Los muertos son parte del universo

Jaime Baires y Salvador Cayetano Carpio se mueven con levedad de hojas al viento. Viajan por corrientes de éter virgen que procede del lugar sin dimensiones en el multiverso. Van de paseo como escolares que regresan a casa en su primer día de vacaciones, se desplazan entre briznas siderales iluminadas con fulgores de astros que se apagaron hace una eternidad y cuyos rayos llegan para iluminar sus rostros y seguir de largo rumbo al confín curvo e ilimitado.

Sus vestiduras son retazos de neblina macerada proveniente de galaxias multicolores como las que admiraba Jaime Baires en el suplemento dominical de "Roldán El Temerario". Neblinas tejidas de positrones esquivos a la vista pero algodonosas al tacto. Sus atuendos cambian de tonalidad cada vez que nace una estrella. A veces comentan divertidos que ellos visten por pudor y alcanzan por el placer de sentir un piso bajo sus pies.

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