También ya se corrían muchos rumores de que nosotros habíamos creado los grupos de autodefensa, lo cual era verdad, pero que solo consistía en tener grupos de vigilancia que se subían a los árboles o se ponían en las alturas para cuidar que ORDEN y la guardia no nos sorprendiera en las reuniones y actividades.

Todos salimos a las 7.30 p.m. de las casas y por diferentes rumbos, llevando todas las cosas que habíamos preparado, hasta los chuchos iban con nosotros. Cuando ya eran las 12.00 de la noche y la luna estaba en el centro del cielo y daba luz como si fuera de día, nos dieron la orden de entrar a las tierras.

Todos entramos. La hacienda estaba cultivada de plantillas de caña, pero los coordinadores de la toma dieron la orden de arrancarlas: “Compañeros, todos a arrancar caña, porque la caña es para la canela del patrón, nosotros lo que queremos es maíz, maicillo y frijoles para comer”. Uno de los que más animaba las actividades de esa toma era un compañero universitario que le llamábamos “Chile Verde” y era muy alto –nunca supe su nombre y jamás lo volví a ver-.

Nos informaron que el patrón tenía 10 agentes de la guardia y muy armados, cosa que nos dio cierto temorcito y algunos hasta queríamos chiviarnos, pero “Chile Verde” agarró una barita y se puso a hacer una línea recta en medio del terreno y dijo: “Nadie se va de aquí, los compañeros que tengan huevos revolucionarios, que den un paso al otro lado de la raya”. La decisión era maldita, pero el primero que dio un paso y cruzó la raya, fue un viejito de 70 años y sus hijos. Ese fue un reto bien jodido, porque ¿Quién diablos se iba a quedar atrás cuando el viejito ya había dado un paso adelante? Todos, o algunos, estábamos temblado, pero ahí estábamos. “Chile Verde” y otros compañeros nos orientaron para que fuéramos a cortar varas de bambú y ramas para hacer las ramadas. Así es como caímos en la cuenta de que la toma no era para un ratito, sino para más tiempo del que pensábamos. Nosotros seguíamos en esa crisis, porque decíamos: “Aquí nos van a matar”. En medio de esas dudas estábamos cuando se escuchó una ráfaga de tiros; eran dos guardias que dispararon a los compañeros que andaban cortando ramas de bambú, pero ellos se defendieron. Un guardia murió en el acto y otro en el hospital.

Los compañeros de autodefensa de esa toma solo tenían unas pistolas 32-20, una 38, una pistolita 22 y una botella que era una bombita molotov. Como los patrones de la hacienda ya tenían 30 guardias, nosotros mandábamos a comprar al pueblo de Ilobasco, algunas canastadas enteras de cuetes y unas bombas que en ese tiempo valían un colón, pero que eran de esas que se revientan en las fiestas. A las 5.00 de la tarde, todos los días, reventábamos unas bombas en los alrededores de la toma. Por la información que teníamos, dicen que los guardias, al oír esos bombazos, decían: “Estos si están bien organizados, las milicias que tienen han minado las faldas de todos esos cerros”. A partir de ahí, la guardia no permitía que nadie pusiera un tan solo pie en los cerros y mucho menos en la toma de tierra.

Durante ese año que nos mantuvimos en esas tierras tomadas, sembramos maíz, frijoles y todo tipo de hortalizas, y hasta llegamos a tener talleres de formación. En esa toma también tenían talleres los sindicatos, los estudiantes de la Universidad, de secundaria, los maestros y los religiosos. Era una experiencia educativa en todos los sentidos. Tan importante fue nuestra actividad en esas tomas, que hasta llegaba gente de otros países a querer conocer la experiencia. Pero el gobierno y los militares siempre nos asediaban y hasta mandaban avionetas que volaban sobre nosotros, tirándonos panfletos y propaganda para hacernos guerra psicológica y que nos diera miedo para que nos fuéramos de esas tierras.

Al final de ese año de habernos tomado la tierra, en 1978, cuando ya casi todo se había calmado, comenzó a escucharse el rumor de que los cuerpos represivos nos iban a invadir. La Radio YSKL era la más ponzoñosa en contra de nosotros y ese señor Raúl Beltrán Bonilla, era uno de los grandes envenenadores en esa su radio, dirigiendo programas hacia los cristianos, en los que decía que los de FECCAS éramos unos tontos útiles, que éramos verdes por fuera y rojos por dentro y que estábamos manipulados por Cuba, China y la Unión Soviética. La toma terminó, pero nosotros seguimos trabajando para reivindicar nuestros derechos.

Un Nazi en Cinquera 

En Cinquera vivía un hombre que se llamaba Alexander Stran, un inglés originario de una isla que no me acuerdo el nombre; el señor ese, decía que en la Segunda Guerra Mundial había combatido como piloto en el bando de los Nazis, que tenía la mitad del cuerpo perforado a balazos y que había obtenido el grado de capitán.

Yo creo que era cierto lo que él decía, porque cuando iba a las reuniones del Estado Mayor de la Fuerza Armada, se vestía al estilo inglés, con guantes blancos y flecos amarillos. Pues ese hombre era muy amigo de la Guardia Nacional y le daba informes de todos nosotros, lo que hizo que aumentaran las persecuciones y las capturas, pero, aunque la represión era angustiosa y terrible, el pueblo no se intimidaba y participaba cada vez más en concentraciones y manifestaciones populares. Eran actos de solidaridad entre nosotros mismos y por otro lado, sabíamos que solo unidos, organizados y luchando de esa manera, podíamos vencer y llegar a un final de justicia.

* Tomado del documento "Para que no olvidemos"

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