Dicen que la Historia de un pueblo, para que en el futuro no sea tergiversada, debe ser escrita por quienes la vivieron.- No pretendo cerrar heridas ni mucho menos abrir las que ya están cerradas; mi única intención es que los hechos importantes acaecidos en nuestra ciudad de Aguilares, y de los cuales mi generación ha sido testigo directa, sean recordados tal y como sucedieron y que queden escritos para la posteridad, y que sirvan de alguna manera para que las futuras generaciones las tomen en cuenta y los hechos dolorosos como el que a continuación relataré, no vuelvan a suceder en nuestra ciudad, ni en ninguna otra parte del País.- En mi narrativa utilizo términos que cualquier lector sin un amplio criterio, mediáticamente podrá pensar que son tendenciosos.- Muy equivocados estarán quienes piensen de esa manera.- Sigo manteniendo mi línea de pensador independiente, no atado, perteneciente o afiliado a ningún partido político en especial, ni mucho menos alineado a un pensamiento político-ideológico determinado.-

Me remonto hacia lo que transcurría en el año 1972, año este en el cual, un grupo de sacerdotes Jesuitas, llegó a la Parroquia Católica de Aguilares, liderados por el padre Rutilio Grande, el mas inteligente y carismático de todos ellos, a quien sus superiores religiosos de antemano lo habían ungido como párroco oficial de esa Iglesia; demás está decir que los otros miembros de ese grupo de sacerdotes, eran originarios del Reino de España, aunque posteriormente se les unió el sacerdote salvadoreño Octavio Cruz, también Jesuita.- Ya la Religión Católica no fue la misma, los curas ya no andaban con sotanas por la ciudad, se dejaban crecer la barba y fumaban tabaco y a lo mejor, también otras hierbas; usaban chancletas y andaban con pantalones y camisas corrientes, ya no andaban a pata ni a caballo o mulas, sino en Jeep; ya no eran seres divinos sino personas comunes y corrientes que se entremezclaban con los demás ciudadanos y se ponían a platicar sobre cualquier cosa o hecho que ocurría en la cotidianidad; “ya no andaban pidiendo regalías a los miembros de la feligresía local, ni mucho menos gallinas o algún cuche, lejos de eso, mejor enseñaron a sus feligreses a vender en buen precio sus gallinas y sus cuches y a administrar de mejor manera, el pisto que obtenían de esas ventas” (“Un Día en la Vida” de Manglio Argueta)

Fueron esos años en los cuales, la clase trabajadora se encontraba en un punto de cansancio por la explotación y opresión ejercida por la clase dominante y su régimen militar gobernante en turno; fue la época en que ese grupo de sacerdotes recién llegado a Aguilares, fueron considerados por algunos como simples “aventureros socialistas” o “subversivos comunistas”, que no pudiendo en su país de origen, se vinieron a este pequeño país tropical, tercermundista, bananero y empobrecido, a poner en práctica sus conocimientos sobre la Teología de la Liberación.-

El fruto del trabajo por parte de ese grupo religioso daba sus resultados.- De las incipientes organizaciones obrero-campesinas, comenzaron a emerger varios líderes y, consecuentemente las organizaciones campesinas poco a poco daban saltos de calidad, tornándose mas fuertes hasta conformar una de las organizaciones mas poderosas para esa época como lo fuera FECCAS- UTC, principal fuerza campesina que diera origen posteriormente al Bloque Popular Revolucionario BPR y que luego después, engrosaron las distintas fuerzas guerrilleras que lucharon durante una década en contra del ejército nacional y de los cuerpos de seguridad existentes en la época.- Sus protestas que antes fueran muy tímidas, poco a poco se tornaban mas desafiantes.- Lo anterior fue motivo suficiente para que la clase económicamente dominante y que también ostentaban el poder político, se sintiera amenazada en perder sus privilegios de los cuales, gozaban desde épocas remotas, razón mas que suficiente para diese comienzo una persecución sistemática de carácter represivo a todos aquellos sujetos opositores a las políticas emanadas de esa clase.- El trabajo de esos sacerdotes Jesuitas en la zona de la ciudad de Aguilares, fue duramente criticado por las diversas organizaciones de derecha salvadoreña, a tal extremo que se difundió una consigna en contra de esos sacerdotes denominada “Has patria, mata un cura”.- Producto de esa consigna, un día doce de marzo del año 1977, fue asesinado el sacerdote Rutilio Grande, junto a dos humildes personas que le acompañaban en su vehículo de marca alemana “Volkswagen”, tipo “Zafari”, cuando se dirigía a la Parroquia de la ciudad vecina de El Paisnal, distante a solo cinco kilómetros de la ciudad de Aguilares, ambas ciudades del departamento de San Salvador.-

