Francisco Jovel, Secretario General del Partido de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC). Secretario de Zona de 1979 a 1992. Conocido durante la guerra como "Roberto Roca", Comandante del PRTC. Firmante de lo Acuerdos de Paz. En 1988, amenaza de abandonar el FMLN si no se hace nada para detener los asesinatos de Mayo Sibrián. Abandonó el FMLN en 1999, en medio de divergencias generadas en ese entonces entre las corrientes renovadora y ortodoxa.

Toma de Conciencia del Pueblo y el Papel Contrainsurgente de los EE.UU.

El movimiento de masas tuvo como principales impulsores a elementos jóvenes, fundamentalmente estudiantes, sin menospreciar el papel que pudieron haber jugado jóvenes obreros. El papel más dinámico, mas evidente, lo jugaron estudiantes, sobre todo, estudiantes universitarios provenientes de sectores medios de la sociedad y otros jóvenes de extracción muy popular, los cuáles habían podido acceder a los estudios universitarios, gracias al proceso de reforma universitaria que durante los años 60 había impulsado la Universidad Nacional de El Salvador, durante la rectoría del Dr. Fabio Castillo Figueroa, quien -hay que recordarlo- había sido candidato presidencial en la segunda mitad de los años 60, y que por cierto, fue la primera candidatura auténticamente de izquierdas presentada por el Partido Acción Renovadora (PAR), que obtuvo una cantidad significativa de votos, a pesar del carácter autoritario del Régimen.

Ahora, ¿Qué es lo que hace posible el movimiento de masas? Hay que tomar en consideración que el Gobierno de Estados Unidos había forzado a las dictaduras militares de América Latina, y particularmente en Centro América, a impulsar ciertos procesos de democratización restringida, como mecanismo político para intentar contrarrestar el impacto y el influjo internacional que la revolución cubana estaba experimentando en América Latina.

No podemos perder de vista que en Venezuela, Nicaragua, Guatemala y otros países de América Latina, habían surgido movimientos guerrilleros de gran importancia, inspirados por el éxito político militar de la revolución cubana. En Centro América las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Guatemala (FARG) tuvo un papel destacado durante los años 60 y lo mismo puede decirse del impacto que experimentó el surgimiento del Frente Sandinista en Nicaragua.

Además de las “aperturas democráticas”, la Alianza para el Progreso -que era parte de la política de contrainsurgencia norteamericana- tenía el propósito de impulsar ciertas formas de asistencia económica y social, que aliviara de alguna manera, los seculares esquemas que tenían profundamente empobrecida y desnutrida a la población de América Latina.

Había programas por ejemplo, de distribución de leche en las escuelas, para la gente de escasos recursos, como un complemento alimenticio para el desayuno; distribución de ropa, víveres y algunos artículos o piezas para cocinar. Todo ello acompañado -como siempre sucede con este tipo de programas cuando los impulsan los Estados Unidos y los Gobiernos anti populares- de una gran propaganda política anti comunista y anti revolución cubana.

Recuerdo algunos pequeños folletos que nos repartían en las escuelas, en donde en Cuba – supuestamente- les quitaban los niños a las familias y el Estado se hacía cargo de ellos, los indoctrinaba y les sacaba a Dios de la cabeza. Por supuesto, este tipo de propaganda, de mala propaganda, da risa a estas alturas.

A finales de los 60, con los graves problemas económicos y políticos del país, más las motivaciones de las luchas revolucionarias internacionales, la situación política había madurado; el pueblo salvadoreño había tomado conciencia de la lucha popular para los cambios y estaba a la orden del día la búsqueda de la reforma agraria y la reforma urbana. Incluso en el libro “El Salvador la Tierra y el Hombre”, escrito por David Browning -catedrático de Oxford- desde una perspectiva académica, objetiva e imparcial, se deduce que propone o sugiere al Gobierno, que promueva una serie de transformaciones, sobre todo en el agro, de manera que le sirvieran como medida correctiva y, además, preventiva de un posible alzamiento o levantamiento popular.

Reformas del Gobierno y Surgimiento del Movimiento de Masas

El Gobierno, en vez de tomar medidas correctas para superar la situación crítica que vivía el país, comenzó a impulsar reformas como la Educativa y la Urbana, con el propósito de impedir la proliferación de tugurios y la creación de un cinturón de miseria en las ciudades, ya que en ese período estaba muy dinámico el flujo migratorio del campo hacía la ciudad.

Estas reformas del Gobierno y sus acciones anti populares, motivaban el resurgimiento del movimiento de masas y la organización, con la participación de los estudiantes universitarios y el gremio magisterial, con maestros de secundaria y de primaria, que ya para 1968 realizaron la primera huelga de ANDES y si no me equivoco, la segunda fue en 1972. A la cabeza de esas huelgas y movimiento de masas estaban el profesor Mario López y la profesora Mélida Anaya Montes. Mario fue posteriormente miembro de la Comisión Política del PRTC, y Mélida Segunda Responsable de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL). Ambos fueron secretarios generales de ANDES 21 de Junio.

Este movimiento tuvo un impacto muy significativo en los estudiantes de bachillerato, que después, al incorporarse a la Universidad Nacional y a la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), jugaron un papel importante en el desarrollo y crecimiento del movimiento estudiantil y de masas.

