Por varios meses Las Vueltas se convirtieron en el lugar más tranquilo y turístico del frente norte; pues todo mundo quería ver cómo eran las trincheras y como había quedado la casa cuartel de los guardias, que antes solo significó terror, tortura y muerte. Donde incluso en ataques anteriores los guerrilleros se retiraban cargando algunos compañeros heridos o muertos.

Nuestra comandancia General decidió que era el momento de dar otro salto en nuestra lucha y pasar a las “Batallas Decisivas”. La operación principal fué una emboscada para aniquilar o capturar a no menos de 500 efectivos militares. Como anzuelo, atacar La Compañía del ejercito que estaba en El Jícaro; pues los cálculos eran que los jefes del Destacamento #1 (Chalatenango) y Cuarta Brigada (Paraíso) tendrían que enviar refuerzos para evitar que la guerrilla matara o capturara a más de cien soldados; también la operación consistía en cercar a los Guardias Nacionales y Patrulleros de Las Vueltas para que no reforzaran a los soldados en el Jícaro o simplemente se corrieran.

El Comandante Dimas Rodríguez nos dijo “A ustedes les tocará lo más sencillo, cercar las Vueltas hasta que resulte la emboscada o/y El Jícaro. Luego fortalecidos con el triunfo, nos trasladaremos para allí y barremos esos enemigos”.
La emboscada se realizaría con unidades chalatecas y vicentinas, dirigidas por Felipón, Nelson, y otros que no recuerdo.

Los cálculos eran comenzar ataque al Jícaro por la madrugada y no asaltar todas las posiciones para que en su angustia pidieran refuerzos. De no venir, había que proceder con todo alrededor de las 4:00 pm; pues si no reforzaban el mismo día era talvez porque lanzarían una operación militar de gran envergadura liderada por sus Brigadas y Batallones de Infantería de Reacción Inmediata (BIRI). Nosotros, en esa ocasión sólo estábamos interesados en pelear con tropas locales.

Bueno en la primera observación que hicimos a Las Vueltas desde una loma cercana, nos dimos cuenta que era casi imposible cumplir la orden recibida; pues el terreno inmediato alrededor del pueblo estaba completamente podado. Seguidamente estaba otra franja de unos 500 a 800 metros de milpas, después comenzaba un zacatal con algunos charrales. Nuestras ubicaciones cercanas estarían a unos mil metros del pueblo, por lo que pensamos que no tendríamos control de la situación y seriamos bombardeados y mortereados al antojo enemigo... Había que cambiar el plan. Nos tiramos en secreto y sin orden de la Comandancia a explorar todas las trincheras y defensas inmediatas... Pasaban los días y Dimas me preguntaba: Ya casi está el plan? Ya tienen el plan listo? "Deme otro par de días"... respondía yo. Por último algo enojado y en tono sarcástico me dijo: Cuando va estar ese plan? Los de "carro" ya terminaron! (Indicativo del Jícaro.) Los estamos esperando a ustedes "tortuga" (indicativo a operación de Las Vueltas) para revisar todo junto.

-Les queremos dar una agradable sorpresa. -Respondí.

Llegó el momento de presentar el plan de ataque a nuestra Comandancia General. Empezó Ramón Torres y William (el conejo) a exponer lo del Jícaro... Todo aprobado. Comenzamos nosotros con el plan ordenado por ellos y luego el nuestro... Dimas Rodríguez y Salvador Guerra se inclinaron por nuestro plan, Gerson Martínez hacia preguntas, una tras otra, Jesús Rojas analizaba mientras se sobaba la barba, Isabel (Susana) pensativa. Ramón Torres interrumpió para decir: “Ni sueñen con tomarse Las Vueltas, allí han ido varias veces compas con mejor tropa y armas que Uds. Imposible que se la tomen”. Nosotros insistimos diciendo: “hemos acompañado a nuestros combatientes a las exploraciones y cada quien está convencido de cumplir con su papel.” Claro en los alrededores de nuestro campamento habíamos hecho a nuestro modo réplica de los lugares a atacar y habíamos entrenado hasta el cansancio los escenarios posibles al momento del ataque. Algo que los que habían ido antes no lo habían hecho.

