Voz de excombatientes del FMLN   

…a propósito de la vida en medio de la guerra, el desprecio hacia los excombatientes por parte de la dirección histórica, su traición al movimiento revolucionario, el desmantelamiento del movimiento social y el verdadero papel del PCS y del actual partido fmln…   

En una guerra, morir es una posibilidad permanente, y no es necesario estar en un combate o ser víctima de una emboscada enemiga, de un bombardeo inesperado, o de un campo minado.   

En una guerra como la que se libró en nuestro país, la vida siempre está en peligro. Se podía morir en pleno enfrentamiento contra las tropas del ejército enemigo, o víctima del descuido de un compañero a quien se le escapó un tiro de su fusil; se podía morir en los primeros momentos de la incursión a un poblado, o en los últimos de la retirada cantando la victoria militar lograda.

Así son las guerras. Así fue la guerra en nuestro país. Podías morir por ser el primero de la columna, o por ser el último de la misma; podías perder la vida por mostrar cierta debilidad moral o algún nivel de indisposición para la realización de tus tareas –lo que te hacía parecer un infiltrado o sospechoso de traición; o bien por ser un gran guerrero, pero cometiste el error de cuestionar los métodos aplicados por determinada dirección político militar de tu Organización. Así era la vida y así era la muerte en medio de la guerra.

Por eso es que hay ahora una frase y no sé si debe llamarse sentencia muy común entre los compas: “Lo que he vivido después de la guerra, ya es ganancia”. Y vaya que los compas tienen tanta razón al decirlo de esa manera! Lástima que la mayoría de ellos no ha tenido la suerte de disfrutar merecidamente esa ganancia. Sé que muchos aparentan hacerlo, pero sufren por dentro las secuelas sicológicas y los traumas que heredaron de esos tiempos. Lo hacen en silencio, yo lo sé; pero le “hacen huevos”, y así lo dicen.

Algunos se atreven a contar los efectos de esas secuelas.

Recuerdo que cuando hace unos ocho o nueve años el compañero Lester y yo, acompañados de otros ahora veteranos de guerra iniciamos el esfuerzo organizativo que nos ha llevado precisamente al actual momento en que se está carnetizando a los compas, visitamos las comunidades donde estos residen, y encontramos situaciones que sólo aumentaban la indignación que ya teníamos por el abandono de un sector tan importante y sacrificado en el proceso democratizador de esta sociedad.

En cierta ocasión un compañero nos confesó que hasta hacía un par de años, cuando aún la comunidad no contaba con el servicio de energía eléctrica, se despertaba a media noche, producto de pesadillas mediante las que se trasladaba al pasado reciente, protagonizando combates y otras situaciones de la guerra, y que luego no podía conciliar el sueño, por lo que amanecía siempre desvelado. Situación con la que pudo empezar a lidiar hasta que, contando ya con energía eléctrica en su casa, compró un televisor y cada vez que se despertaba producto de una pesadilla, buscaba cualquier programa que no tuviera pasajes violentos, hasta que poco a poco se quedaba dormido.

Ese tipo de situaciones, y el hecho de verificar las condiciones deplorables en las que vivían los compas fue lo que nos animó para continuar en un esfuerzo que no debíamos asumir nosotros como veteranos, más que tal vez, como colaboradores y facilitadores del que debió haber asumido desde el fin de la guerra la dirección histórica del movimiento guerrillero, pasando por el partido en cuya construcción fue pieza clave el contingente de combatientes, aun incluso sin haberse desmovilizado, hasta el actual gobierno, que irónicamente nos da la espalda.

En nuestro análisis y propuesta con el compañero Lester -15 años después de fundado- planteamos que el partido fmln no sólo no representaba ya los intereses y las aspiraciones de los sectores eternamente marginados por los gobiernos y políticas del Estado; sino que además, al haber torcido el rumbo y sacudirse los valores y principios que caracterizaron a los revolucionarios de aquellas épocas, jamás llegó a convertirse en el nuevo instrumento de lucha para quienes, a pesar del olvido y la traición teníamos la certeza de que si lográbamos reagruparnos como sector, podíamos continuar el camino, y empujar un proceso que nos permitiera convertirnos de nuevo en protagonistas de un esfuerzo por defender lo que se había logrado con los Acuerdos y profundizar la lucha por concretar los cambios estructurales como fue siempre nuestra aspiración máxima.