Dos meses mas siete días apenas habían transcurrido después del asesinato del Sacerdote Jesuita Rutilio Grande, cuando en una madrugada por cierto muy lúgubre y con nubarrones obscuros de entre los cuales, de vez en cuando salía la luna a mostrar su cara reluciente, algo no andaba bien.- En esa madrigada lúgubre, se presagiaba que algo extraordinario se avecinaba.- Por las diferentes calles y avenidas de la ciudad, se escuchaba un tropel de personas que corrían de un lado hacia otro.- Nadie se imaginó que esa tropelía era ocasionada por cientos de soldados del ejército nacional, que desembarcaban de sus vehículos de guerra y se dispersaban en dirección a los cuatro puntos cardinales de la comprensión territorial de la ciudad, dirigiéndose en mayor escala hacia lugares estratégicos previamente estudiados por la inteligencia militar.- Era la madrugada del que sería el día mas negro en toda la Historia de nuestra ciudad de Aguilares .-

El reloj de la torre de la alcaldía dio las campanadas anunciando que ya eran las cinco de la mañana del día 19 DE MAYO DE 1977, hora esta en la que, muchas personas siempre han acostumbrado a levantarse para trasladarse, algunas de ellas hacia sus puestos de venta en los alrededores del mercado municipal, otras mas, hacia sus puestos de trabajo ubicados en la ciudad capital San Salvador u otras ciudades vecinas, sin embargo ese día, sus intenciones se vieron truncadas ya que el pueblo había sido tomado por cientos y cientos de elementos militares quienes les prohibieron la salida, obligándolos a regresar a sus hogares y permanecer encerrados y quietos dentro de sus casas.-

Algunos sostienen que el sacristán de la Iglesia Católica, desconociendo lo que en Aguilares sucedía, subió a la torre de la Iglesia para hacer sonar sus campanas como era costumbre día tras día y con lo cual, se llamaba a la feligresía católica aguilarense para que hiciera acto de presencia a escuchar la misa que a diario se impartía a las cinco de la mañana; otros argumentan que el sacristán, con conocimiento de causa, hizo sonar las campanas de la Iglesia con el propósito de alertar sobre la presencia militar en la ciudad, y de la amenaza que ese acto representaba para los comprometidos con la lucha que se libraba en contra del régimen gobernante.- Al momento de sonar las campanas de la Iglesia, también se escucharon varios disparos de arma de grueso calibre.- El sacristán de la Iglesia cayó muerto, abatido por esos certeros disparos provenientes de algunos elementos militares que habían invadido la ciudad, para lo cual usaron poderosos fusiles G-3 de fabricación alemana.-