A Jesús Rojas le ordenaron ir a nuestro campamento para ver el entreno, revisar el plan de nuevo y hablar con cada uno de los que participaríamos en el ataque... Luego preguntaba: -“Esta seguro que lo puede hacer?” Y cuando estaba convencido, solo sugería: -“Trate de hacerlo de esa manera;” pero luego preguntaba de nuevo... y está seguro? -“Si compañero” respondía el exponente; mientras Héctor Martínez, El Cabito, Wilberon y todos los demás cabeceábamos sonrientes en señal de aprobación... Fue el turno de Matías -“Yo soy el de la bazuca que junto a otros compas vamos a destruir las casamatas de piedra y concreto en el cerrito donde tienen refugio; como también zanjas de comunicación para evacuar o reforzar. Nos arrastraremos por un zanjón al costado como si viniéramos del pueblo (casi por detrás). El disparo de inicio de fuego lo haré al objetivo ubicado al norte, desde unos cinco metros. Mi grupo disparará con sus fusiles. Al mismo tiempo la casamata del sur será atacada por la otra unidad con ametralladora “punto 30” y fusiles, la cual si no desalojan tendré que darle con la bazuca también. Tenemos todo asegurado y de allí para adelante.” Satisfecho? -Sí, dijo Jesús. -”Solo trate de morder un palito o una raicita para no olvidar abrir la boca al momento del disparo y así evitar quedar sordo o con dolor de oídos.“

Estábamos seguros que ese lugar era estratégico y con ese poder de fuego, lo tomaríamos en un par de minutos. Luego todos los compas se quedarían allí, listos para lo que fuera; también en esa posición instalaríamos nuestro equipo de comunicación e intersección enemiga, dirigida por Jorge.

Héctor con El Cabito y su tropa tenían la responsabilidad de atacar por el sur-poniente, comenzando con tres trincheras (La del camino al cementerio, entrada por calle principal y otra a la orilla del rio Tamulasco). Wilberon y su gente de norte a sur empezando con trinchera sobre calle principal saliendo para Ojos de Agua y otra al lado poniente cerca del Tamulasco. De allí avanzarían hasta llegar a casa cuartel de los guardias.

Al chele Samuel con Matías junto a su tropa, les tocaba el cerrito. Este servidor con otra unidad guerrillera, teníamos que atacar y asaltar la trinchera detrás de la iglesia parroquial más la que estaba atrás del puesto de guardias, para luego romper con explosivo la puerta y muro que protegían la casa de los GN, luego proceder al asalto; pero si teníamos problemas debíamos pedir ayuda a los del cerrito o esperar a que los compañeros dirigidos por Héctor y Wilberon avanzaran y atacaran por enfrente la comandancia.

El día acordado para el ataque todo estaba listo; pero momentos antes de partir nos avisaron que la operación había sido pospuesta, porque los exploradores encargados de asegurar que todo seguía igual para el día del ataque, reportaban el descubrimiento de dos trincheras más en El Jícaro y que había que explorar por lo menos esa noche para determinar cómo se les atacaría.

La mañana siguiente aprovechamos para ir donde Chamba Guerra y Dimas Rodríguez a pedirles que nos asignaran el cañón 90mm recuperado en Nueva Trinidad que ésta vez nadie usaría, porque solo tenía dos granadas; pues las otras las habíamos gastado en ataque a San Isidro, Barrancón-Jardín, Cerro Candelero y Guarjila entre otros lugares. Les dijimos que habíamos descubierto un lugar ideal para dispararlo hacia el puesto de guardias al comenzar el ataque. Preguntaron, a que distancia? Que cuántos guardias podían estar allí durmiendo? - De 4 a 6 respondí -”Vale la pena entonces; pues si con un cañonazo les diezmamos al diez por ciento de su fuerza y les destruimos su casa cuartel, seria buen golpe” dijo Chamba. Luego dijo Dimas “Llévate a Walter para que haga el disparo.”

Salimos en la tarde de ese día cada quien a su objetivo. Entrando la noche estábamos cerca del pueblo y parecía que en el puesto de guardias celebraban algo, cantaban acompañados por guitarras y un sonoro bandolón. Un compa susurró “ese bandolón lo vamos a requisar para celebrar la fiesta del triunfo.” Los ataques simultáneos comenzaron a la 1:00 am, tanto en El Jícaro como en Las Vueltas y terminarían entre 5 a 5:30 pm.

