Mientras el arzobispo de San Salvador, no dé una explicación contundente, que dudo que la pueda dar, sobre los vergonzosos hechos ocurridos en Tutela Legal del Arzobispado, TLA, vamos a seguir pensando que son parte de una conjura favorable a los intereses de los criminales de la guerra, en ocasión de una incómoda admisión por parte de la Sala de lo Constitucional, de una demanda contra la aberrante ley de amnistía general. Bien por la Sala de lo Constitucional, bien por nuestro pueblo.

Decir que se cierra TLA porque ya no es necesaria, es reconocer que no sabe de las tristezas y los sufrimientos de nuestro pueblo, que no sabe, que la impunidad no ha permitido que se conozca la verdad y menos, que se haga justicia a las víctimas. Es admitir, que está muy lejos de la realidad cotidiana del pueblo salvadoreño. ¡¡Pobre iglesia católica!!

Este señor arzobispo, que se esfuerza por demostrar que NO está al lado de los pobres, ha cometido y sigue cometiendo atropellos graves a la dignidad de personas y del pueblo salvadoreño entero, nada más por mencionar algunos de los más recientes:

a) La destitución de los trabajadores de la institución; olvida este señor el trabajo esforzado, sacrificado y riesgoso que por años realizaron estos profesionales, con María Julia Hernández; y a la muerte de ella, lo siguieron haciendo, con escasísimos recursos, pero con el mismo afán, con el mismo compromiso; y ahora resulta que los despide, violentando su dignidad, sus derechos laborales, la tranquilidad de las familias.

b) Olvida este señor, que TLA fue inspiración de Monseñor Romero, quien fundó el Socorro Jurídico Cristiano, el que luego se convirtió en esta nueva institución, encargada por Monseñor Rivera y Damas, a María Julia Hernández, mujer valiente, inclaudicable defensora de derechos humanos, que con su trabajo, y el de su equipo, le dio luz a la iglesia católica, por su osadía frente al poder, en esa época, en la que por mucho menos de lo que ella hizo, mataban a la gente, esos criminales que ahora, parecería que se quieren proteger.

c) Con su actuar, está violentando el derecho a la verdad y a la justicia que tienen las víctimas del conflicto armado; este señor sabe muy bien, que en la sede de TLA se guardan documentos históricos que fueron la base del Informe de la Comisión de la Verdad y que al dejarlos sin resguardo legítimo, pone en riesgo la integridad de los mismos.

Debe saber el arzobispo, que es su responsabilidad el resguardo y protección de todos estos documentos; recuerde monseñor, que esos documentos históricos, SON PROPIEDAD DEL PUEBLO SALVADOREÑO, EN ESPECIAL DE LAS VÍCTIMAS DE LOS CRÍMENES DE LA GUERRA; NO son de la iglesia católica, accidentalmente quedaron ahí, no por la iglesia, sino por María Julia y algunos Obispos de esa época; de inmediato deben ser entregados al señor Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos, hoy por hoy, es la única garantía que tenemos de la protección de los mismos.

¡¡Que ni se le ocurra señor arzobispo, entregar una sola hoja de lo que ahí hay, a manos ilegítimas, interesadas en que no se conozca la verdad!!

Considero que es un buen momento para que como sociedad organizada nos volvamos a juntar, alrededor de esta ignominia, demostrando que somos fuertes en la organización y en la lucha y que no vamos a permitir que las fuerzas oscuras, las mismas de siempre, perpetúen su impunidad; parecería que la iglesia católica, su jerarquía, no tiene nada de la herencia de paz, de justicia y de amor que nos dejó Monseñor Romero.

Un llamado a Monseñor Rosa Chávez, y a todos los Sacerdotes honestos, cercanos al pueblo y a la Teología Liberadora, que fieles al Dios de la Vida, se junten a la lucha que vamos a emprender por el rescate del patrimonio popular, que desde el cierre de TLA, se encuentra al interior del Arzobispado de San Salvador, protegida por gente armada, que no responde al interés legítimo de quienes tienen en esa documentación la esperanza de verdad y justicia. Es su derecho inalienable.

Otra vez, habría que preguntarnos ¿La jerarquía de la iglesia católica, al servicio de quién?

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