La UCA era vista en ese período de los años 60, como una Universidad de elite; posteriormente se fue transformando y adoptando un enfoque de mayor compromiso social y político en sus planteamientos, ya que el terreno de las cuotas para estudiar seguía siendo elitista, aunque también incorporó una política de cuotas diferenciadas, tipo becas, para estudiantes de escasos recursos.

La incorporación de los maestros a la lucha de masas fue muy importante, porque debemos recordar que el profesor tiene un impacto muy grande en la Comunidad. Existen cuatro tipo de personas que inciden y son respetadas en la Comunidad: el maestro, el cura, el médico y los militares; y estos últimos, porque nuestro país ya sufría, para mediados de los sesenta, más de treinta y cinco años de dictadura militar, en donde los jefes de destacamentos, los comandantes, y en general los militares, ejercían un poder absoluto en la población. Pero sucede que con las huelgas de los maestros de ANDES, se da una ruptura en el relativo acuerdo tácito de complicidad entre esos cuatro grandes sectores de la sociedad. El gremio magisterial dejó de ser un gremio dócil para el Gobierno, los sacerdotes también empezaron a experimentar un proceso de importantes cambios, dejando poco a poco la docilidad que los había caracterizado y pasando a jugar un papel más crítico y activo en favor de los cambios sociales y de justicia que necesitaba el país. Todo esto creó una brecha o fisura, entre el sector conservador del clero y el sector cada vez más progresista y radicalizado de la iglesia, llegando -a finales de los 70- a su máxima expresión con la testimonial y ejemplar vida de compromiso de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, que llegó a convertirse en la “voz de los sin voz”.

Los médicos en ese período, en su mayoría seguían siendo un gremio que actuaba con una actitud muy servil, tolerante e indiferente frente a la problemática política del país, dada su situación de ser un sector muy privilegiado de la sociedad. Los militares por supuesto, continuaban siendo un sector comprometido y ligado directamente con el proceso autoritario y represivo del gobierno y a favor de los intereses oligárquicos. Dicho de otra manera, tres sectores experimentaron una gran crisis de ruptura con lo que había sido su papel tradicional en el País: los maestros, los sacerdotes y, además, los médicos, que empezaron a experimentar la existencia de un grupo de personas con posiciones un poco más críticas, y que en la Universidad de El Salvador fueron promotores de la Reforma Universitaria en la cátedra de medicina pública, esfuerzo que generaba conciencia del papel que el Estado debía jugar respecto a la medicina preventiva y curativa, dados los grandes y graves problemas de salud pública que padecía el País.

Ante la efervescencia de la organización popular y la creciente conciencia de lucha, la dictadura arreció sus medidas represivas y autoritarias, y para contrarrestar preventivamente el auge de la organización campesina, creó la Organización Democrática Nacionalista (ORDEN), que era prácticamente la institucionalización de todo un sistema de represión paramilitar en el campo y que abarcaba todo el territorio nacional. Esa organización se confrontó rápidamente con el trabajo que las religiosas y religiosos hacían en el campo, organizando a los campesinos en el movimiento cooperativista y concientizándolos de acuerdo a las recomendaciones de la Doctrina Social de la Iglesia. Incluso, en esos años 70, se comenzó a incrementar la represión y persecución a los sacerdotes, como por ejemplo el caso de la captura e intento de asesinato del padre Chencho Alas, quien promovía la organización de las cooperativas campesinas en Suchitoto y el Cerro de Guazapa. Posteriormente Chencho se incorporó al movimiento de masas del PRTC.

Aporte de los Estudiantes Universitarios al Proceso de Concientización y Organización Popular

Los hechos de agresión militar en contra de los campesinos, más el trabajo de concientización que los estudiantes universitarios realizábamos en esas zonas del campo, profundizaron la toma de conciencia política y social. A finales de los 60 y parte de los 70, yo iba con un grupo de estudiantes universitarios a la zona de Suchitoto, a visitar los cantones de Mirandilla, Palo Grande y otro lugares del Cerro de Guazapa, con la tarea de dar charlas políticas y a realizar consultas médicas, al mismo tiempo que distribuíamos gratuitamente la dotación de medicamentos que llevábamos, ya que la situación económica y de salud era absolutamente precaria.

La situación de pobreza y represión generalizada, dio lugar a que los estudiantes y profesores se pusieran a la cabeza del movimiento, para organizar a los sectores populares. Fue un proceso de concientización que les llevó a una motivación fundamentalmente política más que económica. No se trataba del surgimiento de un sindicato, ya que estos surgen a veces, más presionados por las necesidades económicas, dado su carácter fundamentalmente economicista, porque están oprimidos por el sistema económico y social y se ven forzados a luchar por preservar para sí una parte cada vez más justa del valor que su trabajo agrega a lo producido. En cambio, en el caso salvadoreño, cuando hablamos sobre todo de los estudiantes, estamos hablando de un sector cuya motivación fundamental era, más que de carácter económico, de carácter eminentemente político.