Llegó la hora... Explosiones de granadas de diferente tipo, fuego de ametralladoras y fusiles por todos lados. Yo le decía a Walter: dispare, dispare a la casa donde está la antena! Después de unos segundos lo hizo sin pegar en el blanco. El pobre nunca había estado allí, más la obscuridad... talvez por eso falló. Evacuamos el cañón y fuimos a reforzar a los que atacaban la parte de atrás de los GN. Había fuego nutrido. En ese momento escuchamos los gritos de consigna del triunfo por haberse tomado el cerrito, luego gritaron consigna de triunfo los de la trinchera que cubría camino al cementerio, después los de la calle a Ojos de Agua; aunque reportaban la muerte del compañero Isaías. Nosotros, nada. Lo intentamos varias veces y siempre nos hacían retroceder. Allí nos amaneció, algunos cubiertos en los troncos de los pocos árboles y otros en un bordito al lado de un charco donde se bañaban los cerdos... Seguimos intentando; pero el resultado era el mismo... para salvar nuestras vidas tuvimos que revolcarnos en aquel “charco gediondo”. Allí estuvo Cecy (Hija de María Chichilco), Ricardo (Osmín Alvarenga), Efraín (logística) y otros más.

Tuve que ir al cerrito a traer refuerzo, donde me enteré que Matías había muerto en el asalto después de destruir una casamata. Un guardia que no se corrió, le rafaguió como a dos metros de distancia al cruzar un cerco de púas. En ese momento sentí mucha tristeza; también vi a un chaneque prisionero que se confundió al ver a los compas con los cascos puestos (abandonados por los GN), les llevó café con pan, del cual yo también disfruté. Luego partimos hacia abajo acompañados por el refuerzo. Concentramos el fuego de la ametralladora punto 30 y varios fusiles sobre la trinchera de la iglesia que en cuestión de segundos la tomamos; pero nos mataron a Manuel (ametralladorista). Un tiro a un lado del cuello que le salió bajo el brazo le provoco mucha hemorragia y por más que trató de pararla el chele Walter (enfermero llegado de zona 4) no pudo y murió. En la trinchera (de la iglesia) encontramos a un guardia sentado con su fusil en las piernas y los sesos de fuera (pensamos que talvez le dio un tiro de ametralladora), también especulamos que el otro guardia se corrió al ver como quedó su compañero y por la lluvia de balas. Luego nos enfilamos a la otra trinchera la cual de inmediato la desalojaron y se apostaron por dentro del muro. Héctor reportó otra trinchera tomada y dos fusiles checos recuperados en calle principal y que estaban peleando con la tercera (al lado del rio), Wilberon reportó otra toma y armas recuperadas al norte, cerca del rio.

conbatientes frente a barricada

Eran casi las 2:00 pm, cuando escuché por radio a William (conejo) decir que tenían casi todo controlado en El Jícaro; solo faltaban 27 soldados incluyendo un Teniente Cadete ocupando la iglesia que no querían rendirse y él no deseaba ponerle cargas explosivas. Les daría un tiempo más. También escuché a Ramón Torres pedirle a Dimas ''Comida para Laurel uno'' (Granadas para cañón 57 mm.) Dimas le dijo que le llegarían en hora y media.

Subí de nuevo al cerrito para coordinar nuestro asalto a la comandancia de los guardias.

Aprovechamos al chaneque del café, para enviarlo con mensajes escritos al Alcalde, Juez de Paz y al jefe de los guardias, donde les advertíamos que estaban rodeados y que los GN solo tenían hasta las 4:00 pm para rendirse. De no hacerlo, destruiríamos la comandancia a cañonazos por lo que les pedimos que desalojaran a los civiles de casas vecinas y refugiarlos en la iglesia o al norte del pueblo... Interceptamos comunicación de los guardias a su cuartel central, haciendo saber nuestro mensaje y solicitando de manera urgente apoyo aéreo... No tardaron en llegar un par de aviones a bombardear y ametrallar. Momento que aprovechó Héctor con su tropa para asaltar la otra trinchera al sur, cerca del rio.