Ya para entonces, y luego de una serie de discusiones y búsqueda de respuestas confirmamos lo que había sido solo comentarios y especulaciones sobre porqué la actitud política del partido fmln y una dirigencia que había consolidado su control al interior de ese instrumento, que no pasó de ser una maquinaria electoral al servicio único y exclusivo de un sector que había participado en la guerra; muy contrariamente a lo que todos esperábamos: “Que el partido fmln sería para los excombatientes y el resto de la población, más que un partido, el instrumento que conduciría política e ideológicamente el proceso a partir de los Acuerdos que le pusieron fin a la guerra y a través de los cuales se desmontó la dictadura militar que había hecho tanto daño a la sociedad salvadoreña”.  

Lo anterior solo sería posible si este instrumento, con la orientación de la dirigencia histórica del movimiento revolucionario y el empeño de los cuadros también históricos, formados en el fragor de la guerra no sólo en su componente militar sino en el político- organizativo, hubiera mantenido los principios revolucionarios y fortalecido la práctica de aquellos valores que le caracterizaron en la etapa que acababa de concluir en 1992; de modo que le permitiera:

  1. Convertirse, muy a pesar de que la razón de ser de los partidos políticos sea la toma del poder mediante las elecciones, en el instrumento conductor y orientador de la lucha de clases, de los sectores tradicionalmente organizados en los sindicatos y gremiales de trabajadores, estudiantes, profesionales, empleados, campesinos, vendedores, etc. Por supuesto que esto iba a requerir de un proceso gradual de adecuación y actualización del nuevo papel de los sindicatos y gremiales en su lucha, no solo por sus reivindicaciones específicas, sino en el empuje por las verdaderas transformaciones de la sociedad en general y su relación con el partido con independencia de las decisiones de su dirigencia.
  2. Consolidarse como un instrumento democrático en su interior, pero además promotor de la democratización real de la sociedad, aprovechando como plataforma base los mismos Acuerdos, que aunque limitados por su alcance, importantes como punto de partida en la nueva fase.
  3. Mantener reagrupados a los excombatientes y al contingente de salvadoreños que participaron en las diferentes estructuras de apoyo a la guerra, por ser estos la base histórica y sostén del movimiento revolucionario desde la década de los setenta. Esto pasaba porque se atendiera de manera sistemática y efectiva las necesidades, primero de reinserción a la vida normal y luego a la vida productiva de los excombatientes que les permitiera desarrollarse social y económicamente en la sociedad.

Ninguna de esas cosas pasó, más bien pasó todo lo contrario: El movimiento social organizado fue prácticamente desmantelado y el partido fmln fue convertido en una mera maquinaria electoral, irónicamente al servicio del sistema y de un grupo, entre seudo dirigentes “históricos” y militantes nuevos convertidos de la noche a la mañana en dirigentes sin ni siquiera conocer del sacrificio y el costo humano que tuvo que pagarse, para que ellos disfruten ahora de los privilegios del nuevo poder económico construido sobre la base de la sangre de nuestros aguerridos compas. De igual manera, el contingente de ciudadanos y ciudadanas que constituyó el ejército guerrillero, incluyendo a todos aquellos que formaron parte de las diferentes estructuras de apoyo a la guerra, tanto en las mismas zonas bajo control como en todo el territorio nacional, fueron abandonados casi “a su suerte”, sin ser atendidos ni política, ni ideológica, mucho menos materialmente, ni siquiera en sus necesidades básicas para su sobrevivencia...

Todos creen que el desmantelamiento del movimiento social que sirvió de base e ingrediente para acelerar las condiciones de maduración, surgimiento y crecimiento del ejército guerrillero fusionado en aquel FMLN, es algo casual. También creen que la no vinculación al partido fmln, del contingente histórico de combatientes que constituye hoy el sector de Veteranos de guerra, es producto de un acomodamiento e indiferencia política de estos; atreviéndose muchos a tildarlos hasta de traidores a los principios revolucionarios por los que lucharon antes.