Cuestionamiento a las Formas Tradicionales de Lucha Política

¿Cuáles son los efectos que tiene la participación de los estudiantes y maestros en el movimiento de masas? En mi análisis, concepción y conclusión, el trabajo político campesino y estudiantil dio lugar a un rápido cuestionamiento del movimiento político tradicional, vinculado sobre todo a la lucha electoral y lucha sindical. Hay que reconocer que la lucha electoral requería de una terrible batalla contra los esfuerzos del régimen por mediatizarla, por reprimirla y por mantenerla dentro de sus parámetros, en los cuales solo se permitía algún tipo de participación por medio del voto, pero sin la posibilidad de acceder al poder, sobre todo a nivel del ejecutivo. La presidencia de la república o de cualquier otro órgano fundamental del Estado, estaba reservada para los poderosos. Por supuesto que hubo algún tipo de participación en alcaldías, como fue el caso de la Democracia Cristiana, que durante los años 60 y 70 tenía el control de la alcaldía de San Salvador y habían ganado algunos diputados vinculados a los sectores más radicales de la Democracia Cristiana y al Partido Comunista (PC), a través de la Unión Democrática Nacionalista (UDN). Rafael Aguiñada Carranza y Dagoberto Gutiérrez fueron diputados del Partido Comunista (PCS) vía UDN. El primero fue asesinado por sicarios de la derecha y, el segundo fue comandante guerrillero y es uno de los firmantes de los acuerdos de paz; actualmente está fuera del FMLN actuando como analista independiente y académico.

Posteriormente, la UDN en alianza con el Partido Demócrata Cristiano (PDC) y el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), junto a otras fuerzas no partidistas, formarían la Unión Nacional Opositora (UNO).

Es cierto que en ese período -finales de los 60 y principios de los 70- la ebullición política en El Salvador había llevado la lucha electoral a su nivel de máxima expresión, lo que dio lugar a que la alianza Partido Demócrata Cristiano, el MNR (Social Demócrata) y el Partido Comunista ganaran las elecciones presidenciales en 1972, aunque la derecha les arrebato fraudulentamente la victoria.

El Partido Comunista, desde 1931 con el golpe de estado de Maximiliano Hernández Martínez, y sobre todo después de la matanza de indígenas de 1932, había estado sometido a la ilegalidad y la clandestinidad, pero había logrado, a través de una serie de formas indirectas de participación política, conducir a un buen sector del movimiento gremial y sindical y sobre todo, no dejar de participar indirectamente en la lucha electoral. No obstante, el PC -de hecho aunque no de palabra- se había venido oponiendo de forma sistemática al ejercicio de las formas de lucha radicalizada y sobre todo de lucha armada. Pero, para los años setenta esos sectores de estudiantes y maestros a que me he referido, y personas escindidas del PCS, habían sometido a cuestionamiento esos métodos privilegiados por el Partido Comunista; se planteaban la interrogante de si estos métodos y formas de lucha eran realmente los que harían posible, en el caso particular de El Salvador, propiciar, promover y conquistar las transformaciones políticas, económicas y sociales de contenido verdaderamente revolucionario.

Lucha Ideológica y Ruptura del Partido Comunista

Durante los primeros diez años -del 68 al 78-, en la izquierda salvadoreña estuvo a la orden del día la lucha ideológica, relacionada justamente a ese tipo de debate, que también se estaba dando a nivel internacional, en torno a la guerra en Viet Nam, la lucha anticolonialista en África, la muerte del Che Guevara, el mayo del 68 en París y el auge de la guerrilla urbana en el cono sur de América Latina; eran temas y sensibilidades que se confrontaban con la política de coexistencia pacífica de la URSS y su línea de apoyar la “Transición pacífica a formas no capitalistas de desarrollo” en el tercer mundo. Por otro lado teníamos los planteamientos del eurocomunismo, triunfo de Salvador Allende en Chile y el movimiento Hippy con su lema de “Paz y amor”.

Esa lucha adquirió desde luego, entre maestros y estudiantes universitarios, un dinamismo muchísimo más grande, lo que acompañado al fenómeno de la guerra con Honduras en el 69 y al papel político que el PC había sostenido respecto a ese conflicto, destapó una lucha ideológica más abierta, lo que contribuyó a la ruptura del Partido Comunista, dando lugar a la renuncia y escisión de su Secretario General y, posteriormente fundador de las FPL, Salvador Cayetano Carpio.

A partir de ese fenómeno, surgió un debate cada vez más intenso, teniendo su expresión más evidente en la Universidad Nacional, dado que en el Movimiento Sindical, el control formal continuaba estando en manos de la Dictadura Militar y de la dirección del Partido Comunista. Pero un elemento que contribuyó al debate, fue la promoción de discusiones públicas sobre los acontecimientos de 1932, en donde jugó un papel importante el libro “Miguel Mármol” de Roque Dalton, basado en el testimonio de ese legendario comunista sobre la insurrección campesina de 1932.