Nosotros hicimos del conocimiento a todos los compañeros que a las 4:10 pm, empezaríamos ataque de asalto a la comandancia de la GN con el cañón 90 mm desde el cerrito y muy cerca del muro trasero con la bazuca, más un lanza granadas M79 para abrir un boquete y destruir la puerta. Luego nos tiraríamos al tope... Así fue. Al cruzar el muro no encontramos resistencia, en el corredor estaban tirados en el piso unos cascos de guardia, un fusil G-3 con varios cargadores, un Radio Portátil de Comunicación (Militar) PRC 77, muchos papeles y rastros de sangre. Entré a la comandancia por parte trasera y al mismo tiempo, Héctor por la delantera y al reconocernos solo nos amagamos con nuestras armas. Se corrieron! Exclamamos. En ese momento comenzó una balacera a la orilla del Tamulasco. Samuel, quedó con su gente revisando la comandancia. Nosotros fuimos a reforzar no sin antes agacharnos a recoger munición y dos ametralladoras (una punto 30 y la otra HK 21) una sobre la acera y la otra a media calle frente a la comandancia.

Al llegar a la orilla del rio y asomarme por la esquina de una casa con cerco de piedra estaba un guardia de pié con su fusil en posición de descanso completamente aguevado, solo viendo como caian los que iban en guinda.

Le ordené no moverse y respondió ''me rindo''. Entregó su arma y resto del equipo, lo amarramos de sus pulgares. La tropa de Wilberon apareció con otro GN capturado.

Los compas siguieron disparando a los guardias y patrulleros que huían por un plancito al otro lado del rio. Aquel terreno sin vegetación fue trampa para ellos mismos. Otros seis guardias corrieron rio abajo; pero adelante había gente nuestra esperándoles, fueron capturados sin hacer un disparo; pues los compas les dijeron que eran del Batallón Sierpe de Chalate y cuando los tuvieron cerquita y bien rodeados les encañonaron... Se rindieron como blancas palomitas; pero eso hizo confiar demasiado a los compas. En un abrir y cerrar de ojos un guardia (El Jefe) sacó una pistola que andaba entre su ropa e hizo unos disparos; aunque no hirió a nadie logró escapar.

A todos los GN se les trasladó de manera segura a Laguna Seca. Allá se carcajeaban burlándose de ellos mismos; pues cuando escucharon al jefe guerrillero decir: “Traigan el lazo más grande!” Ellos pensaron: "A colgarnos van del palo de carao que esta frente a la iglesia; pero solo era para pasarlo entre los brazos que todos teníamos amarrados hacia atrás y evitar que alguien más se escapara. Jajajaaaaa."

Julio (Julito Pelón - Alfredo Zamora) de la Radio Farabundo, gritaba a todo pulmón transmitiendo aquellos momentos históricos.

Los del hospital de campaña que habían visto todo desde una loma, entre ellos: Elenita (sanitaria), Pedrito (médico), René (anestesista) bajaron a “dos juelgos” al pueblo y decían “Si nosotros vimos cuando ustedes a punto de asaltar y esos hijos de puta los reculaban a pura verga; pero con el noventazo y bazucazo corrieron cada quien por su lado, como cuando las gallinas en la mañana se tiran del palo...” Nos preguntaban a todos si alguien estaba herido, pues no creían que en el último enfrentamiento nadie resultara muerto o herido.

las vueltas 6

Los del Jícaro lograron casi a la misma hora que nosotros, la rendición de los 27 soldados; pues solo aguantaron el primer disparo con el 57 mm y con la sorpresa que les dio Román (Paila) con su unidad apenas tuvieron tiempo para decir que se rendían. En total capturaron a 64 soldados y mucho material de guerra. A los enemigos heridos les dejaron marchar junto a su personal de cocina y a los prisioneros los llevaron a la Laguna Seca.

Esa noche la pasamos en los lugares ocupados, mientras los de logística se encargaban de lo requisado a los GN (incluyendo el bandolón). Luego por la mañana organizamos la atención médica a la población, el reconocimiento legal de los muertos, su vela o/y entierro.

El padre Rutilio Sánchez ofició misa o responso por el alma de los caídos de ambos lados.

