Carta de las FPL a los cristianos progresistas

¡EL PUEBLO ARMADO VENCERÁ!
EL COMANDO CENTRAL DE LAS “FUERZAS POPULARES DE LIBERACIÓN -FPL- FARABUNDO MARTI”.

Las fuerzas populares de Liberación –FPL- Farabundo Martí consideran que el incremento de la Guerra Prolongada del pueblo y, por consiguiente, la creciente incidencia de la lucha armada revolucionaria en la vida política nacional, así como el creciente desarrollo de las luchas combativas de las masas por las necesidades vitales urgentes, pueden crear en algunos sectores progresistas del país, entre ellas en el sector progresista del clero, algunas reservas, interrogantes y preocupaciones sobre el quehacer militar y político de nuestra Organización que conlleva la creciente incorporación de sectores avanzados del pueblo a las distintos aspectos de la guerra revolucionaria que conlleva la creciente incorporación de sectores avanzados del pueblo a los distintos aspectos de la Guerra revolucionaria. Consideramos que nuestra Organización está en la obligación de realizar esfuerzos por despejar en el ánimo de las personas progresistas y avanzadas las reservas que surjan, a fin de que tales dudas y reservas puedan ser disipadas en la medida de lo posible, para que no se vayan convirtiendo en obstáculos adicionales en el desarrollo de las luchas revolucionarias del pueblo.

Tal es la razón de esta carta.

Partimos del hecho histórico, clave y transcendental, de que el pueblo ira iniciando la guerra revolucionaria para su liberación contra las clases explotadoras que le oprimen; que este es un proceso irreversible que irá fortaleciéndose progresivamente a medida que la gradual incorporación de crecientes sectores avanzados y que indefectiblemente ha de conducir al pueblo salvadoreño y centroamericano al triunfo definitivo de la revolución popular. Sabemos también que es inevitable que, a medida que este proceso se va profundizando y avanza, se van polarizando las fuerzas de la sociedad y se va configurando cada vez más nítidamente el cuadro de fuerzas: por un lado, las clases reaccionarias y todas las fuerzas contrarrevolucionarias que las apoyan, y, por otro lado, las clases revolucionarias y todos los sectores y personas que apoyan sinceramente transformaciones revolucionarias populares.

En este proceso, sectores o personas que en un momento determinado ocuparon posiciones con ciertos tintes progresistas, pero que no alcanzan a comprender en su plenitud el proceso de desarrollo revolucionario de la lucha de clases, pueden ir derivando paulatinamente hacia el campo de las posiciones reaccionarias y contrarrevolucionarias. La historia de las luchas de los pueblos ha mostrado que quienes sincera y correctamente están por las aspiraciones revolucionarias del pueblo estarán al lado de éste en su lucha revolucionaria, y que, en cambio, quienes no tengan consecuencia con ese ideal se irán se irán colocando contra la lucha revolucionaria popular.

Tenemos la firme confianza de que los sectores avanzados del clero, que en forma admirable, venciendo tantos obstáculos, defienden los principios de justicia e igualdad, y luchan contra los aspectos más agudos de la explotación de los poderosos contra los pobres, sabrán colocarse en todo momento junto a las clases trabajadoras en su lucha por terminar la explotación del hombre por el hombre y por crear una sociedad justa, de libertad y progreso para las inmensas mayorías hoy oprimidas.

Al enviar esta carta, las FPL desean explicar su pensamiento revolucionario, sin que eso signifique que nuestra Organización considere tener el monopolio de la verdad. Nos esforzamos por interpretar de manera científica la realidad con los elementos que proporciona el marxismo-leninismo como guía de interpretación y de acción, y estamos conscientes que debemos ser cada vez más acuciosos y estrictos en el conocimiento y aplicación de los métodos científicos del análisis social para evitar errores en las esferas del pensamiento y de la acción. Debido a ello recibiremos con ánimo abierto y modestia revolucionaria todo señalamiento sincero que nos ayude en la interpretación de la realidad de nuestra sociedad y de las proyecciones revolucionarias de la lucha de clases de nuestro pueblo.