Los elementos del ejército, comenzaron su misión encomendada por las altas autoridades políticas y militares de aquel entonces, procediendo a catear Barrio por Barrio, Colonia por Colonia, Avenida por Avenida, Calle por Calle, Casa por Casa.- Hay de aquellos hogares en donde se encontraran panfletos, afiches, fotografías o cualquier tipo de publicación con contenido religioso-católico, o “subversivo” en especial aquellas publicaciones que hacían referencia al sacerdote Rutilio Grande, o a cualquiera de los otros sacerdotes Jesuitas embarcados en la misión de organizar al pueblo en su lucha en contra del sistema de gobierno imperante en esa época; mas peor fue el que en algún hogar cateado se encontraran panfletos de los que en abundancia eran repartidos entre la población por las diferentes organizaciones de masas de tendencia izquierdista.- Cualquier persona a quien por desgracia se le encontrase algún tipo de publicación de las que antes mencioné, sin pedir explicación alguna, era capturada, golpeada y fichada como "subversivo".- Cabe aclarar que la mayoría de familias aguilarenses, de una u otra manera, rápidamente se dieron cuenta del cateo que comenzaba a darse en los alrededores de la ciudad, por lo que con mucha destreza incineraron o enterraron todo aquel documento comprometedor que de ser descubierto durante el cateo en sus casas, de seguro les podría acarrear graves consecuencias; otras familias introdujeron esos documentos comprometedores en las fosas sépticas de sus viviendas.- Por suerte en esa época, el ejército no contaba con aparatos electrónicos para detectar la ubicación de diferentes materiales escondidos bajo tierra.-

Fueron tres días que duró el TOQUE DE QUEDA impuesto por el ejército invasor salvadoreño durante los cuales, ninguno, pero absolutamente ningún ciudadano común y corriente de Aguilares, salvo los que de alguna manera estaban estrechamente relacionados con el partido político de derecha gobernante en esa época o quienes mantenían alguna relación con militares influyentes, podían salir de sus habitaciones familiares.-

El primer día de la invasión, el día en que fue acribillado a balazos el sacristán de la Iglesia Católica, dos muchachos aguilarenses (Jorge Larreynaga y Maximino Guardado) apresurados por querer presentarse a sus respectivos lugares de trabajo fuera de la comprensión territorial de Aguilares, abordaron una motocicleta sin antes medir el grado de peligro que esa acción les podría representar.- El “Toque de Queda” estaba impuesto y, a sangre fría fueron acribillados a balazos por elementos del ejército nacional invasor; esto ocurrió en el Barrio El Calvario de nuestra ciudad.- No habían transcurrido ni media hora de ese lamentablemente suceso, cuando un anciano, de nombre Santana Portillo, residente de ese mismo Barrio, ignorando lo que estaba sucediendo en la ciudad, salió de su casa, también le dispararon a “mansalva”.- Estando moribundo ese anciano, un oficial del ejército al verlo balbucear sangre por su boca, ordenó que lo remataran con un yatagán (cuchillo militar).- Un soldadito desenfundó su yatagán de oficio y se lo insertó a don Santana en la garganta.- A don Santana Portillo, no le tocaba morir ese día.- La herida del yatagán en la garganta, hizo mas fácil su respiración y logró sobrevivir.-

Se escucharon reventar algunos cohetes de vara (de los que comúnmente se revientan en las fiestas de los pueblos) que fueron reventados por la zona de la Colonia Los Ángeles, cabal, la que queda cerca del Puente el Cubito en la Carretera Troncal del Norte, jurisdicción de Aguilares.- Quienes los reventaban eran unos señores que por toda su vida, habían sobrevivido fabricando en su pequeño taller, cohetes de vara como era su costumbre desde hacía muchos años.- Estos artesanos también ignorando lo que estaba sucediendo a su alrededor, decidieron “probar” su producción del día anterior.- Los elementos del Ejército y Guardia Nacional, creyendo que esos artesanos “subversivos” estaban avisando a otros “subversivos” sobre la presencia militar en la zona, no dudaron en capturarlos y con artimañas y un par de pencazos, quererles “sacar verdad” en cuanto a su intención en reventar cohetes en ese momento.-