Después del medio día llegó de nuevo la aviación a dejar caer algunas bombas que no causaron ningún daño. Yo, por si las ''moscas'' me protegí de manera visual bajo la sombra del techo de una casa donde estaban dos señoras y un señor que al verme, hablaron en voz baja y se fueron al corredor. En ese momento tuve sensación de peligro. Hice señas al chele Balta (Christian de Arcatao) para que revisáramos la casa y cabal allí capturamos al octavo prisionero GN con todo el equipo y uniforme (por culpa de los aviones); pues tres horas más tarde todos regresaríamos a nuestros campamentos a excepción de Ramón Torres que fue enviado con su tropa a retomar La Montañita.

las vueltas 8

Los participantes de la emboscada y tomas de alturas (francotiradores) a pesar de toda su preparación, solo pelearon con los mosquitos, insolación e incomodidad; pues los refuerzos del ejército, no llegaron y por lo tanto la emboscada también fue desmontada. La operación de gran envergadura (de las tropas gubernamentales) con unos 9,000 efectivos la realizaron después de un mes. En “Recordando Cocinas Guerrilleras”, anécdota escrita hace unos meses hablo un poquito de ello cuando narré lo del “Palo-mudo”

Estando en El Picacho nos reunimos con el Conejo, Héctor, Wilberon, Cabito y todos los otros compas a intercambiar experiencia y a saborear tasas de “café de mata” (Maíz Tostado.) Luego el gran baile del triunfo en La Laguna Seca con guitarras, más el bandolón requisado al cual el Chele David Alvarenga (miliciano desde los 70) le sacaba unos pujidos y convertido en todo un rockero bailaba con mucha energía al tiempo que tocaba. Los demás bailábamos con ritmos diferentes, unos al estilo disco, cumbia, ranchero, culebra machetiada y otros bien románticos; como William (Conejo) que hasta le pidió a Giovanni (anestesista) que le tuviera el fusil porque le hacía ''clavo'' para abrazar bien a su compañera.

A los de La Montañita les tocó que bailar muy diferente; pues al día siguiente cuando ni siquiera se habían instalado, les tocó pelear con unidades del ejército que venían rumbo al Jícaro a averiguar lo que había pasado. El combate se prolongó por toda la tarde y tipo 3:00 pm comenzó a formarse mucha neblina en el ambiente. Vinieron helicópteros a la zona, dedujimos que traían refuerzos y que al regreso evacuaban muertos y heridos. En una ocasión los compas al oír que uno de esos aparatos volaba sobre ellos dispararon en esa dirección y el helicóptero cayó a tierra sobre una ladera (Al lado del cerro La Peña) y rodó varios metros muriendo todos sus ocupantes.

El Comité de Prensa de la Fuerza Armada ( COPREFA), publicó como de costumbre que el aparato sufrió desperfectos mecánicos. De cualquier manera éste hecho motivó enormemente a los guerrilleros y desmoralizó a la tropa del ejército que para terminar de amolar les ordenaron mantener posición.

Nuestro Comandante Dimas Rodríguez ordenó hacerles ataque de hostigamiento a los soldados con el mortero 81 recuperado en El Jícaro; pero antes guerra psicológica... Comenzamos comunicación por radio diciéndoles que esa noche les atacaríamos y les pasaría igual que a los del Jícaro y Las Vueltas, que les estábamos cercando, que no escaparían, etc. etc. Escuchamos al jefe de la tropa comunicarse con su superior en Chalatenango, diciendo que los estaban rodeando entre 450 a 600 guerrilleros (La guerra psicológica dio resultado; pues ningún guerrillero estaba cerca de ellos). En ese momento, Samuel disparó con el mortero 81 tres granadas fragmentarias y luego dos bengalas. Los soldados armaron una balacera y salieron en guinda, a parar a su cuartel en Chalatenango.

El siguiente día al explorar ese lugar, nuestros compañeros hallaron varias mochilas, granadas de mano, munición y gorras; también al helicóptero semidestruido sin sobrevivientes. Más abajo encontraron a un agricultor que les dijo: ''Miren que los cobardes soldados anoche en la carrera que llevaban me arrancaron con las patas todo el frijolar. Hoy solo me toca recoger, jejejeeeee.''

