Por estos días, el gobierno de El Salvador ordena celebrar los 25 años de los Acuerdos de Paz firmados en el Castillo de Chapultepec frente a representantes del gobierno mexicano e invitados de otras partes. Culminó así una larga y sinuosa ruta de construcción de acuerdos con gobiernos americanos, luego del primer reconocimiento de la beligerancia del FMLN por los gobiernos de Francia y México, para hacer del diálogo y la negociación la vía única de solución de la guerra popular contra las dictaduras de El Salvador y Guatemala. El monumento que se develará en San Salvador, lo constituye una guerrillera y un soldado de cuyas manos en alto salen palomas en vuelo. A un lado, sédente, una mujer con el torso desnudo acompaña. Un sarcástico y muy bien escrito procedente de Los Ángeles, enlista los apodos populares a los monumentos en El Salvador y en especial, remite el apodo de “chulonas” (encueradas) a dos de ellos y al de ahora que deberá acompañarse de un adjetivo. La ceremonia de inauguración tendrá acompañamiento musical coordinado por Franklin Quezada quien fue distinguido músico de Yolocamba Itá, el grupo de las Fuerzas Populares de Liberación reconocido hace unos meses por el gobierno por su contribución a la cultura popular. En efecto, el grupo acompañó con sus cantos polifónicos de excelente factura técnica y poética, lo que iba ocurriendo y algunas de sus canciones resultaron emblemáticas como el “Poema de amor” a “los guanacos hijos de puta… mis compatriotas, mis hermanos”; la “Milonga del fusilado” de Los Olimareños de Uruguay que fue convertida en canto funeral guerrillero de las FPL con su verso-consigna: “porque el que murió peleando vive en cada compañero”. La Misa Popular Salvadoreña fue cantada dentro y fuera de El Salvador como ceremonia de sacrificio y esperanza compartidas. “El baile de los animales” es una excelente alegoría de organización culminada con la tonada del Bloque Popular Revolucionario que todo mundo entendía al corear: “que viva, que viva el reino animal”. La lucha por la significación determina los reconocimientos oficiales a una praxis estética en desuso.

Los acuerdos de paz, el asesinato de la Comandante Ana María de las FPL, segunda en el mando y el suicidio del Primer Comandante Marcial en Managua, forman parte histórica del desarme, del diálogo y negociación, de la sustitución de consignas de las FPL, en especial “Revolución o muerte, el pueblo armado vencerá” y las que tenían que ver con la guerra popular revolucionaria en toda Centroamérica hasta que triunfara la “lucha armada hoy, democracia mañana”. Gobierno de amplia participación, fue la nueva consigna.

Para contribuir a los Acuerdos de Paz y sin consulta alguna a sus bases, el Ejército Revolucionario del Pueblo comandado por Joaquín Villalobos, transformó su nombre por el de Expresión Renovadora del Pueblo y el responsable político del fusilamiento de Roque Dalton, el poeta-guerrillero, se prestó para entregar su fusil de combate a Carlos Salinas de Gortari frente a cámaras y micrófonos del mundo entero. Esta imagen sería mejor para el monumento en lugar de las figuras abstractas porque los tales acuerdos se establecieron entre cúpulas políticas. La placa en su pedestal, de por si dará crédito a Salvador Sánchez Cerén, actual presidente beneficiado por el suicidio de Salvador Cayetano Carpio, Comandante Marcial, para ser nombrado como sucesor del Comandante en jefe de las FPL.

Este importante acontecimiento histórico fue acompañado por una campaña infame contra la herencia revolucionaria de Salvador Cayetano Carpio y las FPL anulando su ejemplar trayectoria de panadero a dirigente sindical, a Secretario General del Partido Comunista de El Salvador al que renunció para organizar las FPL, su Ejército Popular y construir la tendencia revolucionaria de guerra popular prolongada con la que accedió a la dirección colectiva de las diversas organizaciones integradas al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Demasiado para quienes declararon un “empate histórico” para sustituir el proyecto de “gobierno popular revolucionario” por el de “amplia participación” que todo mundo sabe que reduce el poder a la falsa democracia de la contrarrevolución capitalista. La placa en el pedestal no dirá nada de esto pero sí incluye nombres que algún guía con memoria histórica explicará a los visitantes con interés histórico.

La supuesta reconciliación incluye perdón y olvido en beneficio de nombramientos como el de Jorge Meléndez, Jonás en el ERP, ejecutor de Roque Dalton cuyo cadáver fue tirado en El Playón donde la guardia de la tiranía aventaba los cuerpos de sus víctimas para que las aves de rapiña, los roedores y las jaurías hambrientas los volvieran irreconocibles. Meléndez fue nombrado alto funcionario de “protección civil” (sic).

Lo grave es que esta simbolización y los cantos por la unidad y la hermandad, convencen a las masas desesperadas despojadas de la memoria histórica. Esto se vio desde los tiempos de promoción y propaganda del diálogo y la negociación con grandes carteles en las calles y caminos y otras formas del poder de la comunicación contrarrevolucionaria. En un mercado popular, estuvo a la venta una “sorpresita” que al levantar su pequeña cúpula de barro con el nombre de El Salvador C.A., dejaba ver a un guerrillero con las siglas FPL en el pecho debajo de la pañoleta roja, junto a un soldado con traje de camuflaje, ambos con las armas en descanso y las manos enlazadas en alto. “El Salvador en paz” dice un optimista letrero en el piso.

El monumento de marras, versión culterana de la “sorpresita”, confirma el poder de una tendencia contrarrevolucionaria donde los nombres, las consignas, las historias y los símbolos de la guerra popular prolongada, han sido sustituidos por los de una reconciliación imposible.

23 enero 2017

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