Seguimos en el Barrio El Calvario y cuando tocó el turno de catear la casa propiedad _en ese entonces de don Luís Torres (cabal, el dueño de la tienda “El Zorro”), el ejército se topó con una célula guerrillera.- Luego de una larga balacera, los elementos militares dieron muerte a los guerrilleros.- Cuentan que dentro del inmueble cateado encontraron mucho dinero enterrado del cual, nadie supo su paradero.-

Los mandos superiores del ejército invasor, no permitieron que los cadáveres de los jóvenes Jorge Larreynaga y Maximino Guardado, asesinados a sangre fría, fuesen velados y, ordenaron inmediatamente fueran sepultados; la familia de ambos muchachos, no tuvo alternativa mas que, buscar los servicios de la Cruz Roja Salvadoreña de Aguilares a efecto que, aportasen sus buenos oficios para recoger los cadáveres y trasladarlos inmediatamente para su sepultura hacia el Cementerio Municipal.- Valiosa ayuda les brindó en esa ocasión un ex Socorrista de Cruz Roja salvadoreña, (Chele Chamba Escobar) quien en su Pick Up Toyota 1,000, al que le guindó una bandera de la institución, procedió a recoger los cadáveres de esos jóvenes y los trasladó hasta el cementerio para darles rápida sepultura.-

Fueron setenta y dos horas en que duró el toque de queda en donde todo el pueblo aguilarense sufrió amargas experiencias, principalmente por el hecho de no poder abastecerse de sus sagrados alimentos:- Fueron mas de treinta días los que Aguilares permaneció sitiada, días estos en los cuales, todos los habitantes estábamos expuestos a sufrir cualquier tipo de atropello o vejamen por parte de los elementos del ejército nacional.- Muchas personas identificadas con la ideología de izquierda fueron capturadas y luego fueron llevados al cuartel central de la Policía Nacional y Guardia Nacional para su correspondiente interrogatorio por parte de las secciones de inteligencia de esos cuerpos de seguridad y su posterior fichaje como un subversivo mas, entre ellos, doña Carmen Moreno, Mario Jovel, Beto Sandokán, Santana Sánchez, etc.- Era asfixiante la situación, pero para los militares, la guerra contrainsurgente ya había dado comienzo, convirtiéndose la ciudad de Aguilares, la primera a nivel nacional en haber sido tomada militarmente durante el conflicto armado.- Esa experiencia sirvió para que muchos de los habitantes aguilarenses, tomasen conciencia de lo que se preveía venir en el futuro.- Muchos de nuestros jóvenes a partir de ese momento histórico, procedieron a enrolarse en los diferentes frentes de masas de corte izquierdista para luego, formar parte de los grupos guerrilleros que durante diez años lucharon en contra del gobierno y las fuerzas militares de aquella época.- Otros mas optaron mejor por abandonar para siempre nuestra ciudad, y emigraron hacia otras ciudades del interior de nuestro país; muchas familias enteras emigraron hacia el extranjero y nunca mas volvieron a su terruño que les vio nacer y crecer.- Oros estoicamente y aun a costa de sus vidas, se quedaron luchando por su Aguilares querido, trabajando y esforzándose por sacar adelante a esta ciudad.- Algunos nos quedamos salvando vidas y ser testigos directos como terceros intervinientes_ de ese conflicto armado que oficialmente dejó a mas de setenta y cinco mil muertos entre civiles, militares, y guerrilleros.-

Todos los aguilarenses estamos obligados moralmente a narrar y escribir la Historia de nuestra ciudad, pero debemos tratar en lo posible de narrarla y escribirla sin ningún sesgo político, sin ir mas allá de la realidad de lo sucedido.-

NOTA: (He vuelto a narrar esta Historia a sugerencia de algunos amigos, ya que nosotros los aguilarenses somos propensos a olvidar hechos relevantes de la Historia de Aguilares.- Somos malinchistas y nos gusta conmemorar o celebrar cualquier otro hecho histórico sin relevancia para nuestra ciudad.- Con seguridad en el futuro no volveré a tocar este mismo tema) | GUILLERMO VALLE.-

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