Todos los Guardia Nacional y soldados capturados fueron liberados a los pocos días. Gerson Martínez fue el encargado de darles palabras de despedida y consejos como: “Si los jefes de Uds. Los obligan de nuevo al combate, tengan presente que lo mejor es que pronto se rindan; pues de esa manera pondrán a salvo sus vidas y en poco tiempo estarán de regreso en su casa o cuarteles si así lo desean... Luego aquello parecía una despedida entre familiares o buenos amigos, abrazos y apretones de mano entre los que antes habíamos peleado a muerte.

Felipón y Marito fueron los encargados del traslado de los prisioneros para entregarlos al Comité de Cruz Roja Internacional en Chiapas y El Tepeyac; pero los jefes militares en Chalatenango no dejaron pasar a los del CICR por lo que se les planteó a los prisioneros regresar al campamento o marchar a Chalatenango todos juntos, bajo su propio riesgo. Decidieron por lo segundo; pero en vez de ir a su cuartel por temor a que sus jefes los fusilaran o desaparecieran por rendirse o dejado capturar, llegaron a La Sierpe, considerando que allí entre esa tropa habría amigos de ellos. No se equivocaron y los jefes eran de bajo rango e intermedio por lo que les ofrecieron protección ante los superiores los que ordenaron enviarlos hacia el cuartel en camiones encerrados para que la población no les viera; pues era algo muy vergonzoso para ellos dar a conocer que la guerrilla les capturaba y liberaba sin hacerles daño. Esto demostraría que la guerrilla era buena...

Los interrogaron a todos. Luego a unos los mantuvieron en labores de limpieza, a otros les dieron de baja y a los demás les incorporaron de nuevo al combate. Algunos fueron capturados de nuevo, por lo que incluso llegamos a crear una relación de confianza entre ellos y nosotros.

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Por varios meses Las Vueltas se convirtieron en el lugar más tranquilo y turístico del frente norte; pues todo mundo quería ver cómo eran las trincheras y como había quedado la casa cuartel de los guardias, que antes solo significó terror, tortura y muerte. Donde incluso en ataques anteriores los guerrilleros se retiraban cargando algunos compañeros heridos o muertos.

Recuerdo a Neto (Silvio Franco) y Emilio (hermano de Arnulfito, Jícaro) quienes meses antes murieron escalando el muro de la casa de los Guardia Nacional. Sus cuerpos no se pudieron recuperar. Después tuvimos información que a Emilio lo enterraron; pero a Neto lo colgaron a un árbol camino al cantón La Ceiba.

Hoy, después de 30 años del ataque a Las Vueltas y Jícaro, me sigue doliendo la muerte de todos. Por ejemplo Matías, dejó a su esposa con un niño de corta edad; como también a sus hermanos Lisandro y William. Manuel, tenía tiempos de no ver a su familia y estaba autorizado para irlos a visitar; pero decidió hacerlo después del ataque. Isaías un joven de unos 17 años, muy educado como los anteriores, al morir dejó a toda su familia incorporada en la lucha. Apolonio murió en El Jícaro, dejó embarazada a su esposa Eva (Hermana de Carabina y Mirtala López.) Daniel (El Coyote) un gran guerrero también murió en el Jícaro dejando a su esposa con una bebé. Félix, respetado y querido miembro de unidad de exploración murió en El Jícaro, dejando a su mamá con dos hermanitos trabajando en la cocina y otro hermano (Sergio) pertenecía a la Unidad de Vanguardia Zonal UVZ que fue el destacamento que realizó esta operación apoyado por personal de aseguramiento.

VIVAN LAS FPL, VIVA EL FMLN, GLORIA A NUESTROS MÁRTIRES Y HÉROES!!!!!

Nota del autor:

Ninguna de las fotos es del momento de la operación y no puedo asegurar fecha. Pero no me cabe duda que los compas allí andaban turistiando, El propio día no tuvimos ni una simple cámara; aunque me parecen que todas son en las Vueltas y los combatientes que aparecen con Bernardo son del Destacamento UVZ (Unidad que realizó operación.) (Es posible que Bety, esposa de Bernardo, haya tomado estas fotos)

Agradeceré si alguien puede agregar o corregir algo a esta anécdota. La escribí lo más verídico que recuerdo, con la idea que la verdad se conozca al igual que nuestros héroes.

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