1. Nuestra actitud ante la religión.

Nuestro trabajo revolucionario va dirigido contra los enemigos del pueblo y no va encaminado a menoscabar la religión, ni el trabajo de masas religioso. La experiencia en este terreno indica que el quehacer religioso y la actividad revolucionaria pueden combinarse fecundamente en aras de los intereses del pueblo.

Las FPL aceptan en sus filas a todo revolucionario honesto que adopte conscientemente su estrategia, su línea táctica y política, y sus lineamientos orgánicos y disciplinarios, y para ello, sus creencias y prácticas religiosas no constituyen un obstáculo.

Partimos del hecho de que ser cristiano no se opone al deber de luchar por la justa causa del pueblo, por su liberación de la explotación y de la miseria. Consideramos como una ofensa para un trabajador cristiano –hombre o mujer- suponer lo contrario. Es más, consideramos absolutamente necesario –como una condición estratégica- la incorporación de las grandes masas campesinas y obreras –que son fundamentalmente cristianas- a la revolución. Sin ello, el triunfo de la revolución no podría alcanzarse, y esto, no solo en nuestro país, sino a nivel continental como lo reconoció el heroico comandante Che Guevara al decir que cuando los cristianos se incorporen a la revolución ésta será invencible.

La FPL llevan a cabo este pensamiento en forma práctica: donde quiera que haya un militante católico, que desee dar un salto en su práctica revolucionaria y que llene los requisitos exigidos por nuestra organización, no tenemos por qué rechazarlo, por qué cerrarle las puertas e impedirle que realice su aspiración de servir a la causa revolucionaria de su pueblo.

Al promoverlos a una más elevada calidad de su quehacer político como miembros responsables de un pueblo que marcha hacia su liberación, procuramos al mismo tiempo que no se menoscabe su actividad religiosa. Por otra parte, si bien nuestra misión no es menoscabar sus creencias religiosas, es necesario decir que todo revolucionario, a medida que va elevándose a un enfoque científico de la realidad objetiva, va llenando sus lagunas, debilidades, deficiencias y errores en la esfera del conocimiento con una base científica que eleva integralmente su conciencia y acción en aras del interés colectivo.

El trabajo de la organización en crecientes sectores del campo es un trabajo estratégico, encaminado a ganar activamente para la revolución a un sector fundamental sin el cual ésta no podría triunfar. Es una tarea estratégica encaminada a forjar en la acción la alianza obrero-campesina, base de las fuerzas motoras de la revolución, y esta tarea la tratamos de realizar tanto en zonas o lugares donde haya algún tipo de organización, como donde no la haya; en zonas donde haya sacerdotes conservadores o sacerdotes progresistas; o donde no haya sacerdotes, etc.; y no solo en el campo, sino también en la ciudad; en fábricas, colonias, centros de enseñanza, etc.

Es posible que nuestra incidencia orgánica en algunos sectores del campo, dé la impresión de que estamos ‘aprovechándonos’ el trabajo de otras personas. Tal idea la consideramos incorrecta e inconsecuente con las necesidades de desarrollo revolucionario de las masas. ¿Acaso el trabajo revolucionario de las masas es aprovechado por alguien y no por el mismo pueblo que a través de esa actividad marcha hacia su revolución?

Si tal idea surge, creemos que estaría basada en el deseo de mantener una influencia exclusivista sobre un sector de masas a costa de impedirles a estos su promoción a un escalón de las luchas populares. Sería una concepción conservadora que perjudicaría la incorporación de sectores del pueblo a las tareas de la revolución. Y denotaría en cierto modo una actitud de egoísmo político (no poner ‘su’ trabajo en dirección al avance revolucionario del pueblo) y de irrespeto al imperativo de conciencia de los cristianos. Entendemos que dentro de la estructura de la iglesia, un postulado por cuya aplicación luchan los sectores progresistas es por respetar la conciencia de una persona, y aplicado en ese caso, se vuelve un imperativo respetar la decisión de los que cristianos que a conciencia adopten, el camino revolucionario, el camino de la lucha armada, para contribuir a la liberación de sus hermanos trabajadores.

