Rutilio Sánchez, sacerdote en la década de los 70, uno de los más importantes impulsores del trabajo cristiano de base

Pueblo de Dios y un Jesús que vivió con la gente

Cuando se habla de iglesia hay que empezar por distinguir pueblo de Dios y jerarquía, normalmente se habla más de la jerarquía que del pueblo de Dios, pero quien hace avanzar las cosas porque las practica, aunque las haya dictado la jerarquía, es el pueblo de Dios. La jerarquía siempre va atrasada con relación a la determinación del pueblo de Dios; es el pueblo de Dios que va condicionando a la jerarquía para que ella dicte normas, leyes o haga avanzar el proceso, ya sea litúrgico, pastoral, de compromiso social o de otras índoles. Por ejemplo, el mismo Monseñor Romero fue producto de la reeducación del pueblo, quien le enseñó con su pobreza, sacrifico y lucha; recibió el mensaje del pueblo y luego lo hizo avanzar.

La pregunta base es ¿Como se involucra el cristiano en las luchas del pueblo? El cristiano tiene un principio básico de fe, que puede ser religiosa o sobre la base de los ritos y mitos, o esa fe se puede ir más a la práctica. Dichosamente Jesús se fue mas por la práctica, no fue un hombre de ritos y de mitos, fue un hombre que vivió constantemente con sus congéneres, desde que nace hasta que muere; convivió con su gente como un ser humano y por eso es que nadie se dio cuenta que era hijo de Dios. Hablo de los cristianos como podrían ser también los musulmanes, budistas, hindúes, etc. religiones que también han tenido revolucionarios, porque los grandes maestros siempre han señalado el camino. Jesús no fundó una religión, Jesús fundó una fe que mueve montañas, una fe que educa, forma y el cristiano aprende desde los pobres, débiles y necesitados. Jesús hace mucho énfasis en los Diez Mandamientos de Moisés -que no necesariamente son religiosos sino de convivencia junto a los hermanos con los que se convive-. Los Cuatro Evangelios son medulares para ver a ese Jesús humano, con un código filosófico, teológico y político en el Sermón de la Montaña, que ayuda a comprender que lo importante no es lo superfluo de la vida, sino la esencia, la sustancia. Dice con mucha simplicidad: “Bienaventurados los pobres, los humildes, los que lloran, los que se meten en la causa…dichosos ustedes cuando los persigan, los maten y los torturen por mi causa”. Ese es el programa social de Jesús, darle de comer al hambriento, darle de beber al sediento, aconsejar al que hierra, consolar al triste. Es la doctrina social de la iglesia que por si sola nunca aterriza, pero las bases, las parroquias, los pobres la hacen aterrizar.

Siempre me he maravillado como nosotros los sacerdotes tomamos un párrafo del Evangelio y pasamos tres horas hablando, como si hubiera necesidad de explicarlo. El Evangelio se explica así mismo cuando se practica. Así es como el pueblo empieza a practicar y a conocer que el Reino de Dios comienza en esta tierra, y que el sindicato es como un templo, como una gasolinera en donde vamos a llenar el tanque de combustible. El Evangelio es una lectura que nos da esperanza y fuerza para caminar, organizarnos y meternos en los sindicatos para luchar por nuestros derechos y defender al hermano que ha sido desalojado de sus tierras, de su casa, que no tiene medicinas, etc. Por supuesto, la práctica de leer e imitar a Jesús siempre conllevó riesgos, peligros y persecuciones, “porque el que se mete a redentor sale crucificado”.

La doctrina social de la iglesia

A Juan XXIII se le ocurrió hacer un Concilio Vaticano, que era el segundo después de tantos siglos; de ahí nace La Doctrina Social de la Iglesia, con lo que se abren puertas, se renuevan cosas. La jerarquía católica prohibió durante largos siglos que el pueblo leyera directamente la Biblia, pero el Vaticano II vino a abrir puertas y ventanas desde donde se ven nuevos caminos y esperanzas. Después vino el Concilio Medellín y este abrió más puertas de las esperadas, preocupándose más por los pobres y poniendo medidas concretas para la organización de los campesinos y trabajadores, formas que proponían alternativas económicas y políticas para salir de la pobreza. Todo ello tomó de sorpresa a los obispos, que de inmediato convocaron a otro concilio en Puebla (Méjico), para intentar remediar el asunto. Porque desgraciadamente los jerarcas siempre han creído que son ellos los propietarios de la iglesia, los defensores del camino y la palabra del Señor; no se dan cuenta que son conductores, administradores y servidores de la feligresía y del pueblo.