Miguel Mármol Miguel

Mármol fue miembro del PCS hasta su muerte, acaecida después de la firma de los Acuerdos de Paz de 1992. Miguel, para principios de los setentas estaba, de alguna manera, como menospreciado dentro del Partido Comunista. Muchos estudiantes llevábamos a Miguelito a las reuniones y clases para que nos explicara su versión de los hechos del 32, ya que en nuestro país ha sido tan secular la tendencia del régimen a que se olviden los acontecimientos históricos, para lo cual han creado una barrera a la memoria histórica. A esas reuniones asistíamos estudiantes y profesores que conocíamos más de Europa, Medio Oriente, algo de Sandino, de Francisco Morazán, de Centroamérica, pero desconocíamos nuestra propia historia, en particular la de los sucesos del 32.

Yo vivía en la Residencia Universitaria, y junto a otros compañeros dirigíamos el Movimiento de Residentes en la Universidad, y el de Becarios -aunque yo no era becario- y allí alojamos, entre 1970 y 1971, por varios meses, a Miguelito Mármol, organizándole actividades y charlas. Miguelito, no obstante ser menospreciado, nunca dejó de ser un comunista disciplinado. Me decía: “la diferencia fundamental entre tú y yo es, que tu eres cheyista y yo soy leninista”. Yo le decía: “a veces no necesariamente eso es contradictorio”, “a veces sí” me decía. Yo le replicaba que era contrario al estalinismo; el siempre justificaba a Stalin.

Diferentes Concepciones Respecto a la Búsqueda de Nuevas Formas de Lucha

El fenómeno era, que el Partido Comunista, quiérase o no, en la medida en que estaba alineado con lo que se llamaban las posiciones pro soviéticas, promovía a través de su lucha -más que una confrontación abierta para cambiar el sistema- la búsqueda de una apertura democrática, que algunos de ellos le llamaban “La Revolución Democrática Burguesa”, “La Vía no Capitalista para el Socialismo”, y otros le llamaban “La Transición Pacífica al Socialismo”; consideraban también la posibilidad de introducir esas vías no capitalistas hacia el Socialismo a través de golpes militares, concibiendo que en Centroamérica en particular, los militares progresistas podrían promover golpes de estado que sirvieran a esta estrategia. Incluso había libros promovidos por autores auspiciados por la Unión Soviética para teorizar al respecto.

Abonaban a esas posiciones del Partido Comunista, el hecho de que ya se habían dado acontecimientos golpistas en Bolivia, en Panamá con Torrijos y estaba cercana la experiencia del Gobierno de Jacobo Arbens en Guatemala, incluso la participación de militares revolucionarios en la fundación de las FAR en ese país.

En cambio había otro sector que abogábamos por una organización surgida propiamente del seno popular, independiente de las instituciones tradicionales del Estado; priorizábamos el trabajo de una organización enteramente nueva. Esto dio lugar a cosas como las siguientes: Cayetano Carpio -de las FPL- me planteó, que aquellos estudiantes que se quisieran incorporar a esas nuevas formas de lucha, tenían que renunciar a sus estudios universitarios para sumergirse completamente en la clandestinidad. Por supuesto que no estábamos de acuerdo con esa posición, y esta fue una de las primeras diferencias que tuvimos con Cayetano, porque nosotros considerábamos que había que promover aquellas formas de luchas nuevas, sin abandonar necesariamente las instituciones en donde estábamos, ya que era ahí en donde tenías que hacer trabajo para influir y preparar la cantera adecuada de esa nueva organización ciudadana.

Otro sector, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), también tenía una visión más o menos semejante, pero con una variante, mientras las FPL no menospreciaban la posibilidad de incidir en el movimiento de masas, como el movimiento magisterial, el movimiento obrero y el movimiento campesino para que fuera un movimiento de masas, no necesariamente de unidades guerrilleras, el ERP privilegiaba solo la organización de los Comités Militares del Pueblo, considerando que el trabajo hacia los sindicatos, el movimiento estudiantil o el movimiento de masas, tenía que estar sujeto o sometido a esa visión de radicalismo militarista. Esta concepción y trabajo del ERP -Comités Militares del Pueblo- llegó hasta 1978; por eso es que ellos fueron la última de las organizaciones de la nueva izquierda, en crear su movimiento de masas, el cual nace en febrero de 1978, como Ligas Populares (LP-28), inmediatamente después de la masacre en la Plaza Libertad.

No obstante, dentro del ERP también había una discusión respecto a su estrategia militarista, lo cual les llevó a la ruptura con el sector Resistencia Nacional (RN). Pero todas estas contradicciones y luchas ideológicas internas de los partidos y organizaciones político militares, hay que verlas como el resultado de un esfuerzo permanente por alcanzar una organización de nuevo tipo en cuanto a movimiento de masas.

Entre los promotores de ese movimiento de masas podemos encontrar a gente como Cayetano Carpio, que venía de sectores obreros, pero que era un funcionario reconocido del Partido Comunista y que siguió siendo revolucionario profesional durante el resto de su vida; a Mélida Anaya Montes -una profesora reconocida-, a Mario López, a los sacerdotes Chencho Alas, Higinio Alas, a algunos curas de San Vicente como los padres Matías y David Rodríguez, y por supuesto a Rutilio Grande y Monseñor Romero, el más simbólico de todos.

