José Ernesto Morales y Dimas Alas fueron enterrados sus restos en el Cementerio de la Bermeja.  

Caída en combate de José Dimas Alas y Ernesto Morales Sandoval, fundadores de las FPL    

El 10 de febrero de 1973 murieron en combate José Dimas Alas-Ramiro y Ernesto Morales Sandoval- Omar, miembros fundadores de las FPL. Un día sábado 10 de febrero, cuando caminaban por la línea férrea hacia el Barrio San Sebastián de Ciudad Delgado, cayeron en una emboscada que les tendió la Guardia Nacional para capturarlos, respondiendo al ataque y muriendo en combate con las armas en la mano y gritando ¡Revolución o muerte, el pueblo armado vencerá!   

Posteriormente, los cuerpos fueron enterrados como desconocidos, pero dos semanas después, a petición de la madre de Ernesto Morales ante el juez, fueron exhumados y trasladados sus restos al Cementerio de la Bermeja.

Dimas Alas era originario de San Francisco Lempa, nacido el 22 de junio de 1940 y Ernesto Morales, nacido el 4 de marzo de 1949 en el Barrio Concepción de San Salvador.

Dimas Alas, de 33 años al momento de su muerte y de profesión panadero, había sido Secretario General de la Federación Unitaria Sindical de El Salvador-FUSS.

Ernesto Morales, de 23 años al momento de su muerte, se había incorporado a los 18 años a la industria de la construcción, donde se vinculó a la Juventud del Partido Comunista.

Tanto Dimas Alas como Ernesto Morales, se integraron en la segunda mitad de la década de los años 60 al Comité Obrero de Acción Política- COAP, creado por Salvador Cayetano Carpio, el cual estaba conformado por grupos clandestinos para darle una conducción revolucionaria al movimiento obrero de la época, y donde Dimas y Ernesto se forjaron como líderes sindicales.

En 1970, desencantados por la trayectoria reformista y por la vergonzosa conducta del Partido Comunista de El Salvador-PCS, durante la guerra El Salvador-Honduras, tomaron la decisión, de renunciar del Partido e iniciar un nuevo camino para construir la estructura política revolucionaria que el pueblo salvadoreño necesitaba.

El primero de abril de 1970, fundaron, junto a Salvador Cayetano Carpio y otros revolucionarios, la organización político-militar que dos años después adoptó el nombre de Fuerzas Populares de Liberación-FPL-Farabundo Marti. 

Masacre de Tenango y Guadalupe 

Durante la campaña militar de limpieza de puestos enemigos que desarrollaron las FPL en los departamentos de Cabañas y Chalatenango, durante los años de 1982 y 1983, se consolidaron amplias zonas de control revolucionario donde habitaban miles de pobladores de la población civil. En el departamento de Cabañas, la zona de Cinquera fue denominada por las FPL como RADIOLA.

En la jurisdicción geográfica que las FPL hizo de sus zonas controladas, RADIOLA era parte del Frente Central Felipe Peña Mendoza, el cual, además de Radiola contemplaba las zonas de GUAZAPA, PIEDRA, COCAL Y CHAPÍN.

El Frente Central Felipe Peña Mendoza y el Frente Norte Apolinario Serrano, que comprendía las zonas controladas de las FPL en Cabañas y Chalatenango, formaban parte del Frente Central Modesto Ramírez del FMLN.

Cuando en febrero de 1983, la fuerza aérea realizó un bombardeo de saturación en las faldas del Cerro de Guazapa, seguido de una inminente invasión militar por efectivos del Batallón Atlacatl, la población civil de todos los caseríos y cantones de la zona se concentraron en El Roble en espera de la noche para iniciar la retirada y atravesar la carretera que conduce de San Martín a Suchitoto y seguir hacia la zona de RADIOLA.

Entre la población civil que se retiraba, habían muchas compañeras embarazadas, abundantes niños tiernos, ancianos y ancianas, así como mujeres de edad madura. En la oscuridad de la noche, la interminable columna atravesó la carretera hacia RADIOLA, burlando el cerco mortal que el enemigo había montado.

Cuando el Coronel Domingo Monterrosa, jefe del Batallón Atlacatl, se dio cuenta que la población civil había abandonado las faldas del cerro de Guazapa, inició la persecución de la gente, y el día 28 de febrero en la mañana, los soldados del Atlacatl emboscaron y masacraron a un primer grupo de alrededor de cien personas en el Plan de Tenango.

El resto de la población, que eran varios miles, huyeron subiendo la Cuesta de Guadalupe frente a Tenango. Para no dejarlos escapar, Monterrosa llamó a la Fuerza Aérea, que, a partir de las once de la mañana hasta el anochecer, lanzó una oleada de aviones A-37 lanzando cientos de bombas sobre la gente indefensa, convirtiendo la Cuesta de Guadalupe en un verdadero infierno.

En la Noche, los milicianos de Guadalupe y San Antonio lograron rescatar y esconder a muchas y muchos heridos a causa del criminal bombardeo, pero en la madrugada del día 29, los asesinos del Batallón Atlacatl bajaron de Tenango y rastrearon la cuesta de Guadalupe, rematando a todo el que encontraron vivo, rociando ácido y quemando a los sobrevivientes, poniendo en práctica las enseñanzas de los instructores militares gringos de la Escuela de Las Américas.

La Fuerza Armada de la oligarquía salvadoreña con sus sofisticados medios de guerra y los soldados del batallón élite masacraron a más de 250 humildes pobladores, niñas, niños, mujeres y ancianos, por el único delito de soñar por un mundo mejor. Por esta “victoria militar” de la estrategia de contrainsurgencia expresada en la política de “tierra arrasada”, Domingo Monterrosa, jefe del Batallón Atlacatl, y Rafael Bustillo, jefe de la fuerza Aérea, fueron homenajeados por las élites económicas, políticas y militares del país, así como por los asesores gringos acreditados en El Salvador.

Han pasado muchos años desde que se dio esa espantosa masacre, pero seguiremos expresando nuestro repudio a los crímenes de guerra cometidos por la Fuerza Armada al servicio de los intereses de la oligarquía, a pesar de los que dicen que no hay que reabrir las heridas de la guerra, los cuales ponen una enorme resistencia a recuperar la memoria histórica, ya que no quieren que se sepa la historia real de nuestro país, que ha sido tergiversada por las fuerzas conservadoras y reaccionarias, protagonistas y cómplices de los crímenes de lesa humanidad.

No abrir heridas se basa en la esperanza de que el silencio lleve al olvido, tal como siempre han querido los sectores conservadores del país.

Para los familiares de las víctimas las heridas nunca se cerraron y el rechazo a la recuperación de la memoria histórica por parte de los criminales de guerra es el miedo a que se conozca la verdad.  

ASALVEG (Asociación Salvadoreña de Veteranos y Veteranas de Guerra).
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