Las emociones de ser un actor en la pre-guerra

En octubre de 1979 el gobierno represivo del general Romero era insostenible, a tal grado que los militares jóvenes deciden finalmente dar un Golpe de Estado, teniendo el respaldo norteamericano y de algunos sectores reformistas e intelectuales del país.

Ante los arroyos de sangre opositora y el cambio en la dictadura, en la izquierda revolucionaria se generó un fuerte debate. Unos apoyaron, otros no. El Bloque Popular Revolucionario - BPR- no apoyó y se plantó a quitarle la máscara a esa maniobra con el mismo empuje con la que venía enfrentando a la dictadura militar. Muy pocos días aguantó el truco y la matanza continuó.

Mientras algunas organizaciones realizaron acciones insurreccionales armadas en los barrios del norte de San Salvador, en cierto apoyo al golpe militar, el Bloque recibía a la Junta Militar con su propio esfuerzo, y en esta pasadita, con desfiles bufos en el centro de San Salvador, a pesar de los riesgos por la represión abierta y los escuadrones de la muerte.

Es cuando Quique, un muchacho alto, salido del Externado San José, pasaba por la Universidad Nacional y los compas del Bloque le preguntaron si había visto a Toño. “Es que necesitamos a Toño, porque él iba a salir de Tío Sam en el desfile. Y no ha venido”, le dijeron.

Toño se había comprometido, pero no llegaba y ya la gente se estaba concentrando en el centro de San Salvador para informar y orientar sobre el cuartelazo que difundía la ejecución de una proclama reformista y de contención a la revolución.

¿No querés ser vos? Vaya pues, les dije. Yo iba con Totolco, con Antonio Alas, Crucito. Y yo le pregunté, veá, porque supuestamente yo ya andaba por lo interno. “Bueno, si vos querés, andáte…” Es que yo no pertenecía a ningún grupo, con nadie de los que andaban allí.

Y nos vamos hacia el Centro en un camión de la Universidad Nacional lleno de babosadas… megáfonos, mantas, disfraces, pitos, tambores. Un vergo de mierdas y yo allí zampado en el camión. A esas alturas, yendo por las calles de San Salvador, ya me habían zampado el disfraz. O sea que yo me bajé del camión ya disfrazado de Tío Sam. Y me meten a un show que yo no sabía de qué se trataba. No jodás. Y había otro vergo de compas vestidos de soldados, otro de Monseñor Aparicio.

Ese fue el único que reconocí: porque era imposible no reconocer que era Paulino, del MCP, como bien gordo, veá. Él iba de Monseñor Aparicio.

¡Se echaron unos discursos buenísimos! Entonces mi papel era como de tener de títeres a todos allí. Y salimos en la manifestación, para arriba, rumbo al Hula Hula. Ya en el Hula Hula, yo sentí palidón. Porque yo era el primero que venía encabezando el desfile: ¿Y no era Tío Sam, pues?... Era el que tenía que ir adelante.

Allí, metidos en los edificios de la Primera Calle, allá por donde estaba aquel lagarto colgado, allí, ya estaban los soldados y los guardias metidos en medio de los edificios. Entonces, ya los compas los habían ubicado y salimos corriendo a dar la vuelta a la cuadra en vez de ir por la misma calle y más adelante nos volvimos a ordenar y seguimos con el alboroto del desfile.

Le dimos la vuelta al Mercado Central entre aquel tumulto de gente que también gritaba las consignas del Bloque. Si aquello era un solo hervor… Nomás pasamos por el cementerio y cuando veníamos de regreso, enfrente de las escalinatas del mercado, que antes se podían ver las babosadas… llegando íbamos cuando desde la iglesia El Calvario sale un camión con las luces prendidas. Bien me recuerdo, pero desde allí ya los cuilios venían disparando… pla, pla, pla, pla, pla… disparando con todo. Aquello tronaba en esas calles con el vergo de gente.

En la gran balacera y el desparpajo, yo corriendo para dentro del mercado… El Tío Sam para dentro mano, y las señoras del mercado decían “¿Y qué es esta mierda?”. Y yo quitándome las mierdas del disfraz brincando los puestos de cajas y canastos… un reguero de canastos y las verduras y frutas iban quedando en el suelo. Varias viejas nos daban unas grandes puteadas y más de alguna se animaba a garrotearnos a nosotros... Yuca. Allí nos mataron a dos compas. Yo llegué con la camisa con sangre, ni cuenta me había dado.

Al día siguiente, me voy al ITCA, porque yo estudiaba en el ITCA. Allí estábamos Pedro Mancía y otros varios. De repente llega llorando la novia que yo tenía. ¡Llorando! Puta dije yo: mataron a Neto, mi hermano. Yo dije que algo le había pasado. Y me dice: Están diciendo en la radio, en un comunicado oficial del BPR que vos estás entre los muertos. Tal, tal, tal tal... Nombre completo, no había por dónde escaparse, pues.

Y por los parlantes de la Universidad… Comunicado Oficial del BPR: Tal, tal… fue asesinado ayer en un desfile bufo en el mercado central… Y entonces vino mi papá, como lo habían pasado en la YSU, mi papá habló a la YSU para desmentir el hecho de que su hijo andaba en esas cosas. Que su hijo llegó a dormir a su casa esa noche.

El sombrero y traje del tío Sam habrán quedado trabados en el mercado.

Fuente: ContraPunto

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