Por el lado universitario, entre los promotores del movimiento de masas -y sólo mencionaré algunospodemos encontrar a Felipe Peña Mendoza y sus hermanas Virginia (Susana), Lorena (Rebeca), Margarita (Julia) y a Lito Arce, fundador del ERP -todos ellos hijos de militares de alto rango-; a los becarios Adán Díaz que murió en Guatemala en 1972 incorporado a las FAR, y su hermano Luis Alberto Díaz, que fue secuestrado y desaparecido en 1980 cuando era Secretario General del MLP del PRTC; a Paco Montes, también de extracción popular -capturado y asesinado por la dictadura en 1980 cuando ejercía la medicina en Santa Ana-, Eduardo Rico - hijo de un profesor -fue dirigente del núcleo inicial de lo que llegó a ser el PRTC y después de la RN y murió el 2006 a causa de una larga enfermedad- y mi persona (Francisco Jovel) hijo de maestro y de familia de maestros y abogados -fundador del PRTC y miembro de la Comandancia General del FMLN durante toda la guerra-; a Eduardo Sancho, hijo de un médico -poeta y promotor del movimiento cultural comprometido, también fue miembro del la Comandancia General del FMLN durante toda la guerra-. Dentro de los profesionales hay que destacar a Fabio Castillo Figueroa -Médico de renombre, Rector de la UES y uno de los impulsores de la lucha armada- y a Rafael Menjivar, que también fue Rector de la UES.

Obligados a Dejar la Universidad y Asumir la clandestinidad

Quiero recordar un acontecimiento que a nivel universitario fue clave en la promoción de esta generación de cuadros revolucionarios, que posteriormente tuvieron destacado papel en la conducción de la lucha político militar de los años 70 y 80. Me refiero a la huelga general de Áreas Comunes que se realizo a finales de los años 70 y principios del 71; fue una larga jornada de huelga estudiantil en la Universidad, cuyo objetivo era llevar a nuevos niveles de profundidad el proceso de reforma educativa. Todos los estudiantes antes mencionados, surgieron al fragor de esa jornada. Después de la ocupación de la Universidad Nacional por el ejército en 1972, muchos, si no la mayoría, se incorporaron a la lucha guerrillera, y llegaron a ser destacados dirigentes. En todas esas luchas se promovía decididamente la organización gremial, profesional y comunitaria del estudiantado, para que se pudiese hacer realidad el compromiso de los estudiantes con la sociedad; era como una forma de saldar la deuda que los estudiantes universitario teníamos con la sociedad. Hay una fotografía publicada en la contraportada del Diario Latino a principios de 1971, en la que aparecemos los estudiantes que dirigíamos esas huelgas universitarias.

Resulta que posteriormente, después de finalizada esa huelga, y sobre todo después de que la UES fue reabierta, algunos estudiantes comenzaron a promover reivindicaciones meramente “gangueras”, como por ejemplo que las promociones en la Facultad de Derecho fueran automáticas. Había un tipo -de apellido Chafoya-, que creó un movimiento muy personalista al que se le llamaba el “chafoyismo” y que ganaba las elecciones estudiantiles cada vez que se presentaba a ellas, pero que por su “ganguerismo”, los mismos estudiantes le obligaban a renunciar al poco tiempo. Hubo muchos oportunistas de ese tipo, lo mismo que elementos sectarios, fanáticos e intolerantes, que a nombre de la izquierda echaban a perder muchas luchas de los estudiantes. Pero estaban los estudiantes realmente comprometidos que sí reivindicaban demandas de interés común y colectivo como, en primer lugar, mejoras estudiantiles y el mantenimiento de la excelencia educativa, buscando un proceso de relación cada vez más estrecha entre la Universidad y el Pueblo, a través de los programas de extensión universitaria; en segundo lugar, demandaban la incorporación en prácticamente todas las carreras, del estudio de la realidad nacional, con una visión independiente, es decir, que no fuera la repetición del discurso oficial, ni la promoción de un planteamiento dogmático.

A partir de 1971, después de finalizada la huelga de Áreas Comunes, se hizo mucho más dinámica, permanente y sistemática, la presencia de los dirigentes de esa huelga en las organizaciones campesinas y obreras. Cuando hablo de organizaciones campesinas me estoy refiriendo sobre todo, a los gérmenes de esas organizaciones campesinas, o sea, a la organización de cooperativas, en donde algunos campesinos se organizaban por motivos religiosos y sociales; pero también hablo de nuestro trabajo en los sectores obreros desatendidos por el movimiento sindical antimilitarista y anti oligárquico tradicional y por los sindicatos oportunistas que prevalecían en esos momentos, aunque tengo que reconocer el heroísmo de muchas de esas gentes del movimiento sindical tradicional, que incluso entregaron sus vidas en la primera huelga de ANDES y otras luchas.

Esa dinámica dio lugar a un acercamiento mas sustantivo entre estudiantes, obreros, maestros y cuadros potenciales del campo, movidos fundamentalmente por la conciencia política, lo cual hizo surgir un movimiento muy grande de autoformación política y autogestión en todos los sentidos. Eran nuevas formas de lucha en las que se entregaba completamente la vida, porque no era cualquier cosa lo que se estaba jugando, ya que estábamos ante una Dictadura Militar cada vez más feroz. Toda esta gente asumió una actitud, que en múltiples ocasiones he llamado de sacerdocio, porque era una especie de entrega completa sin condiciones ni intereses personales. Estudiar la teoría política, y particularmente la teoría revolucionaria, era vista como una forma de lucha imprescindible, porque era fundamental librarla y ganarla en el terreno de la lucha intelectual, científica, social e ideológica.