Se equivocan en ambos casos. Este fmln partido político, que no es, ni tiene que ver en lo absoluto con el FMLN de la guerra, no pretende, ni ha pretendido nunca impulsar un proceso de transformación profunda de la sociedad salvadoreña; y no puede, ni debe hacerlo, porque al sector que logró quedarse con el control de ese aparato no le interesa.

Llegaron tarde al FMLN de la guerra por dos principales razones: la primera, porque históricamente, la estrategia de los partidos comunistas en todo el mundo, para alcanzar el poder político del Estado no contempla la lucha armada y, la segunda, porque no tuvieron otra opción. De haberse quedado al margen de esta, sus principales dirigentes habrían sido asesinados por el régimen y en consecuencia, desaparecidos como estructura. Llegaron tarde, sí, pero desde su incorporación se plantearon una clara y por sus resultados, efectiva estrategia que definió su forma, sus métodos y sus niveles de participación y riesgos en la guerra misma. Abundan las anécdotas y testimonios que evidencian que este agrupamiento, constituido en las llamadas Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), nunca estuvo en la disposición de enfrentar militarmente al régimen con la misma determinación como lo hizo el resto de organizaciones político militares que conformaron el FMLN.

Nadie niega que dieron su aporte en este proceso, no puede dejarse de reconocer sus bajas; qué podía esperarles si se incorporaron a la guerra, pero las bajas en ese agrupamiento las pusieron los compitas, los que creyeron que sus dirigentes jugaban de verdad a la guerra; mientras sus cuadros políticos y sus mandos medios y altos, o pasaban estudiando en el exterior, o cuando entraban a los Frentes de guerra, establecían sus campamentos en lugares muy alejados de los verdaderos teatros de la guerra, desde donde monitoreaban el movimiento del enemigo y de las unidades del resto de organizaciones con las que compartían territorio, desplazándose a su conveniencia, procurando no tener contacto con las tropas del enemigo, evitando así la posibilidad de sufrir bajas, sobre todo de sus mandos.

Las FAL –brazo armado del Partido Comunista – fue la organización político militar más pequeña, la que menos control territorial desarrolló en las zonas en las que tuvo presencia, la menos combativa, la menos efectiva militarmente hablando; su estructura de jefes y mandos era una copia de la estructura jerárquica de un ejército burgués. Su gestión internacional fue impresionante en el aspecto logístico y financiero, por eso sus campamentos rara vez sufrían desabastecimiento. Sus mandos se la pasaban de lo más tranquilos entre la lectura de libros de filosofía, economía, etc., el humo abundante de cigarrillos y la buena comida.

Hay una anécdota muy ejemplarizante al respecto: Una compañera radista del ERP que tenía la responsabilidad de monitorear y recibir todos los partes de guerra para la Radio Venceremos, le preguntó a Joaquín Villalobos si sabía por qué las FAL-PC, rara, pero muy rara vez, reportaba partes de guerra en los que ellos informaran de combates y bajas causadas al enemigo; muy contrariamente al resto, incluso la RN y el PRTC, siendo estas organizaciones también pequeñas? Joaquín le respondió contándole que él mismo había emplazado a Shafick Handal en una reunión de la Comandancia General llevada a cabo en Morazán, cuestionándole el porqué ellos no combatían y enfrentaban al enemigo con la misma determinación con que lo hacían las otras organizaciones. El Comandante Simón - quien posiblemente nunca disparó un tiro, ni antes, ni durante la guerra -, le respondió a Joaquín de la siguiente manera: -“Ustedes hagan la guerra, que nosotros nos estamos preparando para gobernar”.