Los obispos en Roma, con el Concilio Vaticano II, abrieron un poquito la puerta a las comunidades, fue como si un pequeño rayo de luz saliera de adentro para afuera y otro de afuera para adentro; fue como que los obispos hubieran sembrado un granito de mostaza por equivocación y el granito llegó a multiplicarse. Cuando los cristianos leyeron un poquito los documentos de esos concilios, aprendieron, enseñaron y practicaron; es de esa manera que nacen las comunidades cristianas de base, a las que en algunas parroquias les decíamos Comunidades Cristianas Eclesiales de Base, pero en el fondo eran Comunidades Clericales de Base, las cuales tenían un espíritu libre y fantástico.

La Doctrina Social de la Iglesia tiene muchos valores, pero no tiene toda la dimensión de llegar hasta el cambio del poder a favor de los pobres, porque los cambios de poder siempre han sido a favor de los ricos. Por esa razón, los campesinos empezaron a reunirse, ya no solo para rezar el rosario, sino para hablar en nombre de Jesús, y reforzados por su fe, también empezaron a discutir como comprar abono y semillas entre todos y como compartirlas, entre todos. Así es como nace FECCAS -a pesar de la jerarquía-, llegando a ser como la primera práctica de las comunidades cristianas primitivas.

Compromiso social de las nuevas generaciones de sacerdotes

En mi caso personal fui un seminarista creado y formado como todos los seminaristas, con una línea conservadora, litúrgica, devocional, y metido en una esquinita. Dichosamente las bases de la crianza e historia familiar, la formación litúrgica, filosófica, teológica y el contacto con las necesidades de la gente, hacen que un sacerdote se vaya formando y algunos tomemos conciencia de la realidad dolorosa que vive el pueblo sufrido. Así surgieron muchos sacerdotes comprometidos en toda América Latina, renunciando a las comodidades -como Moisés-, no viviendo en el palacio, sino viviendo y trabajando con la gente, conociendo sus necesidades y sufrimientos como el hambre y las enfermedades. Todas esas cosas hacen tomar conciencia.

Nosotros, la nueva generación de sacerdotes, trabajamos con los campesinos de FECCAS, y compartimos sus problemas y discusiones sobre de que el abono estaba caro, de que ya no tienen semillas para sembrar, de que el salario era precario, de que ellos sembraban el frijol y otros le ponían los precios y así, siempre buscándole soluciones colectivas a sus problemas. Los campesinos se daban cuenta de que los problemas con el patrón, el abono caro, los malos salarios y la represión de la Guardia Nacional, no eran solo de una persona, sino de todas las comunidades. Los campesinos se organizaban por zonas y se reunían en las parroquias. A esta actitud solidaria, orgánica y con espíritu cristiano, el obispo conservador de San Vicente Pedro Arnoldo Aparicio Quintanilla, le llamaba despectivamente “comunista”. También era una preocupación de algunos sacerdotes que decían con temor, que la organización campesina (FECCAS) “se estaba pasando de la raya”. Lo que pasa en la realidad es que, el pueblo se sale de las casillas porque las casillas que les ofrece la jerarquía son limitadas; si la jerarquía actuara y fuera como Monseñor Romero, Pedro Casaldáliga o como Samuel Ruiz, la situación sería diferente.

Nunca voy a olvidar una anécdota sobre Monseñor Romero, relativa a las consecuencias del trabajo pastoral. Cuando asesinaron a un catequista, analfabeta y humilde trabajador de 45 años -que vivía en un ranchito de paja-, acusado de ser un “gran comunista”, llegó Monseñor Romero de noche al velatorio, porque no tenía tiempo durante el día, y cuando Monseñor levantó la sabana que lo cubría, vio aquellos pies realmente llagados de tanto caminar y al salir de la casa dijo: “¿Como puede ser posible que un hombre analfabeto que nunca cumplió años porque nunca los celebró, que fue tan humilde y trabajador, pueda ser marxista-leninista?”.