Como a principios de 1972 la dictadura continuó implementando la represión con sus diferentes modalidades, ya no era fácil hacer reuniones en cualquier lugar, por lo que uno de los pocos reductos que nos quedaban para las discusiones políticas públicas era la Universidad Nacional, razón por la que fue ocupada militarmente después de un intento de golpe de estado -levantamiento de los militares progresistas encabezado por el Coronel “Mincho” Mejía-, detrás del cual, de una u otra forma, estaban algunos sectores de la izquierda, que veían en esa posibilidad una alternativa de un cambio o transformación, ya que por la vía de las elecciones no eran posibles los cambios, tal fue el caso de la frustrada victoria de Napoleón Duarte y Memo Ungo, promovida por la UNO en ese mismo año.

No podemos perder de vista que hubo tres grandes acontecimientos políticos que sentaron la pauta para un proceso de radicalización acelerado del sector de la juventud y de otros sectores sociales: primero fue el evidente fraude electoral, segundo el golpe de estado de Mincho Mejía -comandante de la Primera Brigada del Cuartel San Carlos, cercano a la Universidad- y tercero, la ocupación de la Universidad, que fue cercada, ocupada militarmente y cerrada.

Cuando reabrieron la Universidad después de más de un año, el movimiento estaba igualmente vivo y dinámico, con nuevos brillos y mayor fuerza. Los anteriores dirigentes estudiantiles, ya liberados de las responsabilidades académicas universitarias, pasaron a ser luchadores sociales con plena entrega y a tiempo completo para la lucha. Este salto de calidad permitió la formación de nuevos y potentes cuadros políticos.

Los dirigentes universitarios que fuimos perseguidos de forma sistemática, nos vimos obligados a sumergirnos en la más estricta clandestinidad; la gran mayoría nos quedamos en el país, pero una minoría se tuvo que marchar al extranjero, ya sea a incorporarse a la lucha armada en Guatemala en donde murieron, como es el caso de Manuel Rivera -que había sido Presidente de AGEUS-, o de Federico Baires que se fue a estudiar a Chile, aprovechando la apertura democrática del Gobierno de Salvador Allende, pero también expulsado posteriormente por la Dictadura de Pinochet.

Cambiamos la Universidad por la clandestinidad, nuestras reuniones eran con las células conformadas por obreros y campesinos; nos reuníamos en el campo, en el Cerro de Guazapa, en Suchitoto, en San Vicente, en Usulután, Chalatenango, Morazán, etc. Era complicado el trabajo en el campo, porque la vida nos demostró que el pretender darle forma a organizaciones sindicales o asociaciones campesinas, hacía más vulnerables a los campesinos, dada la represión que existía. Por ejemplo, en san Vicente, yo estaba organizando una asociación de trabajadores de varias lecherías de las haciendas ganaderas; ahí despidieron a mucha gente -que posteriormente se comprometieron con la lucha clandestina-. Por suerte, con ayuda de un estudiante de derecho que había sido guardia nacional, logramos arrancarle al patrón de una de las lecherías, una importante indemnización para la gente que había trabajado 12, 15 o más años.

Para mí siempre fue muy significativo el hecho de que, aún dentro de los sectores de la Guardia Nacional había posibilidades de trabajo. Después esta idea se esclareció mucho mas, porque si bien es cierto que hubo enfrentamientos sangrientos y mucha muerte de gente en los cantones que estaban vinculados a las organizaciones políticas populares, también es cierto que mucha gente de ORDEN se incorporó posteriormente a la guerrilla. Sucedía que cuando la gran mayoría de las comunidades se liberaba de la dependencia de los militares, se incorporaban a la lucha político militar.

Una Metodología con Disciplina y Compartimentación Para Poder Ampliar y Sostener el Movimiento de Masas y la Lucha Armada

En ese tiempo, cuando las organizaciones que se estaban forjando y que después dieron lugar al movimiento guerrillero y al FMLN, tenían la consigna de “Electoreros al basurero”, lo cual era una forma de confrontación ideológica, que trataba de desmontar las formas que algunos políticos empleaban para corromper la conciencia de los salvadoreños, limitando la lucha popular al simple plano electoral. Algunas organizaciones, siguiendo los planteamientos tradicionales del movimiento revolucionario a nivel mundial y marxista-leninista en particular, sosteníamos que ninguna forma de lucha era despreciable y que había que participar en todas las formas de lucha, incluida la electoral, pero que en ese marco de la realidad salvadoreña -de dictadura militar y monopolización económica de la oligarquía- no podíamos cometer el error de considerar la lucha electoral como la forma de lucha fundamental.