Podría suceder que algunos sacerdotes progresistas a estas altura todavía no vean con claridad que va en marcha el proceso de la lucha armada revolucionaria, que éste es ya un proceso y que este es ya un proceso irreversible, y que a medida que se profundice, también el enemigo responde con sus acciones de creciente intensidad y crueldad, lo cual es una dinámica inevitable de la lucha cuando los pueblos han tomado la decisión de liberarse con las armas en la mano-

El desconocimiento de esta realidad, de la incidencia creciente de la lucha armada revolucionaria en la vida del país conduce a la oposición a que las otras formas de lucha popular se condicionen a la fundamental, y en algunos casos, no solo se rehúye fortalecer las bases de la revolución sino que se adoptan posiciones conservadoras, y hasta reaccionarias y claudicantes, ante el poder de los ricos y ante los propios explotadores. Algunos pasajes de la reciente declaración de la curia diocesana de San Vicente son una prueba de esto (numerales, 2o,3o, 4o y 5o de sus considerandos).

2. El clero progresista en el proceso revolucionario.

Con el respeto que nos merecen los esfuerzos constantes que los sacerdotes avanzados realizan por colocar a la iglesia en posiciones acordes a los intereses sociales de las grandes mayorías oprimidas y desposeídas y por lograr el progreso social del pueblo trabajador, hemos de decir que como Organización revolucionaria admiramos esos esfuerzos y valoramos la entereza mostrada ante los riesgos y amenazas que frente a los explotadores conlleva. Nos demos cuenta de las repetidas amenazas represivas del régimen. Y creemos que el sector avanzado del clero está en capacidad de ayudar en buena medida al avance de la combatividad de las masas y al avance del proceso revolucionario.

Y es que tal convicción surge no solo de su aporte a la lucha popular en nuestro país y Centroamérica, sino de la valiosa contribución de sectores avanzados del clero en el avance de la revolución latinoamericana. Hemos visto con admiración la valiente actitud que en diversos países han tenido muchos sacerdotes y cristianos frente a tiranías reales tales como la del Brasil, en donde las torturas y asesinatos del régimen no se han detenido ni ante el crucifijo de un religioso. Hemos sido testigos del compromiso de heroicos sacerdotes que han subido a la montaña y han tomado el fusil para luchar a la par de los obreros y campesinos del pueblo.

Sin embargo, creemos que para cumplir a cabalidad un creciente rol en el proceso de desarrollo revolucionario es necesario vencer las dificultades que emanan no solo del medio concreto tradicionalmente conservador, sino incluso, los que plantean los prejuicios y costumbres que han tenido su origen en la propia extracción de clase (generalmente de sectores del campesinado con alguna comodidad o sectores de la pequeña burguesía urbana) defectos que han de ser contrarrestados para alcanzar un enfoque de acuerdo con los legítimos intereses del proletariado y del campesinado pobre.

Por otra parte, entendemos que la contradicción fundamental de clase en el seno de la iglesia se expresa entre el sector avanzado del clero y la parte conservadora de la jerarquía. Entendemos que la jerarquía misma no es monolítica en la expresión del conservadurismo y que en el seno de la iglesia se van abriendo paso corrientes favorables a los intereses del pueblo. Esto se refleja no solo a nivel nacional sino también en los concilios y conferencias eclesiásticas latinoamericanas y mundiales en donde hay fuerzas que pugnan por posiciones progresistas y renovadoras. Sin embargo, consideramos que la lucha del sector avanzado es dura, difícil y esforzada y que requiere gran valentía moral y gran convicción de principios para sostenerla ya que los sectores conservadores tratan de hacer retroceder a los sectores progresistas de sus posiciones de avanzada.

En este sentido creemos que la aspiración irreal de que toda la jerarquía apoye los pasos del sector avanzado puede conducir a compromisos mal entendidos que hagan ceder al sector progresista en posiciones de avanzada y ponerse a la cola de posiciones conservadoras, retrocediendo en niveles ya alcanzados de comprensión de las necesidades del pueblo y de su proceso revolucionario.

Para concluir con la exposición de sus puntos de vista, las FPL desean recalcar su respeto por el sector de sacerdotes de ideas y prácticas avanzadas, esperando que en bien de la causa del pueblo, sus esfuerzos den cada día mayores frutos para la revolución.

¡REVOLUCIÓN O MUERTE!


Lugar y fecha: El Salvador. Febrero 1975.
Digitalización: Plazido Erdotzain

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