En el seminario, los padres jesuitas me dijeron que tenía que defender a los pobres, predicar la verdad, ser valiente y profeta, pero el día que lo hice me quisieron matar, lo que por supuesto me llenó de miedo. Fui a buscar refugio al Arzobispado y a contarle a Monseñor Chávez y González lo que me estaba pasando -que no se si me creyó o no quiso darle importancia-. Monseñor me dijo: “Mira hijo, no seas tonto, habla de las cosas de la iglesia, no te metas con los campesinos porque jamás te lo van a agradecer”. Claro, esa era la interpretación y pensamiento de la iglesia jerárquica, pero mientras tanto estaban asesinando a los sacerdotes que predicaban la verdad, consolaban al triste, daban de comer al hambriento y organizaban al pueblo. Daba la casualidad que estos señores explotadores, represores y responsables del hambre que padecían los campesinos, eran amigos de la jerarquía.

Dolorosamente asesinaron a muchos sacerdotes. A mi siempre quisieron matarme e infelizmente, por asesinarme, se ensañaron en el padre Nicolás Rodríguez, y posteriormente lo hicieron con el padre Alfonso Navarro, un hombre sencillo que denunció las injusticias y las masacres; asesinaron al padre Palacios, al jesuita padre Rutilio Grande, al padre Ernesto Barrera Moto -que trabajaba con los sindicatos- , al padre Marcial Serrano y a otros valiosos sacerdotes comprometidos con la justicia y un futuro mejor para los pobres.

Nosotros seguíamos las enseñanzas del Evangelio, no predicábamos la violencia, sino la defensa de los derechos de los pobres, de las mayorías explotadas y oprimidas. A Jesús no se le puede acusar de violento por haber agarrado el látigo en el templo en contra de los mercaderes, lo hizo para combatir la hipocresía, la mentira y la explotación. Defenderse no es violencia, porque el mismo rifle que viene aquí para matarme es el mismo rifle con que puedo defenderme, igual que la misma llave que cierra la cárcel, es la misma que sirve para abrirla.

Polín, Un Campesino Ejemplar

El trabajo pastoral campesino formó, a conciencia, a verdaderos líderes, gente integral, sin intereses personales, ricos en el conocimiento de la realidad y determinados a luchar por la construcción de un país libre, justo y en el que se pudiera vivir con dignidad. De esos dirigentes campesinos tengo un recuerdo precioso de Apolinario Serrano (Polín), un huérfano que de niño fue criado por su abuela -a quien solo conocí como “la mamá de Polín”-, una señora rezadora de rezos de muertos o velatorios y que vivía en el caserío El Líbano, cerca de Aguilares.

Fue de su abuela que Polín aprendió las 45 letanías cuando aún tenía nueve o diez años de edad, lo que le sirvió para acompañar los rezos de esas comunidades, cantones y caseríos del Cerro de Guazapa y algunos de Suchitoto. Fue en los cursillos parroquiales que impartía Chencho Alas en Suchitoto y el trabajo de los jesuitas en Mirandía y el Zapote, en donde Polín comenzó a concientizarse para el trabajo social, incorporándose casi de inmediato a FECCAS. Es en esta organización donde tuve la suerte de conocerle, cuando él ya tenía 18 ó 19 años.

Polín era una persona muy querida en esas zonas, porque su carácter era alegre, creativo, simpático, y como predicador de la palabra, era claro, brillante, motivador y con gran poder de convencimiento. Daba gusto escuchar sus charlas, sus discursos, sus anécdotas personales y colectivas, porque su lenguaje campesino era metodológico y didáctico, cualidades limpias que le llevaron a asumir responsabilidades cada vez mayores, hasta llegar a ser Secretario General del Bloque Popular Revolucionario, el movimiento popular más grande que ha habido en toda la historia de nuestro país.

Salvador Cayetano Carpio (Comandante Marcial), que andaba buscando líderes con esa calidad humana y con poder de convicción, reclutó a Polín para las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), en donde dio un inmenso aporte a la lucha popular. Infelizmente lo asesinaron en 1979, junto a otros valiosos cuadros campesinos cuando venían de una importante reunión en la zona occidental.

Tomado del documento "Para que no olvidemos"

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