Las otras formas de organización eran la ilegal no armada, y la ilegal armada, es decir, la lucha insurreccional o insurgente armada. Para la realidad de nuestro país, la lucha fundamental era la armada, la secundaria era la electoral y la sindical, y la terciaria eran las otras formas de lucha que solo podían ser concebidas como un esfuerzo a realizar, en la medida en que podían ser parte de los escalones que tenía que subir una persona para llegar a la forma fundamental. Estoy hablando de que se trataba de aplicar una metodología que partía de organizar pequeños colectivos conformados por personas de absoluta confianza, como los adoradores de la palabra o promotores de la palabra que venían del trabajo religioso o de las asociaciones comunitarias en las colonias, los tugurios, los cantones y caseríos o de grupos de amigos que se conocían de largo tiempo, etc. Se concebía que el método era necesario para que muchas gentes se formaran poco a poco, paso a paso, con mucha disciplina y compartimentación. Era un proceso gradual que permitía formar la contextura de los militantes para prepararnos y prepararlos para la lucha que estábamos viviendo y para la que nos faltaba. Para la seguridad del incipiente movimiento revolucionario y para las inmensas tareas que nos deparaba el futuro, esos métodos fueron necesarios y respetados a raja tabla. Todas las organizaciones aplicamos esa metodología, aunque con sus diferentes modalidades, de acuerdo a nuestros propios “estilos”, estrategias y tácticas.

A quien más le costó comprender ese proceso y necesidad de incorporación gradual fue al ERP, lo que dio lugar a que en 1975 se diera la gran ruptura entre RN y el ERP, porque Roque Dalton promovía que justamente ese era el proceso correcto, mientras gente como Alejandro Rivas Mira y Vladimir Rogel, consideraban que no, que la lucha había que hacerse incorporando a la gente a los Comités Militares del Pueblo y que esa tenía que ser la organización de masas y militar al mismo tiempo. A las alturas de 1975 todas las organizaciones -excepto el ERP- teníamos una organización de masas: el Partido Comunista tenía a sus organizaciones como la UDN -partido electoral- y al movimiento sindical tradicional con la FUSS, las FPL tenían al Bloque Popular Revolucionario: Como el ERP había roto con la RN, estos se quedaron con el FAPU; el PRTC ya teníamos a las Ligas para la Liberación. El ERP creó a las LP 28.solo hasta 1977. No obstante mucha gente del ERP, al margen de su dirección, se incorporaba a las luchas concretas que se promovían desde el movimiento estudiantil, como por ejemplo en las manifestaciones del 30 de Julio que fue masacrada por la dictadura. Hay que reconocer, que desde su fundación, las LP-28 pasaron a jugar un papel muy dinámico.

Todas eran organizaciones en las que participaban el sector obrero, campesino, magisterial, estudiantil secundario y universitario.

En la segunda mitad de los años 70, particularmente a partir de 1978, las Ligas para la Liberación del PRTC experimentaron un proceso de conversión hacia el Movimiento de Liberación Popular (MLP), que se cristaliza en 1979 con la incorporación de las Brigadas Revolucionarias de Estudiantes de Secundaria (BRES), las Brigadas Obreras (BO), las Brigadas de Trabajadores del Campo (BTC), las Brigadas de Pobladores de Tugurios (BPT) y un sector del movimiento magisterial que nunca adoptó un nombre específico.

Las FPL tenían a su movimiento revolucionario de masas con el Bloque Popular Revolucionario, conformado por la UTC, el UR-19 -de estudiantes universitarios-, el MERS -estudiantes de secundaria-, FECCAS-UTC que eran organización de campesinos, FUR-30 -estudiantes de la UCA-, UPT - organización de pobladores de tugurios-, Comité Coordinar de Sindicatos –de obreros-, ANDES -de maestros-.

La RN tenía al FAPU y el ERP a las LP-28, que también tenían organizaciones sectoriales en su seno.

Formas Artesanales de Propaganda

En cuanto a la propaganda hay que considerar, en primer lugar, que en El Salvador hay un método de propaganda que ha sido efectivo siempre y es la propaganda de boca en boca, la cual se aplicó durante todos esos años; para nosotros era una propaganda clandestina, que decía cosas que la prensa y el régimen ocultaba sobre la realidad nacional, y sobre todo del avance de nuestro movimiento revolucionario; en segundo lugar, empleábamos las octavillas, con las que hacíamos una distribución de hojas de manera masiva. Todas las organizaciones empleábamos esos métodos precarios, con impresiones en mimeógrafos –hechos a mano-, con marcos de madera y una tela delgada de esas que se usan en serigrafía y al que se le pegaba con la tinta el extensil. A ese aparato le llamábamos “Paula”. ¿Por qué hacíamos así la propaganda? Porque en ese período todavía las fotocopiadoras eran muy caras, y por otro lado, porque solo usaban papel químico. Claro que quien pudiera usar el mimeógrafo electrónico lo hacía, pero en el caso nuestro y de otras organizaciones, cada célula o grupito en sus comunidades, reproducía en esos aparatitos los comunicados y propaganda para el desarrollo de nuestro trabajo. Con las Ligas para la Liberación (LL), usando mimeógrafos modificados, logramos por más de un año editar un periódico quincenario llamado “Posición Revolucionaria” -yo era su director- y en el que trabajábamos un equipo de 5 personas, entre ellas Roberto Galeano -que murió en 1993 ejerciendo como médico- y Humberto Mendoza que fue capturado y asesinado junto con los demás dirigentes del Frente Democrático Revolucionario (FDR) en 1980.