Esa respuesta, es la que resume el objetivo de la estrategia del PC al incorporarse y acompañar la guerra desarrollada por el FMLN. La lucha y estrategia de los partidos comunistas en el mundo no va más allá del propósito de hacerse con el control del Estado, pero nunca para transformar a las sociedades. La historia nos enseña que los principales obstáculos y enemigos de los procesos revolucionarios son irónicamente los mismos partidos comunistas. Los partidos comunistas en sus respectivos países amarran sus alianzas políticas con sectores de la burguesía y nunca promueven las transformaciones profundas de sus sociedades. Su lucha es por entrar al juego político y controlar el aparato del Estado para servirse de él y desarrollarse como sector económico en iguales condiciones que el resto de partidos representantes de otros sectores o grupos de poder.

Ese tipo de actuar y buscar la toma del poder político es propio solo de los partidos y movimientos socialdemócratas: todos sabemos que éstos no promueven ni promulgan los cambios estructurales de las sociedades, lo que proponen es la lucha político-electoral por la toma del control político –que en concreto significa llegar a ser gobierno pero sin buscar la transformación de la sociedad, y eso conlleva el compromiso con los sectores del poder tradicional de no meterse radicalmente en los asuntos del Estado. Sin embargo, en el caso de nuestro país, la lucha armada fue también convocada por sectores de pensamiento social demócrata y nunca escondieron esa relación ideológica. Es posible que las condiciones de represión y el cierre definitivo de los espacios democráticos les hicieran embaucarse en esa aventura, arrastrando al PC de Shafick, por las razones que ya se expusieron antes.

La diferencia entre el partido fmln, controlado hoy totalmente por ese agrupamiento y otros denominados socialdemócratas como el CD y el PSD en nuestro país es muy simple: mientras estos últimos se declaran pública y abiertamente como tales, el partido fmln sigue haciéndole creer a sus militantes que es un partido comunista que promulga cambios profundos en la sociedad y les pone a soñar con un El Salvador socialista, como la fase previa y preparatoria de la sociedad comunista. Nada más alejado de ese propósito.

Así que resumamos por qué el partido fmln no pretende ir más allá de la lucha político electoral y su máxima aspiración de compartir el poder político y económico con los sectores tradicionales de la Derecha, mediante una disputa con estos, jugando con las mismas reglas del juego, sin pretender –aunque así se lo haga creer a sus militantes y seguidores – cambiar estructuralmente nuestra sociedad: El fmln es un partido de derecha, en eso lo convirtieron sus actuales dirigentes, y se equivocan aquellos que afirman que si Shafick estuviera vivo, la cosa fuera diferente. El fmln no es un movimiento revolucionario, tampoco es un partido de izquierda, no es un partido en el que se practica la democracia y no es cierto que promueva la democracia en la sociedad. Es un partido corroído por la corrupción en todos los aspectos y en todos sus niveles; premia lo deshonesto, las componendas, las matonerías, el abuso de poder.

Quién ha dicho que los partidos de izquierda y revolucionarios deben ser dirigidos por un grupo de empresarios y millonarios burgueses? Si yo soy un millonario empresario, soy un capitalista. ¿Quiénes, y qué son los actuales dirigentes del partido fmln? Son capitalistas dirigiendo un partido de derecha que le hace creer a la gente que es este un partido de izquierda y que es revolucionario porque incluye una serie de medidas paliativas pero sobretodo populistas, y porque todavía tiene la posibilidad de arengar a sus seguidores con los himnos de la Unidad y de aquel del insustituible FMLN, y con consignas como: ¡Defendamos los cambios! ¡La lucha sigue! ¡Hasta la victoria siempre! ¡Sigamos el ejemplo de nuestros héroes y mártires! Sin saber éstos que los utilizan y con ello, ofenden la memoria, precisamente de nuestros caídos y nuestros mártires.

Este sector en cuestión, no le dice a sus militantes, ni siquiera a sus dirigentes medios, departamentales y locales, que fue capaz de cometer el más vil de los actos de traición no sólo a los todavía combatientes y base histórica del FMLN, sino también a todo un pueblo, durante los últimos momentos de la negociación en los pasillos y habitaciones del edificio de la Organización de la Naciones Unidas, o en algún hotel de la ciudad de Nueva York…

Daniel Guevara | Martes, 26 de diciembre de 2017.

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