Anécdota sobre la división ideológica entre las radios Venceremos y Farabundo Martí en torno a cómo retratar al fundador del Ejército salvadoreño

Las contradicciones de visión no solo en el seno de la izquierda salvadoreña han sido permanentes. Estas se agudizaron con el inicio de la lucha armada revolucionaria en 1970, es decir, con la decisión de responder e iniciar una guerra contra de una dictadura militar que ya hacía la guerra interna y que estaba generando muertos para preservar el poder de una oligarquía de orígenes criollos, de trazas burguesas, terrateniente y agroexportadora… “con el agravante de ser…” aliada de los norteamericanos.

Después de los “Sucesos de abril” de 1983 al interior de las FPL y de grandes operaciones y maniobras de los batallones guerrilleros en el país, comenzaron a producirse reuniones de la Comandancia General del FMLN en las retaguardias de los frentes de guerra. La primera habría sido a finales de diciembre del 83 en Morazán, donde las FPL y Leonel González se sentaban poniendo sobre la mesa los quemantes reportes del asalto y toma del cuartel de El Paraíso, sede de la Cuarta Brigada de Infantería.

Leonel habrá llegado cuando ya Villalobos y Handal, tenían previamente elaborado la propuesta de un largo informe y balance estratégico del período, al que se le incluyó a última hora la maniobra de El Paraíso.

La siguiente reunión de la “CG” se realizaba en Chalatenango seis meses después (junio-julio 1984), que tuvo como nueva carta de recepción el asalto a las posiciones militares en la presa del Cerrón Grande, un tipo de operación estratégica que el mismo Joaquín Villalobos argumentaba, meses atrás, que ya no se podían estar realizando, principalmente por la reacción helitransportada del ejército. Pero esa operación fue, políticamente, la bienvenida al nuevo gobierno de Napoleón Duarte (1984-1989), apadrinado por Ronald Reagan.

Producto de esas reuniones, la “CG” orientaba internamente a las radios, Farabundo Martí y Venceremos, de las FPL y el ERP, a unificar el discurso y los enfoques, a intercambios, sobre la base de las “lineamientos” emitidos por la CG, pero en la práctica, cada una de las radios los procesaba desde sus propias estructuras de análisis y pensamiento, forjados en el recorrido de los años.

Asomando el “mes de la Patria” (septiembre de 1984), de ese esfuerzo de unidad discursiva surgió un programa radiofónico semanal que se le denominó “La Voz de la Vanguardia”, que contenía un artículo central de análisis proveniente de la mano y escritura de los miembros de la CG, mientras los equipos de las radios producían otros componentes informativos y creativos. Algunos programas fueron transmitidos simultáneamente por las dos radios con radioenlaces entre Morazán y Chalatenango.

En la elaboración de estos programas, en algún momento entre las radios se deslizó una tenaz discusión (que iba más allá de lo simbólico o conceptual), sobre el papel del caudillo Manuel José Arce en los años de la Independencia de la corona española.

Arce había sido nombrado jefe de las tropas de defensa de la provincia de El Salvador en enero de 1822, se le atribuye la gestión del decreto de fundación del ejército de El Salvador con una resolución del Congreso del 7 de mayo de 1824 (denominándolo "Legión de la Libertad del Estado de El Salvador", aún cuando no había sido decretada una Constitución estatal de El Salvador o de las Provincias) y quien, poco después, fuera nombrado presidente de las Provincias Unidas de Centro América (1825-29).

Desde el aparato de radiocomunicación, La Farabundo señalaba que dicho caudillo, inicialmente liberal, entró prontamente en alianzas con grandes comerciantes guatemaltecos conservadores (anexionistas a Iturbide de México), liderados por la casa Aycinena y clérigos. Además, Arce, fue abanderado y misionado junto a Juan Manuel Rodríguez para anexionar al naciente estado de El Salvador a los Estados Unidos (asunto que aún legitima la Fuerza Armada de El Salvador), un naciente gigante que pocos años después despojara por las armas al mismo México de los actuales Estados de California, Texas, Colorado y otros territorios.

Arce al frente de las nacientes repúblicas unidas, federación inicialmente vinculada a los intereses de estos grandes comerciantes y clérigos, lideró batallas e marchas de pacificación a otras provincias y ayuntamientos del área. Fue en su tiempo, una especie de tránsfuga ungido por poderes emanados de la naciente Federación que aspiraba independencia y unión republicana.