El resultado de esa mística de propaganda era fabuloso, porque la gente recogía esos papelitos, los leía y los compartían por lo menos con diez personas más y después los guardaban o los escondían. Era un método multiplicador.

Otra forma de propaganda que terminó siendo la más evidente y útil, fue la aplicación de las famosas pintas y mini pintas -con plumones o espray- en los muros de las calles, en los autobuses, en los baños, paredes de las escuelas y universidades o en cualquier lugar en donde se pudieran leer. Eran mensajes acordes a las luchas o huelgas que se libraban en cualquier momento, coyuntura política o simplemente dejar el nombre de nuestras siglas guerrilleras. El plumón era una cosa buena, porque se trataba de una pintura difícil de borrar y la gente lo apreciaba, porque además de informarse, les animaba a la lucha. La dictadura no tenía control de lo que hacíamos. La pinta artesanal primitiva se convirtió en un verdadero y nunca antes visto fenómeno social de masas.

En nuestro país, el afiche tuvo menos impacto, justamente por el carácter ilegal de la lucha, pero además era muy caro, por lo que se limitaba, a veces, a las organizaciones y actividades legales. Fue muy útil para promover la solidaridad internacional.

Las manifestaciones populares de calle eran otra forma de hacer propaganda, ya que en esas actividades se distribuía una buena cantidad de hojas y escritos de denuncia y conocimiento de la realidad nacional, aquí fueron muy útiles las mantas publicitaria hechas con métodos artesanales, los cuales llegaron a tener gran impacto nacional cuando la T.V. empezó a proyectar imágenes de las movilizaciones.

Llegó un momento, en que además del trabajo propagandístico del movimiento de masas, las unidades militares guerrilleras intensificaron su accionar poniendo “bombitas de propaganda”, las cuales eran pequeños mecanismos de explosivos que esparcían los papeles o boletines en un parque o en una zona de relativa concentración de la población; eran petardos explosivos que no hacían daño alguno, pero creaban tensión y hacían bulla. La gente recogía la propaganda, pero cuando llegaba la policía, la tiraban o simplemente se la llevaban para leerla en sus casas o en lugares más o menos seguros.

Ese trabajo era importante para la moral de todos nosotros, como por ejemplo, que las células planificaban su trabajo de propaganda, midiendo la eficiencia y capacidad de las otras células, de acuerdo al número de pintas que hacían en sus territorios. “Mirá, aquella célula hizo 30 pintas y ustedes solo 10 ¿Qué les pasa?”. Eso generaba un proceso de emulación muy grande.

Los métodos utilizados por las organizaciones de masas y la guerrilla eran casi los mismos, lo que sucede es que era menos grave que a alguien lo llegaran a capturar haciendo una pinta del BPR, las LL, el FAPU o las LP-28 que haciendo una pinta de las FPL, del PRTC, del PC, de la RN o del ERP, porque el contenido de las pintas era distinto. Las pintas del movimiento guerrillero llamaban a la lucha armada, y las del movimiento de masas llamaban a otras formas de confrontación política. Aunque en realidad, rápido llegó el momento en que era tan peligroso hacer lo uno o lo otro.

A partir del año 1978, con la reorganización del movimiento obrero y gremial, empezamos a introducir otras formas de propaganda que tenían un carácter más masivo; comenzamos a mandar comunicados a los periódicos y a las radios, pero este esfuerzo era mucho más caro económicamente y solo la organización sindical y gremial podía asumir esos costos. Pero en poco tiempo se dio el fenómeno que evidenciaba el absoluto no control de la situación por parte de la dictadura, y es que incluso los medios televisivos comenzaron a participaban en las conferencias de prensa, que disfrazados de una u otra forma, dábamos en los centros sindicales, en la universidad o en cualquier lugar en donde se presentara un acontecimiento novedoso.

El noticiero “Teleprensa de El Salvador”, fue uno de los pioneros en incorporar en su programación la difusión de hechos políticos que ya no podían ocultarse, porque no tenía sentido ocultar información que de todas maneras era o sería conocida. De esa manera se fueron dando a conocer cada día más los acontecimientos que revelaban el carácter represivo del régimen: los desaparecidos, los asesinatos de obreros, campesinos, sacerdotes, maestros, estudiantes y en fin, la cruda barbarie del régimen dictatorial contra nuestro pueblo.

En resumen, el movimiento cívico, político, ilegal y de movilización masiva organizado por el PRTC, primero conocido como Ligas para la Liberación y luego como Movimiento de Liberación Popular (MLP), se desarrollo, al igual que el resto de organizaciones que llegamos a integrar el FMLN, de lo simple a lo complejo; aprendimos a combatir lo tecnológicamente sofisticado, con lo simple y artesanal. El movimiento guerrillero sólo pudo desarrollarse -hasta formar poderosas organizaciones militares-, gracias a que era una expresión del más alto nivel de organización del pueblo salvadoreño, la más grande e importante del siglo XX.

Comandancia del FMLN

Tomado de documento "para que no olvidemos"

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