En medio de los conflictos entre las diversas facciones provinciales y de los ayuntamientos, conspiraciones, invasiones y batallas; reclutamiento de ejércitos y milicias levantadas al paso de marchas; en disputas de comerciantes, liberales y conservadores, fue el unionista Francisco Morazán quien, en 1929, formó el Ejército Aliado Protector de la Ley (liberal) el que derrotó a Arce (aliado con los conservadores), asumiendo así la inestable presidencia de las provincias por reunificar.

Pocos historiadores en la actualidad hacen referencia puntual al “nacimiento del ejército” de El Salvador. La Fuerza Armada de El Salvador lo retoma con gran particularidad en la elaboración de su historia, incluyendo y legitimando la misión de Arce a Estados Unidos frente a la anexión temporal y de hecho que hizo el Imperio de Iturbide, después de la Independencia.

La Venceremos, argumentaba que la gestión de Arce por esta anexión era una “visión progresista del momento”, casi abstrayéndola de los intereses vinculantes. Finalmente Arce junto a Aycinena y otros, fueron capturados y expulsados de los territorios centroamericanos por Francisco Morazán. Arce se fue a México, desde donde después siguió conspirando contra el esfuerzo unionista de Morazán.

Detrás del micrófono del radiotransmisor, se percibía al fondo la presencia de Joaquín Villalobos. Insistía. Y desde Chalatenango, La Farabundo, sostenía los argumentos que la gesta independentista no fue liderada por indígenas o ladinos, sino por caudillos integrados a los intereses de los grupos comerciantes y terratenientes emergentes, además de su estrecha articulación con la iglesia católica, que con la bendición de la corona, había acumulado en 300 años poder y extensas propiedades.

En la carrera de los discursos en la guerra, la discusión evidentemente tenía dos grandes filones. Uno, la mayor aproximación a los hechos históricos de El Salvador y sobre los próceres, donde el FMLN, en la larga campaña revolucionaria, no podía estar repitiendo la versión oficial del ejército, del gobierno y los grupos de poder. Una versión que ha sido difundida desde las décadas del militarismo en las escuelas e instituciones. Se trata, aún, de des-cubrir los hechos y relaciones ocultas de la historia oficial, otorgándoles un nuevo y más veraz significado ante el país.

Sin duda, el otro filo era el político discursivo en el proceso de guerra. No era casualidad que el ERP tuviera mayor énfasis en el discurso hacia la casta del ejército, en tanto no era novedad la vinculación con algunos oficiales que en su momento se le llamó la juventud militar. Esta posición derivaba en que la Venceremos elevara su perfil discursivo y propagandístico hacia las filas del ejército, asunto que en La Farabundo se acentuaba más en los sectores populares, juveniles, obreros y campesinos. Ambos discursos tampoco se excluían, eran los acentos que cada quien colocaba.

No era fácil discutir con el representante del ERP en la “CG”, cuyos argumentos se traslucían en los aparatos de radiocomunicación, mientras al otro lado solo estábamos dos o tres de la CONAPROP de las FPL. El programa unitario “Voz de la Vanguardia” mostraba fisuras ideológicas, de pensamiento y éste se fue desvaneciendo no por ellas, sino por el impacto de las nuevas dinámicas de guerra, que obligaban a una mayor movilidad y precaución por el factor Fuerza Aérea que no podía controlar enteramente la guerrilla.

Es lógico que en la guerra, cada ejército buscara la derrota del otro, algo que ni uno ni otro logró. En los Acuerdos de Paz de 1992 también se estampó una “Declaración Unilateral” del FMLN en la que mantenía su posición de rechazo a la redacción del artículo 211 de la Constitución donde se declara a la Fuerza Armada como institución “permanente” al servicio de la Nación y enfocaba su posición a seguir negociaciones posteriores para desmilitarizar el país. Esta observación sobre lo “permanente” de la Fuerza Armada, fue desmontada por el FMLN ante la ONU hace aproximadamente solo diez años.

El expresidente Funes nombró una comisión para estudiar y revisar la historia de la Fuerza Armada, que surgió por el papel de ésta en graves violaciones a los derechos humanos y el sostenimiento de nombres que llevan aún algunos cuarteles del ejército, como el del Teniente Coronel Domingo Monterrosa, entonces jefe del Batallón Atlacatl que cometió la masacre de El Mozote.

Es muy probable, que después de 30 años de esas discusiones sobre el papel del Ejército y las luchas sigan pendientes. A lo largo del tiempo, se han construido legiones de libertad, ejércitos protectores de la ley, ejércitos populares de liberación y para la democracia, y en cada jornada se levantaron caudillos y líderes, estrategas y jefes de tropas. Por ello, aún sigue siendo una tarea importante y pendiente el de-construir y re-construir nuestra verdadera Historia Nacional, la de todos los salvadoreños.

Fuente: ContraPunto

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